La situación en 1814.

 

Aquí conviene hacer un alto y preguntarnos, a propósito del tema central, qué relaciones –oficiosas- existieron entre Inglaterra y las Provincias Unidas desde Mayo de 1810, relativas a la trata negrera. Algo ha sido anticipado en los puntos precedentes, pero es atinente aquí hacer una afirmación concreta: que por estos años, nuestras relaciones internacionales con el Imperio Británico no abordaron el problema. Como se vio, las medidas adoptadas hasta 1813 acabaron con el tráfico en esta margen del Plata.

Contemporáneamente, el interés británico se había trasladado a la búsqueda de mercados que dieran salida comercial a los productos de su industria; porque, a pesar de que los libros de divulgación popular sobre la revolución industrial (la primera) contienen pasajes como este:

“(...) la concepción cristiana contribuyó al progreso técnico: en la condena y supresión de la esclavitud con la oposición de la Iglesia, en nombre de la caridad cristiana, a considerar al hombre, creado a semejanza de Dios, como un objeto de propiedad en perpetuidad, o a ser utilizado como ganado." [1],

aún así, es opinión de quien escribe que el proceso se desarrolló en sentido inverso, es decir que los componentes de tipo ideológico acompañaron el desarrollo capitalista, en la medida en que éste buscaba expandirse desde sus centros de desarrollo hacia nuevos mercados, arrollando a su paso a la anacrónica esclavitud... Esto se encontraba en la médula misma del abolicionismo inglés. Sin embargo, en esos años, los factores mencionados -expansión comercial e ideales libertarios- apuntaban sus baterías hacia los focos principales donde se organizaba el tráfico negrero, es decir, las potencias colonialistas con intereses esclavistas. En cuanto a las jóvenes repúblicas de América, su ideario liberal las acercaba, con medidas concretas, a la postura inglesa, al mismo tiempo que las circunstancias de la guerra y la carencia de medios les impedía encarar un tráfico independiente para sí o para otras naciones.

En las Provincias Unidas, 1814 marcó la caída de Montevideo, tanto por tierra como por agua. El combate naval del Buceo dispersó a la escuadra realista, sitiadora de Buenos Aires, y disuadió a Montevideo de realizar nuevas operaciones marítimas. Esto normalizó las condiciones en las cuales se desarrollaba el comercio porteño, pero no existían incentivos suficientes para la entrada ilegal de negros. Ese año, también, con el ingreso de Fernando VII en Madrid y la firma de tratados británico-hispanos de no ingerencia, la revolución quedó en la orfandad, como lo prueba la misión Belgrano-Rivadavia a España. En este contexto, el gobierno solicitó a Lord Strangford que intercediera ante España para que no opusiese dificultades al comercio del Río de la Plata. Pero era todo cuanto podía hacer. [2]

La libre navegación del Plata mejoró la situación financiera, a través de los recursos que puso a disposición del gobierno. La escuadra fue disuelta por innecesaria, y puesta en pública subasta, salvo la "Hércules", otorgada a Brown [3]. En medio de estos hechos, la tensión bélica se agravaba con el imperio del Brasil (siempre pronto a cualquier intento de agresión al Plata), presagiando una guerra inevitable.

A partir de aquí, los diversos elementos iban a interrelacionarse de una manera en que el factor común sería el tráfico de esclavos. La guerra contra el Brasil proporcionaría la ocasión de que las naves disponibles en la novel marina de las Provincias Unidas se dedicaran a la guerra de corso; 1815 iba a ser el año en que este proceso se iniciara. A su vez, esta forma de perjudicar al enemigo iba a ser dirigida principalmente a la trata brasileña, tan importante para sus intereses agrícola-ganaderos. Al mismo tiempo, la necesidad de soldados, en el frente interno, haría que las exacciones de esclavos se acentuaran, acelerando el proceso de salida ilegal de estos esclavos, en un intento de sus propietarios por salvaguardar sus intereses.

Como vemos, este conjunto de factores intensificó la lucha contra el tráfico, a la vez que diezmó la misma existencia de la gente de color en el territorio de las Provincias Unidas, por medio de las fugas hacia el territorio situado en la otra margen del Plata, proceso cuyas consecuencias podemos apreciar en el mapa étnico actual de los negros en América meridional.

No había, pues, motivo alguno (ni medios de hacerlo, por la inexistencia de relaciones formales) para que Inglaterra se preocupara por la aplicación de su abolicionismo en estas riberas: el gobierno de las Provincias Unidas había levantado esa bandera y la llevaba adelante hasta donde lo permitía la difícil situación imperante; y ya fuese que ello se debiera a su necesidad política de congratularse con Inglaterra o que surgiese espontáneamente de su bagaje ideológico, el hecho permanecía inalterable.

 

 

[1] Babini, José, El siglo de_las luces: ciencia y técnica, Centro Editor,  P.88.

[2] A.G.N.A., Correspondencia de la junta con Lord Strangford…, p.182.

[3] Caillet-Bois, Teodoro, op. cit., p. 110-111.