XI.-

 

(1)

 

        Señores, no quiero cuentos,

de qué me sirve la vida,

si no puede ser vivida

de la forma en que pretendo.

 

        De qué me sirve, señores,

tener repleta la panza,

si está el corazón vacío,

porque no tiene esperanza.

 

        Tampoco quiero que piensen

que soy espiritualista;

si soy como son ustedes,

aunque algo más idealista.

 

       

Con esto ya es suficiente,

con estas líneas alcanza:

también puede, bien caliente,

alimentar la esperanza.

 

(2)

 

        De qué me sirve, señores,

tener una casa grande,

si tiene puertas pequeñas

por las que nunca entra nadie.

 

        De qué me sirve, contesten,

que llegue la primavera,

si las ventanas cerradas

siempre la dejan afuera.

 

        De qué me sirve, pregunto,

sentir que soy hombre libre,

si estoy tan fuera de práctica

que no sé de qué me sirve.