Los contemporáneos.

 

          Hay una edad de incendiario

y hay una edad de bombero,

hay una edad para el miedo

y una edad para el valor.

 

Hay una edad de ponernos

etiquetas forasteras,

y hay una edad que pondera

lo nuestro, porque es mejor.

 

          Hay una edad de ilusiones

y una edad de desencanto,

hay una edad de educando

y una edad de profesor.

 

Hay una edad fiscalista

que acusa alocadamente,

y hay una edad que presiente

que no tendrá defensor.

 

          Hay una edad pretenciosa

que va a cambiar este mundo,

y hay una edad con profundo

amor por lo que ya es.

 

Hay una edad que se esfuerza

por ver lo bueno y lo malo,

y hay una edad que ve claro,

pero que no quiere ver.

 

          Hay una edad anhelante

que llegará al horizonte,

y hay una edad que propone

dar media vuelta y volver.

 

Hay una edad que se afana

porque ve todo posible,

y hay una edad impasible,

que dice: "No puede ser".

 

          Hay una edad de ternura

que grita "ˇNo!" a la violencia,

y hay una edad que está en guerra

porque persigue la paz.

 

Hay una edad manorrota

que te regala su alma,

y hay una edad que te salva,

pero no olvida cobrar.

 

          Son dos etapas distintas,

cuál es mejor es la duda,

una se siente segura,

otra se siente pasar.

 

           Esa es la curva del hombre,

siempre quemando su vida,

una gaviota perdida

que va creyendo volar.