I.-

 

        Con la mitad del corazón sonrío,

mientras la otra mitad se pudre en llanto,

porque después de haber brindado tanto

nota por fin que nada ha recibido;

 

con la mitad del corazón sufro y maldigo,

y quisiera arrancarme esta nostalgia,

mientras la otra mitad, indiferente,

observa, escucha, pero siempre calla.

 

        Con la mitad del corazón soy triste,

soy apocado, tímido e ingenuo;

la otra mitad pasa contando chistes,

y es la que espera concretar anhelos.

 

        Una es auténtica, la otra, una careta;

una mitad se enferma y se acobarda,

pero la otra mitad nunca se queja

y casi siempre es la que da la cara.

 

        Son dos mitades de mi propia vida,

la que le doy al mundo que me observa,

y la otra, la real, la de mis horas;

 

en la pasión serena de mis días,

cuando las dos, a veces, se sublevan,

se abrazan a llorar como una sola.