Poema dialéctico.

 

        En una casa morena,

morena y lubricada como el cuerpo

                de Cristo,

quisiera ignorar las altas

chimeneas fabriles

que despiden al aire pedazos de mi pueblo,

pedazos convulsivos y calientes

de las manos callosas de mi pueblo,

de mi pueblo que ha sido canalizado

y al que también le ciñeron

                                una corona de espinas.

 

        Camino por las calles,

percibo los múltiples llamados

y leo los diarios matutinos.

 

        Mi pueblo lucha,

en efecto,

y algún día sabremos que ha terminado de vencer,

como en vastas regiones

preliminares...

 

        Lucha: espasmódico y diseminado,

en flujos y reflujos sucesivos;

pero procrea,

y sus hijos nacen con los mismos yugos.

 

        Un día,

cuando el alma se llene de cuchillos

para estallar en mil fragmentos de vidrio astillado,

mi pueblo habrá vencido

para siempre

y dispondremos de una sola fuente cristalina,

de una sola mesa familiar,

de un único nervio conductor

                                                para todos,

 

y quitaremos a la ciudad los vanos ornamentos

para que tenga pan

un camarada del norte,

                                        del sur

o de cualquier punto de esta tierra sensitiva,

donde hoy abren

un surco

                las cadenas.

 

        Ahora, sólo tenemos

las regiones preliminares,

que se irán extendiendo

inexorablemente,

llevando patria

                         y más patria

a mi pueblo oprimido de

                                        hoy,

a ese que lucha

en el seno de las fábricas

                         contra la vieja y amarga plusvalía,

a ese que lleva su goleta

                                          al mar,

a ese que labra, bajo el sol,

                        la tierra.

 

        Y así en todas las

dimensiones

del cosmos de que somos

propietarios,

que establecimos sobre la superficie

                                                            del planeta.

 

En los siete mares

y en los cinco continentes.

 

        Sobre todo en este río de sangre,

caudaloso y caliente,

en este río de sangre

                                    que es América.