Las medidas de la Asamblea General. 1813.

 

En 1813 ya eran muchas las naciones europeas que habían abolido en sus posesiones el tráfico negrero, si bien es cierto que este proceso se desarrollaba con grandes resistencias, en especial por aquellas potencias coloniales que mayores intereses tenían en un fluido aprovisionamiento de mano de obra esclava. En 1813 Suecia abolió la trata; al siguiente año lo hizo Holanda. Inglaterra ejercía su presión para que esta marcha del abolicionismo se intensificara, pero solamente lograba resultados magros; y esto era particularmente cierto en lo que hacía a los países que tradicionalmente habían impulsado aquel tráfico, como por ejemplo Portugal, que a pesar de su compromiso de 1815 (supresión al norte del Ecuador) continuaba comerciando en gran medida.

Al mismo tiempo, en América, donde las revoluciones tambaleaban aún (en especial hacia fines de 1813, cuando Fernando VII recobró su corona al grito de "¡Vivan las cadenas!"), se apuntaba ya a la abolición de la misma esclavitud. Aunque este aspecto cae fuera del tema propuesto aquí, no podemos dejar de mencionarlo, debido a su relación obvia con el comercio negrero.

En las Provincias Unidas, la Asamblea General no declaró la independencia política, pero sus medidas fueron de corte revolucionario para el orden social vigente hasta allí. Se declaró la llamada "libertad de vientres”, como enseguida veremos. En este proceso, que creaba un orden social liberal y condiciones mejores para la empresa comercial, los revolucionarios liberales -Rivadavia entre ellos-, sin embargo, dejaron de ver que la abolición de la esclavitud (que sin duda alguna era su política a largo plazo), aunada a las campañas militares, mermaban la de por sí magra fuerza laboral, y creaba las condiciones de los futuros conflictos civiles. [1]

En el orden internacional, la abolición agravó los problemas con el imperio portugués, que veía en sus fronteras el peligro de una república revolucionaria que fomentaba, según todos los indicios, las rebeliones de sus esclavos, y les inculcaba el deseo de transfugar más allá de la frontera. Esto trajo aparejadas contramarchas notorias, que hablan de un andar revolucionario que se flexibilizaba cuando así lo requerían las circunstancias.

La “libertad de vientres" fue una de las primeras medidas de la Asamblea, decretada en la sesión del 2 de febrero de 1813 [2]. Después de los considerandos del decreto, que acudía a ideas de humanidad y libertad, se determinaba que

"(...) sean considerados y tenidos por libres, todos los que en dicho territorio (de las Provincias Unidas del Río de la Plata) hubiesen nacido desde el 31 de enero de 1813 inclusive en adelante, día consagrado a la libertad por la feliz instalación de la Asamblea General (...)" [3]

 

Nosotros, no obstante la importancia del decreto anterior, estamos más interesados en el del 4 de febrero, es decir, sólo dos días posterior, que ordenaba que

"(...) todos los esclavos de países extranjeros que de cualquier modo se introduzcan desde este día (jueves 4 de febrero) en adelante queden libres por sólo el hecho de pisar el territorio de las Provincias Unidas. (...)” [4]

El 6 de marzo se reglamentó el decreto de "libertad de vientres”, con un "Reglamento para la educación y ejercicio de los libertos mandado expedir por la Asamblea General Constituyente a consecuencia del decreto de 2 de febrero del presente año de 1813"; entonces, entre otros puntos, el gobierno creó una "Tesorería Filantrópica" a la cual los patronos de los libertos entregarían mensualmente, mientras éstos tuviesen de 15 a 20 años, un peso por cada mes que el ex-esclavo trabajase [5]. El reglamento fue publicado en la Gazeta del 10 de marzo, y cinco días más tarde, en la sesión del 15 de marzo, a raíz de una solicitud se ampliaron estas gracias y pensiones a todos los individuos que hubiesen recibido la libertad gratuitamente de sus amos antes de la publicación del reglamento del 6 de febrero, siempre que no superaran los 15 años de edad, y con la condición de que los amos que los habían liberado quisiesen sujetarse al cumplimiento de los artículos del citado reglamento. [6]

Más tarde, en la sesión del día lunes 31 de mayo de 1813, la Asamblea decretó la creación de

“(...) un batallón, o regimiento de negros esclavos bajo todas las calidades que en (el plan propuesto) se expresan (...)" [7],

 

reiterando con esto una iniciativa del año anterior que en aquel entonces no parece haber prosperado. Para llevar a cabo esta medida, se pagaría a los propietarios de los esclavos que conformaran aquel regimiento 

"(...) el respectivo importe de los fondos públicos (...)" [8]

Como vemos, las medidas de la Asamblea no sólo hicieron que el comercio de negros perdiera su razón de ser (lo cual, como en otras naciones, pudo haber sido sorteado con el tráfico ilegal), sino que también transformaron al esclavo era una pesada carga para los amos, ya sea que debieran liberarlos o enviarlos a servir en las filas del ejército.

 

 


 

[1] Ferns, H. S., Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX,  p. 76 y pp. 85-86.

[2] Ravignani, Emilio, Asambleas Constituyentes Argentinas.

[3] Ibidem.

[4] Registro Oficial de la República Argentina,  397.

[5] Gazeta, la del 10 de marzo de 1813. "Para la educación y ejercicio de los libertos...”

[6] Ravignani, Emilio, op. cit., p. 26.

[7] Ibidem, p. 46.

[8] Ibidem, p. 46.