Las negociaciones. Primera etapa. 1836-1837.

 

El ministro plenipotenciario en Buenos Aires, al día siguiente de la publicación del decreto que designaba al ministro Arana como plenipotenciario, en nota a nuestro gobierno, expresaba: 

“(...) leyendo el decreto del gobierno, publicado ayer en los diarios de esta capital, (...) (supe de la) cuestión referida al tratado de 1825, y no, como (...) hasta entonces había entendido iba a ser, al tratado para la abolición del tráfico esclavo. (No tengo) autoridad del gobierno real para entrar en ninguna discusión con este gobierno sobre el tratado de 1825. (Siempre había considerado), (…) hasta ayer, (que nos referíamos) (...) a la convención para el tráfico de esclavos." [1]

A juzgar por esta correspondencia, en donde el plenipotenciario de S. M. B. explica que no tiene autoridad para negociar sobre el tratado de 1825 (y que sólo puede escuchar confidencialmente acerca de este tema), podemos inferir que, a esta altura de los acontecimientos, la convención que tanto interesaba al Foreign Office sólo podía ser obtenida, en las Provincias Unidas, a cambio de una revisión del tratado de 1825. El ministro de S. M. B., hacia noviembre de 1835, le expresó a nuestro gobierno que por el momento sólo podía solicitar a su cancillería mayores instrucciones para su guía, y que en el intervalo, podían seguir deliberando para estos propósitos. 

Con todo, fue el año 1836 el que se caracterizó por una intensificación de las negociaciones sobre la pretendida convención para la abolición de la trata. Hay que hacer notar que ese año, una comisión británica informó que en sólo un año, 60.000 esclavos habían sido desembarcados en Cuba. De estos esclavos, muchos habían permanecido en la isla, pero otros habían sido reexportados hacia los estados algodoneros del sur de los Estados Unidos. En 1837, el cónsul británico en La Habana informó “a la más alta autoridad" que 15.000 esclavos habían sido trasladados clandestinamente a Texas en los últimos años; además, se pensaba que muchos de ellos iban destinados al gran mercado de eslavos de Nueva Orleáns. [2] 

En febrero de 1836, Moreno comunicaba a la cancillería argentina sobre el estado de las negociaciones entabladas en Madrid por algunos de los gobiernos de América para su reconocimiento por España (3 de febrero). [3] En Junio de ese año, redactaba Moreno otros documentos dirigidos a su gobierno, esta vez relativos específicamente al interés inglés por la abolición de la trata. Uno de esos documentos era la minuta de una conferencia que él, Moreno, había mantenido con el visconde Palmerston el día 15 de Junio. Palmerston, secretario de Estado para Asuntos Extranjeros, había tratado con Moreno el estado de los asuntos pendientes en la legación argentina, antes de la partida del último. Principalmente, Moreno hizo notar el problema surgido 

 "(...) para entrar en (...) la Convención, que había propuesto Mr. Hamilton, en el mes de aposto pasado, para la más completa abolición del tráfico de esclavos, conforme al espíritu del art. 14 del tratado de amistad y comercio entre las Provincias Unidas y la Gran Bretaña. Esta diferencia provino, no de divergencia de miras a este respecto de parte de los dos gobiernos, sino de la clase de poderes de los negociadores qua se acercaron a tratar, pues las de Mr. Hamilton se hallaron precisamente limitados a aquel objeto, mientras las del plenipotenciario de la república incluían, tanto la consideración del citado artículo, como la de otros, que a juicio del gobierno de Buenos Aires sería conveniente explicar. La republica ha proscripto muy de antemano, y espontáneamente, el trafico de esclavos por una Ley Solemne del año 18l3; ha tomado medidas especiales que la distinguen de otras naciones para extinguir la esclavitud doméstica. Con posterioridad al tratado, una ley del Congreso del 15 de Noviembre de 1824 declaró piratería aquel comercio. Un decreto del 26 de noviembre de 1833 añadió ciertas resoluciones que confirman aquella ley, y vigorizan la prohibición general. Son por lo tanto manifiestos y constantes los principios y política del gobierno de Buenos Aires sobre hacer desaparecer por todos los medios el tráfico de esclavos." [4] 

Al margen de las imprecisiones históricas que contiene, la minuta es un documento importante porque, por una parte, enfatiza el accionar legislativo de la república acerca de esta cuestión, y por otra, nos pone al tanto del interés del gobierno argentino por revisar el tratado del año '25, a través del siguiente párrafo: 

