El aporte demográfico. [1]

 

 

En este capítulo vamos a intentar un análisis longitudinal, es decir circunscripto estrictamente a la cohorte negra. El mestizaje alteró en gran medida la evolución demográfica de este grupo durante el siglo XIX, y eso, agravado por lo rudimentario y poco científicos que eran nuestros censos de la época, dificulta la observación. Por ende, las especulaciones y los análisis para este período generalmente se apoyan en otros elementos que los censales, como por ejemplo las estimaciones y observaciones de los sabios y viajeros de la época, los registros parroquiales, los padrones militares, etc. Pero dado que no es nuestro interés profundizar en el tema, sino simplemente comprobar en qué medida las cifras apoyan, o desmienten, las conclusiones a que dieron lugar otros elementos (los que ya hemos tenido oportunidad de analizar), vamos a utilizar casi exclusivamente las cifras oficiales.

 

En primer lugar, veremos que el análisis posible para determinar la evolución demográfica que nos interesa ha de ser primordialmente longitudinal, es decir, delimitado a la cohorte negra, a lo largo de sus generaciones. Sin embargo, también será necesario hacer algunas observaciones de corte transversal, lo que equivale a comparar datos básicos de la cohorte negra con sus similares de la población blanca. Previamente, se imponen algunas consideraciones generales relativas a los rudimentos de la demografía.

 

FECUNDIDAD.

 

Para el estudio de la fecundidad de generaciones (longitudinal) se cuentan todos los nacimientos, legítimos e ilegítimos. La fecundidad recibe entonces el nombre de fecundidad general (por oposición a la fecundidad legítima). El problema se enunciaría así: “¿cuál sería, en ausencia de perturbaciones, el número medio de nacimientos por mujer o por pareja?” La respuesta concreta se expresa en una tasa de fecundidad general, calculada a partir de las estadísticas del movimiento de la población. Para el estudio de la fecundidad general, como para otros aspectos, hay que tener en cuenta factores fisiológicos y factores de comportamiento. Tomando en cuenta que ni siquiera a través de los censos y las encuestas modernas nos es posible elucidar muchos de estos problemas, vamos a encontrar que los mismos se potencian cuando se refieren, como en este caso, a poblaciones que vivieron dos siglos atrás, cuando los análisis demográficos apenas comenzaban a tomar rigor científico. Sin embargo, al menos vale la pena enumerar los factores mencionados, dado que de ellos depende la fecundidad.

 

Entre los factores de comportamiento (fundamentales, a mi criterio, ya que muchos de ellos pueden llegar a modificar factores fisiológicos) se encuentran los siguientes:

 

1) Frecuencia de las relaciones sexuales en situación normal. Podemos suponer que en la primera mitad del siglo XIX las relaciones sexuales entre los esclavos o los libertos negros debieron haber sido promiscuas, a pesar de la moral porteña. Huelga decir que la fecundidad crece con la frecuencia de las relaciones sexuales.

 

2) Prohibiciones sexuales durante ciertos períodos. Aunque en ciertas poblaciones, particularmente en África, las relaciones sexuales están prohibidas durante la lactancia, no existen en Europa, y en los pueblos de América, prohibiciones similares. Sabemos que los negros de Buenos Aires no habían conservado esta costumbre de su continente de origen, así que las relaciones endoraciales de la cohorte negra eran libres, más allá de los problemas que la condición de esclavos podía presentar a la constitución y el desarrollo de la familia. Sería interesante conocer las limitaciones impuestas a las relaciones exoraciales, es decir con los blancos, aunque, dado el alto grado de mestizaje observado en la primera mitad del siglo XIX, nada nos impide pensar en un grado de permisividad bastante alto a este respecto.

 

3) Frecuencia y duración de la lactancia materna. Es difícil de definir. La duración de la lactancia es generalmente larga en regímenes primitivos, y esta regla se aplicaba a las mujeres de Buenos Aires. A juicio de los demógrafos, sería deseable conocer la duración de la amenorrea en función de la lactancia. Recordemos que las negras fueron las únicas amas de cría que se conocieron en Buenos Aires hasta 1820, y que amamantaron a varias generaciones de patricios. [2]

 

4) Acción voluntaria para limitar los nacimientos por prevención de la concepción o por aborto. En los tiempos modernos, este es un terreno donde las dificultades de observación son evidentes. Para la época que nos ocupa, sin embargo, podemos descartar en Buenos Aires la práctica de la anticoncepción, mucho menos entre los esclavos o los libertos, cuyo valor residual residía en su posibilidad de multiplicar su fuerza de trabajo. Esto es válido, igualmente, para los abortos de las mujeres negras. (Empero, la anticoncepción se propagó en los medios rurales de Francia desde la Revolución e incluso, quizá, antes.) La fecundidad se llama “natural” cuando está referida a poblaciones en las cuales se sabe o se presume que no practicaban ninguna forma eficaz de limitación de los nacimientos (por oposición a la fecundidad “dirigida”).

 

Los factores fisiológicos más importantes son los siguientes:

 

1) Fecundabilidad. Es la posibilidad que tiene una mujer de concebir en el curso de un ciclo menstrual. Por otra parte, si bien ha sido establecido que en condiciones de cautiverio (durante la antigua Roma) la fecundabilidad decrecía de manera ostensible, no creemos que esto haya afectado de la misma forma a los esclavos porteños, dado que su régimen de esclavitud era harto benevolente.

 

2) Probabilidad de que una concepción finalice en un nacido vivo. Depende de la mortalidad intrauterina.

 

3) Plazo de reaparición de la ovulación después del parto. Depende también de un factor de comportamiento, como lo es la duración de la lactancia de pecho.

 

4) Esterilidad. Puede ser total o parcial.

