Pretesis.

 

Argentina e Inglaterra en la lucha contra la trata de negros (1807-1839)

 

I.- El siglo XVIII, hasta 1789.

 

Aunque el tema aquí propuesto pertenece al siglo diecinueve, es necesario echar una mirada, al menos superficial, a la centuria anterior. Durante los tres siglos y medio que duró la trata de esclavos negros, quince millones de seres humanos fueron trasladados de África al Nuevo Mundo. Pero en el siglo XVIII se cuentan tantas transferencias como en los siglos 16, 17 y 19 juntos; incluyendo todas las naciones que participaron en el tráfico, es imposible dar cifras significativas, pero un cálculo aproximado se remonta a los siete millones de “piezas”. De éstas, los ingleses suministraban más de la mitad, o sea, un promedio de 40.000 al año. Otros cálculos reducen estos guarismos a la mitad, pero la amplitud que tuvo la trata en el ochocientos es incuestionablemente grande. Tanto, que fueron transportados más colonos negros que blancos a ambas Américas.

En África, la gigantesca operación internacional que significaba la trata no favoreció el nacimiento y desarrollo de ninguna industria, a la inversa del efecto que tenía en Inglaterra y Francia. Actuaba, más bien, como destructora de las culturas autóctonas. Era el negocio más lucrativo de la época, y en él participaban negros y blancos: en efecto, los negreros blancos recibían de los negreros negros la “madera de ébano”; esto ocurría en el Senegal y Gambia, donde los recursos estaban mermados desde el siglo XVII; El Congo y Angola proporcionaban cantidades considerables, estimando un autor que la migración general del Congo a América fue de 30.000 por año en este siglo; asimismo, el delta del Níger comienza a proveer de material humano en este siglo, y desempeñará un papel importante en el contrabando del siglo XIX. En fin, los negreros blancos recibían el grueso de la mercancía en Costa de Oro, Costa de los esclavos (Ghana, Togo, Dahomey, Nigeria)… Es ahora cuando los efectos de este comercio se hacen sentir en el interior del continente, puesto que las tribus costeras tenían necesidad de ir a buscar los esclavos a regiones cada vez más alejadas de la costa, donde se agotaban las fuentes de suministros, a fin de proveer a los negreros blancos, establecidos en los fuertes que jalonaban la costa. Estos fuertes, convertidos ahora en establecimientos privados, dependían de las localidades vecinas para el abastecimiento de mano de obra y víveres. A lo largo de toda la costa, y desde hacía tiempo, la trata había engendrado un heterogéneo medio de negocios. Los castillos o fuertes estaban perdiendo importancia, pues ya no era necesario protegerse de los nativos sino que éstos, muy al contrario, estaban deseosos de intercambiar sus prisioneros por productos europeos. Entre estos productos, contaban principalmente las armas, la pólvora y el ron, los dos primeros para proporcionar medios de esclavizar a otras tribus, y el último, muy apreciado por los nativos, contribuyendo a degradarlos. Con todo, se consideraba que los fuertes podían seguir siendo importantes como depósitos, y como símbolo de la presencia de Inglaterra y otras potencias colonialistas.

En el siglo XVIII, la navegación era peligrosa, pero las pérdidas humanas ocasionadas por la trata (tanto de esclavos negros como de marinos blancos) superaban las de cualquiera otra actividad de la marina mercante. La viruela era una de las más temidas afecciones, pues hasta fines del siglo no hubo medios para curarla. Un hombre afectado podía contagiar a todo un navío, a menos que se lo arrojara por la borda, como ocurría a menudo. Pero estas consideraciones no amilanaban a los traficantes, que se arrojaban a la empresa atraídos por las ganancias fabulosas que ella redituaba. Y esto último hará que fuertes intereses se opongan a la abolición de la trata, y también que, una vez lograda aquélla en 1807, fuesen muchos los que salieran a los mares dispuestos a burlar a la Armada Real en las costas africanas, o a enfrentarse con ella.

En América, la trata desarrollada en estos cien años fue la que estableció la institución de la esclavitud como fundamento económico de la mitad de los Estados Unidos. Los comerciantes de Nueva Inglaterra no tenían la envergadura de los de Liverpool, ya que el capital que podían invertir en el negocio era muy inferior. Compensaban esto, en parte, comprando navíos baratos y dotándolos de una tripulación mínima, hecho que redundaba en condiciones marineras inferiores a las de los navíos que zarpaban de los puertos ingleses. Los principales puertos del tráfico de esclavos en Nueva Inglaterra eran Boston y Salem (Massachusetts), Portsmouth (New Hampshire), New London (Connecticut) y Newport, Providence y Bristol (Rhode Island). En la primera mitad del siglo, Boston era el más importante de todos, y muchos de sus principales comerciantes enviaban barcos a Guinea. Estos barcos, en su Mayoría, se abastecían más al norte, en la Costa de Oro y en la de Barlovento. Allí los esclavos no abundaban tanto, y era normal que los barcos tuviesen que esperar a veces hasta meses para lograr reunir un cargamento. En suma, en el mismo siglo en que se estaba formando la nación que después serían los Estados Unidos de América, expandiéndose hacia el oeste, un proceso no menos duradero se efectuaba por medio del traslado de miles de negros hacia las costas de Nueva Inglaterra, modificando el mapa racial de la sociedad… La Mayoría de los esclavos eran desembarcados al sur de la línea Mason-Dixon. Se los empleaba en las plantaciones de maíz y tabaco, entonces las más productivas. El comercio de tabaco se mantuvo, sin embargo, estacionario durante la Mayor parte del siglo, de manera que nunca hubo una gran demanda de esclavos en Guinea, aunque sí se los introducía de manera constante, en pequeños lotes.

Pero el siglo XVIII presencia también una reacción humanitaria contra la trata, ya que Locke, Voltaire, Diderot, Rousseau, Wilberforce y muchos otros declaraban que la esclavitud era atentatoria a la dignidad y a los derechos inalienables de la persona humana. También hay una oposición norteamericana, y no sólo en las colonias septentrionales, sino también en Virginia y Maryland. En todo el siglo, la Casa de los Burgueses de Virginia dictó medidas para restringir el tráfico, pero casi todas fueron invalidadas por los gobernadores reales. En África, Freetown fue fundada para albergar esclavos manumitidos, y aunque la autoridad inglesa sólo se extendía en un radio de unos pocos kilómetros, constituye un antecedente de la lucha que en el siglo XIX emprenderían los ingleses contra el tráfico ilegal.

América del sur, por supuesto, no queda excluida de la corriente comercial. En Brasil, se calcula que el promedio anual de importaciones era de 55.000. Incluso Simonsen, que tiende a subestimar la importancia del negro en el Brasil, reconoce las elevadas cifras del siglo 18. Y aún después de la abolición, el caso brasileño seguirá preocupando a los ingleses hasta fines, casi, del siglo XIX. En cuanto al imperio español, este es el siglo en que se produce la quiebra del monopolio que asfixiaba a las colonias, tanto por el propio desarrollo de las colonias como por la presión económica ejercida por las naciones extranjeras, y que tuvo en el contrabando la forma más segura de operar. Los reyes de España, y en especial Carlos III, iniciaron la aplicación de un plan de reformas políticas en sus colonias americanas, pero el esquema económico seguía siendo el mismo, aunque en la realidad era superado. El siglo XVIII fue el de los grandes contrabandistas, y el del “asiento de negros” que España permitió a los comerciantes ingleses como una de sus concesiones, al terminar la guerra de sucesión de España. Tradicionalmente, los hombres y gobiernos ingleses habían mirado con codicia a las colonias españolas, pero el contrabando y el “asiento” contribuyeron a aumentar el apetito; se sostenía en Inglaterra que América del Sur debía ser emancipada para abrir un vasto mercado al comercio inglés. El asiento era una excelente pantalla para encubrir el contrabando…

La Trata formaba parte de las relaciones internacionales. No estaba ausente en los tratados de paz, tanto como en algunas ocasiones, fue la causa de conflictos, o guerras. Y así como en el siglo XIX serían los ingleses quienes se opondrían tenazmente a ella, en el XVIII los navíos ingleses, a pesar de la competencia francesa, aseguraban por sí solos más de la mitad del tráfico de esclavos a través del Atlántico.

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A fines del siglo XVIII el Viejo Mundo está preocupado por el problema de la sucesión al trono español. Era la herencia más grande de la historia moderna, consistente en un inmenso imperio. Cualquiera de las naciones europeas que lo obtuviese rompería el equilibrio creado por la paz de Westfalia. Finalmente, la unión de España y Francia (sobre todo la unión económica) motivó la reacción de las dos potencias marítimas de la época, Holanda e Inglaterra. Con respecto a la trata, Francia ocupó el lugar de Portugal, y obtuvo el monopolio de ella en las colonias de España. Al subir un príncipe Borbón al trono vacante, pronto se negoció un acuerdo entre las dos coronas, e inmediatamente después, tuvo lugar la R. C. del 11 de Enero de 1701, que permitía la entrada de los bajeles franceses en los puertos de las Indias españolas. En el mes de Agosto se cedía, también, el asiento de negros a una compañía francesa. Para que el negocio resultara lucrativo, le fueron otorgadas a la Real Compañía de Guinea más facilidades que a sus predecesoras. Muchos puertos americanos fueron habilitados para el tráfico negrero, entre ellos el de Buenos Aires, hecho que constituía un enorme privilegio, lo mismo que la facultad de internación, muy peligrosa por sus conexiones con el contrabando, que así llegaría hasta el mismo centro del Continente. Al mismo tiempo que esto ocurría, en Septiembre de 1701 se concluía en La Haya la Gran Alianza entre Gran Bretaña y los Estados Generales, principalmente para impedir la reunión de las coronas francesa y española bajo un mismo gobierno, debido a que ello cerraba el acceso al comercio americano. Po su parte, portugueses y españoles también se alistaban contra ingleses y holandeses. En tanto, les era comunicado a las autoridades de los dominios españoles el ajuste del nuevo asiento de negros, ordenándose el cumplimiento de lo convenido. En España, el desagrado por la conclusión del asiento era generalizado, ya que Francia era considerada una tradicional competidora comercial.

