La constitución de 1853 y los tratados de Paranhos.

 

El tratado de 1839 abolió para siempre el tráfico de esclavos en el Río de la Plata, y diez años más tarde afluían inmigrantes al territorio de la República Argentina, por primera vez desde hacia cinco lustros. Esto coincidía con el énfasis con que Moreno había propiciado esta inmigración, algunos años antes. A fines de la década de 1840 se hablaba de progreso económico, y la trata había quedado atrás. [1]

En agosto de 1852 llegó a Buenos Aires el enviado de Malmesbury, Hotham, con la finalidad de obtener ventajas comerciales para su país; las instrucciones que traía eran claras en el sentido de que era su principal misión en estas tierras prestar

"(...) la máxima atención al asunto de la libre navegación, y que no lo trabara introduciendo otras cuestiones como la relativa al tráfico de esclavos (...)" [2]

 Es decir que otros asuntos preocupaban a los ingleses, pues la trata de negros no era ya motivo de ningún (o casi ningún) tipo de negociaciones con los argentinos.

Sin embargo, en el orden interno la compra-venta de esclavos subsistió prácticamente hasta la constitución de 1853.[3] Su artículo 15 puso fin (salvo por los tratados de Paranhos que enseguida veremos) a la esclavitud y, por ende, a la trata:

"Art. 15. En la Nación Argentina no hay esclavos; los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta Constitución; y una ley especial reglará las indemnizaciones a que dé lugar esta declaración. Todo contrato de compra y venta de personas es un crimen de que serán responsables los que lo celebrasen, y el escribano o funcionario que lo autorice. Y los esclavos que de cualquier modo se introduzcan, quedan libres por el sólo hecho de pisar el territorio de la República." [4]

En contra de lo que establecía el artículo 15, en la ciudad de Buenos Aires algunas familias continuaron empleando los servicios de impagos sirvientes domésticos. Cuándo comenzaron estos trabajadores a recibir un salario, o cuándo murieron, es algo que desconocemos. En cuanto a la "ley especial" referida a las indemnizaciones, aunque en 1860 el gobernador Leiva de Santa Fe estableció comisiones para determinar cuántos ex propietarios de esclavos recibirían las compensaciones del gobierno federal, éstas no fueron legisladas jamás. [5]

Si esto era malo, cuando terminó la época de Rosas, luego de 1852, las cosas empeoraron. Brasil mantuvo su esclavitud aún después de suprimir, en 1850, el tráfico negrero, y estaba dispuesto a defender aquella institución, ayudándose de su influencia económica y política en ambas márgenes del Plata. [6] Así fue como en 1857 la Argentina firmó, entre otros, un tratado de extradición de esclavos con el Brasil, inexplicable en un país republicano y en abierta discordancia con el artículo 15 de su flamante constitución. Esto era un poco reiterar lo ocurrido con la famosa declaración de la Asamblea del año ´13, que también, ya sabemos, quedó sin efecto.

En 1857, pues, nuestro país se comprometió, a consecuencia de la gestión del enviado de Rio de Janeiro, Paranhos, ante Urquiza (en lo que se conoce como "diplomacia del patacón"), a que los esclavos brasileños no perderían su condición servil por pisar territorio argentino.

Este documento nos degradaba a nación negrera, y así lo entendió el periodista Carlos Bouquet, quien denunció en "El Imparcial" de Córdoba que

"(...) el artículo 15 de la constitución (...) es letra muerta para el emisario signatario de nuestro oprobio con Brasil. En la Confederación Argentina hay esclavos desde ahora, pese al énfasis constitucional (...)" [7]

El “Nacional Argentino”, diario oficial de Paraná, salió en defensa de los tratados (que pese a haberse votado en sesiones secretas el 29 de septiembre de 1857, habían trascendido), alegando que

“(...) la propiedad de esclavos por súbditos brasileños debe respetarse constitucionalmente... porque es un acto constitucional el respeto a la propiedad extranjera.” [8]

Por eso, al decir de un autor,

"(...) (un gran) registro de incumplimientos y evasiones da creencia a la teoría de que en Argentina la esclavitud nunca fue abolida, sino que, literalmente, murió de vieja edad.” [9]

 

 


 

[1] Ferns, H. S., op. cit., p. 283.

[2] Ibidem, pp. 301302.

[3] Studer, Elena F. S., La trata de negros en el Río de la Plata durante el siglo XVIII, p. 43.

[4] Constitución de la Nación Argentina, sancionada el 1º de mayo de 1853, artículo XV.

[5] Rout (Jr.), Leslie B., The African experience in Spanish America, 1502 to the present day.

[6] Rosa, José Maria, La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas.

[7] Citado en ibidem.

[8] Citado en ibidem.

[9] Rout (Jr), Leslie B., op. cit.