El comienzo de las complicaciones internacionales. 1828-1829.

 

 

Después de la guerra con el Brasil, y a semejanza de lo que ocurrió en 1814, los corsarios argentinos perdieron su razón de ser. La relativa calma en las relaciones internacionales, que atravesaban por un período de afianzamiento, hizo de aquéllos naves inactivas y mano de obra desocupada. Además, tomando en cuenta que la finalidad de los corsarios había sido el lucro, se hizo necesario para los capitanes y armadores de los mismos encontrar alguna actividad sucedánea que redituara tanto, o más, que la que acababan de dejar.

Aún cuando el Brasil había asumido compromisos de supresión del tráfico negrero, este objetivo estaba, en 1828, muy lejos de cumplirse. Como ya se expuso, hasta la década de 1840 continuaron ingresando grandes cantidades de negros a través de toda la costa brasileña. Paralelamente, debido al desarrollo del telar mecánico en Inglaterra y a la invención de la máquina continua de anillos en este año de 1828, los procesos de tejido e hilado de algodón se revolucionaron, con lo que las factorías instaladas en Inglaterra y Nueva Inglaterra podían vender cantidades crecientes de tejido de algodón a precios económicos y muy beneficiosos. [1] Con todo esto, los centros de consumo de mano de obra negra esclava tomaban una nueva vitalidad, y sus demandas iban a ser cubiertas con amplio beneficio por aventureros de todas las nacionalidades, incluida la de las Provincias Unidas.

La policía costera en África continuaba desarrollándose, tanto por Inglaterra como por Estados Unidos, con la misma atonía, y aunque en 1828 incluso fue posible la captura de clippers [2], los resultados, en general, no permitían alentar una gran confianza en la efectividad del procedimiento.

Pero volviendo a las Provincias Unidas, ya hemos dicho que 1828 fue el año de la decadencia del corso, ya que la paz con Brasil era un hecho, en especial después del 27 de agosto, día en que se firmó la Convención Preliminar de paz entre ambas naciones. En adelante, lo que resta es seguir, en la medida de lo posible, la acción de los antiguos corsarios por los mares del mundo, en relación con el tráfico de esclavos y la piratería, que fueron sus nuevas actividades.

En octubre de ese año, en el terreno de la diplomacia, Manuel Moreno aceptó el cargo de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario ante el gobierno de S.M.B. [3], y su correspondencia con el ministro de Relaciones Exteriores será, hasta el final de la década del ´30, el elemento que nos va a permitir realizar el seguimiento de las actividades navales de los antiguos corsarios, y los diversos entretelones de la lucha argentino-británica por abolir definitivamente la trata, en todo cuanto estuviese bajo la jurisdicción de ambas naciones.

Sin embargo, incluso antes de que Manuel Moreno llegara a Londres para tomar posesión de su cargo, el representante anterior de nuestro país ante aquel gobierno, Juan Francisco Gil, alzaba su voz de alerta sobre las actividades esclavistas de los corsarios argentinos. En Enero de 1829, el día 15, Gil disponía, con arreglo a la nota nº 103 de su gobierno (del 18 de Agosto del año anterior), que:

"1º.- A todo individuo que se presente en ésta (ciudad) justificando haber servido en los corsarios de la Republica, y haber sido hecho prisionero, se lo socorra con la suma de 6 ps. por día. Y se dispondrá el regreso a Buenos Aires de estos individuos." [4]

Aún cuando este parece ser un artículo establecido con fines humanitario, no cabe duda de que en su trasfondo estaba la preocupación por evitar que la marinería que había actuado por la causa de la República, en la última guerra, se dedicara, lejos de su país, a negocios ilícitos, creando conflictos con naciones que, como Inglaterra, estaban decididas a terminar con ese tipo de actividades. Sin descartar, desde luego, el hecho de que en una marina en formación como la de un país americano, la pérdida de marinos era un lujo demasiado caro (como ya lo había comprobado en carne propia la misma armada de SMB).