Francia, como queda dicho, desplazó a Portugal en el negocio del tráfico esclavista. El mismo contrato de asiento preveía esa dificultad, prohibiendo expresamente a los portugueses el acceso a las Indias después del 1º de Mayo de 1702. A partir de esa fecha, la Compañía de Guinea abastecería, por un período de diez años, a las Indias Españolas de negros, con opción a otros tres años. En ese período, se había comprometido a introducir 48.000 piezas, a un promedio de 4.800 anuales. Pero la guerra hacía difícil para la compañía el suministro estipulado; cuando trató de obtener el concurso de la Compañía de Cacheu, los portugueses (para entonces comenzaban a inclinarse a favor de los aliados) se negaron, aduciendo carestía de negros en el Brasil. La inseguridad de los mares, debida al estado de beligerancia internacional, hacía poco propicias las condiciones parta asegurar el éxito comercial de la compañía. En 1703 solicitó que se le permitiera comerciar con colonias extranjeras, es decir, recurriendo a los enemigos políticos de España. Cuando finalmente se la autorizó a ello, ya era tarde, pues faltaba poco para que expirara su contrato. El asiento, así, fracasó, al menos en base a las condiciones establecidas en el contrato. Sin embargo, en esos años fueron muchos los navíos que transportaron negros a la América española. Al Río de la Plata llegaron frecuentemente barcos de pabellón francés con cargamentos de negros y mercaderías, que se distribuían en el territorio; muchos de ellos entraban en el puerto de Buenos Aires, y hacían uso de la facultad de internación. A su regreso, los navíos llevaban sus bodegas cargadas con sueros provenientes de la venta de la esclavatura, que era uno de los principales “frutos del país”. Las autoridades coloniales oponían a la compañía demoras y dificultades indebidas, lo que hizo que por R. C. del 23 de Diciembre de 1704 se llamara la atención sobre eso a gobernadores y oficiales de Hacienda. En Buenos Aires, Hays, director de la factoría, se quejaba en 1705 de la hostilidad de los españoles al asiento.

En África, la compañía se abastecía en los establecimientos de Guinea, Angola, etc. En Indias, los puertos donde fundó factorías iban desde América central al Río de la Plata. Su organización comercial se extendía desde París a los puertos franceses, españoles, africanos y americanos.

Mientras tanto, la guerra de sucesión de España continuaba, y desarrollaba alternativas inesperadas. En 1703, Inglaterra y Portugal firmaron el tratado de Methuen, ligándose estrechamente en cuestiones comerciales. A ello siguió, al año siguiente, la ampliación de la coalición, con Portugal y el duque de Saboya. Y aunque al comienzo de la guerra Luis XIV había alcanzado triunfos importantes, la derrota de Hochstädt inició una serie de desastres para Francia, que condujeron a su monarca, finalmente, a iniciar negociaciones de paz. Así, Luis XIV abandonó a España a su suerte, y los aliados entraron en Madrid en 1706. Al año siguiente, Inglaterra obtuvo lo que tanto había anhelado: un tratado de comercio con España, que le dejaba expedito el camino de las Indias Orientales. Hacia ellas conduciría también sus cargamentos de esclavos, como ya lo había hecho hacia sus “islas del azúcar” centroamericanas, donde por esos años los negros comenzaban a superar a los blancos en una proporción de diez a uno, en Jamaica, Haití, etc. Sin embargo, la vía de acceso al comercio americano no le llegó a Inglaterra de sus relaciones con España (debido a los azares de la guerra), sino de la propia Compañía de Guinea, que en 1708 recurrió a los ingleses para facilitar sus suministros. Así es como éstos comenzaron a intervenir en el contrabando, y en el suministro de negros para América de sus reservas en África. En ese mismo año, en Estados Unidos la Asamblea de Germantown, en Filadelfia (un grupo de cuáqueros), eleva la primera, quizá, protesta americana contra el tráfico de esclavos. Y esa actitud de generalizaría en los años siguientes en toda la Sociedad de Amigos, y poco a poco haría carne en sectores cada vez más amplios de la sociedad colonial.

En España, Inglaterra presionaba para la obtención del asiento de negros, aunque después de 1710 ya no dudaba el obtenerlo. Tal problema formaba parte de las negociaciones de paz, y una parte sumamente importante. En 1710 los aliados pierden nuevamente Madrid, y el principal interés del gobierno inglés se traslada de lo bélico a lo comercial, que, sin embargo, jamás había estado ausente en el trasfondo de la guerra. Además, a principios de 1711, la muerte de José I pone sobre el tapete, diez años más tarde, una cuestión similar a la que había dado origen a la guerra de sucesión española; una nueva sucesión hacía que ahora la reconstitución del imperio de los Habsburgo fuese más peligrosa por la presencia de un Borbón (por supuesto, liberado de la tutela francesa) en el trono español. Otra vez estaba amenazado el equilibrio político europeo…

 La trata, ya lo dijimos, se desarrollaba al ritmo de los acontecimientos internacionales. Además, las dificultades de la compañía de Guinea se agravaban sensiblemente por los efectos del contrabando, por el cual se quejaban los directores de las factorías. En Buenos Aires, los habitantes estaban acostumbrados a satisfacer sus necesidades a través de ese medio, ya que en el siglo XVII sus solicitudes al gobierno español jamás habían producido efecto alguno. Cuando en 1700 se estableció el asiento francés, el contrabando era ya un hábito difícil de abandonar. También lo era para las naciones marítimas de la época; ingleses, portugueses, holandeses. Sin embargo, los primeros apuntaban sus baterías hacia la obtención del comercio legal de esclavos con los puertos americanos.

En 1711, las cámaras inglesas aprobaron el proyecto de creación de la South Sea Company, que abastecería a partir de entonces a América, excepción hecha de las colonias portuguesas y de las Provincias Unidas, desde el Orinoco al estrecho de Magallanes.

La opinión inglesa daba por descontado que España adjudicaría el comercio de negros para América a la compañía recién constituida. Y así ocurrió, pues las negociaciones de paz efectuadas en Madrid dieron como resultado el Tratado de Asiento de negros de Marzo de 1713, con una duración de 30 años, en que serían introducidos 144.000 piezas de India por los puertos atlánticos. De los negros que desembarcaran en Buenos Aires, 400 podían internarse anualmente en Perú y Chile. En realidad, era otra estipulación del tratado de Utrech, que aseguraba a Inglaterra la preponderancia del comercio marítimo. El asiento le proporcionaba además (inestimable, sin duda) un pretexto valioso para mantener en esas regiones el comercio ilegal al que estaban habituados los ingleses, que tenían perfectamente estructurado y que tan buenas ganancias les proporcionaban.

En 1713, la ciudad de Buenos Aires era una retícula de 10 por 15 manzanas. Los esclavos se empleaban principalmente en tareas rurales, bajo las condiciones que más adelante veremos… Por de pronto, baste decir que la compañía inglesa proveyó de negros y mercaderías a la América española (donde Buenos Aires era un importante puerto de entrada) desde 1715 hasta 1739, en que una nueva guerra estalló. En esos años, desde Inglaterra y sus colonias un elevado número de comerciantes invadió las costas americanas, practicando el comercio ilegal, y el contrabando.

En 1714 comenzó el reinado de Jorge I, en Inglaterra. En Marzo, la South Sea Company aceptó la concesión otorgada por el gobierno inglés, y comenzó sus actividades. Entre tanto, España, por R. C. del 9-8-1714, prohibía realizar comercio con extranjeros. Pero el mismo hecho de que se prohibiera está diciendo a las claras que este comercio se estaba realizando ampliamente, y que las cosas iban a seguir así… Previamente, la R. C. del 22-6-14 advertía en el mismo sentido al gobernador de Buenos Aires, demostrando que España no estaba del todo resignada a cumplir con las estipulaciones comerciales concluidas con Inglaterra. Ahora bien: en lo que hace a los aspectos humanitarios de la trata, éstos avanzaban lentamente, y eso es lógico de suponer, en una época en que en Boston se vendían sirvientes blancos contratados, conjuntamente con los negros.

También la compañía inglesa debió luchar contra enormes dificultades, incluidos algunos años de beligerancia entre Inglaterra y España. Y al igual que su antecesora, no tuvo éxito completo en relación con lo que se había propuesto, con lo que el aprovisionamiento de esclavos en estas costas continuó siendo deficiente. Hasta 1739, llegaron a Buenos Aires 61 naves, que transportaron 18400 negros, de los que 3771 pasaron a Chile, que, a su vez, despachaba una parte hacia Perú. Los directores del asiento llegaron a Buenos Aires el mismo año 1715, en un navío de guerra, e inmediatamente comenzaron a llegar buques de pabellón inglés con cargamento humano. El asiento favoreció, entonces, la exportación de cueros: la multiplicación de las manadas de vacunos en las pampas, y las matanzas sistemáticas iniciadas por los indios, a partir de 1716 se incrementaron, ya que la instauración del asiento negrero amplió el mercado del cuero, que se exportaba a través de la factoría comercial inglesa en Buenos Aires. En pocos años, la exportación se duplicó. En otro orden de cosas, en 1716 el rey de España se niega a permitir el almacenamiento de mercaderías para vender en los puertos españoles, salvo en Buenos Aires, lo que favoreció aún más el contrabando.

La Mayor parte de los negros eran conducidos a Jamaica y las Antillas españolas. Sin embargo, a Buenos Aires llegaban cantidades considerables. A partir de 1716, la compañía entró en tratos para aprovisionarse también en Madagascar, que llegaría a ser un importante mercado negrero. Volviendo a Buenos Aires, los ingleses se instalan en la región, levantando un depósito en las cercanías del actual Parque Lezama, sitio que les fue asignado por R. C. del 9-10-1716. Allí sembrarían y levantarían casas los factores…

En Inglaterra había temor de que la relación con los Hannover hiciera a la nación ingresar en los conflictos continentales. La paz de Utrech debía ser preservada… En 1717 Inglaterra se alió a Francia y Holanda, formando la Triple Alianza, que se convirtió en Cuádruple al entrar en ella, al año siguiente, Alemania. En España, el gobierno, inspirado por Patiño y Campillo, profesaba nuevos principios respecto de la navegación y el comercio de América, prodigando licencias de registro. En 1718 la relación con Inglaterra se deterioró por completo: ésta invadía las regiones americanas con su contrabando; el tratado de 1716 había dejado estas cuestiones pendientes, y en Septiembre de 1718 sobrevino la guerra, desatada por un choque naval en la costa siciliana entre españoles e ingleses. La R. C. del 25-10-18 confisca los bienes del asiento inglés, como así expulsa a los ingleses, a menos que acepten ser llevados al interior. En Buenos Aires, la orden fue cumplida de inmediato por el gobernador Zavala.

Desde 1720 hasta 1742, los whigs acapararon el poder por medio de Roberto Walpole (que lo ejercía), siguiendo una política conservadora y pacifista. Ese año (1720) comenzó la baja de las acciones de la South Sea Company, hasta llegar a un punto crítico. Miles de pequeños inversores quedaron arruinados, lo que le granjeó al gobierno gran impopularidad y el clamor popular. Pero ya a mediados de 1720 las actividades de la compañía tienden a reactivarse, después del período de paralización que significó la guerra con España. La R. C. del 12 de Julio concedió la continuación del Asiento de negros en la misma forma. En Junio de 1721 se firmó el Tratado de Madrid entre Inglaterra, Francia y España, y el gobierno español ordenó la restitución de los bienes de la compañía. Zavala cumple inmediatamente con la orden.

