VIII.-

 

        Los mismos sitios de ayer, estos lugares

que fueron mi temprano medioambiente,

el ruido que proviene de las olas,

las gotas que navegan en el aire,

 

me ven pasar de nuevo (inadvertidos),

con más silencio y mi dolor de ahora,

mucho más viejo, el que no espera nada,

aquel que ha sido fiel a su destino,

y llega a donde acaban los caminos

vacío de cariño y de esperanza.

 

        Pero no culpo a la vida: la he vivido

tal cual como lo quise: intensamente.

En este transitar interminable

jamás sentí la culpa del culpable,

que mira, que golpea y se arrepiente:

es cierto que han sufrido por mi causa,

mas siempre supe bien por qué lo hacía;

si tuve que acusar, lo hice de día,

si tuve que sufrir, nunca lo dije...

 

        El alma se habituó a seguir el viaje,

dejando la caricia de la brisa,

fingiendo en el adiós una sonrisa,

y así... se fue formando el equipaje.

 

        El único equipaje que he traído,

las últimas maletas que me quedan:

la angustia de una vida apresurada,

y en medio de lo inhóspito del alma

el sórdido dolor del que se aleja.

 

(En Caleta Abarca)