El tratado de 1839.

 

 

Ya dijimos que el tratado fue firmado en Buenos Aires el 24 de Mayo de 1839. Hay que recalcar también que no fue una derrota diplomática, sino una forma de dejar por escrito el acuerdo a que se había llegado hacía mucho tiempo sobre el tema del tráfico de esclavos. Sin embargo, era también un instrumento que permitía a Inglaterra un control más estricto, a través de sus cruceros, de las naves que enarbolaran pabellón argentino, amparándose para ello en un sólido elemento legal.

 

 En realidad, como suele ocurrir con cualquier tratado que involucra a una gran potencia y a otra nación de menor importancia, la reciprocidad expresada en algunos artículos favorecía a la primera, que alcanzaba claras ventajas en la obtención de un fin (la persecución a los comerciantes de negros) que tanto le importaba. Para empezar, es necesario poner el acento en el artículo 1º, donde se deja en claro que el tratado no sólo inhibía a los ciudadanos de las Provincias Unidas a traficar esclavos

 

“(...) en todo el territorio de la República Argentina (...) (sino) en todas partes del mundo." [1]

 

A través de toda la pieza podemos ver que, en la búsqueda abolicionista en que ambas potencias se habían puesto de acuerdo, la metodología consistía en dirigir los esfuerzos a la trata marítima, que supuestamente era amparada por el pabellón argentino. Y así, se especificaba que

 

“(...) el pabellón de aquella República (no) sea usado para ejercer en manera alguna el tráfico de esclavos (…)” [2]

 

En estos artículos no hay reciprocidad, evidenciando el hecho de que ambas partes admitían su papel en el tema, es decir, por un lado Inglaterra, campeona del abolicionismo en aquel momento, y por otro la Confederación Argentina, cuya bandera flameaba aún en los buques negreros.

 

A partir de este punto, los artículos del tratado, a pesar de la reciprocidad expresada en algunos de ellos, sólo tienden a otorgar a Gran Bretaña un control más efectivo en alta mar sobre los buques de la otra parte signataria, amparada, como ya dijimos, en un instrumento legal inobjetable, el mismo que ya tenía en su relación con otras naciones europeas y americanas (a excepción notoria de los Estados Unidos de América, donde el registro en alta mar era asociado a la soberanía nacional, como ya lo había sido, en su momento, en el Brasil). El artículo 3º entra directamente en tema, permitiendo a los cruceros de ambas naciones

 

"(...) visitar aquellas embarcaciones mercantes de las dos naciones, que con fundado motivo se sospeche hallarse ocupadas en el trafico de esclavos, o haber sido equipadas para objetos de él (...)" [3]

 

Al igual que en la legislación inglesa, aquí ya no era necesaria la presencia de esclavos en el buque apresado, sino que bastaba con una prueba irrefutable del tráfico negrero.

 

Para lograr mejor estos objetivos, se establecía, en primer lugar,

 

"(...) dos Tribunales mixtos de justicia (...) uno de los dos Tribunales será siempre instituido en la costa de África, y el otro en el territorio de la Confederación Argentina (...)" [4]

 

El adicional "B” del tratado consistía en un reglamento para los Tribunales de justicia mixtos, en tanto que el adicional "A" plasmaba las instrucciones para los buques empleados por ambas naciones en la persecución del tráfico. Por su parte, el adicional "C" era un reglamento para el buen tratamiento de los negros apresados. Huelga decir que el adicional "A" iba a ser más útil a los cruceros ingleses, más numerosos, que a los de las Provincias Unidas.

 

Los adicionales son importantes, ya que reglamentan la metodología seguida en la lucha contra la trata. En especial, el adicional "B” preveía el caso de que

 

"(...) la vacante fuere de ambos, el juez argentino y arbitrador argentino, y ni hubiere cónsul argentino ni vicecónsul argentino para desempeñar ad interim las vacantes, entonces el juez británico y arbitrador británico se reunirán, y procederán a juzgar todos los casos (...)” [5]

 

En suma, el hecho de no haber encontrado evidencia de que el gobierno argentino se haya preocupado por designar o mantener en las costas de África, tal como lo estipulaba el tratado, el personal necesario para el funcionamiento del tribunal mixto de justicia, permite suponer que la previsión anterior no era ociosa, y que en verdad los funcionarios británicos eran en el continente africano los dueños de la situación. Al mismo tiempo, tampoco parece que haya funcionado en el territorio argentino el otro tribunal mencionado, y estimamos que ello se debió al simple hecho de que tal cosa jamás fue necesaria en la década del '40, como muy bien lo sabrían los funcionarios del Foreign Office. Además, no hay que olvidar el bloqueo que contemporáneamente habían establecido las naves francesas.

 

A tal punto fue enfatizado el procedimiento a seguir ante la falta de juez y arbitrador argentino, que en un artículo adicional se establecía lo siguiente:

 

"(...) si mediare alguna demora en nombrar el juez y el arbitrador que debe elegirse por parte de la Confederación Argentina para emplearse en tal carácter en cada uno de los Tribunales mixtos de Justicia que deben establecerse según el tratado, o si alguna vez después de ser nombrados aquellos oficiales se ausentasen, entonces y en cualesquiera casos semejantes, el juez y arbitrador que hayan sido nombrados por parte de Su Magestad Británica, y que se encuentren presentes en el dicho Tribunal, procederán (...) a hacer la apertura de dichos Tribunales (...)” [6]

 

En lo tocante a las instrucciones para los buques, no diferían de los procedimientos que desde hacía dos décadas efectuaban los cruceros ingleses, sino que, antes bien, tendían a apoyar estos últimos, que en la práctica habían demostrado ser efectivos, dentro de las expectativas razonables.

 

Algunas cosas más podrían decirse del tratado, pero por ser un modelo repetido en las relaciones exteriores británicas, transparenta las intenciones de aquella cancillería, intenciones que, por otra parte, están claras en la letra y el espíritu del documento, y además, el Foreign Office expresó de muy diversas maneras en toda la década del '30.

 

 


 

[1] República Argentina, Tratados, convenciones, actos, protocolos y acuerdos internacionales, publicación oficial, Buenos Aires, Tomo VIII, “Inglaterra”, pp. 289-318, Tratado entre la Gran Bretaña y la Confederación Argentina para la abolición del tráfico de esclavos, artículo 1º (el subrayado es nuestro).

[2] Ibidem, artículo 2º.

[3] Ibidem, artículo 3º.

[4] Ibidem, artículo 6º.

[5] Ibidem, Adicional “B”, artículo 10, cuatro.

[6] Ibidem, artículos adicionales, artículo 1º.