A los pocos días, precisamente el 27 de Enero, Manuel Moreno llegó a Londres y se hizo cargo de la legación, aunque sus contactos con el gobierno inglés no comenzaron hasta mediados de Febrero. [5]

Pero decíamos que Gil alertó al gobierno sobre estas dificultades, y lo hizo a través de su nota del 30 de Enero de 1829 a su gobierno. La nota, en sus puntos salientes, era la respuesta a la nota del gobierno argentino que contenía la reclamación de Parish sobre "actos de piratería y tráfico de esclavos”, que, según Gil, eran "falsamente imputados a corsarios argentinos". Decía, entre otras cosas:

"(...) El abajo firmado, en consecuencia de la comunicación del Excmo. Sr. Ministro Secretario de Negocios Extranjeros de 20 de Agosto de 1828 (107), acompañada de la reclamación de Woodbine Parish, encargado de negocios de S.M.B. relativo al acto de piratería cometido en el ´Morning Star' y demás que ella contiene sobre tráfico de esclavos, tiene el honor de exponer al presente, que ya en su correspondencia de Agosto avisó al gobierno haberse descubierto y castigado a los perpetradores del acto de piratería en cuestión, que fue cometido por el buque brasileño Don Pedro_I, tripulado en gran parte por vasallos del Imperio." [6]

A continuación, después de mencionar recientes actos de piratería descubiertos en Sierra Leona, Gil transcribía un artículo del "Times" del 13 de Diciembre anterior, a fin de demostrar al señor Parish que no eran los súbditos ni ciudadanos de la República Argentina los que se ocupaban solamente en cometer actos de piratería. Finalmente, aducía que

"(...) sobre el cargo aducido por el señor Parish de ocuparse del tráfico de esclavos los corsarios de la República, el infrascripto puede asegurar sin temor de ser desmentido que esta es la primera vez que se oye semejante acusación en Europa, en donde es notoria y admirada como un hecho digno de un pueblo ilustrado y liberal la conducta de la Republica Argentina en haber declarado en los primeros días de su infancia libres los vientres y los infelices que pisasen su territorio, y sostenido esto último aún contra las reclamaciones que en 1814 hizo el embajador inglés, en la corte del Janeiro, el Lord Strangford, en favor de las leyes inhumanas e iliberales que regían en aquella corte a este respecto. "

Más allá de las inexactitudes históricas de este último párrafo, lo cierto era que en el seno del gobierno inglés el problema se estaba debatiendo con insistencia, como lo prueba un párrafo anterior de la misma nota, remitiéndose a hechos que habían ocurrido a mediados del año anterior:

"(...) las reclamaciones de Parish han dado más acento del que merecen las imputaciones proferidas por el Lord Strangford en la Casa de los Lores en el mes de Junio, y que dieron motivo a la comunicación que el infrascripto pasó al Lord Aberdeen en Julio y se ha dejado dirigir por ella."

En medio de estas complicaciones, estaba pendiente de solución el asunto del corsario “Presidente", cuyos tripulantes, acusados de piratería y de atacar a una nave de guerra inglesa en las costas de África, habían sido capturados y distribuidos en diferentes cárceles inglesas. En cuanto a este particular, el día 4 de Febrero, aún antes de tomar formal posesión de su cargo en la legación argentina, el ministro Moreno, en nota al Secretario de Estado del Departamento de Negocios Extranjeros, Lord Aberdeen, reclamó por aquellos cuarenta individuos de la Escurra "Presidente", corsario contra Brasil en la última guerra, alegando, a su favor, que

"(...) Este buque, en las costas del Brasil (…), apresó varias embarcaciones enemigas, entre ellas dos con 850 esclavos que remitió a Patagones.” [7]

Más tarde, cuando la nave ya se encontraba en Pequismin Basar, África, nave

"(...) tomó y puso en libertad una embarcación española destinada al tráfico de esclavos, y apresó hasta el 26 (de Agosto) dos buques más ocupados en este tráfico, y propiedad enemiga, aunque uno de ellos llevaba bandera portuguesa (...)”

En un documento posterior se aclaró que las dos naves apresadas, a la altura de Cabo Fría, eran dos bergantines cargados con 900 esclavos para Río de Janeiro, y que fueron enviados a Río Negro.

Como vemos, uno de los puntos de la cuestión, además del hecho de que el buque había atacado a una nave de SMB, era la posibilidad de que el corsario estuviese comerciando esclavos, y esta acusación, abstracción hecha de este caso particular, se iría reiterando a lo largo de toda la década siguiente, llamando la atención sobre lo de acertado que pudiera haber habido en ella.