Como dijimos, la compañía continuó actuando hasta 1739. En esos años jamás abandonaron los ingleses sus actividades ilícitas, que en el Río de la Plata se vieron estimuladas por una R. C. de 1725 que autorizaba a la Compañía del Mar del Sur a conducir a Chile y Perú a los negros que no hubiese podido vender en Buenos Aires. Tres agentes de la compañía podían acompañar a las partidas sin demorar más tiempo que el necesario para vender a los negros, y con la prohibición de establecer factorías. Desde ese momento, las caravanas de negros despachadas al interior y a Chile se transformaron en vehículo disimulado del contrabando. Se trataba de la R. C. del 5 de Agosto de 1725, y no tomaba en cuenta, claro está, los 400 negros que ya desde antes podía introducir la compañía.

En 1727 comienza en Inglaterra el reinado de Jorge II, que durará hasta 1760. El nuevo rey era muy bélico (y además, un adversario del poderoso ministro Walpole, cuya situación empeoró). Sin embargo, tuvo que aplazar el momento de destituir a Walpole, quien siguió, de esa manera, disfrutando del poder. Ya desde 1726 las relaciones con España se hallaban en un punto de gran tensión, como lo señalan las instrucciones que desde España eran expedidas hacia América, previendo el rompimiento con la corona inglesa… Por ello, cuando al año siguiente (1727) una R. C. (la del 27 de Marzo) ordenó la supresión del asiento negrero, ello no asombró a nadie. En Buenos Aires, la noticia del rompimiento entre ambas naciones llegó tempranamente, y de inmediato el gobernador Zavala procedió al embargo de los bienes del asiento, en el Retiro… Era ésta, pues, la segunda “represalia” de los bienes de la compañía, a raíz de un nuevo período de hostilidades entre España e Inglaterra que hizo crisis en ese año de 1727, cuando el gobierno inglés bloqueó los puertos hispanoamericanos para evitar la salida de los galeones españoles.

Entretanto, la compañía había obtenido autorización de la Compañía de las Indias Orientales para exportar negros de Madagascar hacia Bs. As., lo cual le resultará útil cuando regrese la paz, al igual que el permiso que le otorgó el parlamento para que durante 7 años consecutivos pudiese destinar al tráfico antedicho seis embarcaciones anuales. Y paradójicamente, al mismo tiempo que esto ocurría, tanto en Inglaterra como en Pensylvania la Sociedad de Amigos (cuáqueros) condenaba, a partir de 1727, la esclavitud.

Poco tiempo más tarde, en 1728, se firmaban los preliminares de paz entre España e Inglaterra (6 de Marzo, en el Pardo), y el 9 de Noviembre del año siguiente se concluía el Tratado de Sevilla, que disponía, entre otras cosas, la continuación del asiento negrero y obligaba al gobierno español a pagar a la South Sea Company todos los perjuicios que la misma hubiese sufrido en el período bélico. Así fue como por R. C. del 14 de Diciembre de 1729, se comunicaba a los virreyes, gobernadores y oficiales reales de las colonias españolas, que debían restituir sus bienes a las factorías del asiento de negros.

En Buenos Aires, el gobernador Zavala lleva a cabo estas instrucciones por el auto del 23 de Marzo de 1730, apenas un mes más tarde de haber sido expedida la R. C. del 12 de Febrero, que ordenaba restituir a la Compañía los bienes que se le hubiesen represaliados en Buenos Aires.

En ese año de 1730, el tráfico esclavista era considerado esencial para la economía inglesa. A pesar de que la Armada Real patrullaba las costas de Guinea para combatir a los barcos piratas, los capitales de los buques de guerra tenían instrucciones de no interferir con el tráfico. Pero los piratas, aunque duraban poco, todavía eran un problema en estos tiempos del tráfico, pues los hombres se amotinaban con frecuencia y se convertían en piratas. También en 1730, los portugueses eran desalojados por los árabes de Zanzíbar y de toda la costa hasta Mozambique, país, este último, que continuaron poseyendo.

En esta época, Liverpool participaba todavía modestamente en el tráfico negrero. En 1730 tenía 15 barcos, cuando Bristol disponía de un centenar. Los tejidos de Liverpool entraban de contrabando en las islas españolas, donde los mercaderes también necesitaban los esclavos. El papel de Liverpool como puerto esclavista, sin embargo, irá acrecentándose sensiblemente, hasta convertirse en el principal…

Aún cuando la compañía apuntalaba el comercio de negros con el contrabando, en 1733 debió admitir que el negocio arrojaba pérdidas, y que sería conveniente renunciar a él, cosa que no hizo. Se enfrentaba, además, a dificultades financieras, que hicieron que, hasta tanto se ajustara el cambio de la moneda española, suspendiera sus pagos al gobierno español.

En tanto, el gobierno español tomaba una decisión que contribuía a humanizar al negro: en 1733, por una cédula especial, reiterada en dos oportunidades, se establecía que los negros que escaparan a Cuba desde otras islas de las Indias Occidentales porque deseaban abrazar la religión católica no podían ser devueltos a sus amos, ni ser vendidos, ni ser dados en esclavitud a ninguna persona. Ese mismo año era fundada la colonia americana de Georgia, la única que prohibió desde el comienzo la importación o propiedad de esclavos… Y aún cuando esta medida era impopular, revelaba una lenta, pero firme, toma de conciencia a favor del hombre de color. Esto no implicaba que no hubiera quienes continuaran defendiendo el sistema colonial y la esclavitud, pues de hecho los había, como por ejemplo J. Melon, en su “Ensayo Político sobre el comercio”, de 1734. Pero las voces discordantes comenzaban a hacerse oír.

La South Sea Company proseguía con el comercio negrero, pero también desarrollaba el contrabando, y cada vez con mejores resultados. En la medida en que los ingleses se beneficiaban con él, los monopolistas españoles resultaban perjudicados, lo que hacía que muchas reales cédulas se expidieran sobre el tema, año tras año. La del 12 de Febrero de 1734, por ejemplo, comunicada en Marzo del año siguiente al gobernador de Buenos Aires, informaba a éste sobre la forma de evitar los excesos con que los navíos del asiento introducían mercaderías en ese puerto, ayudados por los portugueses de Colonia del sacramento. La prohibición de comerciar con extranjeros se repetía frecuentemente, por ejemplo en la RC del 25 de Abril de 1736.

Inglaterra se consolidaba como potencia marítima mundial, desplazando a Francia y España del sitial que ocupaban en el siglo anterior. España protegía su monopolio a través de la legislación, pero no podía apoyar con las armas esa intención. De manera que la presencia inglesa se hacía sentir en América cada vez con Mayor fuerza, y era incontrastable. Gracias a ellos, el auge que conoció la trata en este período es difícilmente superado posteriormente. Jamaica era el principal mercado consumidor de negros, pero cada vez llegaban más a territorio de América del norte, incluso en las colonias del norte. En Buenos Aires, el padrón de 1738 revela que la presencia de gente de color no era considerable.

1739 marca el fin de las actividades de la compañía. Las represalias adoptadas por el gobierno español, provocadas por el contrabando inglés en América, llevaron al pacífico Walpole a declarar la guerra a España en ese año. España insistía en su soberanía universal sobre América, y eso era inadmisible para una potencia en expansión como Inglaterra. La guerra de 1739 se inserta en la línea de la evolución de la nación inglesa hacia formas de convivencia económica internacional más acordes con su desarrollo industrial interno. El comercio externo era la válvula de escape de una industria en expansión, y de una revolución industrial en ciernes. El debilitamiento del exclusivismo comercial español era irreversible. América era un amplio mercado potencial… Nuevas técnicas fundamentales, a su vez, contribuían a la concreción del proceso, por ejemplo la producción de hierro con carbón de coque.

En Inglaterra, fue la opinión pública la que condujo a Walpole a realizar esta guerra con España, corta y no muy afortunada. Por su parte, el gobierno español comunicaba la declaración de guerra a sus colonias americanas a fines de 1739, y se inmediato se procedió a la represalia (confiscación) de los bienes de la compañía. A partir de entonces, se volvió al sistema de los asientos parciales, para el aprovisionamiento de negros. Estas concesiones rompen, de hecho, con el monopolio de la Compañía del Mar del Sur, al menos en el plano legal. Pero las concesiones y monopolios de la compañía se liquidarán sólo en 1750, cuando se firme el Tratado del palacio del Buen Retiro.

En Abril de 1740 se embargaron los bienes de la compañía en Buenos Aires: depósitos, almacenes, establecimiento del Retiro, estanzuela del Riachuelo, casa de la Factoría y lancha “La Bretaña”. Al año siguiente (1741) se produjo en Inglaterra la caída de Walpole, que Jorge II no vio con buenos ojos, aunque era partidario de la guerra que Walpole trató de evitar con un tratado de neutralidad con Francia y Prusia, que tenía como finalidad proteger a Hannover. Los asuntos europeos reclamaban la atención de Inglaterra, pero no por ello descuidaba sus intereses marítimos. En esa época, ya lo hemos dicho, Gran Bretaña aseguraba más de la mitad de los transportes de esclavos, y tenía en sus colonias unos dos millones de ellos… Pero a fines de 1741, el 20 de Diciembre, el papa Benedicto XIV condenaba la trata de esclavos, repitiendo los conceptos de la bula de 1639.

España, por su parte, continuaba intentando proteger su exclusivismo. La RC del 11 de Abril de 1742 prohibía el comercio de Indias a los no naturales (extranjeros). En tanto, en Buenos Aires, el empadronamiento de 1744 revelaba que la proporción de gente de raza negra en la población de la ciudad y la campaña circundante seguía conservando valores relativamente modestos.

La contienda entre España e Inglaterra continuaba, de manera que las autoridades de Bs. As. Decidieron liquidar los efectos pertenecientes a la represalia de los bienes de la compañía, antes de que se deterioraran.

El tratado de paz recién se firmó en 1748. La paz de Aix-la-Chapelle puso fin a la guerra, pero no se autorizó la continuación de las actividades de la compañía. España adquirió los derechos de ésta, indemnizándola por los cuatro años que le faltaban, dos años más tarde. Esto asentaba un rudo golpe al contrabando de tejidos. También en 1748, la paz de Aquisgrán acabó con la guerra de sucesión austríaca, dejando, en lo esencial, el mismo estado de cosas que antes de la guerra.

