El inicio de la relación bilateral. 1822-1824.

 

 

 Después de que en 1822 los Estados Unidos de Norteamérica reconocieron la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y aunque el cumplimiento efectivo de la ley se demoró aún varios meses, Inglaterra quedó descolocada ante nuestra nación y las restantes de América que acababan de independizarse. Cuando en 1823 los Estados Unidos acreditaron a Caesar A. Rodney ante el "gobierno de Buenos Aires", que manejaba las relaciones exteriores de las PP. UU., las instrucciones que el secretario de Estado Adams preparó para este ministro comisionado (fallecido en Buenos Aires en 1824) reflejaban ya la clase de problemas que iba a enfrentar nuestro gobierno en relación con el tema del tráfico de esclavos. Uno de los puntos de aquellas instrucciones indicaba al enviado que protestara contra ciertas cláusulas de las ordenanzas relativas a los corsarios, en caso de que nuevamente se pusieran en vigor, como parecía creerlo el gobierno estadounidense. Otro punto se refería a que el enviado explicara a nuestro gobierno los esfuerzos que había encarado aquel país, a la par de otras naciones marítimas, para suprimir el tráfico de esclavos africanos [1] Sin embargo, el último párrafo de Adams recordaba a Rodney que debía 

"(...) considerar estas instrucciones más en carácter de consejos que como directivas. Nuestro intercambio con Buenos Aires, del mismo modo que con otras naciones nuevas de este Hemisferio, es de origen reciente; se ha formado cuando nuestra propia condición seguía siendo revolucionaria y cambiaba continuamente de aspecto. La información que tenemos sobre dichas naciones es imperfecta y entre los objetivos más importantes de su misión está el de contribuir a un mejor conocimiento; (...). Es muy importante que los primeros fundamentos de un futuro intercambio permanente entre los dos países se apoyen en principios benéficos y liberales en sí mismos, favorables al espíritu de nuestras instituciones y consistentes con los deberes de la filantropía universal." [2]  

No iba a ser Rodney, sin embargo, sino John M. Forbes, encargado de negocios interino en 1824 y comisionado en 1825, quien se encargaría de tratar estos asuntos con el gobierno de Buenos Aires. En las instrucciones de Adams se instaba al ministro, asimismo, a buscar apoyo en el gobierno argentino para la abolición del tráfico, y este fue uno de los problemas a los que Forbes contribuyó a dar directivas, tratando de lograr su objetivo ya fuese por medio de una ley o de un tratado específico [3]. Peterson afirma que: 

(...) En septiembre de 824 Forbes envió al ministro de Relaciones Exteriores una declaración formal, en la cual se aludía a la posibilidad de una convención. García se mostró accesible. De estas negociaciones provino la ley argentina de 1824, por la cual el tráfico de negros africanos era declarado acto de piratería y punible en las personas de los ciudadanos que participaran en él." [4] 

A pesar de tal aseveración, nosotros veremos que la ley del 15 de noviembre de 1824 no fue tanto la consecuencia del empeño norteamericano, como del interés, mayor aún, que tenían los ingleses por concretar una solución para este asunto.  

Hacia 1823, Inglaterra llevaba su política antiesclavista de manera policial; a tal punto, que algunos autores (Mannix, por ejemplo) afirman que su establecimiento en África se debió  

"(...) muchas veces (a que) se veía obligado a ocupar territorios, como ocurrió en Lagos, sin más propósito que el de suprimir el comercio de esclavos (...). en la costa oriental (...) capturó Mombasa en 1823 para mantener a los tratantes de esclavos alejados del puerto. ( ...)” [5] 

Sin caer en estas ingenuidades, productos de la exageración, lo cierto era que el gobierno inglés, presionado por la opinión pública, sí tenía interés en abolir definitivamente el tráfico. En el seno de la sociedad inglesa, este interés se reflejaba en la batalla que se estaba librando por la supresión completa de la misma esclavitud, bajo los auspicios de una nueva sociedad antiesclavista fundada aquel año, cuyos vicepresidentes eran Clarkson y Wilberforce, ya para entonces hombres viejos. [6] 