“(...) Mas incitado (el gobierno) a revisar el dicho artículo 14, creyó que era llegado el caso de entrar en algunas explicaciones tocante a puntos del tratado que igualmente las necesitan, lo que rehusó Mr. Hamilton por falta de instrucciones. De aquí fue que las conferencias no pudieron tener el resultado que los negociadores deseaban, y quedó sin efecto la convención propuesta; lo que siéndole bien sensible al gobierno de Buenos Aires, ha querido que el de S. M. B. sea informado por su ministro en esta Corte de esta circunstancia, por prueba de sus disposiciones en el particular, y de lo mucho que en esta materia aprecia, y anhela siempre conservar la buena opinión y relaciones entre los dos gobiernos." 

A esto el visconde Palmerston respondió lamentándose también de que la convención no haya podido ser verificada. Y después de explayarse en lo mucho que el gobierno inglés se interesaba en la supresión de la trata, buscando la ayuda de las naciones amigas (utilizando su influjo diplomático), informaba a nuestro ministro que el gobierno inglés no tenía interés alguno en "tocar" el artículo 14 del tratado de 1825, en la medida en que ello pudiera significar realizar algún tipo de modificación. Simplemente, 

“(...) el gobierno de las Provincias Unidas era ahora llamado a hacer efectiva esta cooperación (del artículo 14), pues aunque el tráfico estaba prohibido por leyes solemnes, (...) la experiencia mostraba que esta prohibición y estas leyes no eran bastante, y que algo más faltaba para darles toda eficacia. Hizo entonces alusión al hecho reciente del buque negrero "Pezzaro”, mandado por un pirata conocido, Juan Polar, que fue apresado por cruceros ingleses navegando con pabellón argentino." 

Esto merece un comentario aparte. Como vemos, el problema fundamental era la utilización de la bandera argentina en buques negreros, hecho que, aunque nuestros diplomáticos trataron de desacreditar, poseía sin duda una base de veracidad, a juzgar por una multiplicidad de indicios a los que difícilmente puede soslayarse. Las patentes de navegación eran otorgadas (aunque con carácter provisorio) a través de la legación en Londres (entre otros modos de obtenerlas), como lo demuestra la petición elevada desde Liverpool el 21 de Abril de 1836 por los señores Samuel Lafore y J. Barker, para su bergantín “María”, aduciendo

"(...) los beneficios que resultan al país argentino con el aumento del número de los buques de su pabellón, y de su comercio." [5].

Días más tarde, el 4 de Mayo, Moreno informaba a su gobierno que había expedido la solicitada patente con fecha 23 de Abril (o sea, sólo dos días más tarde de la solicitud), para que navegue el bergantín "María" por un lapso de ocho meses bajo la protección de nuestra bandera, al puerto de Buenos Aires [6]

Desde luego, el visconde Palmerston se refirió, en la entrevista que estamos analizando, a este tema, y se explayó de la siguiente manera:

"(...) observó que el gran objeto de la convención había sido evitar que se abusara de la bandera de la república, en lo cual ella debe mostrarse tanto o más empeñada que la Inglaterra." 

En la misa oportunidad, Moreno aprovechó para reclamar nuevamente acerca de la confiscación de la escurra "Presidente” y dos presas, apresadas en las costas de África ocho años antes. La entrevista finalizó sin que los dos hombres se pusieran de acuerdo sobre el tratamiento a dar a la cuestión del tratado del ´25.

Algo más de un mes después, el 20 de Agosto, el rey, en su discurso al Parlamento, decía: 

"También estoy gustoso de que hayan hecho provisión por el monto completo de la compensación otorgada a los propietarios de esclavos en mis posesiones coloniales, y que las obligaciones introducidas por la legislatura hayan entonces sido completamente cumplidas.” [7] 

En suma, al mismo tiempo que el gobierno inglés actuaba para suprimir la esclavitud , emancipando los negros de sus colonias en las Antillas, para lo cual había invertido en esa época "veinte millones de libras esterlinas" [8], también intensificaba su ofensiva diplomática con la misma finalidad. En septiembre, Moreno acusó recibo, a su ministro de RR. EE., de la nota del 31 de Mayo de 1836, que adjuntaba una copia de la nota del ministro de S. M. B. en Buenos Aires "sobre barcos negreros" [9] 

Sin embargo, mientras los ingleses estaban empeñados en firmar una convención para la abolición de la trata, el gobierno de las PP. UU. deseaba, con buen tino, aprovechar la oportunidad para revisar el tratado de 1825, algunos de cuyos artículos, por ejemplo el número 13, planteaban dificultades en la relación bilateral.

