IX.-

 

        Alguien espera siempre una llegada,

el beso y el abrazo emocionado

del eterno viajero que, cansado

de navegar, por fin llega a la playa.

 

        Alguien espera siempre, alguien que aguarda,

abierto el corazón, el nuevo abrazo

del eterno viajero que, cansado

de soledad, quiere entregar su alma.

 

        En cada andén, y en cada puerto, a solas,

alguien espera siempre, a cada instante

(no importa si es un año o una hora,

que a lo mejor no llegará, no importa)

que cese el caminar del caminante.