Las primeras relaciones con Inglaterra, 1810-1811.

 

Los meses inmediatamente posteriores a la revolución fueron muy difíciles para la primera junta de gobierno, en lo interior y en la relación con el mundo. A partir de agosto de 1810, hasta la restauración de Fernando VII en el trono español, desde el punto de vista naval se desarrolló la lucha contra Montevideo [1], que a lo largo de sus alternativas cortó las comunicaciones comerciales porteñas, incluidas las del comercio de “madera de ébano".

El 4 de junio los vecinos del establecimiento de Carmen de Patagones, a orillas del Río Negro, habían solicitado a la autoridad virreinal el privilegio de abastecer de sal a la ciudad y provincia de Buenos Aires. La junta no accedió a ello, pero, en cambio, el 21 de julio habilitó a Patagones como “puerto menor" [2]. Determinando además que los buques negreros arribaran necesariamente a él,

"(...) que en él sufran la visita de sanidad y la cuarentena en los casos prevenidos.” [3]

Lo cierto era que allí dominaba el elemento reaccionario, y la disposición del gobierno para el fomento de ese puerto probablemente estaba dirigida a la atracción de la población local. Es necesario recordar que Álzaga y otros, liberados de Patagones por orden del gobernador Elío, habían sido recibidos, en febrero, como héroes por la población y las autoridades de Montevideo. Los de Patagones habían jurado acatar la autoridad de Cisneros, y su terminación no mereció en ellos el entusiasmo de los otros pueblos. El fermento de la reacción no iba a tardar en emerger, y así ocurrió en la revolución realista del 21 de abril de 1812, en que el pabellón realista volvió a flamear en el fuerte de Patagones. Y nuevamente, los insurrectos fueron recibidos en Montevideo en medio de la algazara general. [4]

Estos hechos, y la decadencia del comercio en términos generales, atentaron contra el fomento de ese puerto. Tampoco arribaron a él barcos negreros, ya que, entre otros indicios, el censo de población de Patagones de 1822 señala la presencia en el lugar de sólo dieciocho negros africanos, nueve hombres y nueve mujeres. [5]

En cuanto a Buenos Aires, desde el 9 de septiembre de 1810 se hizo efectivo su bloqueo, que fue reconocido de inmediato por el comandante Elliot de S.M.B.

Era la época en que la junta tanteaba las primeras relaciones con Inglaterra. En esas circunstancias, existían problemas que tenían prioridad sobre el de la trata. En las comunicaciones entre la junta y los comandantes de estación británicos en el Plata [6] no hay menciones al respecto; tampoco en la correspondencia con Lord Strangford, puesto que los manejos políticos no dejaban margen para otros asuntos [7], ni en las primeras misiones diplomáticas a Londres [8].

Pero aún en esos años, los ingleses seguían repitiendo una idea muy comentada a principios de siglo, y que había representado un gran argumento contra la trata: que

"(...) la fuente de la Marina Real era la marina mercante (...)” [9],

en relación con el hecho de que la trata era un cementerio de marinos, y no un vivero, como pretendían sus defensores. En el Río de la Plata, la idea estaba dirigida a que los marinos desertaban hacia la incipiente marina americana.

En noviembre del año ´10 los ingleses desconocieron el bloqueo, y su comercio quedó destrabado, para regocijo de la comunidad comercial inglesa residente en Buenos Aires, que había coaccionado en ese sentido. Pero a esta altura de los acontecimientos, otros hechos conspiraban en contra de la importación de esclavos. Ante todo, el corte de la corriente comercial peruana. El Río de la Plata era la vía más indicada para los barcos negreros, ya que por él podían llegar los esclavos al Perú -donde eran necesarios para las faenas de la agricultura tropical- con relativa facilidad, soslayando la temida travesía del Cabo de Hornos [10]. Otro hecho fue que el congreso chileno abolió la trata de esclavos en 1811 [11]. Todo esto, sumado a la guerra naval que se sostenía en el Plata, hizo que el tráfico mermara. La campaña abolicionista americana, por su parte, había llegado ese año hasta las cortes constituyentes de Cádiz, donde el diputado representante de México presentó una moción para liquidar el comercio de esclavos, la cual fue discutida y atacada [12].

El tiempo en que Buenos Aires se vio libre de su asedio fue breve, pues sólo duró tres meses. A principios del año 1811 se restableció su bloqueo, tras el combate naval de San Nicolás [13]. Un bando realista emitido en Montevideo decretó la guerra de corso contra los buques naturales o extranjeros que comerciaran con Buenos Aires, en el mes de marzo. La junta respondió con una medida similar, decretando el corso a partir del 8 de abril, conforme a las ordenanzas de 1801. Y ya tendremos oportunidad de ver la íntima relación que frecuentemente existió entre el corso y la trata de negros.

En suma, lo significativo para nuestro tema es que en 1810 y 1811 el comercio de negros fue casi nulo en nuestras aguas. A la inseguridad de los mares se sumó, en el último de los años, la inseguridad del Río de la Plata y sus afluentes, debido al corso naval que, además, sumió a las poblaciones costeras en el temor a ser atacadas, como efectivamente ocurrió en múltiples ocasiones. Agreguemos a ello que, al desajustarse la añeja estructura socio-económica de la colonia, la demanda de esclavos disminuyó en gran medida, para no recuperarse jamás a los niveles prerrevolucionarios, atendiendo también a las amputaciones territoriales que había sufrido el antiguo virreynato.

Con este panorama, las relaciones argentino-británicas no se preocuparon, en esta etapa inicial de tanteos bilaterales, del asunto, debido a otras prioridades de tipo político, y a que la abolición del tráfico debió ser encarada primero entre las naciones de Europa.

 


 

 

[1] Caillet-Bois, Teodoro, Historia naval argentina, p. 37.

[2] Biedma., José J., Crónica histórica del Río Negro, p. 333, pp. 338-339.

[3] Registro Nacional de la República Argentina, 102. Publicado en la "Gaceta…” del 9 de Agosto de 1810.

[4] Biedma, José J., op. cit., p. 331, p. 363.

[5] Ibidem, p. 470.

[6] A.G.N.A., Correspondencia de Lord Strangford y de la estación naval  británica... y A.G.N.A., Correspondencia con los comandantes de la estación naval británica...

[7] A.G.N.A., Correspondencia de la Junta con Lord Strangford… y Ruiz Guiñazú, Enrique, Lord Strangford y la revolución de mayo…

[8] A.G.N.A., Primeras misiones diplomáticas a Londres (desde Matías de Irigoyen),  Sala X, 1-1-2.

[9] A.G.N.A., Correspondencia de la Junta con los comandantes…, Sala X, 1-4-2.

[10] Caillet-Bois, Teodoro, op. cit.

[11] Mellafe, Rolando, La esclavitud en Hispanoamérica, p. 97.

[12] lbidem, p. 97.

[13] Calllet-Bois, Teodoro, op. cit., pp. 50-51.