Un interludio de tranquilidad. 1830 -1832.

 

 

Como hemos venido viendo, la trata, y los problemas que de ella derivaron a los gobiernos británico y argentino, habían tenido picos de intensidad, el último de ellos entre los años ´27 y '29, es decir, en pleno desarrollo de la guerra con el Imperio. A partir de entonces, los años inmediatamente posteriores marcaron un relativo aplacamiento de la intensidad de la cuestión, aún cuando los coletazos de las actividades corsarias continuaron movilizando a los ministros y embajadores.

 

Ya en Julio de 1830, el día 19, se celebró un convenio entre el encargado de negocios de SMB en Buenos Aires y el gobierno argentino, para "el arreglo de ciertos reclamos de los súbditos ingleses, perjudicados por los corsarios de la República en la última guerra contra el Imperio del Brasil" [1]. Aparte de estos hechos, las relaciones oficiales entre ambos gobiernos no parecen haberse ocupado mucho más del tema, aún cuando los esfuerzos británicos continuaban con igual interés.

 

En efecto, los buques de guerra de la Armada Real seguían haciendo capturas en las costas africanas. 1830 fue el año de la captura de otro clippers, el "Fair Rosamond”, que permitió, junto al "Black Joke", realizar nueve capturas más (de un total de once) en los dos años posteriores [2]. El negocio del contrabando, después de una breve declinación, pareció florecer de nuevo después de 1830 [3], en lo que hacía a los Estados Unidos. No es posible establecer la participación de naves con pabellón argentino en esa área, pero sí podemos establecer, a juzgar por la documentación, que, después de la concreción del tratado de 1825 y de los acuerdos (verbales) con los funcionarios acreditados en Londres, el gobierno inglés pareció satisfecho por las medidas adoptadas en la materia por el gobierno argentino, aún cuando, en la práctica, ya hemos señalado algunos pasos atrás dados durante la guerra. Y es que, contemporáneamente, Inglaterra seguía buscando la firma de tratados ad hoc con los países de América, por ejemplo con Colombia, país que demoró durante algunos años la firma del mencionado tratado, debido a la existencia de una reducida trata negrera local con el Ecuador [4].

 

En cuanto al Brasil, en 1830 el cónsul británico en Río informaba al Foreing Office que por lo menos

 

“(...) cien mil negros han sido desembarcados en un período de 18 meses. De ellos, cincuenta mil han llegado en el primer semestre de 1830.” [5]

 

Después de la guerra, el tráfico negrero brasileño pareció renovarse con creciente intensidad, pues los principales cultivos, azúcar, tabaco, algodón y café, cuya demanda (sobre todo del último producto) aumentaba año a año, requerían esa mano de obra. También se utilizaban esclavos en las minas de cobre, y aunque Brasil había firmado un tratado en que se comprometió a prohibir la trata después de 1829, no pretendía cumplirlo, sin riesgo de afectar su economía. [6]

 

Se estima, en general, que hacia 1830 la trata ilegal exportaba más esclavos que un siglo antes. En general, no parece que los efectos de la abolición se dejaran sentir hasta 1840. [7] En un informe al comité de la Cámara de los Comunes, en 1830, se mencionó el desaliento de los oficiales navales ocupados en la tarea de represión de la trata, y las dificultades relativas a esa actividad. [8]

 

En Febrero de 1831 (y después también) continuaban, en tanto, las reclamaciones de uno y otro lado en el caso del corsario "Presidente" [9], en especial las de los propietarios del mismo, por los cuales Moreno intercedió ante Palmerston a mediados de marzo de aquel año, utilizando, como argumentación principal, el papel que le había cabido a la nave en la lucha contra la trata negrera [10].