 

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Y llegamos así a mediados del siglo XVIII. En África, los fuertes de la costa fueron mantenidos, a partir de 1750, los fuertes ingleses, por un comité de mercaderes con la ayuda de subsidios del gobierno. Hasta su disolución, la South Sea Company había intentado mantener buenas relaciones con los nativos, pues año tras año regresaba a las mismas costas. El beneficio por cada esclavo desembarcado vivo en las Indias Occidentales era tan grande, que la Mayoría de los capitanes de los barcos negreros se negaba a limitar voluntariamente el volumen de los cargamentos, pues aun cuando una buena parte se perdiera en el viaje, los sobrevivientes proporcionaban una buena cantidad. También desde 1750, y hasta 1788, los motines fueron más frecuentes que en la primera mitad del siglo, pues los comerciantes de Liverpool intentaban ahorrar dinero reduciendo el número de los tripulantes. A partir de 1750, los diarios ingleses y norteamericanos publicaban a menudo noticias de barcos perdidos como consecuencia de motines de esclavos…

Aun cuando legalmente el monopolio inglés desaparece con la supresión del asiento, el comercio encubierto subsiste. Por cierto, el contrabando se hizo más difícil, y los mercaderes de Liverpool tuvieron que diversificar sus fuentes de ingresos. Pero en 1750 se abría el proceso de disolución de la Real Compañía Africana, que abría magníficas posibilidades a la trata de Guinea, a las que Liverpool se lanzó sin vacilar, duplicando su flota esclavista en sólo un año. El territorio africano, así, se despoblaba de manera creciente, porque, además, desde esta época parece haberse incrementado la práctica del rapto de negros por parte de los hombres blancos. El crecimiento demográfico era de 0,0 %.

En 1750 el coste medio de un negro había subido a un promedio de unas 15 libras, aunque los precios eran más bajos en Calabar y Angola.

En la segunda mitad del siglo hay datos fidedignos que muestran que la mortalidad a bordo era sensiblemente Mayor entre los marineros blancos que entre los propios esclavos. Y este será uno de los argumentos más contundentes con los que Wilberforce conmoverá a la opinión pública inglesa a favor de la abolición de la trata…

Como vimos, el tratado angloespañol se firmó el 5 de Octubre de 1750, en el Palacio del Buen Retiro. En él, el monarca británico renunciaba a los cuatro años que aún quedaban del asiento negrero en América, a cambio de una compensación. De manera práctica, este tratado puso fin a las actividades de la compañía, que, en el final, arrojaba un balance inferior a las expectativas de sus fundadores. Sin embargo, como se dijo, los comerciantes británicos continuaron abasteciendo de negros a las colonias españolas por medio del contrabando, o por licencias otorgadas a comerciantes españoles que se asociaban con traficantes ingleses. En el Río de la Plata, este contrabando se vería afectado por el convenio de Permuta, firmado en Febrero entre los gobiernos español y portugués, que cedía los siete pueblos del Uruguay a cambio de la Colonia del sacramento. Con respecto a Buenos Aires, se afirma que la ciudad contaba a mediados del siglo aproximadamente con 16.000 habitantes, de los cuales cerca de tres cuartas partes eran negros, mestizos o mulatos.

La R. C. del 10 de Febrero de 1750 prohibía, nuevamente, el comercio con extranjeros en las colonias. Pero a partir de ahora, los comerciantes de las colonias (incluidos los del Río de la Plata) amplían sus actividades a mercados apartados geográficamente, y con sus ganancias adquieren tierras. En la Península, son armadores los que se dedican a la trata, dependiendo de otros comerciantes, lusitanos o ingleses. Las irregularidades del comercio negrero seguían siendo un problema de la economía colonial en la segunda mitad del siglo XVIII, que la corte no había podido solucionar con las concesiones hechas a las compañías y a ciertos particulares. España no había podido afrontar la trata por sí misma, hecho que atentaba contra el ya debilitado monopolio comercial peninsular. Pero había una necesidad cierta de proveer a las colonias de mano de obra abundante y barata, indispensable para impulsar la producción, de manera que los ministros españoles se vieron obligados a impulsar una política más liberal, para el tráfico de esclavos En líneas generales, esto consistió en exención impositiva, estímulos y privilegios para los súbditos que acometieran la trata, y autorizaciones y facilidades para los tratantes de naciones extranjeras.

En el Río de la Plata, la expansión del mercado del cuero que siguió al establecimiento de la compañía inglesa no afectó durante muchos años la economía fundada en la caza. Estos hechos eran sólo sombras del futuro, y hasta 1750 más o menos los cazadores libres dominaron las pampas.

Donde también era muy importante el comercio negrero era en Nueva Inglaterra. La “mano de obra barata” era la primera necesidad para crear una nueva nación. La única colonia, tanto del norte como del sur, donde la esclavitud estaba prohibida era Georgia, la última en fundarse, pero las quejas de los colonos, que brindaban por “aquello que más necesitamos”, fue tal que en 1750 la ley debió ser derogada. Ya dijimos cuáles eran los principales puertos del tráfico, y que en la primera mitad del siglo, Boston era el más importante. A mediados del siglo, el tráfico estaba constituido por tres trayectos, pero era más sencillo y más simétrico que el de Liverpool: en el puerto de origen se cargaba ron, que era cambiado en África por esclavos; éstos se vendían en las Indias occidentales, donde parte de las ganancias se invertía en melaza (comprada generalmente en islas francesas o españolas, donde era más barata). La melaza era conducida a Nueva Inglaterra, donde era destilada y convertida en ron, reiniciando el ciclo. Este proceso dio un gran auge a las destilerías de ron.

A Nueva Inglaterra también eran conducidos sirvientes contratados, hasta bien entrado el siglo XVIII, a quienes a menudo se trataba peor que a los negros.

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España, por R. C. del 30 de Mayo de 1753, prohíbe, nuevamente, comerciar a los no naturales. Pero este comercio, sobre todo de manera ilegal, continuaba realizándose en las colonias.

Por su parte, la flota negrera de Newport se enfrentaba en estos años con los merodeadores franceses de Guadalupe y Martinica, que en 1757 y 1758 capturaron por lo menos quince de sus barcos. Los armadores hablaban de retirarse del negocio debido a ellos, pero no lo hacían, pues las ganancias bien valían correr este tipo de riesgos. Además, el precio de los esclavos era más elevado en tiempos de guerra, y las pérdidas anteriores podían recuperarse en dos o tres viajes afortunados.

En Inglaterra, la gravedad de la situación había obligado a Jorge II a poner al frente del gabinete a Guillermo Pitt, por quien no sentía ninguna simpatía, y éste se mantuvo en esta posición durante todo el año 1757, sólo con una breve interrupción. Con energía y cautela dirigió por todas partes la guerra contra Francia y España en calidad de aliado del gran rey de Prusia. Envió a América del Norte al joven general Wolfe, que atacó la meseta que se asienta en Québec; pero murió allí heroicamente. La fortaleza capituló en 1759, y en el espacio de un año los ingleses se habían apoderado de todo el Canadá. En el mismo año, el almirante Hawke destrozó la escuadra francesa en la bahía de Quiberon, en la costa de la Bretaña, y las tropas anglo-hannoverianas triunfaron sobre los franceses en Minden, después de la derrota del incapacitado Cumberland en Hastenbeck a orillas del Weser y de la vergonzosa Convención del monasterio de Zeven por él, y que quedó sin efecto, gracias a la influencia de Pitt.

En América del Sur, Brasil continuaba importando esclavos a lo largo de todo este período, a un ritmo considerable y creciente. Se dice que entre 1759 y 1803 las exportaciones a Brasil desde Angola alcanzaron el número de 642.000 negros, es decir un promedio anual de 14.000 ó 15.000.

En 1760 comienza en Inglaterra el reinado de Jorge III. El nuevo monarca abandonó la causa de Federico el Grande de Prusia, y sacó del gabinete a Pitt. Los ministerios de larga duración se acabaron, y sólo North logró mantenerse en él doce años, desde 1770. Fue en Octubre de 1761 que Jorge III obligó a dimitir a Pitt, porque quería manejar personalmente la política y la administración. Ese año, a causa del pacto de familia de los Borbones, España le declaró la guerra a Gran Bretaña… En la Nueva Inglaterra, en ese año, la Asamblea de Germantown, en Filadelfia, apremiada insistentemente por los cuáqueros, aprueba un impuesto de diez libras por esclavo importado en la colonia, lo que puso fin al tráfico de negros en Pensylvania.

La nueva guerra entre España e Inglaterra repercutió acentuadamente en las posesiones coloniales de la primera, y precipitó la transformación de la trata. La captura de La Habana por los ingleses y la apertura de cuba al comercio libre por unos meses fue una buena experiencia para las autoridades y productores locales, que desde ese momento hicieron todo lo posible por seguir gozando de sus beneficios. La total libertad del comercio negrero no se consiguió hasta 1789. Es decir que los primeros síntomas de que se marchaba hacia el libre comercio se manifestaron inmediatamente después de la guerra de 1762. En el breve período que los ingleses ocuparon la plaza de La Habana, 727 naves mercantes entraron en el puerto, lo que reveló las posibilidades que tenía el comercio cubano. Los ingleses no estuvieron allí más que un año, hasta que España canjeó la dominación íntegra de la isla de Cuba por los países que poseía al oriente del Misisipi, trato que aceptaron sin dubitar… En tanto, a través de los azares de la guerra, se desenvolvían los asientos particulares para la introducción de negros en América, y se veía frustrado un asiento general celebrado en 1760 con Miguel de Uriarte para introducir en América 15.000 negros en 10 años.

En el Río de la Plata, los portugueses capitularon, y entregaron la plaza de Colonia del Sacramento a los españoles el 3 de Noviembre de 1762.

El Tratado de París, firmado el 10 de Febrero de 1763, al término de la guerra, fue un claro triunfo inglés. A partir de entonces, la corona española puso énfasis en la defensa de sus colonias. Por el mencionado tratado, Inglaterra ocupó las posesiones francesas de la India y Canadá, y España perdió gran parte de La Florida, a favor de Inglaterra. Con esto, durante la gestión brillante de Pitt, Gran Bretaña se elevó a primera potencia colonial y mercantil. Pero la asfixia financiera a que sometió a sus colonias norteamericanas (con el objeto de pagar su deuda externa) aceleró el proceso que condujo a la independencia de éstas. (En 1763, el parlamento británico, después de reducir a la mitad los derechos de importación para la melaza procedente de las islas francesas, holandesas o españolas, hizo lo posible por cobrarlos, ya que antes, casi nunca se pagaban. Los comerciantes de Massachusetts protestaron, aduciendo que el impuesto arruinaría el tráfico de esclavos, dejando a cinco mil hombres sin trabajo y dando lugar a que setecientos barcos se echasen a perder, a la vez que afectaba a toneleros, curtidores y agricultores.)…

Con respecto a las colonias españolas, la política británica de intrusión económica a través del comercio clandestino estaba tocando el límite de sus posibilidades. Ya en 1763 había indicios de que la afluencia de bienes británicos a la América española excedía la demanda de este mercado. Este fenómeno de la economía, más que las leyes de Indias, frenaba la expansión comercial inglesa. En lo tocante a la trata de esclavos negros africanos, en esta época eran éstos ya altamente apreciados, sobre todo los angoleses, en primer lugar por los colonos ingleses de las islas del azúcar. Pero al mismo tiempo, el secreto terror del que nadie hablaba –a las rebeliones de esclavos- estaba más vivo que nunca…

En 1764, Liverpool tenía ya setenta y cuatro buques navegando a África, y Bristol sólo 32. En Nueva Inglaterra, el comercio de importación de esclavos alcanzó un punto álgido entre 1764 y 1833, debido a las espléndidas cosechas de arroz e índigo, que precisaban cada vez más mano de obra. Pero al norte del Potomac no había demanda de tales cargamentos (excepto en Georgia), de manera que pronto tales colonias empezaron a quejarse de estar abarrotadas de esclavos y a lamentarse de que la trata estaba agotando el dinero de América, en el único beneficio de los comerciantes ingleses.

