Europa tras el Congreso de Viena (1815-1816).

 

Cinco años transcurrieron desde que Inglaterra logró, a nivel europeo, un tratado específico; sin embargo, a la vista del fracaso logrado en ese tiempo, buscó un nuevo acuerdo, y lo hizo en Viena, en el marco donde los países de Europa buscaban reorganizar el continente convulsionado por Napoleón. Era la Restauración, pero algunas cosas debían desaparecer. Inglaterra reconoció que sus cruceros habían actuado ilegalmente en esos cinco años, y se comprometió a indemnizar a los perjudicados; con una condición: la abolición del tráfico negrero al norte del Ecuador. Quedaban excluidas, por ende, las posesiones portuguesas que más contribuían a engrosar la población esclava del Brasil, sobre todo Costa de Mina [1].

 Así fue que el 22 de Enero de 1815 Inglaterra y Portugal firmaron un tratado para la abolición del tráfico de esclavos en toda la costa de África al norte del Ecuador -anulando el del 19 de Febrero de 1810-. Previamente (el día anterior) ambas potencias habían celebrado un convenio para liquidar las cuestiones referidas a la acción de los cruceros ingleses contra ese comercio [2].

 Un mes más tarde, el 8 de Febrero, en un anexo al Acto Final del Congreso, las potencias emitieron una “Declaración sobre la abolición de la trata de negros", que entre otras cosas decía:

"(...) el comercio conocido bajo el nombre de trata de negros de África, ha sido encarado por los hombres justos y esclarecidos de todos los tiempos como repugnante a los principios de humanidad y de moral universal (...); por lo tanto, (…los plenipotenciarios) declaran en frente de Europa que, mirando la abolición universal de la trata de los negros como una medida particularmente digna de su atención (…), ellos están animados del deseo sincero de concurrir a la ejecución más pronta y más eficaz de esta medida por todos los medios a su disposición (...). Bien instruidos, sin embargo, de los sentimientos de sus soberanos (...), los dichos plenipotenciarios reconocen al mismo tiempo que esta declaración no debe influir en el término que cada potencia pueda considerar como más conveniente para la abolición definitiva del comercio de negros. Por consiguiente, la determinación de la época en que este comercio debe cesar universalmente, será objeto de negociaciones entre las potencias (...)” [3]

Es decir que el Congreso de Viena, siguiendo la inspiración inglesa, se manifestó, en una declaración solemne, a favor del principio de abolición de la trata [4]. Pero en los hechos, la trata fue tolerada (incluso por Francia, que la abolió oficialmente en 1815) [5]. Portugal siguió practicándola oficialmente en el Hemisferio Sur, entre Angola y Brasil, hasta 1878 [6]. En cuanto a España, su posición dilatoria ante el movimiento abolicionista quedó clara en el Congreso de Viena, cuya declaración antiesclavista contrastó con la efectuada por escrito por el representante del rey de España, en la que se oponía enfáticamente a toda intervención exterior en esa materia [7]; baste recordar que España sólo firmó el Acto Final dos años más tarde, debido, entre otras razones de igual peso, a este aspecto.

 

 

[1] Junior, Caio Prado, Historia Económica del Brasil, p. 163.

[2] Calvo, Carlos, op. cit., pp. 320 ss.

[3] Ibidem, pp. 360 ss., Anexo XV.

[4] Merle, Marcel, L´Anticolonialisme européen de Las Casas a Marx, p. 213

[5] Ibidem, p. 213.

[6] Bertaux, Pierre, África desde la prehistoria hasta los estados actuales, p. 136.

[7] Mellafe, Rolando, op. cit., pp. 97-98.