 

5) Influencia de la edad al matrimonio, en el régimen de fecundidad natural. Una modificación de conjunto de la nupcialidad, en el sentido de una mayor precocidad en los matrimonios, sin embargo, por lo general no aumenta la descendencia de manera ostensible, aún cuando la esterilidad avance con la edad de la mujer.

 

MORTALIDAD.

 

Se suele admitir que la mortalidad depende más de las condiciones sanitarias del momento –meteorología, epidemias, hambres, guerras, conocimientos médicos, práctica de la higiene- que del pasado de los individuos, por lo cual el efecto de selección es menor con relación a las variaciones de las condiciones del momento. Por ende, esto favorece el análisis transversal, al contrario de lo que ocurría con la fecundidad. (No obstante, aunque la mortalidad se estudia básicamente por períodos, existen algunos estudios longitudinales, en cuya realización se excluyen las mortalidades de guerra y de epidemias excepcionales, llegándose así a una tabla de mortalidad de generaciones.)

 

La mortalidad puede ser endógena (causas anteriores al nacimiento o debidas al parto) o exógenas (imputable al medio exterior: falta de higiene, mala alimentación, contaminación, accidentes). Suele hablarse también de mortalidad perinatal (agrupa a la mortalidad endógena y a la mortinatalidad, es decir, a los nacidos muertos) y de mortalidad intrauterina (todas las muertes en el seno de la madre).

 

Así como ocurría con la fecundidad, hay factores que intervienen en la mortalidad. Uno de ellos es el sexo, ya que la mujer tiene un promedio de vida superior al del hombre. Otro factor demográfico es el estado civil, que en la actualidad juega un papel importante, pero que en nuestro caso no es relevante. Con todo, el principal factor en el análisis de la mortalidad es la edad, en función de la cual los riesgos de muerte varían mucho. Así, no se puede realizar ningún estudio de mortalidad sin tener en cuenta la composición por edades de la población.

 

La “tasa bruta de mortalidad”, pues, no puede ser un buen índice de la situación sanitaria de un país, porque depende de la composición por edades. Esto nos lleva a expresar la mortalidad por medio de una tabla, la del conjunto de las posibilidades de muerte a las diferentes edades de una población. Dicha tabla proporciona índices adicionales: los supervivientes, los fallecimientos y la esperanza de vida al nacer. Esta última es el número medio de años vividos por una generación sometida a lo largo de su vida a una serie de probabilidades de muerte.

 

Uno de los fenómenos más relevantes de la época actual es el descenso de la mortalidad, primero en los países desarrollados y después en los demás. Comparativamente, la esperanza de vida al nacer, discriminada por sexos, ha sido la siguiente:

 

PEDIODO

MASCULINO

FEMENINO

 

 

SIGLO XVIII

DEL ORDEN DE LOS 30 AÑOS

1820-1822

38.0

39.2

1850-1852

41.8

42.7

1898-1903

45.3

48.7

       

 

Como vemos, la esperanza de vida de las mujeres ha sido constantemente superior a la de los hombres, pero la diferencia aumenta a medida que la mortalidad disminuye.

 

En poblaciones de desarrollo débil existe una sobremortalidad de las mujeres en edad fecunda, prácticamente de 15 a 40 años. Ello se debe a las muertes como consecuencia del parto (“mortalidad materna”), que, en esas poblaciones, alcanza el orden del 2 % de los partos (contra 0,03 % actualmente en Francia). En este país, la mortalidad infantil, por su parte, ha evolucionado como sigue:

 

PERIODO

INDICE

 

 

Hacia 1750

 20 al 25    %

Hacia 1850

         17    %

Hacia 1900

         16.5  %

 

El descenso no se limita a la mortalidad exógena, ya que la endógena ha disminuido del 8 % en el siglo XVIII al 5 % en 1850 y 2.5 % en 1900 (alcanzando actualmente valores del orden del 1.5 %). Esto evidencia que los progresos de la obstetricia han jugado un papel en esta baja, sobre todo al principio.

 

Digamos, acerca de la raza negra que vivió en nuestro país en el pasado siglo, que por lo general (contrariamente a lo que se cree) era de larga vida; para las décadas de 1870 y 1880 era casi habitual encontrar en los periódicos anuncios necrológicos referidos a negros que morían a edades de hasta 115, 121 y 130 años. [3]

 

OTROS DATOS.

 

Hay otros datos importantes a tener en cuenta a la hora de analizar la evolución demográfica de una comunidad o de una cohorte. Entre ellos, la nupcialidad, el índice de masculinidad y las categorías socioeconómicas figuran en primer lugar.

 

En relación con nuestro tema, lo interesante sería establecer la tasa bruta de crecimiento de la cohorte negra, tasa que, en ausencia de migraciones, recibe el nombre de “natural”, y que consiste en la diferencia entre la tasa de fecundidad y la tasa de mortalidad, arrojando un resultado positivo o negativo según prevalezca una u otra de aquéllas. (Existe también la llamada tasa neta de reproducción, que elimina los efectos estructurales que pudieron distorsionar el análisis.) Sin embargo, vamos a ver que los elementos de juicio obtenidos no permiten la determinación de la tasa bruta de crecimiento más que de forma imperfecta y en reducidas áreas geográficas de nuestro país.

 

EL MESTIZAJE DE LA POBLACIÓN NEGRA.

 

Aquí, como en la mayoría de los países de Hispanoamérica, si quisiéramos dar una información exacta acerca de la evolución demográfica de una determinada raza tropezaríamos con serias dificultades, en especial si nos referimos al siglo XIX. La primera de esas dificultades se desprende del hecho de que en la mayoría de las muestras censales del pasado siglo no se tenían en cuenta las categorías de “raza” y “color” de la población, o bien era éste un dato que sólo aleatoriamente se consignaba en las encuestas. El siguiente obstáculo deriva, cuando se incluyeron en los censos preguntas acerca del origen étnico de los habitantes, de la existencia de una población mezclada, cuya verificación era poco menos que imposible. [4]

 

Según Bastide, al hablar de los censos latinoamericanos de la centuria pasada:

 

“Cada nación tiene su propia ideología racial, y el censo es más el reflejo de esta ideología que la expresión de la realidad demográfica. (…)” [5]

 

Nuestra nación no escapó a esta regla general, y tendió, desde su surgimiento político, a la igualdad entre las distintas cohortes. Pero de haber existido en nuestros gobiernos de la primera mitad del siglo XIX la firme intención de reflejar lo más adecuadamente posible la composición racial, habrían tropezado con las complicaciones inherentes a los fenómenos propios del mestizaje, en pleno desarrollo por aquellos años.

