Hacia un nuevo pico de tensión. (1833 – 1834).

 

 

1833 fue el año de le ocupación de las islas Malvinas por los ingleses. Eso marcó las relaciones de nuestro gobierno con ese país de manera indeleble, pero aún así, el tema de la trata negrera comenzó ese año a ventilarse nuevamente, como uno de los puntos en los cuales ambas naciones debían intentar profundizar sus esfuerzos. Ese año, los ingleses dieron el último paso en la lucha contra la esclavitud, pues una ley la abolió definitivamente en las posesiones británicas, un mes más tarde de la muerte de Wilberforce. [1] Contemporáneamente, la joven clase industrial inglesa (de los centro de Birmingham, Manchester, Sheffield) tomó partido resueltamente por la abolición de la trata, transmitiendo su empuje humanitario (o económico) al seno del gobierno. [2] A pesar de esto, y de las capturas de los cruceros, el comercio de esclavos seguía incrementándose, amparado sobre todo por el pabellón norteamericano.

 

Como queda dicho, los trabajos de la Asociación antiesclavista, resucitada en 1833 para abolir la misma esclavitud, movilizaron en Inglaterra los sentimientos morales y religiosos del público, ayudado por la prensa, el pulpito, la tribuna, los debates. [3]

 

Las Provincias Unidas (y en este punto es imposible establecer relaciones con lo que estaba ocurriendo en Inglaterra, al menos en base a la correspondencia oficial) acompañaron aquel movimiento. Persuadidos sus gobernantes del retroceso que se había dado en la lucha contra la trata, y previendo tal vez las complicaciones a que eso podía llevar, o quizá simplemente por motivos de humanidad, emitieron el decreto del 26 de Noviembre de 1833, que en sus considerandos clarifica la situación de tal manera, que parece prudente su transcripción completa:

 

"(...) Cuando el gobierno, por su decreto del 15 de Octubre de 1831, derogando el del 3 de Septiembre de 1824, declaró la libertad de enajenar los esclavos que se introdujesen en la clase de sirvientes, estuvo muy distante de persuadirse que esta disposición tomada para proteger la condición de la esclavatura, que sin duda mejora, colocada bajo la protección de nuestras leyes, hubiera de ser un pretexto para infringir estas y oprimir la humanidad. Estas consideraciones, el conocimiento que el Gobierno tiene de que con la apariencia y titulo de sirvientes se introducen negros esclavos de la costa de África y de otros puntos, en que son un artículo de contrabando, lo ponen en el deber de evitar se cometan actos de esta naturaleza (...)” [4]

 

El decreto establecía que estaban en su vigor las leyes contra la trata, en especial la del 24 de Noviembre de 1824, y que los amos que llegaran a puerto con sirvientes negros debían cumplimentar una declaración jurada ante el Capitán de Puerto, como así también se especificaban las penalidades para los contraventores. Por el artículo 5º se establecía que

 

(...) los esclavos que de cualquier modo se introduzcan, contraviniendo a lo que se determina (...), se declararán en comiso y se darán en patronato al denunciante, en los términos que se hallan dispuestos por punto general (...)"

 

A nivel internacional, el Parlamento británico proclamó, en 1834, la liberación de todos los esclavos del imperio; al hacerlo, ponía en desventaja a sus súbditos, contra la competencia de los países no abolicionistas. Por ende, debía forzar a los otros países a abolir también la esclavitud, o cuando menos, ejercer su poder para suprimir el tráfico [5]. Brasil seguía resistiendo tenazmente estos esfuerzos británicos, y el tráfico, aunque condenado por la ley y por la opinión pública mundial, se mantenía incólume, y aún llegó a ganar terreno en ese momento. Se lo identificaba con la soberanía nacional, frente a la presión inglesa [6].

 

Entre tanto, para este período ha sido posible detectar un incremento en la importación de esclavos por parte de la República Oriental del Uruguay. La fuente que proporciona este dato [7] afirma que

 

"Montevideo recibió unos pocos miles (de esclavos) importados a mediados de los años '30 (…).”

 

Según este autor, se trataría de unos 8.7 miles importados dentro de la década de 1831-1840, en tanto que para el período 1841-1870 no aporta ningún dato (importación cero), al igual que para el período 1811-1830.

 

Un hecho político puede, quizá, justificar este nuevo impulso de la trata de negros, aún cuando la trata en sí misma, como fenómeno concreto, está más relacionado con las condiciones socioeconómicas. El hecho al que nos referimos ocurrió en mayo de 1832, cuando el gobierno uruguayo descubrió los planes para una revuelta de esclavos, ex soldados y otros negros y mulatos libres; detrás de estos planes se encontraba un negro llamado Santa Colombo, que había servido durante algunos años como ayuda de campo militar al presidente de la república, Fructuoso Rivera. La finalidad última de Santa Colombo era establecer un estado gobernado por afro-uruguayos. Los esclavos fueron sentenciados a 200 latigazos. [8]

 

Aunque varían en uno o dos miles las cifras, lo cierto es que en la década de 1830 gran cantidad de esclavos fueron introducidos desde Brasil al Uruguay, ayudado su arribo por el defensor de la constitución de 1830, Fructuoso Rivera... Finalmente, la trata negrera sería abolida en el Uruguay a raíz del tratado con Gran Bretaña de 1841. [9]

 

Ahora bien. El Foreign Office no perdía de vista la situación en el Plata. Así, el decreto del gobierno de las Provincias Unidas del 26 de noviembre, antes mencionado, se condice con la preocupación que contemporáneamente expresaba Philip Y. Gore, de la legación británica en Buenos Aires, al vizconde Palmerston:

