Qué gris es mi ciudad

 

Qué gris es mi cuidad. Y sin embargo

cuántas historias de amor nunca contadas

por una calle angosta de miradas

siguen paseando su camino largo.

 

Qué gris es mi ciudad. Pero qué hermosa

pues no desecha sus marchitos velos

y yergue un imponente rascacielos

al lado de la cúpula musgosa.

 

El Buenos Aires de hoy. Y no aquel otro

que en los comienzos del siglo creó al tango,

ciudad de carretero, guapo y fango

que no podemos comprender nosotros.

 

El Buenos Aires que anochece tarde,

el que hace poco se vistió de asfalto,

al que no habremos de guardar intacto

cuando lo venza un nuevo Buenos Aires.