Carlos III de España emprendió decididamente la reforma del sistema mercantil. Comenzó a romper las trabas que obstaculizaban el comercio de la metrópoli con sus colonias, lo que dio cierto auge a este comercio, en beneficio de la misma metrópoli sus dominios. En 1764 se inauguró, al efecto, el sistema llamado de navíos de correo, que podían llevar mercaderías libremente a muchos puertos americanos, y traer de regreso igual cantidad de mercancía americana. A la América septentrional se enviaba uno por mes, y a la región meridional, uno bimensual, extensivo a Buenos Aires en 1767.

A todo esto, el Acta del Timbre de 1765, anulada al año siguiente por el rechazo de las colonias, condujo a la guerra en que éstas, apoyadas por Francia, logran su independencia. Pero 1765 es el año de la fundación, en Inglaterra, de la Sociedad Antiesclavista, que lucharía hasta lograr su objetivo, movilizando a la opinión pública. Ese año, un incidente legal produjo un debate nacional sobre la esclavitud: un joven londinense llamado Granville Sharp encontró un esclavo negro tendido y a punto de morir en Mineing Lane. Su propietario, David Lisle, abogado de Barbados, tras golpearlo, lo había arrojado a la calle, dejándolo morir. Sharp tomó al esclavo y lo llevó a su casa, lo alimentó y restableció su salud. Lisle, al enterarse, lo raptó y vendió en las Indias occidentales. Al protestar Sharp, el abogado de Barbados le interpuso una demanda por haber robado un objeto de su propiedad. El caso produjo tanta indignación que Lisle retiró la demanda, con gran contrariedad de Sharp, que había estudiado las sutilezas de las leyes inglesas en relación con la propiedad de esclavos. Las leyes determinaban que “todos los hombres” debían tener ciertos derechos. La pregunta de Sharp –en otro proceso posterior sobre un esclavo raptado- era: ¿se atrevería el tribunal a afirmar que un negro no era un hombre? Esta vez, el tribunal se inhibió de entrar a fondo en el tema y liberó al negro apoyándose en que su primer propietario había intentado apoderarse de él sin el debido mandamiento.

España seguía celebrando contratos particulares, por tiempo determinado, para la provisión de negros a ciertas regiones americanas. En 1765 se suprimieron antiguos monopolios y gabelas, lo que facilitó la corriente comercial entre los más importantes puertos españoles y la región del caribe.

En 1766, Boston solicita, en vano, permiso para “prohibir la importación y compra de esclavos en el futuro”. En Inglaterra, años más tarde, Clarkson seleccionaría un total de nueve viajes realizados a partir de ese año, 1766, hasta 1780, para calcular la mortalidad a bordo, en lo que se llamaba la “travesía intermedia”. Los resultados arrojaron un 6,5 %, aunque otros cálculos elevaban el porcentaje a 12.

En 1766, también, el Parlamento británico votó la legislación que establecía varios puertos libres en las Indias Occidentales, en los que barcos extranjeros, incluso buques españoles, podrían entrar, desembarcar sus cargamentos de productos coloniales extranjeros y embarcar cargamentos de mercaderías y esclavos de origen británico.

Al año siguiente, el comodoro Byron, que en 1765 había sido enviado a las islas Malvinas, estableció, a pesar de la presencia allí de los franceses, un asiento británico. Este asiento vino a ser otro centro de tráfico de contrabando, o, por lo menos, así lo creyeron los españoles, quienes en 1770 enviaron una expedición que se apoderó de las islas sólo para descubrir que sus aliados franceses no estaban todavía preparados para lanzarse a otra guerra contra Gran Bretaña. De manera que al año siguiente las islas Malvinas fueron restituidas a Gran Bretaña, así como antes Colonia do Sacramento había sido de vuelta a Portugal.

En Boston, la imposición de nuevas tasas aduaneras para las importaciones americanas (Townshend Acts, de 1767) acarreó el boicot de los productos ingleses y desató una serie de turbulencias a partir de 1770. Maryland, por su parte, impuso derechos cada vez más elevados sobre los esclavos importados, y ningún cargamento de Guinea fue desembarcado después de 1769. Sin embargo, a pesar de que los registros por años están muy dispersos, sugieren considerables exportaciones anuales desde África. En 1769 se embarcaron más de 97.000 negros, al paso que el testimonio ante la Cámara de los Comunes sobre el efecto que tendría la abolición de la trata comentaba que ella reduciría la demanda de esclavos en el número de 70 a 100.000, por cuando la trata del Este a través de Egipto sólo envolvía entre 1500 y 2000 negros.

El mundo estaba transformándose. 1769 es el año de una nueva técnica fundamental: la máquina de vapor de Watt. Pero también presencia un incremento de la reacción humanitaria (aparte de los argumentos económicos) contra la trata. En Nueva Inglaterra, excepto en las colonias dedicadas al cultivo del arroz, la Mayor parte de la gente empezaba a darse cuenta de que la esclavitud era mala en sí misma y debía desaparecer del continente. Pero como primera medida era esencial detener la importación de esclavos de África. La Casa de los Burgueses de Virginia (Virginia House of Burguesses), ya en 1769, adoptó un acuerdo de no importación. No debía ser cumplido en aquel tiempo, debido a la oposición real, pero fue tomado de nuevo en años posteriores con Mayor efecto y otras colonias empezaron a seguir el ejemplo de Virginia.

En España, el rey fue extendiendo poco a poco las nuevas liberalidades económicas. El 23 de Marzo de 1768 la Louisiana fue agregada a las regiones que disfrutaban del nuevo sistema. En 1770 lo fueron Campeche y Yucatán. A pesar de la oposición de muchos altos funcionarios, el 3 de Octubre de 1776 la provincia de Santa Marta fue incluida en las regiones que disfrutaban del mismo sistema como las Antillas, y al año siguiente, el 20 de Agosto de 1777, se otorgó la misma concesión a la provincia del Río del Hacha. Los resultados superaban todas las expectativas, y las autoridades volvieron sus ojos a las regiones en las que las reformas no habían sido imperativas. Si bien el gobierno decidió en contra de la inclusión de toda Nueva España en el nuevo sistema, en cambio, por Real Decreto del 2 de Febrero de 1778, añadió a Buenos Aires, Chile y Perú. La R. C. del 6-7-1769 declara libres de derechos no sólo en la entrada de Puerto Rico, sino en los demás puertos de América a donde condujese negros la compañía a nombre de Aguirre y Ariztegui, dos barriles de harina por cada cabeza de negro, con tal que constase por certificación de los Oficiales Reales de Puerto Rico, ser las harinas de las mismas que habían introducido en él, a donde las pudiese conducir la Compañía de Bajeles extranjeros de los propios puertos en que las comprare, precaviendo el contrabando en estos buques, como en los que llegaban los negros…

En Inglaterra, el gobierno había recibido tantas protestas de parte de sus colonias americanas que en 1770 Jorge III se vio en la obligación de advertir a los órganos colonialistas: “No deben aprobar ninguna ley por la cual se prohíba u obstruya de cualquier modo la importación de esclavos, bajo pena de mi Mayor desagrado.” Es el año en que Jorge III logró formar un gobierno de “Amigos del rey” presidido por Lord North (1770-1782). Sin embargo, también se enfrentaba con problemas en sus colonias americanas, pues desde 1770 hay turbulencias en Boston… Rhode Island, por su parte, se ha convertido en el nuevo centro de la trata de negros, y en 1770 Samuel Hopkins, pastor de la Iglesia de la Primera Congregación en Newport, escribía que “había esclavizado más africanos que cualquiera otra colonia de Nueva Inglaterra”. Cuatro años más tarde, en 1774, añadiría que Newport era “la más culpable, en relación con el tráfico de esclavos, de todas las ciudades del continente, pues había sido, en gran medida, construida con la sangre de los pobres africanos…” En los veinte años anteriores a la revolución, fue la réplica de Liverpool en las colonias americanas.

En Buenos Aires, en tanto, las autoridades continuaban combatiendo el giro comercial clandestino. El 8 de Noviembre de 1770 el virrey Vertiz hace saber a Arrriaga (ministro de la corona) que había publicado un bando contra el trato ilícito. Un extracto que da Concolorcorvo en su “Lazarillo de ciegos y caminantes” permite apreciar que la población de la ciudad de Buenos Aires y su ejido, en 1770, totalizaba 22.007 individuos, cifra que incluía 4.163 esclavos negros y mulatos de ambos sexos y de todas las edades y 450 soldados negros y mulatos libres.

A la sazón, los británicos continuaban teniendo la primacía en el desarrollo de la trata atlántica. En 1771, 192 barcos británicos se utilizaron para transportar 47.146 negros a las Indias Occidentales. Las flotas esclavistas de Londres y Bristol, sin embargo, decayeron, mientras que la de Liverpool continuó creciendo. En ese año, Londres sólo contaba con 58 barcos dedicados a la trata, y Liverpool, 107. Aunque el suelo libre de Inglaterra se había visto libre desde hacía siglos de la estigma de la esclavitud, pues desde el siglo XVII (principios), en que expiró la antigua condición de la villanía, ninguna otra forma de esclavitud era reconocida por las leyes inglesas, en las colonias, sin embargo, estaba legalizada por estatuto, y largo tiempo transcurrió antes de que pudieran comprenderse los derechos de un esclavo colonial en la madre patria. A pesar de que Lord Holt había emitido la opinión de que “tan pronto como un negro llega a Inglaterra queda libre”, y el juez Mr. Powell había afirmado que “la ley no se ocupa del color de un negro” (Smith vs. Browno y Cowper), estas justas opiniones no fueron confirmadas por sentencia expresa hasta que tuvo lugar el célebre caso de James Sommersett en 1771.

