Las negociaciones. Segunda etapa. 1838-1839.

 

En 1838 el país tuvo que afrontar la guerra con Francia, a raíz de las pretensiones del gobierno francés de lograr, para sus comerciantes, un tratamiento similar al que se otorgaba a los ingleses por el tratado de 1825. El bloqueo establecido por el almirante Leblanc a principios de año, en marzo, fue precedido, en Francia, por ciertas declaraciones de Lamartine a favor de la emancipación de los esclavos. El 15 de Febrero, Lamartine subrayó que el estado ganaría con esa emancipación, acrecentando el capital colonial. [1]

La guerra con Francia focalizó nuestra política exterior. Inglaterra, por su parte, permaneció neutral en el conflicto, si bien sus simpatías la inclinaban a la causa del general Rosas. 

En octubre de ese año Manuel Moreno le escribió a Rosas que ya estaba repuesto de su convalecencia, y dispuesto a retomar su puesto anterior [2]. Un mes más tarde, volvía a pedirle a Rosas que autorizara su inmediata partida a Europa, escribiéndole en el mismo sentido al ministro del exterior, Felipe Arana [3]

En aquel mismo mes de octubre, el encargado de negocios inglés insistió sobre la conveniencia de llevar a cabo la convención sobre el tráfico negrero. Finalmente, el tratado correspondiente a este fin iba a ser firmado al año siguiente, después de una larga tramitación. 

Entre tanto, Moreno regresó a su puesto en Londres. Allí, las leyes británicas se estaban modificando, en 1839, para lograr que la persecución a la trata fuese más efectiva; desde principios del año, ya no era necesario que un crucero hallase esclavos a bordo de una nave para poder demostrar su culpabilidad, sino que bastaba cualquiera otra “clara" prueba de que se trataba de un buque negrero: escotillas enrejadas, mayor número de barricas de agua de las necesarias, mercancía para canjear por esclavos, etc. Todo lo cual resultó de suma utilidad para la tarea de los cruceros ingleses destacados en África. [4] Sin embargo, a partir de 1839, y hasta mediados de siglo, el tráfico ilegal iba a continuar con bastante caudal, y así, aunque con una merma importante, para 1850 podían barajarse las siguientes cifras, extraídas de un relato citado por Mannix: 

“(...) Los oficiales británicos (...) dijeron que su escuadra había aprehendido, desde 1839, unos 700 barcos negreros, número que igualaba a toda la marina mercante de algunos países europeos de tamaño mediano. (…) manifestaron que el comercio de esclavos había disminuido de un promedio de 105.000 negros exportados al año en la década del ´40, a sólo 37.000 en 1849, y esperaban una ulterior reducción en 1850, pues los traficantes temían ya acercarse a la costa. [5]" 

En el Río del a Plata, en lo referido al tráfico de esclavos, y siguiendo a Mellafe,

"El contrabando de esclavos (...) sólo pudo ser eliminado después de tratar con el tirano Rosas, en 1839, pero la ratificación se produjo al año siguiente. El mismo año accedió Uruguay al acuerdo, y lo ratificó en 1842.” [6] 

Es decir que, según este autor, a quien ya mencionamos antes como sostenedor de esta teoría, el Río de la Plata era un centro de distribución de esclavos en América del Sur. Sin embargo, no hay nada que contribuya a apoyar esta afirmación, y más aún, es posible afirmar que las Provincias Unidas habían dejado hacía mucho de traficar esclavos; además de ello, los años 1838 y 1839, con el bloqueo francés, ello hubiese resultado virtualmente imposible, de haberse intentado siquiera.

Pero sigamos con nuestra relación con Inglaterra. El 3 de abril de 1839, Manuel Moreno participó a su gobierno su arribo a Londres, y la conferencia que había tenido con el visconde Palmerston, relativo al injusto bloqueo que sufría la república. [7] En Mayo, volvía a escribir, diciendo que estaba empeñado en obtener la mediación británica en el conflicto franco-argentino.

Aunque no hay relación visible entre la pretendida mediación solicitada a Inglaterra y la convención para la abolición de la trata, lo cierto es que en el mismo mes de Mayo, el día 1º, el gobierno emitía un decreto que nombraba a Felipe Arana plenipotenciario de nuestro país para la firma de dicha convención. La novedad aquí, con relación a la anterior designación de igual tenor, era que ahora no se pretendía la modificación de los otros artículos del tratado del '25. Por ende, el gobierno había renunciado a esa pretensión, como lo demuestra en el artículo 1º: 

“(…) 1º.- Queda nombrado el doctor D. Felipe Arana, Ministro de Relaciones Exteriores, para que en el carácter de Plenipotenciario por parte de esta República, y previo el correspondiente canje de poderes, arregle y concluya con el de igual clase de S. M. B. una Convención sobre la abolición del tráfico de esclavos, fundada en el artículo 14 del tratado del 2 de Febrero de 1825. (…)” [8]

Este es todo el texto del artículo 1º, es decir que nada agrega acerca de "explicar" otros artículos del tratado del '25, como se hacía en 1835. Se hace evidente, pues, que las complicaciones internacionales llevaron a nuestra cancillería a bajar el tono de su respuesta a la propuesta convención del Foreign Office, sin dejar de mencionar los intentos que paralelamente realizaba Moreno para obtener la mediación británica. 

Pocos días más tarde, el 24 de Mayo de 1839, la convención para la abolición del tráfico de esclavos fue firmada en Buenos Aires, sin ninguna dificultad. No podemos hablar de derrota diplomática, ya que el tratado sólo cumplía la función de plasmar en papel un tema en el que ambas naciones habían aunado sus esfuerzos hacía mucho tiempo. Sólo que la cancillería de las Provincias Unidas no pudo obtener de este tratado (dado el interés británico) los beneficios adicionales que esperaba. Y así, el tratado de 1825 conservó su vigencia, para beneplácito de los ingleses.

El tratado fue ratificado por nuestro gobierno el 15 de Mayo de 1840. Previamente lo había hecho el de S. M. B., el 29 de Febrero del mismo año. Es decir que las negociaciones continuaron por un año más; sin embargo, la noticia de la firma del tratado, que ya era un hecho, mereció comentarios internacionales que pronto veremos. 

 

 


 

[1] Merle, Marcel, op. cit., cita del "Discurso a la cámara" del 15-2-38.

[2] A.G.N.A., Moreno, Manuel. Gran Bretaña. 1837-1841. Moreno a Rosas, 16-10-38.

[3] Ibidem, Moreno a Rosas, 10-11-38.

[4] Mannix, Daniel P., op. cit., p. 206.

[5] Ibidem, p.253.

[6] Mellafe, Rolando, op. cit., p. 101.

[7] A.G.N.A., Moreno, Manuel. Gran Bretaña. 1837-1841. Moreno a Arana, 3/4/39.

[8] Registro Oficial…, 2755.