 

Este efecto disolvente ha dado lugar a que Herskovits haya elaborado el siguiente cuadro tipológico para registrar el mestizaje de la raza negra, con los símbolos que se indican en cada caso:

 

a = puramente africano

b = muy africano

c = bastante africano

d = un poco africano

e = trazas de costumbres africanas, o nada

f = sin indicación [6]

 

Sabemos que existía en el Plata, a comienzos del siglo XIX, una gigantesca mulatería, que tenía sus raíces en todas las clases sociales de la colonia. Y ocurría que la sangre africana, a juicio de Carlos Octavio Bunge, entroncaba

 

“(…) admirablemente con la española, al menos con los españoles del Sud. De ahí ciertas afinidades que dan carácter a la mezcla (…), consecuencia segura de comerciantes españoles que doblegaron orgullos de raza a sus encantos de hembras morenas.” [7]

 

Según un viajero que visitó estas tierras en la segunda década del siglo XIX,

 

“En Córdoba, el color de los habitantes se obscurecía visiblemente y el número de mulatos y mestizos aumentaba a medida que se penetraba hacia el interior.” [8]

 

Este hecho contrastaba, según el citado viajero, con Buenos Aires, donde

 

“(…) se jactan mucho, todavía hoy, de que la sangre de sus habitantes se ha conservado totalmente pura o con poca mezcla de sangre africana.” [9]

 

Todavía en 1880 podía afirmar Sarmiento, en su “Facundo”, que

 

“(…) la raza negra, casi extinta ya, excepto en Buenos Aires, ha dejado sus zambos y mulatos, habitantes de las ciudades (…), raza inclinada a la civilización, dotada de talento y de los más bellos instintos de progreso.” [10]

 

Es decir que, a juzgar por estos testimonios, que se verán corroborados por las estadísticas de población, podemos suponer que el mestizaje tuvo lugar en un lapso de tiempo relativamente breve, a partir de la primera o segunda década revolucionaria y por espacio de medio siglo, a través de un proceso que fue el gran diluyente de los afroargentinos (más que las guerras, las epidemias y las migraciones), cuando este grupo ya no era reforzado por aportes externos que le permitieran conservar sus características raciales.

 

ÉPOCA COLONIAL: EL CENSO DE 1778 Y OTROS.

 

Tenemos una idea de la magnitud de la población negra en las postrimerías de la colonia merced a diversas fuentes estadísticas. Tal es el caso del padrón cuya elaboración ordenó el cabildo de Buenos Aires, siendo virrey Vértiz (aunque algunos afirman que la iniciativa corrió por cuenta de Pedro Cevallos, primer virrey del Río de la Plata), en 1778. En los resultados obtenidos podemos apreciar cuál era en esa época la composición étnica de la ciudad y su entorno:

 

Españoles:

15.719

65 %

Mestizos e indios:

 1.288

 5 %

Mulatos y negros:

 7.268

30 %

  [11]

 

Es decir que la proporción de gente de origen africano se elevaba a casi un 30 % en el casco urbano, sobre un total de 24.275 habitantes. La campaña, por su parte, poseía 12.925 habitantes, que, sumados a los de la ciudad y a 549 miembros de las comunidades religiosas, totalizaban 37.749 almas. Se cree, sin embargo, que por las dificultades inherentes a la tarea censal (la gente de la campaña, por temor, evitaba ser registrada) la población podía reputarse en 50.000. [12]

 

Para 1800, Azara da 71.668 habitantes -40.000 para la ciudad y 31.668 para la campaña. [13]

 

Paralelamente, en 1778, en la otra orilla del Plata, el alcalde provisional de Montevideo, don Domingo Bauzá, realizaba también un padrón para el radio de la ciudad y los suburbios, cuya población se componía así:

 

Blancos:

2.903

68 %

Indios:

     73

 2 %

Negros:

 1.092

25 %

Pardos:

    212

 5 % (cruzas)

TOTAL

4.280

 

[14]

 

El análisis de las cifras demostró que el cruzamiento de la raza blanca con la negra había sido importante (un 5 %), no así el cruzamiento blanco-indígena.

 

El 13 de enero de 1781 se levantó un nuevo censo en Montevideo, que mostró esta evolución:

 

Españoles:

7.272

72 %

Indios:

  228

 2 %

Mulatos:

  603

 6 %

Negros libres:

  583

 6 %

Esclavos:

1.477

14 %

TOTAL

 10.163 (5.894 H y 4.269 M)

[15]

 

La población negra había aumentado de 1304 a 2663, y los pardos lo habían hecho de 212 a 603, apreciándose la intensificación del cruzamiento racial con los blancos. En cuando al incremento de los esclavos, recordemos que gran cantidad de ellos ingresaban a fines del siglo XVIII por ese puerto, llegando a un máximo de 838 en el año 1810. [16]

 

En 1803 la población montevideana de la ciudad se componía así:

 

Blancos:

 3.033

65 %

Libres (negros y pardos):

 141

 3 %

Sin definición racial (negros):

 603

 13 %

Esclavos:

 899

 19 %

Total negros=

1.040

 

Total=

4.676

 

[17]

 

La proporción de gente de color era alta, y de ella, casi la mitad correspondía a los mestizos, dándose un incremento real y relativo tanto de los mulatos y pardos como de los esclavos, con relación a las anteriores cifras.