James Sommersett, negro llevado a Inglaterra por su dueño Mr. Stewart, abandonó el servicio de éste y se negó a volver a desempeñarlo. Mr. Stewart lo hizo prender y llevar cargado de cadenas a bordo de un buque surto en el Támesis, pronto a darse a la vela para Jamaica, donde vendería al rebelde esclavo. Pero cuando el negro estaba aún a bordo, fue llevado ante el tribunal de King´s Bench por un mandamiento de habeas corpus, hecho en que no estuvo ausente la figura de Granville Sharp, futuro fundador, con apoyo de los cuáqueros, del “Comité para la abolición de la trata de esclavos”. El caso se discutió entonces más detalladamente, y en especial en una defensa sumamente erudita y hábil de Mr. Hargrave, hasta que por fin en Junio de 1772 Lord Mansfield, juez, pronunció la opinión del tribunal de que la esclavitud era ilegal en Inglaterra, y que el negro debía ser puesto en libertad. Fue una sentencia justa, pero escasamente digna de la alabanza extravagante que se le confirió entonces y después, pues esta encomiada ley, tal como lo declaró Lord Mansfield, estaba ya reconocida en Francia, en Holanda y en algunas otras naciones europeas; sin embargo, Inglaterra no había revelado síntomas de compasión hacia el negro fuera de sus propias costas (argumento de Hargrave).

En Escocia, los negros esclavos se vendieron como cosa mueble hasta fines del siglo XVIII. En 1756 se discutió el estado legal de la esclavitud del negro, pues en ese año, un negro llevado a Escocia reclamó la libertad a su amo, pero antes de que la reclamación pudiera resolverse, el negro murió, evitando que un tribunal escocés hubiera alcanzado el privilegio de ser el primero en declarar libre al negro al pisar suelo británico. Cuatro años después del caso de Sommersett, que ya vimos, quedó sentada la jurisprudencia escocesa en la materia.

En esta época se desarrollan las primeras luchas contra la trata de esclavos. En la asamblea anual de la Sociedad de Amigos del año 1772 se suscitó el problema de la esclavitud. Algunos de los cuáqueros presentes aún tenían esclavos, aunque esa propiedad era mirada con malos ojos por el grupo. La reunión condenó la trata de modo unánime. En tanto, los reformadores ingleses, que luchaban contra la trata, basaban su campaña casi exclusivamente en la convicción de que la esclavitud –sin reparar en si producía o no beneficios- era moralmente mala.

Como vimos, a partir de 1772 la esclavitud quedó abolida en Gran Bretaña, pero este veredicto no afectó a las posesiones británicas ni prohibió la trata de negros, que habría continuado indefinidamente si no hubiera sido por Clarkson y Wilberforce, dos hombres notables. Desde entonces, los plantadores que volvían a Inglaterra evitaban llevar consigo a su personal doméstico. La marina británica fue la encargada de extender progresivamente la aplicación efectiva de la prohibición, primero, a los navíos que navegaban por las aguas territoriales británicas, después, a los navíos que llevaban pabellón británico.

En las colonias norteamericanas, del 1 de Noviembre de 1772 al 27 de Septiembre de 1773, más de 8000 negros fueron desembarcados sólo en Charleston. Incluso Virginia, aunque sufriendo la lenta decadencia de las plantaciones de tabaco, recibió mucho cargamento de Guinea en 1772.

En España, el asiento general de negros a nombre de Aguirre y Aristegui tuvo poco éxito en sus operaciones, y en 1772 se presentó en quiebra ante la Casa de Contratación. Por R. C. del 1º de Mayo del año siguiente la corona permitió su reorganización bajo términos más liberales, por 6 años.

1773 es el año del Motín del té, en Boston. El gobierno inglés cerró el puerto y proclamó el estado de excepción. La guerra conduciría a la independencia de las colonias. Ya en 1774, se reúne el Primer Congreso Continental en Filadelfia; los delegados de los 13 estados de Nueva Inglaterra redactaron una Declaración de Derechos y decidieron suspender el comercio con Inglaterra, Irlanda, Indias orientales u occidentales, en tanto no se restablecieran los derechos anteriores a 1763. En la sesión del Congreso Continental del 24 de Octubre de ese año, se estableció la prohibición de la importación y el comercio de esclavos. Pero no hay que sobrevalorar los alcances antiesclavistas de la medida, al punto que, debido a la insistencia de los favorecedores de la esclavitud, Jefferson eliminó de la Declaración de la Independencia la acusación contra el rey de Inglaterra de haber impuesto el comercio de esclavos a las colonias americanas. Textualmente, sin embargo, una de las cláusulas de la resolución rezaba que “NO importaremos ni compraremos ningún esclavo que haya sido importado después del día 1º del próximo mes de Diciembre, a partir de cuya fecha deseamos interrumpir totalmente el tráfico de esclavos; nos comprometemos a no participar en este tráfico, ni alquilar nuestros barcos, ni vender nuestros productos a los que se dediquen a él.” Todas las colonias, salvo Georgia, ratificaron el convenio; Georgia, después de la batalla de Bunker Hill, fue obligada a seguir la misma línea por un sentimiento patriótico, y también por la amenaza de incluirla entre los territorios con los que las otras doce colonias tenían prohibición de comerciar. La ASOCIACION DE SUPRESION DEL TRAFICO, como se denominó al acuerdo, puso prácticamente fin a la trata de esclavos antes incluso de que estallase la guerra, y no se desembarcaron esclavos mientras la lucha continuó.

El imperio británico, al mismo tiempo, se estabilizaba: en 1774, pese a las garantías de la Quebec Act, los colonos franceses de Canadá pasan a formar parte de la Gran Bretaña.

Europa se encuentra en los prolegómenos de la revolución francesa. La Ilustración, en el plano ideológico, con Voltaire y los enciclopedistas, ejerce una crítica radical al orden de cosas existente; sus consignas de libertad e igualdad (jurídica) influyen en la opinión pública. La clase privilegiada, por su parte, aunque aferrada al derecho feudal, percibe la influencia de las ideas ilustradas, y se enfrenta con el absolutismo monárquico. Por su parte, la burguesía aspira a la igualdad de derechos y a una participación política real. En Abril de 1775 se sublevan los obreros de París, por el alza del precio del pan, producido como consecuencia de la liberalización del comercio de cereales, obra del ministro de hacienda de Luis XVI, el fisiócrata Robert Turgot.

En Nueva Inglaterra, el puerto de Salem elevó una petición en 1775 contra la importación de nuevos esclavos. Pero ese año se produce, también en Abril (18 del mes) el primer choque entre las milicias americanas y las tropas reales, en Lexington. La guerra de la Independencia norteamericana se prolongaría hasta 1783, sin tregua.

España, por R. C. del 18 de Julio de 1775, prohíbe a las autoridades de los puertos americanos el otorgamiento de licencias a comerciantes particulares, para la introducción de esclavos de colonias extranjeras; la medida tenía por finalidad evitar a los asentistas –ya la real Hacienda- los perjuicios que ello conllevaba. Sólo se admitirían negros por cuenta de la Compañía Gaditana, mediante la facultad exclusiva que le estaba concedida por su contrata.

En 1776 se firma la declaración de la independencia de las 13 colonias americanas de Inglaterra. Entonces, la esclavitud era aún ilegal en la totalidad de ellas, pues, al decir de Thomas Paine, era una hipocresía luchar por la libertad mientras se mantenía la esclavitud. Y aunque muchos de los dirigentes continentales eran dueños de esclavos, no estaban satisfechos con la situación. Durante la revolución americana, la trata sufrió una interrupción parcial, pues durante siete años los mares se “infectaron” de fragatas y navíos corsarios de todas las banderas, y especialmente de navíos yanquis bélicos y saqueadores; pero, como veremos, se reanudó en gran escala a partir de 1783. Algunos de los más rápidos barcos negreros en Rhode Island fueron transformados en corsarios, y regresaban con ricas presas a otros puertos. No podían volver a Newport, que estuvo ocupada durante tres años por las tropas británicas. Los británicos, en 1776, son derrotados en Trenton y Princeton, debido a la falta de refuerzos, el desconocimiento del país y la táctica de guerrillas empleada por los colonos. 1776 es, en América del Norte y en el mundo, un año crucial, pues en él se formuló la Virginia Bill of Rights de Jefferson, primera enunciación de la libertad democrática, consistente en la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad… Paralelamente, después de la revolución, y aunque la trata negrera se reanudó en gran escala, Newport jamás se recobró del golpe sufrido.

Europa asistía a los sucesos americanos con gran interés. La revolución llegaría a ser una inspiración para los habitantes del viejo continente. En Francia, Turgot dirigió el 6 de Abril de 1776 un importante reporte, donde (tomando el desalentador ejemplo de las colonias americanas, además de datos económicos, políticos y militares del hecho colonial), se afirmaba que “la potencia fundada sobre las colonias es precaria y frágil”. España, no obstante, no parecía comprenderlo de esta manera, pues se aferraba más que nunca a sus posesiones ultramarinas. Por R. C. del 15 de Septiembre (siempre de 1776) se prohibía, nuevamente, comerciar a los no naturales. Para la defensa de los territorios coloniales del sur, es creado el virreynato del Río de la Plata, al mismo tiempo que, para cortar la expansión portuguesa, se envía a esas regiones una gran expedición; el jefe de esta fuerza es nombrado virrey del flamante virreynato (Cevallos), que al año siguiente queda establecido de manera definitiva. Con respecto a la trata, España continúa en sus intenciones de favorecer a la compañía que se ocupaba de ella, pues ese año le prorrogaba por otros dos la gracia de la exención del derecho de marca, concedida en 1773 por sólo tres años… Una real Orden del 8 de Marzo de 1776 da cuenta de la prohibición que tenían los comerciantes de Nueva Orleáns de transportar negros a la isla de Cuba, con lo cual perjudicaban también a la compañía…

En 1777 Cevallos cumple con los dos propósitos que tenía la expedición enviada el año anterior por España: en Marzo, logra la capitulación de Santa Catalina, y en Junio, recupera la Colonia del Sacramento. El peligro lusitano (después del tratado de San Ildefonso, que legalizó el carácter de posición española de la Colonia del sacramento) pasó, después del 1º de Octubre de 1777 –afirma el Tratado-, pero Carlos III decidió la continuación del virreynato. Se presentía la proximidad de otra contienda con Gran Bretaña, donde el Río de la Plata debía ser el muro protector de la Mar del Sur y de los dominios meridionales de Hispanoamérica. En 1777 el nuevo virrey es Juan José de Vértiz y Salcedo, pero Cevallos, antes de dejar el cargo, dictó, en Noviembre de ese año, el Auto de libre internación, por el que se declaraba lícita la introducción de artículos y géneros por Buenos Aires a las provincias de Perú y Chile. Esto alentó el vuelo de la imaginación de los que soñaban con al libertad de comercio…

Los temores españoles de una guerra con Gran Bretaña, por su parte, parecían ser infundados, en un momento en que esta nación se encontraba luchando con los colonos americanos. En 1777 se produce la victoria de éstos en Saratoga, que alienta a Francia (que hasta entonces había apoyado secretamente la causa de los americanos enviándoles dinero y oficiales) a ponerse declaradamente a favor de los sublevados, para lo cual equipó dos escuadras sin cuya ayuda los colonos, debilitados por la escasez y las enfermedades, jamás habrían logrado su propósito. No obstante, los ingleses pudieron aún devastar todo el litoral, poniéndose énfasis en el sur, que era muy rico. Mientras España hacía causa común con Francia, Holanda, Rusia, Dinamarca, Suecia y Prusia formaron una especia de neutralidad armada para protegerse de los ataques de los ingleses, e Inglaterra declaró la guerra a Holanda… Tras la pérdida de la plaza de Charleston, la posterior recuperación –con la ayuda francesa- de las armas americanas permitió concebir esperanzas en la victoria final. En Inglaterra, donde todo el mundo estaba harto de esa costosa guerra, fue derribado el ministerio North.

