Cuando llegó no era el amor primero,

el que nos clava su afilada garra,

y que se queda después en el recuerdo

como una cuerda viva de guitarra,

 

la vieja melodía que aún resuena,

manal de la ternura y de la pena,

angustia repentina por volver,

 

cansado por la luche y los reveses,

el árbol estival que ya no ofrece

la sombra placentera que dio ayer.