 

Tenemos otros casos a la vista. Entre ellos, el del primer censo realizado en Córdoba, en 1778, que proporcionó estos guarismos:

 

Clase y condición

Ciudad

%

Campaña

%

Suma

%

 

 

 

 

 

 

 

Españoles

2.697

37.09

14.643

39.81

17.340

39.36

Indios

   121

  1.67

  5.361

 14.57

  5.482

12.45

Negros, mulatos, mestizos, etc., libres

2.335

32.12

12.557

34.14

14.892

33.8

Negros, mulatos, mestizos, etc., esclavos

2.117

29.12

 4.221

11.48

 6.338

14.39

TOTAL

7.270

100.00

36.782

100.00

44.052

100.00

[18]

 

Las cifras y porcentajes nos eximen de agregar otros comentarios. Estos ejemplos, y otros que hemos omitido, nos muestran la alta proporción de población negra y negroide que existía en nuestras ciudades a finales de la colonia. Incluso una ciudad pequeña como Rosario, en 1801, respondía a esta característica general, según el censo Tuello:

 

 

ESPAÑOLES

INDIOS

PARDOS

MORENOS

EDAD

HOMBRES

MUJERES

TOTAL

LIBRES

ESCLAV

LIBRES

ESCLAV

0-15

 693

  678

397

274

84 H

9

59 H

15-60

1945

1375

 

 

55 M

 

67 M

60 +

 107

  136

 

 

 

 

 

                 

[19]

 

CENSOS ARGENTINOS POR REGIONES.

 

A continuación, y con los elementos de juicio que tenemos hasta aquí, vamos a hacer un breve repaso de algunas regiones argentinas censadas entre 1810 y 1840. Lamentablemente no ha sido posible hallar a muchos de los censos provinciales de ese período, sino a unos pocos que han sido divulgados por estudios especializados y a aquellos cuyos originales se encuentran en nuestro Archivo General. A pesar de ello, creo que es útil tener una idea de la magnitud del material estadístico al que nos referimos, discriminado por provincias y por los años en que se llevaron a la práctica:

 

Entre Ríos: 1820, 1824, 1825, 1844, 1848, 1849, 1852, 1857, 1860, 1861. Corrientes: 1814, 1820, 1827-1828, 1833, 1841, 1854, 1857. Capital de Corrientes: 1814, 1820, 1825, 1827, 1830, 1832, 1833, 1834, 1841, 1850, 1852, 1854, 1857. Santa Fe: 1858 (también hay padrones urbanos). Buenos Aires: 1813 y 1815 (padrones incompletos), 1836 y 1854; recuentos urbanos de 1810, 1811, 1816, 1818, 1822, 1827, 1829, 1836, 1838, 1855. Córdoba: 1813, 1815, 1822, 1839-1840, 1850, 1852, 1857. La Rioja: 1813, 1814, 1855. Mendoza: 1810, 1812, 1814, 1823-1824, 1852, 1855, 1857, 1859, 1864. Jujuy: 1839, 1843, 1851. Tucumán: 1812, 1816, 1854, 1858. San Luis: 1812, 1832 (no realizado), 1857. San Juan: 1812, 1850 (padrón departamental), 1864. Santiago del Estero: 1813, 1819, 1858. Salta: 1856 (sólo departamento de Orán), 1865. Catamarca: 1812. Carmen de Patagones: 1816, 1821. [20]

 

El primer cómputo general de población que se intentó en las PP. UU. fue el dispuesto por resolución del primer triunvirato, en diciembre de 1811. Sólo algunas provincias cumplieron con el censo, como pudimos apreciar: Mendoza, San Juan, San Luis y Catamarca, todas en 1812. En febrero de 1813 un decreto de la Asamblea dispuso la realización de un censo completo en las PP. UU., debido a razones políticas (la misma Asamblea había sido reunida conforme a un criterio representativo). Pero este fue un nuevo fracaso general. La reunión del congreso constituyente de 1824 planteó una vez más la necesidad de un censo nacional; la ley correspondiente fue aprobada un año más tarde, pero el censo jamás se realizó. [21] En 1857-1858 tuvo lugar el censo de la Confederación Argentina, que como vimos, se llevó a cabo en casi todas las provincias argentinas. (A nuestros fines, digamos que el formulario del censo confederal de 1857 no incluye preguntas acerca de la raza; las planillas publicadas tampoco permiten conocer datos como índice de masculinidad y feminidad, ni composición por edades de la población.) [22] Finalmente, el primer censo nacional se efectuó en 1869.

 

Antes de pasar a analizar las regiones, agreguemos que la población del país ha evolucionado como sigue:

 

POBLACIÓN REPÚBLICA ARGENTINA

 

 

 

1810

 310.000

cómputos

1816

 520.000

cálculos

1825

 577.000

cálculos

1857

1.210.000

Censo Confederal

1869

1.736.923

1 Censo Nacional

 

Y su tabla de crecimiento ha sido así:

 

 

LEY DE CRECIMEINTO – REP. ARGENTINA

 

 

 

1809

 406.000

---

1819

 527.000

30 %

1829

 634.000

20 %

1839

 768.000

21 %

1849

 935.000

22 %

1859

1.304.000

39 %

1869

1.736.000

33 %

[23]

 

Por otra parte, los índices de masculinidad conocidos son estos:

 


 

 

REGION

1812

1814

1816

1820

1833

1845

1849

1855

1858

1869

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BS AS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

124

CORRIENTES

 

50

 

86

76

 

 

 

 

94

E. RIOS

 

 

 

 

 

 

95

 

 

114

S. FE

 

 

80

 

 

 

 

 

104

124

CBA.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

91

LA RIOJA

 

 

 

 

 

 

 

88

 

87

CATAMARCA

80

 

 

 

 

 

 

 

 

93

TUCUMAN

 

 

 

 

 

98

 

 

 

96

STGO. EST.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SALTA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

100

S. LUIS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

89

MENDOZA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

S. JUAN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CHACO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MISIONES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PAMPA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PATAGONIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BUENOS AIRES.

