Poemas que nadie lee se van acumulando  en los cajones sucios del placard,

como los sucios sentimientos que guardo en los cajones de mi alma,

y en esta tarde de ausencia en que todo me parece inútil

se quieren rebelar las cosas contraídas como los pájaros en sus jaulas,

 

que nunca dejan de buscar la libertad del vuelo.

 

        El frío penetra por los cristales rotos hasta dormirse conmigo,

y yo me encuentro imposibilitado de escribir un poema,

un poema de verdad, como realmente quisiera;

el papel que era blanco se va llenando de dibujos,

y finalmente, vencido, abandono la idea.

 

        Hoy no puedo escribir, escribirte, decir cosas,

quisiera enviarte una carta a donde estás, pero soy tan cobarde;

tal vez viaje este año a verte, a que me veas,

pero tu vida ahora está llena de puertas,

                                                                    cerradas para mí.