Tratado de amistad, comercio y navegación de 1825.

 

En 1825 la lucha contra la trata de esclavos, y contra la misma esclavitud, estaba ya bastante avanzada, a pesar de que ese comercio seguía teniendo volúmenes ingentes. Méjico abolió la esclavitud en 1825, y contemporáneamente, el hecho de que Brasil fuese todavía una monarquía que mantenía la esclavitud agitaba, en el extremo sur de América, la posibilidad de una alianza republicana de "hombres libres contra la monarquía esclavizadora del Brasil" [1]

Cuando la posibilidad de una guerra con el Brasil era tan real como en 1825, cabe preguntarse si el tratado de amistad que nuestro gobierno firmó ese año con Gran Bretaña no fue una concesión meditada, que tan poco tiempo llevó planificar al ministro Parish con el ministro García, es decir, unos cuatro meses a lo sumo. La buena disposición del gobierno de las Provincias Unidas quedó demostrada en todos los artículos del documento, que obviamente favorecía a la nación europea, teniendo en cuenta la cantidad de sus barcos que anualmente visitaban el estuario del Plata. 

Por otra parte, sintomático del accionar del Foreign Office, inmediatamente al iniciarse las relaciones formales, se le "sugirió" al gobierno de Buenos Aires la firma de este tratado, "que favorecería las buenas relaciones bilaterales". Este era, además, el "precio" por el reconocimiento inglés. Recordemos que esta era una carta que la diplomacia inglesa gustaba utilizar en circunstancias similares. Ya lo había hecho en 1822, cuando pretendió que el rey Pedro del Brasil aboliera el tráfico negrero. Precisamente, Forbes, el representante de los Estados Unidos de América en Buenos Aires, le hace notar a nuestro ministro de Relaciones Exteriores, en tono de queja, que  

"(...) Estados Unidos no ha pedido ningún precio por el reconocimiento de los nuevos Estados del hemisferio occidental y no intentó solicitar ninguna concesión especial (...)" [2] 

En lo relativo al tráfico negrero, la última cláusula del tratado establecía la obligación de ambas partes de cooperar en la eliminación del mismo. Y esta cláusula era la misma que había enviado Canning a Parish como modelo, a la cual no se había objetado absolutamente nada. Desde luego, nada había que modificar en ella, pues existía un total consenso en que el fin deseado era compartido por ambas partes. Y así, la cláusula XIV de este "Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, celebrado entre las PP. UU. del Río de la Plata y S.M.B. (Bs. As., 2 de febrero de 1825)", decía así:  

"Art. XIV. Deseando SMB ansiosamente la abolición total del comercio de esclavos, las PP. UU. del Río de la Plata se obligan a cooperar con SMB al complemento de obra tan benéfica y a prohibir a todas las personas residentes en las dichas Provincias Unidas, o sujetas a su jurisdicción, del modo más eficaz y por las leyes mas solemnes, de tomar parte alguna en dicho tráfico." [3] 

El tratado fue ratificado en Buenos Aires el 19 de febrero de 1825. Aunque no estipulaba ninguna concesión especial para el comercio inglés, contenía todo cuanto Parish y Canning podían desear, a pesar de las quejas de la representación estadounidense. [4]   

El Congreso discutió el tratado con Inglaterra en la sesión del 3 de febrero -minuta 17-, confirmando la impresión general de un trámite ágil a lo largo de todos los pasos conducentes a la concreción de aquél. Después de una discusión sobre el tratamiento que, en general, debía darse a los tratados, se decidió considerarlos y discutirlos en sesión secreta. [5] En la sesión del día 7 de febrero se resolvió considerar el tratado, pues, en sesión secreta, antes de la ratificación. [6] Más tarde, el 16 del mismo mes, urgido por el gobierno, en sesión secreta número 5, se abordó el artículo XIV, sobre la prohibición de la trata de negros. El acta de la sesión en este punto es lacónica:  

 (...) no ofreció discusión y todos los señores estuvieron por el artículo." [7]  

Entretanto, la tensión aumentara con el imperio del Brasil. El ministro García prohibió en julio el abastecimiento de corsarios rebeldes en los puertos de la Confederación, para demostrar al ministro Parish que su gobierno deseaba evitar el conflicto [8], y disimulando de paso la simpatía del gobierno con respecto a las actividades del corso. Sin embargo, el conflicto no podría evitarse, y nuevamente serían los corsarios los que agitarían con sus actividades el tema del comercio negrero.  


 

 

[1] Ferns, H. S., op. cit., p. 158.

[2] Rippy, J. Fred, La rivalidad entre Estados Unidos y Gran Bretaña…, p.87.

[3] Registro Oficial…, t. II, p. 85.

[4] Rippy, J. Fred, op. cit., pp. 88-89.

[5] Ravignani, Emilio, Asambleas…, t. I, pp. 1158-1164.

[6] Ibidem, t. I, pp. 1158-1164.

[7] Ibidem, t. III, p. 1278.

[8] Ferns, H. S., op. cit., p. 158.