VI.-

 

        Por la mañana del día en que naciste

el sol se levantó muy tempranito,

más puro, más brillante, más alegre,

y el cielo, con sus tules más celestes,

quería verte a ti, recién nacido.

 

        El parque se vistió de mil colores,

y entonces hubo fiesta entre las flores

(festejo por la dicha que trajiste),

la fiesta del amor y la alegría,

que duró hasta la noche de ese día,

del día en que naciste.

 

        Pero después, más tarde que esa noche,

más que tus años y mi rostro viejo,

con alegría siempre renovada,

desde lo más profundo de su alma

tu padre ha continuado ese festejo.