 

De los censos anteriores al nacional de 1869, en el ámbito de la provincia de Buenos Aires, una gran proporción se circunscribía a la ciudad homónima. Dado que aquí, en la ciudad y su hinterland, se encontraba la mayor concentración de gente de color del país, y también por ser de alguna manera el área focal de nuestra historia, éste ha sido el ámbito geográfico más estudiado, desde el punto de vista que nos ocupa. En la ciudad de Buenos Aires, y su campaña, se hicieron recuentos urbanos en los años 1810, 1822, 1827, 1836, 1838 y 1855, mientras que los censos provinciales se realizaron en los años 1813 y 1815 (se conservan padrones muy incompletos), 1836 y 1854. En el Archivo General de la Nación se conservan además censos de extranjeros, efectuados con fines militares, fiscales o políticos (1811, lista de portugueses en la ciudad; 1815, nómina de españoles europeos solteros; 1816, europeos españoles; 1816, extranjeros que habitan los 34 cuarteles de la ciudad; 1816, portugueses; 1818, americanos extranjeros y españoles europeos). También es posible hallar en el Archivo censos profesionales (1838 y 1851), padrones generales de esclavos habitantes en la ciudad (1816 y sin fecha, anterior a 1820 y posterior a 1810), padrones de habitantes en la ciudad (sin fecha, 1829, 1831 y 1833), y registros parroquiales (1833). [24] Nosotros vamos a ocuparnos brevemente de una parte de este material estadístico.

 

Previamente, podemos apreciar en el cuadro “A” que las estimaciones acerca de la población negra en Buenos Aires, ciudad y entorno, ofrecen grandes disparidades, para los años 1809-1810. Por lo tanto, nuestro punto de partida es endeble, si lo que realmente queremos saber es si la población de gente negra aumentó o decreció en el período 1810-1840. (Porque básicamente, esa es la pregunta que queremos responder, en la medida en que ello puede ayudarnos a verificar o rectificar nuestro punto de vista sobre el particular. Por ende, deberemos optar por una de las cifras ofrecidas, y seleccionar algunos datos básicos.)

 

CUADRO “A” – POBLACIÓN NEGRA EN BUENOS AIRES – EN MILES

 

 

 

 

 

AÑO

NEGROS

%

TOTAL

FUENTE

 

 

 

 

 

1809

38.6

66.6

58.0

J. MELLET

1810

10.0

22.0

45.0

LEVILLIER

1810

15.1

33.3

45.0

MONTEAGUDO

1810

11.0

18.3

60.0

V. F. LOPEZ

1810

 6.9

14.2

48.5

RAVIGNANI

1810

11.6

 

45.0

CENSO Bs. As (TRELLES)

 

Censo de 1810. Muestra a una comunidad que adolece de tasas de reemplazo muy bajas, y su extrapolación sugiere que la población afroargentina de la ciudad era en ese año de 11.637. [25]

 

Suprimida prácticamente la inmigración desde 1811, por este conducto ya no creció la población de Buenos Aires. La inmigración blanca, en esta época, debió ser ampliamente superior a la antigua entrada negrera. [26] Los datos demuestran que el comercio de esclavos declinó considerablemente después de 1812, y aún considerando los ingresos de la década de 1820, la mano de obra traída a la ciudad no alcanzaba para satisfacer la demanda. [27]

 

Los datos de los censos de 1810 y 1827 sugieren que el decreto de 1813 tuvo un efecto retardatario sobre el tráfico de esclavos para la ciudad, a juzgar por las fechas de entrada de los encuestados. [28] Pero las escapatorias de la ley de 1813 pueden verificarse también en el censo de 1827, ya que de los negros ingresados en la ciudad después de 1812 dos tercios eran esclavos. [29]

 

Censo de 1822. La población afroargentina ha aumentado a 13.685. Este crecimiento se produjo a pesar de una marcada reducción en el tráfico y al reclutamiento de casi 2.000 soldados esclavos y muchos mulatos y negros libres. La tasa de mortalidad es alta, al igual que la de mortalidad infantil. [30] La tasa de reproducción, según los cálculos de Goldberg [31], era de 0,96 anual. (Es decir que la proyección, por tasa de crecimiento, indica que la población se extinguiría por completo en la década de 1850 o la siguiente.)

 

En este censo se puede apreciar que el cierre de la inmigración africana desde 10 años atrás afectó la tasa del grupo moreno, pero en el grupo pardo este factor no tuvo incidencia, y aún más, hay que considerar las pérdidas por egreso (utilización en los ejércitos y/o emigración hacia la campaña y el interior, donde las barreras de color eran menos rigurosas). [32]

 

En 1824 la población de la provincia de Buenos Aires ascendía a 200.000 almas. [33] También sabemos, merced a dos censos específicos que se realizaron en 1816 uno de ellos y otro antes de 1820, que la cantidad de esclavos habitantes en la ciudad alcanzaba, en los 32 cuarteles en que se dividía la misma, una cantidad muy similar a 2150, y que esta cifra permaneció estable en el lustro que corrió entre 1815 y 1820. [34]

 

Censo de 1827. La tasa de masculinidad es muy baja; por otra parte, hay una gran proporción de adultos jóvenes, entre los 20 y los 35 años, cuando experimentan los esclavos una productividad máxima. En particular, se abulta el grupo de edades de 10-29 años, entre los varones negros y las mujeres por igual. (135, 85-86) La población negra, a pesar del decrecimiento vegetativo, se mantiene, gracias al ingreso de población desde el interior y el exterior, a través de decretos que autorizan su ingreso, en los años de la guerra con el Brasil -1826 y 1827-, y debido a las actividades de los buques corsarios. Al respecto, hay testimonios de que en esta época

