Los corsarios (1817-1818).

 

El año '17 fue el de mayor intensidad del corso en las costas andaluzas. El gobierno de Pueyrredón, como ya dijimos, reglamentó el 15 de Mayo de ese año el corso decretado el 18 de Noviembre del año anterior contra España, estableciendo, entre otros puntos, en sus artículos 16 y 17, que 

"16.- Los negros apresados serán remitidos a nuestros puertos, y el gobierno gratificará 50 pesos por cada uno de los que sean útiles para las armas, de doce años a cuarenta inclusive, con sólo el cargo de servir cuatro años en el ejército, y serán libres de derechos. Excediendo aquella edad, bajando de la de doce, serán absolutamente libres, y el gobierno los distribuirá a tutela.

 

"17.- Los negros apresados, que no se puedan introducir en nuestros puertos por su bloqueo, inutilidad del buque, etc., serán remitidos a puertos de las naciones libres de América, y entregados allí a disposición de aquellos gobiernos, con la precisa calidad de no poder ser vendidos como esclavos, bajo las penas de ser excluidos los contraventores de todo privilegio, sean cuantos fuesen sus servicios, y del amparo de las leyes de un país que detesta la esclavitud, y ha prohibido este cruel comercio de la humanidad." [1]

 En tanto, las actividades corsarias seguían generando conflictos internacionales, como por ejemplo las reclamaciones del comandante Bowles de la Armada de SMB, debido al saqueo de un bergantín inglés por un corsario argentino [2]. Estas complicaciones internacionales estaban agravadas por los corsarios que desde 1816 estaba utilizando Artigas, cuya bandera sólo difería de la nuestra en el agregado de una faja diagonal roja. Estos corsarios estaban dirigidos contra el comercio portugués, al cual le causaron graves daños, obligándolo a organizarse en convoy. A partir de 1817, Artigas siguió patentando corsarios que salían de Buenos Aires, Inglaterra y Norteamérica, pues ese año fue el de la toma de la Colonia. Las patentes de Artigas se vendían clandestinamente, asimismo, en estos lugares, pero Artigas no tenía medios de ocuparse de controlar los fines a que muchos aventureros dedicaron estas patentes, ya que utilizaba esta venta como fuente de recursos. Por fin, a partir de 1818 los corsarios de Artigas declinaron, debido al estado de guerra en que se colocó con respecto a Buenos Aires [3].

 Entre tanto, el gobierno argentino cursaba, el 13 de Agosto de 1817, la constancia de las patentes entregadas a Dn. Tomás Taylor para armar seis barcos corsarios en Norteamérica, y de las instrucciones reservadas que debía recibir cada comandante. Es decir que, al mismo tiempo que había un esfuerzo por suprimir las enojosas situaciones en que los corsarios ponían al gobierno con respecto a naciones con las que no había estado de guerra (por ejemplo, Portugal), se continuaba fomentando el corso para hostigar a España, que daba muestras de sentir ese tipo de presión.

 Si bien se ha indicado que el año '18 señaló la culminación del corso y el comienzo de su decadencia [4], debido, entre otras causas, a la ruina del tráfico español, lo cierto es que los corsarios de nacionalidad argentina continuaron navegando por el mundo, pero ahora en condiciones diferentes. La tendencia a construirlos en los astilleros de Estados Unidos de Norteamérica (especialmente en los de Baltimore), evidenciada desde 1814, se afirmó a partir de 1818, y muchos corsarios hubo que no conocieron jamás el país de donde provenía su patente, que generalmente era adquirida directamente en aquel país.

 A nivel diplomático, España intentó que los Estados Unidos impidieran las actividades corsarias en sus puertos, y esto estuvo a punto de convertirse en un casus belli entre las dos naciones, ya que de Buenos Aires provenían, según estadísticas españolas, las nueve décimas partes de los corsarios que operaban en el Atlántico Norte. [5] Este era un problema engorroso para el gobierno norteamericano, que deseaba mantener su neutralidad, a la vez que un sentimiento de solidaridad lo impulsaba a las ex colonias de España, cuyos barcos seguían frecuentando Baltimore y Nueva Orleáns, entre otros puertos.[6]

 Los corsarios argentinos tocaron los puertos norteamericanos hasta 1821. A medida que su legalidad iba desapareciendo, se dedicaron al saqueo y al tráfico de esclavos. En general, los ministros españoles acreditados en Washington protestaron constantemente contra el corso de Buenos Aires, pero a pesar de ello, la política neutralista de los Estados Unidos se mantuvo invariable hasta 1822, permitiendo el ingreso de los corsarios en sus puertos sin restricciones [7].

 

 

[1] Registro Oficial…, tomo I, 418.

[2] A.G.N.A., Correspondencia de la junta con los comandantes…, pp. 638-639.

[3] Caillet-Bois, Teodoro, op. cit., pp. 159-160.

[4] Ibidem, p. 186.

[5] Ibidem, p. 145.

[6] Peterson, Harold F., op. cit., pp. 49-51

[7] Ibidem, pp. 49-51