Ella me gusta en otoño

porque el pullower le queda

muy ajustado, y parece

una gata en primavera.

 

          Ella me gusta en otoño

porque me oprime con fuerza

y apoya su mano fría

en la piel de mi cadera.

 

          Y me gusta en la mañana,

cuando recién se despierta,

con el cabello revuelto

y mirada somnolienta.

 

          Me gustan sus ojos verdes

y su apariencia serena,

como la forma en que logra

que ya no sienta mis penas.

 

          No sé si es un espejismo

aunque parezca una estrella,

pero me gusta..., me gusta,

y es todo lo que interesa.