Mi tiempo

 

Mi tiempo convulsionado,

este tiempo en que yo vivo,

tiene mucho de nocivo

pero poco de sagrado,

bastante degenerado,

casi nada sensitivo.

 

Mira hacia atrás y adelante

y no le va ni le viene

la perspectiva que tiene

de mejorar su semblante,

abandonando el volante

al que primero lo aliene.

 

Avanza tranquilamente,

se considera perfecto,

y si uno que otro defecto

resulta muy evidente,

dice que falla la gente

y es causa, pero no efecto.

 

No tiene ningún prejuicio

(que es una cosa anticuada),

no se detiene ante nada,

excepto ante el sacrificio,

y lo que ayer era vicio

hoy es mujer liberada.

 

Es un tiempo tecnicista

hasta el más leve detalle,

en donde el verde del valle

se va perdiendo de vista

y en que una gran autopista

deja a la gente en la calle.

 

Digamos que la violencia

lo va manchando de lodo,

y nadie piensa en un modo

para oponer resistencia,

pues no han tomado conciencia

que habrá de cubrirlo todo.

 

Ahora, a la información

cualquier miserable accede,

porque ahora cualquiera puede

mirar la televisión...,

no obstante la sensación

de no saber qué sucede.

 

Es tiempo en que el escenario

que ayer pisaba el artista

se ha transformado en la pista

donde un circo estrafalario

se ve revolucionario,

cuando no es más que bromista.

 

A otros tiempos se asemeja,

no tiene nada que asombre,

lo mismo, con otro nombre,

es esa la moraleja,

y como siempre, refleja

el alma misma del hombre.