Anoche soñé contigo

un sueño perseverante

que no consintió marcharse

cuando entreabrí los postigos.

 

          Anoche soñé, soñando,

que te decía "¡te quiero!"

y que por toda respuesta

me regalabas un beso.

 

          Te soñé andando la casa,

acomodándolo todo

y ventilando la cama

que cobijó a dos retoños.

 

Tratando que nuestra ropa

luciera siempre impecable,

el jardín lleno de rosas

y límpidos los cristales.

 

          Soñé con dos chiquilines

con alma de aventureros,

y que eran como los tuyos

los ojos del más pequeño.

 

          Soñé una casa espaciosa

de cuartos empapelados,

y que al volver por la tarde

recibía tres abrazos.

 

          Fue un sueño tan fascinante,

sereno y tierno el que tuve,

que me elevó en una nube

de la que no he de bajarme.

 

          Fue el menos artificioso

y a la vez el más hermoso

sueño que pude soñar;

 

con él me he sentido bien,

porque era tal como es

la vida de nuestro hogar.