Ya remarcamos que el problema fundamental era el del uso del pabellón nacional en buques negreros. En la entrevista con Palmerston, Moreno había aludido al "Pezzaro", cuya patente argentina nuestro ministro se apresuró a negar, después de su apresamiento en las costas del Brasil por cruceros ingleses. Pero también advertimos que este no era un caso aislado, sino que se insertaba en un proceso general, en donde nuestro país frecuentemente se veía involucrado.

Poco más tarde, a principios de 1837, esto iba a ser confirmado, a través del caso del bergantín "Eloísa”, que dio lugar a un "proceso y sentencia", con fecha 15 de Marzo, debido a la sospecha de estarse alistando para salir a practicar el tráfico de esclavos. Poco más tarde, el 25 de Abril, se declaró confiscado al bergantín, por la acusación mencionada.

El caso del “Eloísa" es uno de los pocos que nos ofrece la posibilidad, a través de un extenso documento, de enterarnos con mayores precisiones de un intento de traficar esclavos. Aunque el "Eloísa" tenía bandera brasileña, el preparativo previo al viaje rumbo a las costas de África fue realizado en un puerto de las Provincias Unidas, y ello dio lugar a la acción judicial.

Por lo que puede colegirse a través de la lectura del proceso, el 

“(...) Exmo. Señor Ministro Plenipotenciario de S. M. B. fue el primero en noticiar al gobierno las sospechas que le asistían que el apresto del citado buque tenía por objeto el delito expresado, cuya noticia fue segundada por el Señor Encargado de Negocios y Cónsul General del Brasil.(...)" [10]

A partir de aquí, vamos a seguir el proceso del caso "Eloísa", desarrollado a principios de 1837. Como vimos, fueron los agentes del Foreign Office los que advirtieron al gobierno sobre el mencionado buque. No deja de ser llamativo el hecho de que esto ocurriera en esos primeros meses de 1837, época en que los ingleses pugnaban por firmar el tratado contra el tráfico de esclavos, a la vez que nuestro gobierno pretendía revisar el tratado de 1825. Entre tanto, en el Foreign Office

"(...) se recibieron con (alarma) (...) las noticias de una nueva serie de impuestos aduaneros que se aplicarían en Buenos Aires en 1837. Palmerston comunicó al ministro británico que "no hiciera uso del derecho de protestar formalmente", pero que deseaba que el Ministro aleccionara al Gobierno de Buenos Aires sobre las virtudes del libre tráfico y la locura de los altos impuestos aduanero, y le señalara 'los perniciosos efectos sobre el comercio del país que con tanta seguridad se seguirían de aquéllos.´" [11]

Paralelamente, es necesario recalcar la inquina de los ministros de Francia hacia nuestro gobierno, que los llevaría a solicitar ese año al gobierno de Rosas se concediera a sus connacionales las mismas exenciones que acordaba a los ingleses el tratado del '25, en su artículo 13, asunto que Moreno había tratado con Palmerston en la entrevista del 15 de Junio del año anterior.

El caso del "Eloísa" parece ser una prueba para nuestro gobierno, en lo que hacía a su celo en la persecución del tráfico; al mismo tiempo, una forma de exigir el cumplimiento de los artículos del tratado de 1825. En el expediente del proceso, éste es aludido con frecuencia, a través de frases como estas: 

“( ...) cree ( ...) el Fiscal que se cumple con lo dispuesto en el artículo 14 del tratado del 2 de Febrero de 1825 y se castiga suficientemente el crimen intentado” (...)

“(...) el artículo 14 del tratado de amistad, comercio y navegación celebrado entre la República y S. M. B. establece la obligación de cooperar ambas partes contratantes a la abolición total del comercio de esclavos (...)”

"(...) (es) notoria la fidelidad con que el Gobierno cumple y hace cumplir (...) sus compromisos de cualquier orden. (...)"

"(...) (que) se publique la superior resolución de V. E. y se comunique además al Exmo. Señor Ministro Plenipotenciario de S. M. B., en atención al tratado recordado (...)" 

La sentencia del caso "Eloísa", del 25 de Abril de 1837, está firmada por Rosas, y por Arana, ministro de Relaciones Exteriores, en cuyo ministerio sería archivada una copia del proceso y la sentencia. 