Lamentablemente, el asunto de la "Presidente" no tuvo una rápida solución, y sus alternativas se arrastraron por la correspondencia oficial de ambas naciones a través de un dilatado período de tiempo. El 16 de Febrero, al dirigirse Moreno a su gobierno, le aclaró que no podía actuar en el negocio pues todavía no se lo había reconocido en el carácter que investía, en tanto que el señor Gil se haría trasladado a Francia por razones de salud [8]. Sin embargo, a través de una minuta enviada por separado, relataba una conferencia que había tenido con Lord Aberdeen el día 14 de Febrero, y en la cual se había tocado este tema en forma primordial. Según el relato de esta minuta, Lord Aberdeen transmitió al enviado su preocupación por las actividades de los corsarios argentinos, que habían obligado al gobierno inglés a tomar “algunas medidas activas que los contuvieran" [9]. Moreno tranquilizó al ministro, infundiéndole la seguridad de que el gobierno argentino ponía especial cuidado en relación con este asunto, pero no pudo empeñarse en la defensa de los tripulantes del "Presidente", debido a que no era ese el momento adecuado.

En suma, a pesar de los alegatos de inocencia de los enviados de la República ante el gobierno inglés, lo cierto era que los corsarios argentinos sí estaban cometiendo actos de piratería y tráfico de negros. Ello quedó demostrado poco más tarde, cuando, en nota del 18 de marzo, Moreno informó a su ministro de Relaciones Exteriores que, en base a los reclamos que desde prisión enviaban los tripulantes del "Presidente", había ordenado la averiguación de sus antecedentes en lo que hacía a los servicios que habían prestado a su país, de resultas de lo cual había surgido que sólo 12 individuos, de los 40, habían servido al país, y estaban encuadrados en los beneficios de la orden del 16 de Agosto de 1828 [10]. Y esta era una de las acusaciones de Aberdeen al gobierno argentino, precisamente, la de

(...) haber permitido a extranjeros hacer el corso bajo el pabellón (...)" [11],

a lo que Moreno tuvo poco que responder.

Finalmente, en Abril 6 del '29, los tripulantes de la "Presidente" fueron absueltos honorablemente por el tribunal del Almirantasgo, y a posteriori, sólo unos pocos de ellos intentaron regresar al país, en tanto que ignoramos el destino de los demás. [12]

A fines de 1829, la delegación argentina en Londres atravesó por dificultades producidas por el estado dudoso del gobierno de Buenos Aires, incluso con la existencia de otro representante paralelo; pero en Noviembre, Tomás Guido, ministro de RR. EE., confirmó a Moreno en su puesto, y éste siguió afrontando, en adelante, entre otro problemas, el de las actividades ilícitas de los corsarios de su nación.

 

 

 

[1] Mannix, Daniel P., op. cit., pp. 190-191.

[2] Ibidem, p. 196.

[3]A.G.N.A., Moreno, Manuel. Gran Bretaña. 1828-1826.

[4] Ibidem.

[5] Ibidem.

[6] Ibidem.

[7] A.G.N.A., Gran Bretaña. Legación en Londres. Correspondencia General. Marzo a Septiembre de 1829, Moreno a Aberdeen, 4 de Febrero de 1829.

[8] A.G.N.A., Moreno, Manuel. Gran Bretaña. 1828-1829.

[9] Ibidem, Moreno a su gobierno, 16 de Febrero de 1829, minuta de la conferencia entre Moreno y Aberdeen del 14 de Febrero de 1829.

[10] A.G.N.A., Gran Bretaña. Legación en Londres. Correspondencia General. Marzo a Septiembre de 1829.

[11] A.G.N.A., Moreno, Manuel. Gran Bretaña. 1828-1829.

[12] Caillet-Bois, Teodoro, op. cit., p. 351, afirma erróneamente que “por razones que ignoramos (la Presidente) sostuvo con el bergantín inglés Black Yoke un combate en el que pereció Prouting y quedó apresado el barco con dos presas que llevaba. Nuestro gobierno (Rosas, 1837) reclamó al británico de ´la injusta captura y confiscación´, y dos años después anunció haber recibido explicación satisfactoria."