Medidas del gobierno nacional.

 

1815 se presentó difícil para el gobierno. En enero salió de España el general Morillo con una expedición de 10.000 soldados, y aunque su destino final fue Venezuela, en el Plata se temió su llegada. Esto, sumado a las demás alternativas de la guerra, hizo que las reclutas para el ejército fuesen cada vez más arbitrarias. En cuanto a los esclavos, el bando del 15 de enero, que dispuso el embargo de todos los esclavos que fuesen propiedad de los europeos sin carta de ciudadanía, esparció, según Félix Luna, un

"(...) clamor general en la ciudad (...) Cientos de solicitudes llegan al gobierno rogando se revea la medida. Y muchos llevarán sus esclavos al exterior (Montevideo), burlando las medidas oficiales. Otras leyes posteriores continuarán estableciendo distintos embargos y los extenderán a los que son propiedad de los americanos, pero siempre con la condición de abonárselos." [1]

En la práctica, ya vimos de qué modo abonaba el gobierno sus deudas, tan inconveniente para los propietarios. Ello no hizo más que acelerar el proceso de salida ilegal de esclavos, a tal punto que un decreto del gobierno fechado el 3 de diciembre de 1816 expresaba lo siguiente:

"Habiendo llamado la atención del gobierno la multitud de instancias que se han hecho de algún tiempo a esta parte para extraer esclavos de estas Provincias con destino a puntos extranjeros, y considerando que esta circunstancia prueba un designio de eludir las disposiciones que están dadas y deban tomarse en adelante para emplear accidentalmente estos brazos útiles en el servicio militar del país (...), de hoy en adelante queda prohibida severamente la extracción de los dichos esclavos a países extranjeros, sea por individuos nacionales o súbditos de otras potencias, reservándoles su derecho de disponer de ellos a su arbitrio dentro del territorio de la Unión; y para que esta disposición no sea eludida bajo pretexto alguno, declaro desde luego que en ella se hallan comprendidos los esclavos que pertenezcan a personas que residan fuera de esta Provincia (...)" [2]

Félix Luna afirma, basándose en una carta de Pueyrredón a San Martín, a la sazón en Mendoza (16 de Diciembre de 1816), que el gobierno revocó el decreto de embargo de esclavos, debido al "clamor” de sus compatriotas.[3] Sin embargo, ya vimos que las leyes al respecto se endurecían, en primer lugar por el decreto anterior, del 3 de diciembre, pero también por otro decreto que el propio Pueyrredón firmó el 9 de diciembre de 1816, es decir, una semana antes de la carta a San Martín, que ordenaba que los

“(...) españoles europeos de cualquier estado o clase sin carta de ciudadanía comprendidos en esta capital y su campaña concurran (...) a sostener la guerra, presentando en el término de ocho días los de la ciudad y quince los de la campaña, cuatrocientos esclavos para el completo de un batallón de cazadores, o su valor a razón de doscientos diez pesos cada uno, que será satisfecho, a los dos años después de la paz general, verificando la entrega ante el gobernador-intendente (...)" [4]

Con toda seguridad, la carta de Pueyrredón se refería a este último decreto, pero a pesar de sus propias palabras, no hemos encontrado indicios de que el gobierno revocara éste ni otro decreto similar; antes bien, es posible afirmar que no hubo ningún paso atrás en este asunto. Además, si bien el proceso de salida ilegal fue muy amplio, evidenciando descontento, no es factible percibir que haya existido un "clamor general" en la clase propietaria.

Ocurría, en síntesis, que las necesidades de la guerra, en momento tan crítico, se anteponían a cualquier otra consideración. No sólo los esclavos, sino también los hombres libres estaban amenazados de servir forzosamente en el ejército [5].

