Mi barrio fue un barrio pobre

que no tenía jardines,

donde el color era gris,

y sobraban adoquines;

 

donde un pibe maloliente,

mocoso y desarreglado,

iba en pos de la carrera

de una pelota de trapo.

 

Donde la siesta era un rito

y una costumbre la misa,

donde el siglo parecía

haber perdido la prisa.

 

Fue un barrio como cualquiera,

fue también tan especial,

en la parte vergonzante

y oscura de la ciudad.

 

Allí crecí y me hice hombre,

allí me nació el amor,

y allí dejé las raíces

cuando el fruto maduró.