 

“(…) existen en Buenos Aires una multitud de negros, de los millares quitados por los corsarios durante la guerra del Brasil.” [35]

 

 

Es decir que el tráfico de esclavos fue absolutamente responsable de la alta proporción de adultos jóvenes en la población negra. El censo demuestra que de los africanos que vivían en Buenos Aires ese año, la edad media cuando llegaron a la ciudad era de 15,8 años (y la demanda del mercado dictaba que los esclavos traídos al nuevo mundo fueran adolescentes). Esto tuvo el efecto de abultar la edad 10-29 años entre varones y mujeres negras. [36]

 

Otro autor considera [37] también que el número de pobladores de color se mantuvo estable desde 1822 hasta 1836, a pesar de su decrecimiento relativo, merced al ingreso de población de origen africano desde el interior y el exterior.

 

En los censos de 1810, 1822 y 1827 se advierte una concentración de gente de color en edades 15-29 años, es decir que había condiciones ideales de reproducción. La proporción de mujeres en edad reproductiva, 15-44 años, era del 59,7 %, contra 53 % en el grupo blanco. La edad media de la mujer de color en edad reproductiva era de 24,7 años (28,1 para la blanca). Pero la tasa de reemplazo de los negros era menor… ¿e debía ello a que la fecundabilidad de la mujer negra era menor, o a fallas en la documentación censal? Los datos disponibles indican que la tasa de fecundidad era mayor entre los negros libertos que entre los esclavos, pero la tasa de fecundidad de la gente de color, en general, era mucho menor que la del grupo blanco. El primer hecho (diferencia entre libertos y esclavos) se debía, posiblemente, a la mayor manumisión de infantes, cuya libertad se compraba barata, dada la alta probabilidad de que no llegasen a la edad adulta; ello abultaba la cantidad de infantes entre los libertos, ya que muchos hijos de esclavos eran libres. Con todo, permanece el hecho de que la tasa de fecundidad general para los negros era casi un 40% menor que la de los blancos. Es decir que las cifras nos revelan una comunidad en marcada declinación y condenada a la extinción inexorablemente.

 

Censos de 1836 y 1838. Se revierte la tendencia hacia el decrecimiento, a pesar de las bajas tasas de reemplazo de los censos anteriores. Esto no puede explicarse por migración o continuación del tráfico esclavista, ya que el incremento es notable. [38] La natalidad, la mortalidad infantil y la mortalidad general en 1837 demuestran que la situación con respecto a años anteriores permanecía incambiada. [39] Estas tasas eran más elevadas para los negros que para los blancos, resultando un crecimiento vegetativo nulo o negativo. Es, pues, sorprendente descubrir la existencia de una población parda y morena nunca registrada en los censos municipales (15.000). [40]

 

CUADRO “B” = POBLACIÓN NEGRA EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

1810

1822

1827

1836-1838

1855

1887

11.637

13.685

 

14.800

 

8.005

 

A mediados del siglo pasado,

 

“(…) sobre un total de 800.000 habitantes en la Confederación Argentina, los mulatos alcanzan la cifra de 110.000. Los negros 20.000, cifra respetable si se considera que no traspasaban el limitado perímetro urbano de Buenos Aires y que ya había sufrido la sangría que le impuso la guerra de la independencia. Existían sólo 85.000 blancos entre europeos y nativos en todo el territorio nacional. El resto eran indios y mestizos, en los que existían no pocos zambos –mezcla de indios y negros-. Los negros habían fracasado en su trasplante al interior del virreynato. La explotación de los productos subtropicales no necesita de ellos: el brazo del indígena era abundante y barato (…)” [41]

 

Para 1887, según el prólogo del segundo censo de la República Argentina, la mayoría de los negros había muerto en los campos de batalla, durante el medio siglo que presenció la independencia y la organización del país; ese mismo año,

 

(…) de los 430.000 habitantes que tiene Buenos Aires (…) sólo 8.005 son negros y mulatos, un dieciocho por mil…” [42]

 

CATAMARCA.

 

Hemos dado con el censo de 1812 realizado en esta provincia. [43] El primer dato que surge de él es que la proporción de hombres era baja, ubicándose en un 46 %.

 

Las castas (negros y morenos, y los frutos de sus cruzamientos) representaban en 1812 el 17 % de la población total (3685 personas), si bien en 1778 había sido del orden del 51 % (7908). En la ciudad de Catamarca la proporción se elevaba, en 1812, al 20 %. Es decir que, en relación con otras ciudades, la disminución de la población de color es notoria, si bien, dentro de los límites provinciales, no se había verificado idéntico proceso en todas las jurisdicciones. Las castas sumaban 3685 almas, distribuidas de la siguiente manera:

 

CASTAS

1812

 

 

Negros

 283

Morenos

 63

Pardos

2031

Mulatos

1226

Cholos

 76

Zambos

 6

TOTAL

36856

 

Podemos agregar que la disminución se verificó en los individuos libres, ya que la proporción relativa de esclavos se elevó sobre las cifras de 1778. Así, en 1778 los esclavos eran el 10 % de la población de color, mientras que en 1812 representaban el 32 %. Esto nos habla de la persistencia del fenómeno de la esclavitud, en el seno de una cohorte en franco decrecimiento.

 

CORDOBA.

