XII.-

A Norma

 

        Pensé que pudo ser una llegada,

un despertar y no encontrarme solo,

último aliento de amor que me quedaba,

para perderlo, así, como a los otros.

 

        Pensé que era por fin la primavera,

la que jamás se aposentó en mi alma,

ni floreció sobre mis hojas muertas

la luz vivificante de una lágrima.

 

        Pensé que el azul, que era la vida,

que era la meta largamente ansiada,

y sin embargo me dejó otra herida;

 

y esta mañana, solo, esta mañana,

 

más solo y más amargo que de siempre,

hurgo en el viejo cajón de los dolores

y agrego un dolor nuevo a mis memorias;

 

las penas se quedaron en silencio,

y sólo me molestan con sus ecos

cuando se vuelve a repetir la historia.

 

2-3/12/78