Contramarcha de la Asamblea.

 

El entusiasmo idealista que la Asamblea había demostrado en sus primeras medidas sobre los esclavos motivó las protestas del gobierno portugués, instalado en Río de Janeiro. Eran momentos difíciles, ya que las armas eran adversas en los frentes norte y oeste, mientras en el frente este Artigas se rebelaba y abandonaba el sitio de Montevideo. En consecuencia, la necesidad de flexibilizarse y contemporizar llevó al gobierno a dictar el decreto del 29 de Diciembre de 1813, que declaraba suspendido el del 4 de Febrero del mismo año (de libertad a todo esclavo por el sólo hecho de pisar las Provincias Unidas) y que establecía que, en adelante,

(...) todo esclavo perteneciente a los Estados del Brasil que hubiese fugado o fugare (...) a nuestras provincias, sea devuelto escrupulosamente a sus amos." [1]

El gobierno convocó a la Asamblea por este “gran motivo”, y un mes después, el 21 de Enero de 1814, un nuevo decreto reforzó el paso atrás dado en este tema, con la pretendida intención de "interpretar” el del 4 de Febrero de 1813. Sobre éste se resolvió, en la sesión de aquel día, que debía entenderse que no incluía a los esclavos que

“(...) hubieren transfugado o transfugaren de aquellos países, ni (...) los (...) introducidos en estas provincias por los viajantes extranjeros en calidad de sirvientes (...)” [2]

Como se declaraba en los considerandos, los efectos de la ley del 4 de Febrero se habían suspendido hasta que la Asamblea pudiera aclarar, como entonces lo hacía, los verdaderos fines perseguidos, ante la alarma de la corte portuguesa. El objeto había sido

“(...) prohibir en lo sucesivo el tráfico de la esclavatura como diametralmente opuesto a nuestras máximas fundamentales (...)" [3].

A esta altura, eran obvias las intenciones de los sucesivos gobiernos nacionales, en lo que se refería a la trata y a la esclavitud: el comercio debía ser abolido, y sentadas las bases para que la misma institución desapareciera en un breve lapso de tiempo. El proceso había sido demasiado abrupto, teniendo en cuenta la proximidad de un imperio esclavista de la magnitud del Brasil de principios del siglo XIX; y en base a ello, no puede culparse al gobierno por haber dado el paso atrás que acabamos de ver, ya que la guerra, que podía ser fatal para la revolución, tenía que ser evitada de cualquier manera.

En suma, no es difícil descubrir en estos avances y retrocesos que el entusiasmo humanitarista de los legisladores de 1813, unido a su falta de experiencia en los abatares de la política internacional, llevaron a un error de apreciación que condujo, luego, a este retroceso. Los considerandos del decreto del 21 de Enero de 1814 son claros en ese sentido:

“Las inquietudes que contra nuestro deseo había causado en la Corte del Brasil el decreto del 4 de Febrero de 1813, que declara libres a todos los esclavos que se introduzcan de países extranjeros por solo el hecho de pisar el territorio de las Provincias Unidas; y el justo interés de calmar las alarmas de un poder vecino, declarando el verdadero espíritu de aquella ley, ha sido el gran motivo que ha tenido el Gobierno para convocar la Asamblea, y dar cuenta de haber suspendido los efectos de la ley, mientras resolvía el Cuerpo Soberano hacer las modificaciones convenientes." [4]

No obstante, podemos reafirmar lo dicho oportunamente: que en su conjunto, las disposiciones de la Asamblea dieron por finalizado el tráfico negrero en esta margen del Río de la Plata.

 


 

[1] Registro Oficial..., 597.

[2] Ibidem.,  608.

[3] Ravignani, Emilio, op. cit., p. 81, y Ferns, H. S., op. cit.,  p. 241.

[4] Ravignani, Emilio, op. cit., p. 81.