Los corsarios. 1815-1816.

 

En la historia naval argentina, a partir de 1815 comenzó un período que puede llamarse "de los corsarios", ya que expandió la revolución sobre los mares bajo la forma de corso, y arruinó el renaciente tráfico español [1], a la vez que obstaculizó el comercio negrero con cabeza en Brasil.

Ya a mediados de 1815 salieron los primeros corsarios (previstos por el gobierno para destruir los transportes de Morillo) hacia las costas del Brasil, al mando de los cuales iban capitanes norteamericanos. Y hacia fines de año comenzaron a llegar a Buenos Aires las primeras presas, entre las cuales había buques que realizaban el trayecto a África en busca de esclavos, o regresaban de allí bien aprovisionados de ellos. El éxito obtenido en 1815 sobre la costa brasileña fue el punto de partida de la verdadera guerra de corso, a la vista de los grandes alicientes que la empresa ofrecía. Al decir de Caillet-Bois,

"(...) Desde entonces fueron armándose más y más corsarios, y sus actividades, fomentadas por el gobierno, se extendieron cada vez más y dieron en señalarse en todos los mares frecuentados por el tráfico peninsular (...)” [2]

Ese año también partieron corsarios rumbo al Pacífico, al mando de Brown, pero eso no hace a nuestro asunto.

Las patentes de corso otorgadas desde 1815 se remitían a las ordenanzas de corso de 1809; sobre los esclavos, la que se otorgó el 23 de Noviembre a don Guillermo Shapley especificaba, en su artículo 8º: 

"8º.- Si se aprehendiesen algunas expediciones en el tráfico de negros esclavos, por todos los de doce años a cuarenta inclusive, pagará el gobierno treinta pesos, y quedarán libres para servir siete años en las armas, excediendo aquella edad y bajando de la de doce quedarán libres sin que tenga que pagar nada el gobierno, el cual deberá disponer la tutela de estos negros. Tampoco pagará nada y quedarán enteramente libres los que en edad de servir con las armas fuesen inútiles.” [3]

 Fue entonces cuando comenzaron los problemas con Inglaterra. Estos se centraron en las actividades de los corsarios argentinos, y más tarde, en su actitud hacia el comercio negrero. Ya el 22 de Septiembre de 1815 el comandante Montagú Fabián de la Armada de S.M.B. interpuso demanda por una corbeta apresada por un corsario argentino que enarbolaba bandera británica. El gobierno contestó al día siguiente, pero el asunto permaneció sin solución hasta el siguiente año [4] .Sin embargo, el gobierno, conciente de estas incipientes dificultades, se expresó así en el artículo 2º de las instrucciones reservadas a Shapley, de noviembre del '15: 

“2º.- En justa demostración de los deseos de este gobierno de conservar amistad y buena inteligencia con los poderes amigos o neutrales, toda propiedad española que se encuentre bajo el pabellón inglés, de los Estados Unidos o de otra nación, será respetada (...)” [5]

 A principios de 1816 Fernando VII dio un decreto que autorizaba y estimulaba el corso contra los rebeldes americanos. En las Provincias Unidas, el gobierno de Pueyrredón (Matías de Irigoyen era el secretario de Guerra y Marina) contestó con otro decreto, reglamentado el 15 de Marzo del año siguiente, que organizaba formalmente el corso contra el tráfico de bandera española, que ya estaba en vigor por resolución del año '12. Se estableció en esa oportunidad que los negros apresados que fuesen aptos para el servicio de las armas serían enrolados por cuatro años en el ejército, pagando el gobierno 50 pesos por cada uno; los demás quedarían en libertad bajo tutela. Los que no pudieran transportarse al país serían remitidos a puertos de naciones libres de América, con la precisa condición de no poder venderlos como esclavos [6]

A mediados de 1816 se hicieron varias capturas en las costas del Brasil, agravando las dificultades con los portugueses. Los corsarios comenzaban también a extender sus actividades hacia el. Atlántico Norte; amparados por el decreto del gobierno de los Estados Unidos del 3 de Julio de 1815, que legalizaba la entrada a los puertos norteamericanos de barcos con las nuevas banderas latinoamericanas, los corsarios argentinos se hicieron presentes allí de 1816 a 1821. Muchos de ellos habían sido construidos ad hoc en astilleros norteamericanos, por inversionistas de esa nacionalidad, como lo eran los oficiales y la tripulación. Las patentes argentinas eran provistas por aventureros norteamericanos. La mayoría de estos corsarios no conoció jamás su país de origen, así que se lanzaban simplemente desde los mencionados puertos en busca de presas hispánicas .Ya veremos cómo iba a evolucionar la existencia de estos corsarios hasta el año ´21, cuando su legalidad empezaba a desaparecer. [7]

 


 

[1] Ferns, H. S., op. cit., p. 37.

[2] Caillet-Bois, Teodoro, op. cit. pp. 119-120.

[3] A.G.N.A., Marina. Corsarios…

[4] A.G.N.A., Correspondencia de la Junta con los comandantes…

[5] A.G.N.A., Marina. Corsarios…

[6] Caillet-Bois, Teodoro, op.cit., pp. 142-143.

[7] Peterson, Harold F., La Argentina y los Estados Unidos…, pp. 49-50.