La abolición de la trata. 1812.

 

 

En septiembre de 1810 un esclavo valía 260 pesos [1]. Casi dos años más tarde, el gobierno, en conmemoración del segundo aniversario del 25 de mayo de 1810, destinó fondos de 1200 pesos para liberar a cuatro de ellos, dos de cada sexo, es decir, a razón de 300 pesos por cabeza [2], con la consideración de que ello se hacía

 

"Para celebrar el aniversario de nuestra libertad civil con dignidad y de un modo correspondiente a la grandeza del asunto (...)" [3]

 

El precio de los esclavos no es importante aquí. Sí lo es, en cambio, que la idea de la abolición estaba presente en el espíritu del gobierno, y quedaba demostrado por medidas que, como la mencionada, patentizaban el desagrado hacia la institución.

 

A partir de septiembre de 1811, el primer triunvirato realizó cambios profundos en la sociedad. Las nuevas medidas (reducción de impuestos de exportación e importación, fomento a la inmigración, reforma de los tribunales, etc.) crearon condiciones para un establecimiento mas seguro de los intereses británicos [4].

 

Entre las medidas del triunvirato estuvo la abolición de la trata, el 9 de abril de 1812, medida que fue publicada en la Gazeta del 15 de mayo del mismo año. La Sala Capitular de Buenos Aires hacía una extensa consideración del asunto, elogiando en primer lugar las medidas adoptadas por el gobierno en relación con los festejos del segundo aniversario, y luego, solicitando la abolición del comercio dé esclavos:

 

"Excmo. Señor. Jamás podrá expresar bastantemente este Cabildo la satisfacción que ha sentido al ver en el superior oficio del 12 del corriente, no sólo aprobadas, sino generosamente extendidas las ideas que propuso a V.E. en favor de las familias desgraciadas de nuestros beneméritos compatriotas. Lleno de un delicioso entusiasmo tomó desde el momento todas las providencias que deben preparar el cumplimiento de las órdenes de esa superioridad; pero cuando puso su consideración en el magnífico espectáculo que va a presentar la patria, (...) volviendo su libertad al que sólo podría esperarla en el sepulcro, entonces la humanidad misma vino a excitarle un recuerdo que acibarando las dulces impresiones de la beneficencia, lo impelen a representar a V .E. la necesidad de empezar luego a desagraviar la naturaleza, desfigurada en nuestro suelo con la honrosa (sic) esclavitud.

 

"Si una fatalidad inevitable nos fuerza a mantener quizá por largo tiempo en nuestros esclavos un testimonio afrentoso de la injusticia de nuestros mayores; si no es posible extinguir de un golpe la esclavitud, sin atacar el sagrado de nuestras propiedades, y sin exponer la patria a graves peligros con la repentina emancipación de una raza, que educada en la servidumbre no usaría de la libertad sino en su daño, ¿hasta cuándo daremos abrigo en nuestros puertos a esas naves cargadas de padres, de hijos, de esposos que arrancados traidoramente del seno de sus familias, vienen a saciar en su triste existencia la codicia, y los caprichos de sus bárbaros robadores? Vergüenza es de un pueblo libre ser indiferente a estos excesos; consentirlo es deshonra; delito autorizarlos.

 

"(...) Estas razones y otras muchas que es excusado repetir cuando hablan los sentimientos, empeñan al Cabildo a pedir a V.E. se sirva decretar la abolición del comercio de negros en nuestros puertos: que después de promulgado el decreto, todos los esclavos de la costa de África que toquen en nuestras playas, sean libres, y de cargo del estado darles destino útil; y que se impongan los más severos castigos a cualquiera de nuestros ciudadanos que directa o indirectamente fomente aquel comercio.

 

"Esta corporación reposa en la confianza de que V.E. no se negará a una solicitud que tanto honor hace al nombre americano, y que sellará con este decreto de humanidad y de justicia el plan de beneficencia que ha formado V.E. para celebrar el aniversario de nuestra libertad civil. (...)

 

"Sala Capitular de Buenos Aires, mayo 14 de 1812. (...)" [5]

 

A este pedido del Cabildo, el gobierno respondió, el mismo día 14 de mayo:

 

"Haciendo ya oportuna la actual solicitud del Excmo. Cabildo la publicación del decreto superior de 9 de abril sobre la prohibición de la introducción de los esclavos, publíquese en Gazeta Ministerial, y expídanse las órdenes consiguientes a fin de que se ponga en ejecución." [6]

 

A continuación, el decreto mismo se componía de un breve considerando y cuatro artículos:

 

"(...) Por obsequio a los derechos de la humanidad afligida, a la conducta uniforme de las naciones cultas, a las reclamaciones de las respetables autoridades de esta capital, y a las consecuencias de los principios liberales que han proclamado y defienden con valor y energía los pueblos ilustres de las Provincias Unidas del Río de la Plata, acordó el gobierno con fecha 9 de abril último el siguiente decreto que en la presente manda publicar. 1º.- Se prohíbe absolutamente la introducción de expediciones de esclavatura en el territorio de las Provincias Unidas. Art. 2º.- Las que lleguen dentro de un año contado desde el día 25 del corriente mes de mayo, se mandarán salir inmediatamente de nuestros puertos. Art. 3º.- Cumplido el año serán confiscadas las expediciones de esta clase que arriben a nuestras costas, los esclavos que conduzcan se declararán en estado de libertad, y el gobierno cuidará de aplicarlos a ocupaciones útiles. Art. 4º.- Todas las autoridades del estado quedan estrechamente encargadas de la observancia y ejecución del presente decreto, que se publicará y circulará, archivándose en la Secretaria de Gobierno. Buenos Aires, a 9 de abril de 1812. [7]

 

Una serie de consideraciones merecen estos hechos. La Gazeta Ministerial del 15 de Mayo de 1812 publicó, uno tras otro, los documentos relativos a la esclavitud, a saber:

1) La medida de liberación de los cuatro esclavos, para lo cual el gobierno había asignado 1200 pesos, en conmemoración del 25 de Mayo.