 

"Mi Lord: he creído mi deber, bajo el artículo XIV del tratado existente entre Gran Bretaña y la República Argentina, llamar la atención de este gobierno sobre el asunto del tráfico de esclavos, que, tengo fuertes razones para creer, ha sido últimamente llevado a cabo bastante grandemente en Buenos Aires, en contradicción con el espíritu de aquel tratado y en desafío a las leyes del país. En mi conversación con el ministro (Arana) sobre este tópico, cuidadosamente evité aludir al empleo de los cruceros de S. M. para la prevención del tráfico negrero, si proseguía bajo la bandera de Buenos Aires. A tal extremo no me creí autorizado. Apelé en cambio simplemente a los principios de humanidad que se suponen en este gobierno, y a su prometida cooperación con el de S. M. para la extinción del tráfico." [10]

 

Es decir que podemos suponer que, en íntima relación con el decreto citado, existieron conversaciones del ministro de Relaciones Exteriores, Arana, con el representante inglés. En la misma carta, Gore continuaba relatando las alternativas del tráfico negrero en el Plata, preocupado sobre todo por el giro que había tomado el asunto en la República del Uruguay:

 

"El cónsul general en Montevideo quiere, concluyo, poner en conocimiento de S. S. las transacciones esclavistas que ahora se dice que tienen lugar en la República del Uruguay. El daño, sin embargo, no cesa allí. Los especuladores montevideanos tienen en vista sin duda no sólo surtir de esclavos al territorio oriental, sino introducirlos en las regiones del sur del Brasil, y también en las provincias del Plata; y, concordantemente, algunos de los negros así importados (como creíblemente me han informado) han sido subsecuentemente transportados e Buenos Aires, donde han sido vendidos con poco disimulo. Muchos han sido introducidos en barcos bajo la bandera del Brasil, traficando entre Buenos Aires y Santos, o puertos del Imperio; mientras otros, tengo razones para creer, han sido importados aquí directamente de la costa de África " [11]

 

Finalmente se solazaba con la inclusión, en el mismo envío, de una copia del decreto del 26 de noviembre último, aunque reconocía

 

(...) (que) es asunto de retroceso que la República Oriental del Uruguay, recientemente emergida de su tutelaje político, (haga este tráfico odioso, a la vista de una nación poderosa como Inglaterra)" [12]

 

En 1834 el agente Gore tuvo ocasión de demostrar al ministro Arana que sus quejas eran fundadas, pues

 

"(...) habiendo recibido información que me da fuertes razones para creer que un barco llamado ´Flor del Rio´, bajo bandera argentina, estaba ajustándose fuera de este puerto para muy pronto proceder a la costa de África por esclavos, llamé la atención del ministro de Relaciones Exteriores sobre esta circunstancia." [13]

 

Arana, en tal oportunidad,

 

"(...) mientras me aseguraba, en réplica, la ansiedad de su gobierno para dar total efecto tanto a las leyes del país como a sus compromisos con Gran Bretaña, para la supresión del odioso tráfico, me ha comunicado el documento que incluyo, por el cual S. S. sabrá de las medidas adoptadas por Bs. Aires para la frustración del ilegal designio de los propietarios del barco mencionado." [14]

 

El documento en cuestión era una comunicación del ministro de Gobierno al ministro de Guerra, informándole que

 

"(…) he ordenado (sobre la base de la ley del 15 de noviembre de 1824) que todas las necesarias precauciones sean tomadas por el ministro de Guerra para prevenir que la nave ´Flor del Río´ proceda desde aquí con este objeto (de traficar esclavos). Y lo mismo será transmitido a la oficina del comandante del Registro, para que sin pérdida de tiempo tenga lugar una investigación sobre el viaje del barco ´Flor del Río´, intimando a su capitán que el gobernador ha resuelto prevenir por todos los medios a su alcance el deshonroso y criminal tráfico de raza humana desde las costas de la República; y que (...), de ser así, será tratado como pirata." [15]

 

La nota está firmada por Tomás Guido, y aunque desconocemos los resultados de la investigación pertinente, es permisible creer que las conclusiones fueron positivas, es decir que el 'Flor del Rio' realmente estaba a punto de zarpar hacia las costas de África en busca de esclavos.

 

 

 

[1] Mannix, Daniel P., op. cit., p. 189.

[2] Coquery, C., Vidrovitch, H. Moniot, op. cit., p. 205.

[3] Erskine May, Sir Thomas, La historia Constitucional de Inglaterra..., tomo III, pp. 265-266.

[4] Registro Oficial..., II, 312.

[5] Bertaux, Pierre, op. cit., p. 136.

[6] Junior, Caio Prado, op. cit., pp. 167-168.

[7] Murray, D. R., The slave Trade and Slavery in Latin America…, LAHR Nº 21:1, Table V.- Cfr. Eltis, Davis, The Nineteenth-Century Transatlantic Slave Trade…, HAHR Nº 67:1, p. 134.

[8] Rout (Jr.), Leslie B., The African experience in Spanish America…, p. 198-199.

[9] Ibidem, p. 199.

[10] Foreign Office, British and Foreign State Papers, Philip Y. Gore al vizconde Palmerston, Buenos Aires, 12-12-1833, Nº 113.

[11] Ibidem, los mismos.

[12] Ibidem, los mismos.

[13] Ibidem, Gore a Palmerston, Buenos Aires, 2-5-1834, Nº 114.

[14] Ibidem.

[15] Ibidem, los mismos, Departamento de Guerra y Marina, Buenos Aires, 11 de abril de 1834.