Afortunadamente para los antiesclavistas ingleses, no tuvieron que luchar con la oposición de la Armada Real, que veía en la trata una tumba para los marineros (la fuerza de choque en las luchas de Inglaterra), debido a la gran mortandad de ellos en las travesías. Al mismo tiempo, en 1778 Virginia prohíbe la introducción de esclavos en su territorio para su venta posterior; Jefferson había hecho pasar el proyecto por la legislatura virginiana, con éxito.

En tanto, continuaba la lucha por la independencia de las colonias americanas. Las potencias absolutistas, España y Francia, intervienen en 1778 a favor de la república norteamericana, con el objeto de debilitar a su enemigo tradicional, Inglaterra. En Francia, Necker es nombrado ministro de Hacienda, e intenta, sin resultado, cubrir los gastos bélicos mediante nuevos empréstitos. En España, se firma en 1778 el tratado de Comercio y Amistad con Portugal; por este tratado, Portugal cedía las islas Fernando Po y Annobón, además del derecho para los comerciantes españoles de proveerse directamente de cargamentos de negros en las posesiones portuguesas de África… Este fue el intento más serio, en estos años, auque inútil, de solucionar el problema del aprovisionamiento de esclavos en las colonias hispanas. ((A la falta de brazos se atribuía el bajo rendimiento de la producción agrícola, extractiva y semiindustrial de las posesiones americanas, y para su solución se pedía invariablemente más esclavos negros a precios más bajos. Carlos III y sus ministros intentaron de esta forma satisfacer estos pedidos.) Con esto quería también dejar de depender de las potencias que tradicionalmente habían adquirido las fuentes de extracción de esclavos en África… Pero las pequeñas posesiones portuguesas no sirvieron para tal fin, y las compañías y mercaderes españoles debieron seguir comprando negros a portugueses, franceses, holandeses e ingleses. Las islas cedidas a España tenían por finalidad proveer a España de bases para su comercio negrero en las costas africanas, pero esto de nada sirvió. Estas medidas se insertaban en el proceso económico español, que a lo largo del siglo XVIII va reemplazando los principios mercantilistas por políticas más flexibles, que culminaron en el reglamento de Libre Comercio del 12 de Octubre de 1778… Por él, se habilitaron los principales puertos de España y se extendió esa permisión a todos los de Indias exceptuando, “por ahora”, los de Venezuela, Cumaná, Guayana y Maracaibo, concedidos a la compañía de Caracas. En el Río de la Plata, se señalaron como puertos de destino Montevideo y Buenos Aires.

En el Río de la Plata, el libre intercambio con puertos españoles asestó un golpe a las economías del interior. El reglamento venía aquí a confirmar la decisión de Cevallos (Auto de Libre Internación). Pero los efectos del reglamento no se hicieron sentir de inmediato en toda su intensidad; la intervención de España junto a Francia en la guerra de la independencia americana (norte) contra Inglaterra impidió la evolución normal del comercio con las nuevas franquicias. Los embarques de cuero desde el Río de la Plata disminuyeron bruscamente hasta 1782. Como consecuencia de la pragmática de libre comercio, Montevideo, por su parte, redobló su estratégica función económica. Desde la bahía se redistribuían esclavos y mercaderías al interior del virreynato, a través de una vasta red de cabotaje.

En ese año de 1778, la población de origen africano era considerable en el virreynato. El primer Censo de la República Argentina (Buenos Aires, 1872) cita el registro formal de 1778, el que indica que la tercera parte de la población constaba de gente de color, mientras que de Moussy da 6000 para Buenos Aires, de un a población total de 22.000, y 7.000 para Córdoba en 1778. El total calculado por de Moussy (Description… de la Confederation Argentine, Vol. II, París, 1860) alcanza a 30.000 para toda la Argentina en ese período. Pero, cualquiera sea la cantidad exacta, resulta que los negros eran muchos e importantes. El 50 % de la población de las ciudades del interior en 1778 lo constituían los negros y mulatos. Un 40 % de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires durante el virreynato eran africanos o descendientes de ellos.

En atención a que la caída de la plaza de Sacramento había alejado el peligro del contrabando, el RD del 2/2/78 había habilitado, antes del reglamento de libre comercio, al puerto de Bs. Aires para el libre comercio con la metrópoli, ampliando así a Bs. As., Chile y Perú la concesión otorgada por RC del 16-1-65 a las islas del Caribe; como consecuencia, se registró un gran incremento en el apresto de naves con ese destino. Y cuando, en Octubre, se dictó el famoso “Reglamento…”, Buenos Aires vio colmadas sus aspiraciones. A pesar de que las consecuencias no se hicieron sentir de inmediato en toda su intensidad (por los motivos apuntados), hubo, sí, un benéfico cambio, y una repercusión sobre la trata de negros, ya que varios comerciantes solicitaron y obtuvieron permiso para la introducción de esclavos. El reglamento fue la +etapa casi final de la política económica de los Borbones, conocido como “régimen del comercio libre”.

La RO del 22 de Marzo de 1779 cerró los puertos de América como medida de precaución… pero como consecuencia del reglamento y de la liberalización económica de los Borbones, el contrabando se intensificó en las costas del Río de la Plata, y aún más por un decreto del 24 de Junio de 1779 que prohibía la introducción de artículos ingleses o de mercancías que hubiesen tocado un puerto británico. A partir de esta época fue bien claro que el propósito de Inglaterra era comerciar con la América española, si era preciso emancipándola primero, cualquiera que fuera la política oficial del gobierno. El decreto recién mencionado obedeció a que los viejos rencores que animaba Carlos III contra los ingleses fueron avivados por los ataques de corsarios de esa nacionalidad contra naves mercantes españolas. Inclinándose hacia Francia, envuelta ya en hostilidades contra la nación británica a consecuencia de su reconocimiento de la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, se dispuso resueltamente a la guerra, que se declaró oficialmente el 23 de Junio de 1779, aunque ya en Mayo de ese año el embajador español en Londres había sido retirado. Inmediatamente después, el gobierno español promulgó un “permiso general” que facultaba a sus vasallos para importar esclavos negros en naves españolas o neutrales, entendiéndose que, al finalizar la guerra, esa franquicia debía ser restringida a la importación en naves españolas únicamente.

Este año de 1779, hacia Septiembre, finalizó el asiento de la casa Aguirre, Arístegui y Compañía, cuyas operaciones habían tenido muy poco éxito. Como causa de su fracaso se puede señalar: el haber tenido que comprar los negros a elevados precios, a potencias extranjeras; la guerra con Gran Bretaña, y el hecho de que los asentistas no tenían el monopolio de la trata en Hispanoamérica, sino que existían al mismo tiempo varias contratas para determinadas regiones.

En 1779, entonces, en ocasión de esta nueva guerra contra Inglaterra, los corsarios ingleses desbarataron la corriente negrera española que ahora abastecía a América. Se permitió entonces, como vimos, que cualquier súbdito español pudiera importar esclavos desde España o de cualquiera de las potencias neutrales, mientras durara la guerra, si bien se exceptuaron el Río de la Plata, Chile y Perú. Permanecía con todo su vigor el problema de la fuga de moneda y metales preciosos, consecuencia del comercio ilícito. La guerra hizo que los efectos del REGLAMENTO… demoraran cinco años en manifestarse. En ese lapso, el comercio experimentó un retraso considerable, acumulándose en Cádiz y los demás puertos peninsulares grandes cantidades de mercaderías que los comerciantes españoles deseaban remitir a las colonias; en éstas se dejó sentir la escasez y a la vez se produjo una acumulación de sus frutos que no encontraban salida.

El 7 de Abril de 1778, José de Gálvez hacía saber al Virrey del Río de la Plata, Vértiz, que el rey había resuelto erigir la aduana en el puerto de Buenos Aires, y nombraba a los funcionarios correspondientes. En 1779 se hacía cargo el primer administrador… El intendente (siempre en 1779) expidió el “Reglamento”, verdadero código aduanero que afectó a todos los procedimientos del intercambio mercantil y cuyas disposiciones estaban concordadas con el Reglamento de Comercio del año anterior.

Durante la guerra de 1779-1783, se dictaron varias reales cédulas que autorizaron el empleo de naves portuguesas y francesas, que atendieran el comercio del Río de la Plata.

Los éxitos militares españoles, en la guerra, fueron resonantes. Aunque las fuerzas españolas no consiguieron tomar Gibraltar, conquistaron Menorca, Florida y las Bahamas, expulsaron a los británicos de sus campamentos fortificados en Honduras, pero, si la guerra parecía justificar la posición política, diplomática y administrativa de Carlos III, ella sirvió también para revelar hasta qué punto ya la paciente y pedestre política británica de penetración económica había llegado, por lo menos a una parte de los dominios españoles. La estricta y absoluta prohibición de todo tráfico comercial entre Gran Bretaña y España, proclamada al estallar la guerra, determinó que el Virrey del Río de la Plata, Juan José de Vértiz y Salcedo, informara a la corona que “la ruina del comercio en estas partes, por la guerra con la Gran Bretaña, tenía detenido el giro de los necesarios efectos de Europa de que se proveen, y sin circulación el dinero que debía remitirse.” La Corona se vio obligada a contradecir los puntos esenciales de su propia política al publicar decretos que permitían el comercio con el Brasil, y con ello los ingresos aduaneros comenzaron a afluir. Con todo, no sólo victorias obtenía España. En el mar, la superioridad estaba de parte de las naves británicas, que, al mando del almirante Rodney, vencen en las Antillas, en el cabo San Vicente y en Santo Domingo.

En el Río de la Plata, la importación de esclavos se redujo a la realizada (en 1779-1780) por naves lusitanas, entre ellas dos que llegaron a Montevideo con el fin de transportar pertrechos de guerra que se restituían a los portugueses en virtud del Tratado preliminar de paz.

