El comercio negrero a fines de 1812.

 

 

Mientras los gobiernos americanos procedían del modo expuesto en lo tocante al comercio negrero, en Europa había resistencia a su abolición. La constitución española de 1812, por ejemplo, no hizo ninguna declaración referente a la esclavitud, para no citar más que un caso [1].

 

La guerra naval, en tanto, proseguía en el Plata, y los corsarios enemigos de la revolución, provenientes de Montevideo, estaban asolando el Paraná [2]. Esta seguía siendo una de las causas principales de la atonía comercial reinante, que el gobierno trató de paliar con la disposición de que los comerciantes extranjeros no tenían ya que consignarse a un comerciante nacional, derogando de esta manera el artículo 1º del decreto del 6 de noviembre de 1809 [3]. Esto ocurría el 11 de septiembre de 1812.

 

Los negros, por su parte, comenzaban a formar parte integrante -y activa- de la vida cívica de la nación. El 22 de julio de 1812, el gobierno concedió la libertad al negro que había denunciado la conjuración de Álzaga [4], para quien el 4 de septiembre organizó una colecta [5]. En este último mes, el día 18, se dispuso asimismo la creación de un batallón de pardos y morenos [6]. Paralelamente, el primer triunvirato impuso la obligación de que los maestros transmitieran su oficio a los jóvenes, medida de escasa influencia, ya que la mano de obra esclava, que predominaba en la artesanía urbana, solucionaba más o menos adecuadamente el problema [7].

 

La opinión generalizada estaba en contra de le abolición de la esclavitud, aún entre los más progresistas. La Gazeta Ministerial del viernes 19 de junio del ´12 publicó un discurso dado a conocer en Filadelfia por un "amante de la libertad de la América”, a raíz de haberse divulgado la noticia de que la corte de Londres, de acuerdo con el gobierno de Cádiz, trataba de enviar una legación a las provincias americanas que se sostenían en la independencia, para conciliar las diferencias políticas que dieron lugar a la división. Sustancialmente, el discurso publicado por la Gazeta contestaba, punto por punto, las objeciones españolas a la independencia americana. Y en cuanto a la objeción de que

 

"(...) la América española no puede erigirse en estado independiente, imitando a los del pueblo angloamericano, porque las circunstancias son absolutamente diversas, y se labrará precisamente su ruina" [8],

 

el "amante de la libertad de la América” contestaba lo siguiente:

 

“Los negros y los mulatos (dicen los publicistas superficiales que no juzgan de las cosas sino por las ideas mezquinas del espíritu de partido, y por el ejemplo de la parte francesa de la isla de Santo Domingo) serán siempre un escollo terrible para la independencia de la América. Yo no alcanzo el fundamento sólido de esta profecía. En primer lugar: sólo en la isla de Cuba, en la de Puerto Rico, en la parte española de la de Santo Domingo, Caracas y la capital del Perú, hay número grande de esclavos y gentes de color; aunque menos que el que se pondera, pues aun en la isla de Cuba, que es donde abunda más, son inferiores al número de los blancos (...).

"En segundo lugar: la mala política en franquear de un golpe la libertad a los negros, fue entre otras causas la que produjo los desastres espantosos en la isla de Santo Domingo; y no faltan ni pueden faltar a la previsión del entendimiento humano medios seguros para evitar este mal. Sería ridículo el sostener, que sólamente los mandatarios de un gobierno que reside a mil seiscientas leguas de distancia, pueden conservar la paz y buen orden entre los blancos y negros de la América; y que este don no puede ceder a ninguno de sus naturales. En fin: conocido el peligro, fácil es prevenirlo y combinar medidas que lo imposibiliten. Este es uno de los puntos que debe ocupar la atención más seria y más profunda de los regeneradores americanos; y es de esperar que el orden de los sucesos confundirá todos los cálculos de sus enemigos.” [9]

 

El discurso continuaba oponiendo, a los disturbios raciales de Santo Domingo, el ejemplo de los esclavos romanos, que por mucho tiempo fueron la fuerza "más robusta de la eminente república”. Finalmente, si bien reconocía que había oposición de castas en algunas regiones del continente americano (pardos y moreno, en oposición a los blancos), afirmaba que era fácil neutralizar estos celos, y aún sacar de ellos útiles ventajas.

 

Como ya dijimos, estas meditaciones habían nacido de una nueva iniciativa inglesa, en el contexto de la política de mediación que llevaban adelante entre las ex colonias españolas sublevadas y una España que seguía luchando contra Napoleón, y a la cual había que apoyar, al menos en las apariencias. En estas circunstancias, la política iba a contramano de los intereses comerciales ingleses, que veían en una América independiente un futuro promisorio. El más claro ejemplo de esta duplicidad de intereses era visible en la presión de los comerciantes ingleses para que la Marina Real desconociese el bloqueo de Buenos Aires, algo que finalmente consiguieron. La diplomacia inglesa, detrás de bambalinas, acompañaba, en cierta medida, estas intencionalidades de tipo comercial, alentando a los gobiernos americanos a que continuasen transitando el rumbo revolucionario, pero con el cuidado de que ello no afectara las relaciones hispano-británicas En este marco, los contactos del gobierno de las Provincias Unidas con Inglaterra, tanto a través de Lord Strangford, ministro inglés en Río de Janeiro, como por las misiones diplomáticas enviadas a Londres, no se apartaron de aquel enunciado general. En cuanto a la trata, en 1812 no hubo tampoco intercambios de opinión entre ambos gobiernos, pues los problemas políticos y militares seguían siendo acuciantes.

 

En octubre de 1812 un golpe de mano tuvo lugar en Buenos Aires, y un nuevo triunvirato reemplazó al anterior. Entre lo primero que hizo estuvo rechazar el ofrecimiento británico de mediación con España. En medio de la alegría de la victoria de Tucumán, el nuevo ejecutivo convocó, el 24 de ese mismo mes, a la Asamblea General, a la cual iba a caberle dar un paso más en el camino del abolicionismo, al establecer en 1813 la “libertad de vientres” en estos territorios. Sin embargo, y aún en contra de la creencia general, los problemas relativos al comercio de esclavos apenas si comenzaban a esbozarse.

 


 

 

[1] Mellafe, Rolando, La esclavitud en Hispanoamérica, p. 97.

[2] A.G.N.A., Marina. Corsarios…

[3] Gazeta..., la del 18 de septiembre de 1812.

[4] Ibidem, la del 24 de julio de 1812.

[5] Ibidem, la del 4 de septiembre de 1812.

[6] Ibidem, la del 25 de septiembre de 1812.

[7] Dorfman, Adolfo, Historia de la industria argentina, p. 45.

[8] Gazeta…, la del 19 de junio de 1812.

[9] Ibidem, la del 19 de junio de 1812. Subrayado nuestro.