 

A todo esto, 1831 fue el año en que Inglaterra logró un nuevo tratado recíproco, esta vez con Francia, en la que esta última nación concedió un derecho limitado de registro en alta mar. [11] Ese mismo año, los Estados Unidos de Norteamérica informaron al gobierno inglés que habían decidido no tomar parte en ninguna convención sobre la trata de esclavos, facilitando así las cosas a quienes quisieran dedicarse a esta actividad bajo el pabellón norteamericano. [12]

 

En suma, para este período comenzaba a tomar nuevo incremento la trata negrera, y alcanzaría su cenit a finales de esa década [13]. Inglaterra seguramente creyó que de alguna utilidad serían los tratados bilaterales firmados con naciones de América y Europa entre 1824 y 1827, aproximadamente [14], pero los hechos se encargarían de demostrar lo contrario.

 

En el Brasil, por su parte, la promulgación de la ley del 7 de noviembre de 1831 (que prohibía el tráfico africano) no sirvió de mucho, pues quedó como letra muerta, más allá de satisfacer compromisos internacionales. Inglaterra buscaría hacer que la ley se cumpliera redoblando la actividad de sus cruceros [15].

 

Con respecto a las Provincias Unidas del Río de la Plata, Molinari afirma que

 

"(...) Un decreto del gobierno delegado bonaerense, de 15 de octubre de 1831, reconsideró la materia. Se entendía que la restricción de la trata en la costa africana evitaba los fraudes conocidos, y así fue como se permitió la enagenación, por justo título, de todo esclavo que hubiese entrado en el país en calidad de sirviente. Esta derogación del decreto del 3 de noviembre de 1824 dio lugar a nuevos y más graves abusos, que obligaron a volver al rigor de las anteriores resoluciones." [16]

 

y esto era cierto punto por punto. El decreto del 15 de octubre derogaba su similar del 3 de septiembre de 1824, y más atrás, la última parte de la ley del 21 de enero de 1814. El decreto declaraba

 

"(...) libre de enagenación todo esclavo introducido en clase de sirviente, después de publicada la ley anterior, o que en adelante se introdujese (...)” [17]

 

Es difícil para nosotros llegar a desentrañar los motivos que llevaron al gobierno a tomar esta decisión. Era previsible que la misma llevaría a la comisión de grandes abusos, como efectivamente sucedió. Los abusos basados en este permiso, con la introducción de multitud de negros para venderlos, hizo que el gobierno tuviese que volver al estado de cosas anterior, es decir, revalidando el decreto del 3 de septiembre de 1824 y la ley que prohibía el comercio de negros.

 

A partir de 1832, la correspondencia diplomática con Gran Bretaña se abocó preferencialmente al tema de las Islas Malvinas. No sólo con Inglaterra, sino con los demás países de América y Europa, las relaciones mantenidas a través de la correspondencia oficial abordaron como tema preferencial el mencionado antes. Y este año (1832) marcaría el punto más bajo, dentro de un nuevo ciclo, en la intensidad con que se presentó el problema de la trata negrera, entre Inglaterra y las Provincias Unidas.

 


 

[1] A.G.N.A., Moreno, Manuel. Gran Bretaña. 1835 -1841.

[2] Mannix, Daniel P., op. cit., p. 196.

[3] Ibidem, p. 199.

[4] Mellafe, Rolando, op. cit., p.101.

[5] Mannix, Daniel P., op. cit., p. 190.

[6] Ibidem, p. 190.

[7] Coquery, C., Vidrovitch, H. Moniot, África negra, de 1800 a nuestros días, p. 206.

[8] Mannix, Daniel P., op. cit., p. 208.

[9]A.G.N.A., Gran Bretaña. Legación argentina en Londres. Correspondencia con sus representantes. Octubre a Octubre. 1829/1830.

[10] Ibidem.

[11] Mannix, Daniel P., op. cit., pp. 202-203.

[12] Ibidem., pp. 202-203.

[13] Ibidem., pp. 202-203.

[14] A.G.N.A., Gran Bretaña. Legación argentina en Londres. correspondencia con sus representantes. Octubre a Octubre. 1829/1830.

[15] Junior, Caio Prado, op. cit., pp. 166- 167.

[16] Molinari, Diego Luis, op. cit.

[17] Álvarez, J. M., Instituciones…, apéndice sobre el estado de la esclavitud… por Dalmacio Vélez, pp. 47-48. Y Registro Oficial…, lib. 10, Nº 10.