Cabe decir que el propietario del "Eloísa", Acevedo Ramos, si bien era originario del Brasil, por estar domiciliado en nuestro país fue considerado súbdito de las Provincias Unidas, cuyas leyes se le aplicaron. 

En suma, si bien no es posible afirmar nada categórico acerca del caso "Eloísa", sí es posible notar que ocurrió en un momento muy especial de nuestra relación bilateral con Inglaterra, y le permitió al gobierno patentizar su celo respecto del tema del trafico negrero y también en lo que hacía (sobre todo esto) a su fiel cumplimiento del tratado de 1825, acentuando el artículo 14, dadas las características del caso. Esto permitía, además, sostener la postura de que no era necesario un nuevo tratado fundado específicamente sobre el artículo XIV del de 1825, sino uno que reconsiderase globalmente la relación bilateral. Y el caso del "Eloisa" fue invocado por el gobierno argentino desde un primer momento en este sentido, ya que en una entrevista sostenida a fines de 1836 con J. M. Mandeville,

“(...) El ministro (Arana) me dijo que (...) ellos habían dado pruebas inequívocas durante mi corta residencia aquí, por la alacridad que había sido usada en detener la partida del velero brasileño 'Eloisa' una hora después de mi pedido. Así que requerir una revisión de este articulo era dudar de sus leales intenciones en la ejecución de él." [12]

Esta situación de incompatibilidad de poderes por parte de los negociadores iba a perdurar aún largo tiempo. 

Un poco antes de estos hechos, en una memoria del 31 de Enero de 1837 que Moreno transmitió al gobierno a su regreso de Londres, daba cuenta del estado en que quedaban los negocios en aquella legación. Entre otros asuntos (incluida la cuestión de las islas Malvinas y la del injusto apresamiento del escurra "Presidente" y sus presas), se relata que antes de partir de Londres, el ministro había empleado todas sus diligencias para vencer los obstáculos que se oponían a reclamos. 

El ministro terminaba su memoria de la siguiente manera: 

"( ...) Mas debe el infrascripto transmitir de una manera especial, por lo que importe en las circunstancias actuales para arraigar la amistad y benevolencia del gobierno de S. M. B., cuyo favor y alianza procuran cultivar con esmero las potencias de primer orden, que en su conferencia de despedida con el visconde Palmerston, le pidió este ministro con mucha particularidad representase a su gobierno lo benéfico que sería el entrar en una convención para hacer efectiva la prohibición del tráfico de esclavos. El visconde se detuvo mucho en este punto, observando por una parte que después de haber perseguido aquel detestable comercio en el viejo mundo, restaba estorbar que los empeñados en él se acogieran a las banderas americanas; y por otra parte, que no podía sospecharse al gobierno inglés de miras interesadas en esta materia, pues acababa de asignar la suma de veinte millones de libras esterlinas para la emancipación de los negros en las Antillas. Sus fuerzas navales por sí, son más que suficientes para correr todos los mares, y apresar los buques negreros, sin auxilio de otros poderes. Pero el gobierno inglés, o su administración actual, obedece en ese negocio al impulso cristiano que le imprime la opinión pública, el Parlamento, y la nación. No busca la concurrencia de otros porque la necesite, sino porque desea acreditar su empeño en todas las medidas que deban conducir a exterminar dicho comercio, y a cegar esa fuente de crímenes e inmoralidad... [13]

 


 

[1] AGN, Gran Bretaña. Esclavos. Proyecto de un tratado…

[2] Mannix, Daniel P., op. cit., p. 190 y 199.

[3] AGN, Moreno, Manuel. Gran Bretaña. 1835-1836, Moreno a Arana, 3-2-36.

[4] Ibidem, minuta de una conferencia con Lord Palmerston, junio 1836.

[5] Ibidem, 21-4-36.

[6] Ibidem, 23-4-36

[7] Ibidem, "Discurso al Parlamento", 20-8-36.

[8] Ibidem, minuta de una conferencia con Lord Palmerston, junio 1836.

[9] Ibidem, 7-9-36.

[10] Registro Oficial…, Nº 2718.

[11] Ferns, H. S., op. cit., p. 256.

[12] Foreign Office, British and Foreign State Papers, Mandeville al visconde Palmerston, 5-10-1836, Nº 124.

[13] AGN, Moreno, Manuel. Gran Bretaña. 1837-1841, Moreno a Arana, 31-1-37.