 

De esta ciudad mediterránea hemos tenido acceso al censo de 1813, es decir el primero que se realizó durante la época independiente. Sabemos, sin embargo, por testimonios de viajeros que visitaron la región en la primera mitad del siglo XIX, que la población negra era elevada. Ya vimos lo que Graaner decía acerca de la ciudad y del color de la piel de sus habitantes, que poseía un definido tinte negro. Otros escritores contemporáneos agregan que

 

“Cada convento o monasterio tenía una ranchería contigua, en que estaban reproduciéndose ochocientos esclavos de la Orden, negros, zambos, mulatos y mulatillas (…)” [44]

 

El censo aludido nos muestra esta distribución racial y estadística:

 

 

POBLACIÓN DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA – CENSO DE 1813

Clase y condición

Ciudad

%

Campaña

%

Suma

%

 

 

 

 

 

 

 

Españoles

4241

40.06

37100

60.36

41341

57.38

Indios

    50

  0.47

 5649

 9.20

 5699

 7.91

Negros, mulatos, mestizos, libres

3691

34.87

14252

23.10

17943

24.90

Negros, mulatos, mestizos, esclavos

 2605

24.60

 4455

 7.25

 7060

 9.81

TOTAL

10587

100.00

61456

100.00

72043

100.00

[45]

 

Aquí observamos el fenómeno de una población de color lo suficientemente numerosa para llegar al 60 % de los “españoles”. Al mismo tiempo, sólo una cuarta parte de esa población estaba reducida a la esclavitud. Es decir que lo que se evidencia es un proceso de mestizaje que se había iniciado mucho antes de la época independiente, y que sería interesante rastrear hasta mediados del siglo XIX.

 

CORRIENTES.

 

Como en el resto de las provincias argentinas, Corrientes tuvo una población integrada por diferentes aportes raciales: indios, europeos y negros fueron los tres grupos originales de los cuales derivó el consiguiente mestizaje. Los núcleos principales fueron:

 

--blancos

--naturales (indios)

--mestizos (europeos con indios)

--negros

--castas: pardos, mulatos, morenos (europeos con negros)

 

Las omisiones del censo de 1814 nos impiden la formación de un cuadro racial completo. Pero ha sido posible esbozar el siguiente resultado, en las tres regiones en que se dividió Corrientes a los fines censales, y que corresponden a áreas de sucesivo doblamiento:

 

REGIÓN

BLANCOS

NATURALES

MESTIZOS

NEGROS

CASTAS

 

 

 

 

 

 

I

8896

1828

57

17

1090

 

74,8 %

15,4 %

0,4 %

0,3 %

9,1 %

 

 

 

 

 

 

II

4136

1146

7

64

982

 

65,2 %

18 %

0,3 %

1 %

15,5 %

 

 

 

 

 

 

III

1812

632

-

25

269

 

65,4 %

23 %

 

0,9 %

9,8 %

 

 

 

 

 

 

Totales:

14851

3611

59

106

2334

 

70,7 %

17,2 %

0,2 %

0,5 %

11,1 %

 

Vemos que los negros aparecen registrados en escaso número, llegando a constituir, en el mejor de los casos, el 1 % de la población. En cambio, la cifra correspondiente a las castas es muy superior. Entre éstas predominan los pardos, y en menor escala, los mulatos. Las castas tienen su mayor porcentaje en la primera región, con un 15,5 %, que decrece en las dos restantes a 9,8 % y 9,1 %.

 

Desde el punto de vista profesional, los esclavos suman 767 individuos de ambos sexos, o sea el 3,65 % de la población. Su distribución geográfica no es totalmente pareja, ya que las dos zonas al norte del río Corrientes totalizan el 92,56 % (53,41 % en la primera zona y 49,15 % en la segunda). La tercera zona sólo posee el 7,44 %. De la totalidad de la población de color (negros, mulatos, pardos, morenos, moros, etc.), que asciende a 2447 personas, sólo el 31,3 % es esclavo. [46]

 

Al igual que en el caso de Córdoba, observamos aquí un mestizaje avanzado.

 

Los censos correntinos de 1820 y de 1833 han sido estudiados desde un punto de vista ocupacional; a nuestros fines, baste decir que la comparación entre ambos años permite observar que si bien hubo modificaciones cuantitativas de la población activa, el orden de importancia no se alteró en los grupos profesionales más relevantes. En primer término aparecen los servicios domésticos y personales, que representan un 53 % en 1820 y un 43 % en 1833. Esta disminución absoluta y relativa se debió a un número menor de esclavos censados en el último de los años. (735) De estos censos sabemos también que arrojaban un índice de masculinidad de 86´100 en 1820 y de 76´100 en 1833. [47]

 

Posteriormente, en el censo de 1841 no se registraron esclavos.

 

Por su parte, el censo de la ciudad de Corrientes de 1850 no pide la categoría de “raza” (sólo nombre, patria, estado, oficio y edad). Lo mismo ocurrió con el censo confederal de 1857, pero las encuestas de la sección 3 de la ciudad, que es la mejor conservada, da un porcentaje de pardos y morenos de 28,32 % del total, basada en la existencia de 414 habitantes de esa raza, entre chinos, pardos y morenos. En este grupo prevalece el sexo femenino (76 %, 68 % y 84 %). Digamos también que este censo no registra la existencia de esclavos.

 

SAN LUIS.

 

Ciudad de San Luis de Loyola y la campaña de su jurisdicción, según el censo de 1812.


 

 

 

 

Americanos

indios

españoles

europeos

extranjeros

negros

establecim.

Religiosos

Totales

 

 

 

 

 

 

 

HOMBRES

 

 

 

 

 

 

 Casados

1221

 432

 2

511

 

2166

 Solteros

 385

1531

23

249

9

2197

 

 

 

 

 

 

 

MUJERES

 

 

 

 

 

 

 Casadas

1272

 468

 

712

 

2452

 Solteras

4544

2060

 

 

 

6604

 

 

 

 

 

 

 

TOTALES

7422

4491

25

1472

9

13419

%

55.31

33.47

0.19

10.97

0.06

100

[48]

 

Aquí nos encontramos con una comunidad negra relativamente reducida, pero los datos disponibles no nos permiten analizar más detenidamente su composición.

 

SAN JUAN.