2) El pedido del Cabildo al gobierno en lo tocante a la abolición de la trata, que hemos trascripto supra.

3) Por último, "haciendo oportuna (dicha) solicitud”, el gobierno otorgó el decreto del 9 de abril anterior.

 

Pues bien. Creemos que se trató de una medida de corte netamente revolucionario, ya que el gobierno esperó más de un mes para darlo a conocer e implementarlo. En este punto, parece conveniente descartar la posibilidad de que el decreto haya sido antedatado, pues una medida de tal importancia no podía ser decidida el mismo día 14 de mayo, a raíz de la solicitud del cabildo. Queda establecido, pues, que el decreto no fue dado a conocer a la opinión pública sino cinco semanas más tarde de su sanción. ¿Por qué? Sólo podemos conjeturar. Es probable que se aguardara la ocasión propicia para ello, y que ésta se haya presentado en relación con los festejos del segundo aniversario. Todo parece indicarlo así, incluso el contexto global que rodeó la publicación del decreto, dirigido a hacer que la medida fuese más asequible: la liberación simbólica de los cuatro esclavos, el dramático pedido del cabildo y las consideraciones del gobierno en el decreto mismo, todo ello parece apuntar a sensibilizar a la opinión pública.

 

Si, además, se habló de "naves cargadas” de esclavos en nuestros puertos, aunque no hay testimonios de ellas después de enero de 1811, la idea que surge es la de un manejo muy cauteloso del tema por parte del gobierno, teniendo buen recaudo en asegurar, a través del pedido del cabildo, que no era posible extinguir de un golpe la misma esclavitud.

 

Al promediar 1812, la situación no era alentadora para la revolución: el ejército portugués amenazaba sobre el Uruguay, las huestes realistas del alto Perú avanzaban sobre Tucumán, y en Buenos Aires había discordia, conspiración y anarquía, mientras la escuadra española señoreaba en el Plata y sus afluentes. Al mismo tiempo, las armas españolas seguían oponiéndose a Napoleón, con la ayuda inglesa. No es difícil suponer, por ende, que la abolición de la trata se imbricó en la intensificación y sublimación de las relaciones -oficiosas, claro- con Inglaterra, aquellas que el gobierno trataba de sostener, y para lo cual no dudó en adoptar este tipo de decisiones, caras al sentimiento abolicionista de una potencia que en aquellos momentos estaba empeñada en una mediación con nuestros enemigos.

 

Con todo, se puede afirmar también que la abolición de la trata por el primer triunvirato respondió, antes que nada, al ideario liberal de las revoluciones americanas, probándolo el hecho de que la misma política era adoptada contemporáneamente por los otros gobiernos americanos recién instalados.

 

Una última consideración puede hacerse en este punto, a propósito de la crítica incrédula de un autor norteamericano, expresada en estos términos:

 

"En cierta medida, la retórica antidiscriminatoria expresada durante las primeras etapas de la revolución probablemente fuera genuina, pero también tenía un obvio motivo ulterior: lograr el apoyo afro-argentino para la lucha contra España. La forma de apoyo más inmediatamente necesaria era militar, y para alentar a los soldados de color en su lucha contra los españoles, el gobierno revolucionario utilizó un lenguaje inspirado e hizo algunas genuinas concesiones." [8]

 

La hipótesis del autor mencionado no es susceptible de ser descartada, en la medida en que todo acto de política suele tener más de una finalidad. Sin embargo, el mismo Andrews reconoce que la prédica de los gobiernos revolucionarios en favor de la gente de color "probablemente fuera genuina", es decir que, básicamente, se trataba de un ideal abolicionista que formaba parte del background intelectual de nuestros primeros dirigentes. Por añadidura, Andrews, en otra parte de su obra, se muestra de acuerdo con un modelo de cinco etapas dado por Bohigas para el análisis del proceso de abolición de la esclavitud en Hispanoamérica, la primera de las cuales

 

"(...) es la del crecimiento prerrevolucionario del sentimiento abolicionista entre los liberales coloniales, que duró hasta 1810. La segunda es la etapa en que los gobiernos revolucionarios propusieron medidas enérgicas y abarcadoras para eliminar las estructuras coloniales del privilegio y la esclavitud (...)" [9]

 

 


 

[1] Suplemento al Correo de Comercio de Buenos Aires del 22 de septiembre de 1810. En A.N.H., Correo de Comercio.

[2] Suplemento a la Gazeta Ministerial del viernes 15 de mayo de 1812. En Gazeta de Buenos Aires.

[3] Ibidem.

[4] Ferns, H.S., op. cit.

[5] Suplemento a la Gazeta Ministerial del viernes 15 de mayo de 1812. En Gazeta de Buenos Aires.

[6] Ibidem.

[7] Registro oficial de la República Argentina…, 326.

[8] Andrews, George Reid, Los afroargentinos de Buenos Aires…,  p. 69.

[9] Ibidem, p. 73.