Autor

Gorla, Héctor

 Ficticia

Foto de Héctor Gorla, cortesía del autor.               Nací en Buenos Aires en 1957, y este es un hecho que puedo aseverar. Aquí viví desde entonces, salvo desde 1968 hasta 1974, época en la cual mis padre decidieron disfrutar de unas breves vacaciones en Viña del Mar. Hasta esa ciudad llegó la orquesta tanguera de Domingo Sassone, y cuando el director perdió el dinero de la gira en el casino y abandonó subrepticiamente a los músicos, mi padre, que era el primer bandoneonista, descubrió que ese era un lindo lugar para vivir. De hecho, lo era. Pero mamá regresó en 1971, y yo en enero del ´74, enojado con Pinochet. Papá decidió que esa era también una ciudad hermosa para morir.

               Así que soy básicamente porteño de Buenos Aires; todavía extraño los aromas del Pacífico, pero el Río de la Plata tiene su encanto, che, y define (no lo digo yo) a los que tratamos de expresarnos por medio de la palabra. Acá todo es muy rápido, la vida transcurre en 78 Rpm. Por eso escribimos cuentos antes que novelas, porque lo hacemos en el colectivo o en las confiterías, mientras discutimos acerca de cualquier cosa.

               No dudé en decir dónde nací, porque es un hecho positivo. A partir de ahí, prefiero definirme por mis negaciones antes que por mis logros, porque hablan mejor acerca de mí. Hice la carrera de Historia en Filosofía y Letras, UBA, desarrollé mi tesis y no quise defenderla, realicé mis prácticas de enseñanza en una escuela de Palermo Viejo y a dos días de terminar me ¡encantó! pelearme con la asesora pedagógica y plantar todo, porque ahí no había más que hacer. Después Ingeniería en Sistemas en la UTN, y en cuarto año largar porque ni en joda iba a dar Matemática I. (Como dice Borges, mi educación sólo se interrumpió por los años en el colegio y en la universidad.) Actualmente mi vida es un jardín de senderos que convergen, y llevo adelante un proyecto de ediciones electrónicas de textos literarios e históricos argentinos.

               Escribí cuentos, libros de poemas, guiones para la tele, mis memorias del golpe militar del ´73 en Chile, y la tesis, claro, todo lo cual nadie leyó. Compuse canciones que ahora me erizan la piel, y programas de computación que no hacen nada. Me pediste una semblanza, y ésta es bastante justa.

               La foto que adjunto es de las últimas vacaciones, en familia.

              ¡Un cariño a todos los ficticianos, y sigamos muy muy criticones, porque es lo que verdaderamente nos sirve!

Abril de 2002