 

Estado del número de habitantes de la ciudad de San Juan y la campaña de su jurisdicción; censo de 1812.

 

 

americanos

indios

españoles

europeos

extranjeros

negros

libres

negros

esclavos

est.

Rel.

Totales

 

 

 

 

 

 

 

 

HOMBRES

 

 

 

 

 

 

 

 Casados

 665

 904

50

173

 150

 

1942

 Solteros

1451

1893

15

378

 601

67

4405

 

 

 

 

 

 

 

 

MUJERES

 

 

 

 

 

 

 

 Casadas

 815

1035

21

168

 193

 

2232

 Solteras

1509

1972

10

318

 541

 

4350

 

 

 

 

 

 

 

 

TOTALES

4440

5804

96

1037

1485

67

12929

%

34.34

44.89

0.74

8.02

11.49

0.52

 

[49]

 

La gente de origen africano alcanza, según las cifras anteriores, el 19,51 %, es decir que supera a la mitad de los americanos y españoles (55,6 % relativo). Dentro de la cohorte, la proporción de esclavos es alta.

 

 

 

 

 

[1] Para la primera parte del capítulo, concerniente a generalidades de la ciencia demográfica, he utilizado el manual de Henry Louis, “Demografía”, Barcelona, Labor, 1976.

[2] Kordon, Bernardo, Candombe. Contribución al estudio de la raza negra en el Río de la Plata, Buenos Aires, Continente, 1938, p. 31.

[3] García, Juan Agustín, La ciudad indiana, Buenos Aires, Eudeba, 1966, pp. 121-122.

[4] Bastide, Roger, Las Américas negras. (Las civilizaciones africanas en el Nuevo Mundo.), Buenos Aires, Alianza, 1967, pp. 19-21.

[5] Ibidem, p. 21.

[6] Ibidem.

[7] Citado en Kordon, Bernardo, op. cit., pp. 17-18.

[8] Graaner, Jean Adam, Las Provincias del Río de la Plata en 1816, citado en Endrek, Emiliano, El mestizaje en Córdoba, siglo XVIII y principios del XIX, Córdoba, UNC-DGP, 1966, p. 3.

[9] Ibidem, p. 3.

[10] Sarmiento, Domingo Faustino, Vida de Juan Facundo Quiroga, Barcelona, Bruguera, 1970, p. 17.

[11] Kordon, Bernardo, op. cit., p. 18.

[12] García, Juan Agustín, op. cit., p. 85-86.

[13] Ibidem, p. 85-86.

[14] Pereda Valdés, Ildefonso, Negros esclavos y negros libres, Montevideo, 1941, p. 15.

[15] Ibidem, pp. 15-16.

[16] Ibidem, p. 16.

[17] Ibidem, pp. 16-17.

[18] Endrek, Emiliano, op. cit., o. 12.

[19] Besio Moreno, Nicolás, Rosario de Santa Fe, cartografía y población, 1744-1942., pp. 268-269.

[20] Maeder, Ernesto J. A., Evolución demográfica argentina desde 1810 a 1869, Buenos Aires, Eudeba, 1969. Hemos agregado algunos censos más, ubicados en A.G.N.A.. El subrayado es nuestro, e indica los censos que hemos logrado ubicar.

[21] Maeder, Ernesto J. A., op. cit., pp. 6-10.

[22] Maeder, Ernesto J. A., Historia y resultados del censo confederal de 1857, en rev. “Trabajos y Comunicaciones” Nº 18, 1968.

[23] Ibidem.

[24] Frías, Susana R., et alia, Censos y padrones existentes en el Archivo General de la Nación, 1776-1852, Buenos Aires, Centro para investigaciones históricas en la Argentina, 1974.

[25] Andrews, George Reid, Los afroargentinos de Buenos Aires, Buenos Aires, La Flor, 1990, pp. 91-92.

[26] Besio Moreno, Nicolás, Buenos Aires, puerto del Río de la Plata, capital de la Argentina. Estudio crítico de su población. 1536-1936, Buenos Aires, FyL, UBA, 1939, p. 286.

[27] Andrews, George Reid, op. cit., p. 66.

[28] Ibidem, pp. 83-84.

[29] Ibidem, pp. 65-66.

[30] Ibidem, pp. 91-92.

[31] Registro Estadístico del Estado de Buenos Aires, 1854, Buenos Aires, Imp. Del Orden, 1855-1860.

[32] Goldberg, Marta B., La población…, o. 86, nota 30.

[33] García, Juan Agustín, op. cit., pp. 85-86.

[34] A. G. N. A., IX-18-8-11, Padrón de esclavos habitantes en la ciudad, y X-9-5-3, Padrón general de esclavos.

[35] Sarmiento, op. cit., p. 230.

[36] Andrews, Gorge Reid, op. cit., pp. 85-86.

[37] Goldberg, Marta B., op. cit., p. 94.

[38] Andrews, Gorge Reid, op. cit., pp. 85-86.

[39] Registro Estadístico del estado de Buenos Aires, 1854, Buenos Aires, Imp. del Orden, 1855-1860.

[40] Andrews, Gorge Reid, op. cit., pp. 88-90.

[41] Kordon, Bernardo, op. cit., pp. 18-19.

[42] Luna, Félix, Nuestros Negros, en rev. “Todo es historia”, Buenos Aires, 1980, p. 25.

[43] Maeder, Ernesto J. A., El censo de Catamarca de 1812…, Universidad Nac. De Rosario, FyL, AIIH Nº 10, 1968-1969.

[44] Sarmiento, Domingo Faustino, op. cit., p. 147.

[45] Endrek, Emiliano, op. cit., p. 17.

[46] Maeder, Ernesto J. A., Demografía y potencial humano…, UNHE.

[47] Maeder, Ernesto J. A., op. cit.

[48] A. G. N. A., X-43-10-6.

[49] A. G. N. A., X-43-10-6.