En el terreno de la diplomacia, el Foreign Office había comenzado a preparar instrucciones para agentes consulares en América del Sur, ya en julio de 1823. Los respectivos cónsules serían elegidos en octubre. El reconocimiento de la independencia de Buenos Aires, México y Colombia dató de diciembre [7]. Al mismo tiempo, la presión diplomática sobre Portugal se intensificaba, pues el 15 de marzo se establecieron unos "Artículos Adicionales a la convención del 28 de Julio entre el Rey D. Juan VI y Jorge IV, Rey de G. B., sobre la abolición del tráfico de esclavos". Cuatro años antes, se habían entablado negociaciones secretas con España con idénticas finalidades, dando pábulo a las suspicacias del secretario de Estado Adams, en el sentido de que Inglaterra buscaba la cesión de Cuba. [8] 

El 4 de julio de 1823, con la firma de una convención preliminar entre el Estado de Buenos Aires y los comisionados de S. M. C, quedó formalizado el cese de las hostilidades con España. Con todo esto, nuevos problemas iba a encarar nuestro gobierno, derivados del reconocimiento internacional y de los resabios de la lucha que había mantenido desde 1810.  

El interés británico por abolir el tráfico negrero, ya lo dijimos, era mayor que el de los Estados Unidos, donde los intereses esclavistas eran aún fuertes. El 10 de noviembre están fechadas las instrucciones que George Canning redactó para el cónsul general que iría a Chile, Buenos Aires y Perú. En el artículo 20 establecía:  

"20.- El cónsul general conservará un ojo atento sobre todo intento de traficar esclavos, que puede tener lugar en los distritos de su consulado; y dondequiera que tuviese razón para sospechar que vasallos británicos o capitales británicos están empeñados o comprometidos en el transporte de este tráfico, él reportará lo mismo a esta Secretaría de Estado de Su Magestad inmediatamente, para que puedan ser dados los pasos necesarios para detener tales hechos criminales, y para conducir al castigo a los ofensores contra las leyes de su país." [9]  

A partir de este momento, la correspondencia de Woodbin Parish, cónsul general en Chile, Buenos Aires y Perú, va a reflejar la evolución de este problema a lo largo de su permanencia en América. En 1824 Gran Bretaña reconoció públicamente la independencia de las Provincias Unidas, y en el mes de abril de ese año Parish fue reconocido en Buenos Aires como cónsul de S. M. B., al mismo tiempo que Juan Hullet era nombrado con el mismo cargo para representar al Estado de Buenos Aires, en Londres.  

Gran Bretaña realizó nuevos esfuerzos, en 1824 (como luego lo haría entre 1831 y 1834), para obtener de los Estados Unidos, como mínimo, un derecho limitado de visita en alta mar. Pero el proyecto de tratado entre ambas naciones para perseguir el tráfico de esclavos como “acto de piratería", presentado en el Senado de Estados Unidos, sufrió tales modificaciones y amputaciones que los ingleses se negaron a firmarlo. [10] Mejor suerte tuvo el Foreign Office con Suecia, que en ese año firmó un tratado en que concedía a la flota inglesa un permiso de registro en alta mar. [11]  

Parish, cumpliendo con sus instrucciones, mantuvo informado al secretario de Estado acerca del tráfico de esclavos, y de les disposiciones que en el país se habían tomado acerca de él. Por ejemplo, en la nota número 10 (diez) a su gobierno, de abril de 1824, adjuntaba un ejemplar de la "Gaceta Ministerial” que contenía el decreto del 14 de mayo de 1812 (abolición de la trata), y la correspondiente traducción del decreto al idioma inglés. Además, ejemplar y traducción del decreto de la Asamblea del 2 de febrero de 1813, y ejemplar y traducción del Reglamento del 10 de marzo de 1813 (educación de los negros), como de la sesión de la Asamblea del 15 de marzo de 1813 (“Gaceta” del 20 de marzo de 1813), sobre libertad de vientres. [12]  