De esta manera, mientras en Brasil continuaban importando esclavos en grandes cantidades, al punto que se estima un ingreso de 3 a 5 millones en el periodo 1817-1850 [6], en las Provincias Unidad cada una de las disposiciones del gobierno tenía el mejor de los efectos para hacer desaparecer de la sociedad no sólo la trata, el comercio de negros en tanto que fuerza laboral, sino también la propia esclavitud, toda vez que la propiedad esclava podía ser perdida en cualquier momento.

Al respecto, Duarte French [7] opina que

 

“Sacar cuatro mil hombres de la esclavitud para llevarlos a los campos de batalla, donde, por su absoluta y congénita ineptitud para esa tarea, van a ser irremediablemente sacrificados, es un acto de torpeza, de consecuencias tan atroces, que no puede ser excusado bajo ninguna consideración. (...) de los cuatro mil libertos no sobrevivieron sino unos pocos (...) ¿Qué obligó al gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata a cometer semejante exabrupto? (Los) (...) ricos propietarios buscaban, como es natural, preservar sus beneficios y sus vidas (...) (colocándose) lo más lejos posible de los campos de batalla (...)” [8]

Mis allá de la explicación sociológica intentada por el autor, ya vimos que las altas clases sociales de Buenos Aires cedieron ante la coacción gubernamental, al entregar sus esclavos para el servicio de las armas, pero en ningún caso con el objetivo de eludir deberes militares.

Pero quizá el párrafo sobresaliente del informe Bland sea este:

"Al comienzo de la revolución había un número considerable de esclavos en la Unión (Provincias Unidas del Río de la Plata), de raza india o africana. Pero la esclavitud ha sido abolida. Generalmente, los negros han sido trasladados de la esclavitud doméstica a las filas del ejército, en el cual se han alistado unos cuatro mil, habiendo sido enviados a Chile la mitad de los mismos, donde su número ha quedado reducido casi a la mitad. Algunos fueron enviados a hacer la guerra contra Artigas y han sido considerablemente eliminados, habiendo sido el resto acuartelado en la ciudad de Buenos Aires, donde se cree que se hacen buenos soldados. Se los emplea como guardias del palacio directorial, de los salones del Congreso y de la ciudad." [9]

Esto, que para Duarte French envuelve una acusación grave a los encargados de hacer la guerra, revela que los gobiernos revolucionarios debieron recurrir a cuanto expediente fuese viable, a fin de mantener la guerra de independencia. El ejemplo más gráfico sea quizá el del ejército de los Andes, que tenía 4500 soldados, de los cuales 1554 integraban los regimientos de pardos y morenos, antes esclavos y ahora hombres de infantería. Estas tropas negras, que pelearon con San Martín (quien, de paso sea dicho, consideraba que eran deficientes en sus capacidades mentales, pero en cambio admiraba su valor [10] ), entre 1816 y 1823, entraron en Perú y nunca vieron su tierra nuevamente. [11]

 

 

[1] Luna, Félix, op. cit., p. 25. Pero sólo 576 esclavos fueron conscriptos (Rout (Jr.), Leslie B., op.cit., P. 168.).

[2] Registro Oficial..., 1017.

[3] Luna, Félix, op. cit., p. 26.

[4] Registro Oficial..., 1021, p. 392.

[5] Ferns, H. S., op.cit., p. 71.

[6] Tennenmaum, F., El negro en las Américas…, p. 19.

[7] Duarte French, Jaime, América de Norte a Sur, ¿corsarios o libertadores?, Bogotá, 1975, pp. 212-214.

[8] Ibidem, pp. 212-214. El autor basa sus apreciaciones en el informe de Bland, norteamericano que visitó Buenos Aires a principios del siglo XIX. Theodorick Bland rindió su informe al secretario de Estado de los Estados Unidos de América en su condición de Comisionado Especial en la América del Sur, con fecha 2-11-1818 (Baltimore).

[9] Ibidem, informe Bland.

[10] Rout (Jr.), Leslie B., op. cit., p. 169.

[11] Ibidem, p. 170.