Sábado.

 

          Es sábado nuevamente

y la ciudad se ha vestido

de luz y de colorido,

con alegría aparente;

camino yo entre la gente

buscando un poco de olvido

para este asunto jodido

de vivir inútilmente.

 

          Es sábado en la ciudad,

tiempo de amar y brindarse,

tiempo también de alquilarse

con gran naturalidad.

Me duele esta realidad,

pero tendrá que aceptarse

que uno consigue burlarse

así de la soledad.

 

          Es sábado y madrugada.

La cosa dura momentos.

Los dos quedamos contentos,

pues no hemos perdido nada:

ella vendió su cargada

canasta de porquerías,

yo en parte le dí las mías,

y le aboné la jornada.

 

          Fue sábado. Yo regreso

mucho más solo que anoche,

con un interno reproche

y alguno que otro bostezo.

Y pensando en todo eso

que conseguí por dinero...

¡Más vale un amor sincero,

aunque no dé más que un beso!

 

16-5-80