Lamentablemente, la nota misma, la número diez, no se ha conservado, al menos en las colecciones documentales del Foreign Office accesibles en Buenos Aires; por lo tanto, no es posible conocer las consideraciones del cónsul respecto del asunto que ilustraba con la documentación que adjuntaba. Lo que podemos inferir es que esa nota, fechada en abril de 1824, pudo haber formado parte de los antecedentes necesarios para la elaboración de un proyecto de “Tratado de navegación, comercio y amistad", ya que el 23 de agosto del mismo año la cancillería instaba a Parish, ante "la situación favorable reinante en Buenos Aires", a iniciar negociaciones tendientes a concretar tal tratado. [13] A tal efecto, Canning enviaba un modelo de tratado, en cuyo artículo 13 se insistía en el tema del comercio negrero :  

"XIII. Estando esta Magestad Británica extremadamente deseosa de la abolición total del tráfico de esclavos, los Estados Unidos del Río de la Plata se comprometen a cooperar con esta Magestad Británica para la terminación de tan beneficiosa tarea, y prohibir a toda persona que habite los dichos Estados Unidos o esté sujeto bajo su jurisdicción, en la forma más efectiva, y por las leyes más solemnes, de tomar cualquier participación en tal tráfico." [14] 

Aunque el tratado definitivo sería concretado sólo el siguiente año, 1825, cabe suponer que las tratativas comenzaron inmediatamente. Ya en septiembre de 1824 hubo una nueva disposición del gobierno sobre la introducción de esclavos, que oportunamente analizaremos. Y el 15 de noviembre, la Junta de Representantes de las PP. UU. sancionó con fuerza de ley un decreto del siguiente tenor: 

“art.1º.- Se declara acto de piratería la trata de negros en la costa de África.

 "art.2º. Los ciudadanos de Buenos Aires que después de la publicación de esta ley se ocupen de la trata de negros, serán castigados como piratas." [15]

 A primera vista, estas medidas del gobierno nacional pueden parecer espontáneas. Pero cobran mayor sentido a la luz de los esfuerzos de la cancillería inglesa por abolir el tráfico de negros; después de todo, el gobierno inglés estaba empeñado en perseguir la trata desde sus mismas fuentes de aprovisionamiento, en las costas africanas. En relación con nuestro país, aquellos esfuerzos del Foreign Office llegaron a un pico de intensidad con el tratado de 1825.  


 

[1] Peterson, Harold F., op. cit., pp. 100-101

[2] Adams a Rodney, 17 de mayo de 1823. Citado en Ibidem, pp. 101-102. Digamos de paso que Rodney murió en Buenos Aires en la madrugada del 12 de junio de 1824.

[3] lbidem, pp. 125-126.

[4] lbidem, pp. 125-126.

[5] Mannix, Daniel P., op. cit., p. 254.

[6] Ibidem, p. 189.

[7] Ferns, H. S., op. cit., p. 118. Concierne aquí recordar que el reconocimiento de la Independencia por parte del Foreign Office era también utilizado como elemento en la luca contra la trata. Así, por ejemplo, en noviembre de 1822, Canning le escribió al cónsul general británico en Río de Janeiro, ofreciendo reconocer al Brasil si Pedro abolía el comercio de esclavos. Al mismo tiempo le dio instrucciones a Lord Amherst, que viajaba hacia India vía Brasil, para que negociara una declaración contra "el abominable tráfico". Estos esfuerzos no produjeron resultados, finalmente. (Kaufmann, William, “La política británica...", p. 189.)

[8] Castlereagh a Wellesley, 31 de enero de 1819 y los mismos, 17 de abril de 1820. Citado en Rippy, J. Fred., La rivalidad entre Estados Unidos y Gran Bretaña por América Latina (1808-1830), pp. 47-48.

[9] Canning a Parish, F.O. 6/1-4.

[10] Mannix, Daniel P., op. cit., p. 202.

[11] Ibidem, p. 196.

[12] Parish a Canning, F.O. 6/1-4.

[13] Canning a Parish, Ibidem.

[14] Canning a Parish, Ibidem.

[15] Registro Oficial…, tomo II, p. 69.