Entretanto, el mundo estaba cambiando. La revolución americana, a la que le seguiría en breve la revolución francesa, harían tambalear el orden establecido., En Inglaterra, el poder absoluto de Jorge III comienza a hacer crisis, al mismo tiempo que se afianza el sistema parlamentario… Paralelamente, nuevas técnicas fundamentales van abriendo los caminos del progreso, como por ejemplo la hiladora mecánica (Crompton, 1779). Al año siguiente, 1780, Holanda, Rusia, Suecia, Dinamarca, Austria y Prusia, proclaman la neutralidad armada en el mar, contra la guerra de corso británica. Las tropas francesas, a las órdenes de Rochambeau, desembarcan en Rhode Island. En la coyuntura, Jorge III llama al joven Pitt, hijo segundo del viejo Pitt, que sólo tenía veinticuatro años; este hombre llevará los asuntos del estado durante veinte años, en esa difícil época del largo reinado del viejo monarca.

En Estados Unidos de Norteamérica, Pensylvania dictó en 1780 una ley “para la abolición gradual de la esclavitud”. Ese mismo año, Massachusetts adoptó una nueva Constitución, y los tribunales decidieron que una de sus disposiciones llevaba implícita la abolición de la esclavitud en el Estado. Sin embargo, las exportaciones de negros africanos continuaban realizándose en gran escala. Como ejemplo, baste citar que en ese año de 1780, alrededor del 80% de los esclavos exportados –y casi la mitad de los que salieron de África-procedían de la porción de costa comprendida entre Costa de Oro y Camerún, ambos inclusive; con todo, esta zona, que debería aparecer desértica, ha sido siempre una de las más densamente pobladas. A pesar de ello, el continente avanzaba en el proceso de despoblación. Y un ejemplo más puede explicar esta despoblación: las Indias Occidentales francesas importaron entre 1780 y 1789, un promedio anual de 30.000 negros.

En el Río de la Plata, los esclavos negros continúan ingresando por Montevideo, provenientes de África o Brasil. Posiblemente no menos de 200.000 negros ingresaron en los 230 años posteriores a 1580 por los puertos de Bs. Aires y Montevideo. Las ganancias que el negocio producía eran apreciables. Un negro bozal recién llegado de África o Brasil (aproximadamente en 1780) es adquirido a un precio que oscila entre 90 y 120 pesos, y en Bs. Aires a 250, cifra que podía duplicarse y aún triplicarse en el Perú con la oferta y la demanda del momento. Además, el tráfico permitía introducir manufacturas extranjeras de contrabando, como vimos, y extraer ingentes cantidades de oro y plata originarios del Alto Perú y Chile. Pero en 1780 estas condiciones se vieron parcialmente alteradas, por el gran levantamiento indígena que cortó primero las comunicaciones con las ricas zonas mineras, y cuyas consecuencias se hicieron sentir… La internación de mercaderías de Buenos Aires bajó en Potosí, con la reducción del metal que retornaba.

La provisión de negros, afectada en estos años de guerra, pudo ser mitigada en parte como consecuencia de la RO comunicada a las autoridades coloniales de toda América hispana el 25 de Enero de 1780. Por ella, el rey (debido a la adhesión de Francia en la contienda), concedía a sus vasallos (exceptuando a los del Río de la Plata, Chile y Perú) el permiso de proveerse de negros en las colonias francesas durante la guerra, a condición de que los negros fuesen llevados en naves de bandera española.

El río de la Plata, pues, siguió aprovisionándose por medio de naves portuguesas. En tanto, la guerra continuaba en el norte, y Europa seguía convulsionada. En 1781, tras la conquista de Yorktown por los americanos, los ingleses depusieron las armas (7200 prisioneros, entre los que se encontraba el prusiano Gneisenau). En Francia, Necker publica su “Compte Rendu au Roi”, donde expone el estado de la Hacienda; luego, es destituido. La trata de esclavos sigue despoblando África, y ese año 1781, a la vez que la lucha por la abolición de la trata se desarrolla con intensidad creciente, se produce el caso más famoso de echazón de esclavos, el del “Zong”, de Liverpool, cuyo capitán era Luke Collingwood: había zarpado de Santo Tomé el 6 de Septiembre de 1781, con 440 esclavos y una tripulación blanca de 17 hombres… El 29 de Noviembre, a la vista de las Indias occidentales, un primer “fardo” de 54 esclavos fue echado por la borda. El 1º de Diciembre llovió, pero se echó un fardo de 42 esclavos. Días más tarde se echaron otros 26. El 22 de Diciembre el Zong ancló en el puerto de Kingston. Los aseguradores se rehusaron a pagar, y el asunto fue llevado a los tribunales. En el primer juicio el jurado dio la razón a los armadores. Los aseguradores apelaron al tribunal de Exchequer, presidido por lord Mansfield. Tras admitir que la ley amparaba a los armadores del Zong, éste continuó diciendo que “existe una ley superior que tiene aplicación en caso tan escandaloso como este”. Se puso, pues, de parte de los aseguradores. Fue este el primer caso en que un tribunal inglés dispuso que un cargamento de esclavos no podía ser tratado como una simple mercancía.

En 1782 los navíos portugueses seguían ingresando en los puertos de Buenos Aires y Montevideo. Los testimonios de la época señalan que las zumacas portuguesas cargadas de negros llegaban con cierta abundancia, lo que causó que subieran de precio en el Brasil; como consecuencia, a partir de entonces las embarcaciones portuguesas no podían cargar esclavos en Bahía ni en el Janeiro (por las quejas de los vecinos), y además, sólo podían ingresar en los puertos del Río de la Plata pretextando arribada forzosa, pues les estaba prohibido, bajo severísimas penas, la extracción de esclavos para fuera de sus dominios, pues con ellos explotaban sus minas de oro y de diamantes, trabajaban sus campos y los empleaban en la pesca de ballenas. En suma, al año siguiente (1783) sólo arribaron 5 embarcaciones, con pocos negros.

La corona permitió, por RO del 21 de Enero de 1782 dada en el Pardo, que durante la guerra continuara el virrey otorgando licencias semejantes a las anteriores. Esa RO otorgó a Dn. Manuel Basavilbaso permiso para introducir en la provincia hasta 600 negros y extraer 45 mil cueros por vía Río de Janeiro. Las Ros del 29 de Julio y del 16 de Septiembre de ese año otorgaban similares concesiones, La RO del 2 de Diciembre comunicaba la gracia otorgada el 21 de Enero al intendente de Bs. As., para ser reexpedida por éste al ADMINISTRADOR DE LA Aduana.

1782 es el año de la Real Ordenanza (reformada al año siguiente) que establecía las ocho intendencias, a saber: Buenos Aires, Asunción del Paraguay, Salta (Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca y Jujuy), Córdoba (Córdoba, San Juan, Mendoza, La Rioja, San Luis), Cochabamba, La Paz, La Plata y Potosí. Moxos, Misiones y Chiquitos son gobernaciones menores y de carácter militar, por estar en zona de frontera.

Al año siguiente, por medio de la Paz de Versalles, Gran Bretaña reconoce la independencia de los Estados Unidos; Francia recupera Tobago, Santa Lucía y el Senegal, en tanto que España recobra Menorca, Florida y algunos territorios en Honduras, sin conseguir, en cambio, la devolución de Gibraltar. Para Inglaterra, esto representa la primera derrota después de la Guerra de los Cien Años, y el declive de su imperio atlántico. Para Francia, las deudas derivadas de la guerra agravan la situación de la hacienda, ya de por sí crítica; los voluntarios franceses son recibidos como defensores de la libertad, y aumentan las críticas al Ancien Régimen. Para Norteamérica, después América, después de grandes pérdidas (70.000 muertos), supone la independencia del exterior; los “leales” emigran al Alto Canadá (conservado por Inglaterra), y se agudiza el problema de la constitución interior y la cohesión del Estado Federal peligra… Se restablece el equilibrio marítimo entre Francia e Inglaterra y sus intercambios económicos (hasta la Revolución Francesa). España, por su parte, experimenta un nuevo empuje militar y económico, pero su apoyo a los Estados Unidos facilita la propagación de las ideas independentistas en sus dominios ultramarinos.

Durante la revolución americana la trata se había interrumpido, pero se reanuda en gran escala en 1783. Pero ese mismo año, Maryland prohibió la importación a su territorio de esclavos para la venta. Al reanudarse el tráfico, hubo una larga serie de intentos legislativos para abolirlo, a menudo por iniciativa de los cuáqueros, en tanto que los comerciantes yanquis y los plantadores de Carolina se unieron para defender la trata de negros.

En los once años que siguieron a la guerra (1783-1793), los navíos de Liverpool vendieron un total de 303 mil setecientos treinta y siete esclavos en las Indias Occidentales (sin contar los que murieron a bordo). Son los años en que Inglaterra está gobernada por William Pitt el Joven (24 años) como primer ministro (salvo 1801-1804, y en que el Estado se hallaba debilitado por las deudas contraídas durante la guerra americana.

En Francia, la situación financiera se agravaba, y aumentaban las críticas al régimen; nobles, eclesiásticos y burgueses liberales forman el “partido patriótico”. Charles Alexandre de Colonne (1783-1787) reanuda el programa de Turgot, pero sus propuestas para eliminar el déficit son rechazadas por un “Consejo de notables” compuesto por nobles del partido cortesano. Su sucesor, Lomenie de Brienne, francés también, debido a la oposición del parlamento de París que, como condición para aprobar cualquier reforma fiscal, impone la convocatoria de los estados Generales (reunidos por última vez en 1614), donde los estamentos privilegiados son Mayoría.

En estos años, España concede, a través de R. O. s, permisos a particulares para la introducción de diversas cantidades de negros, en distintas zonas. Por ejemplo, la R. O. del 11-4-1783 otorgó a Dn. José de Gálvez permiso para que pueda introducir en los puertos del Río de la Plata mil negros de la costa de África… Para España, al finalizar la guerra, esto era volver al sistema anterior. Sin embargo, había quedado un ambiente propicio para la libertad completa de la trata, y se ampliaron las facilidades de importación fijando un precio máximo único para cada esclavo y reduciendo los derechos reales de importación en un 6 por ciento de este precio. Al concretarse la paz, también, cesó el permiso concedido a los buques neutrales. Los españoles que continuaron en el tráfico negrero obtuvieron nuevas facilidades, ya mencionadas. En Buenos Aires, Vértiz, al enterarse del tratado preliminar de paz, ordenó inmediatamente abrir registro de caudales para reavivar el comercio. Al mismo tiempo, se reinstala en Buenos Aires la Audiencia, máximo tribunal de justicia previsto para América, que eleva a Bs. As. a la máxima categoría como ciudad capital.

Las nuevas elecciones de 1784 le dieron a Pitt una gran Mayoría en la Cámara de los Comunes, al mismo tiempo que la oposición se debilitaba. Al mismo tiempo, con el “East Indian Bill” de ese año, el control de la compañía de las Indias Orientales pasó del parlamento al gobierno. Mientras esto ocurría en Inglaterra, en Francia, Necker afirma (“De la Administración de las Finanzas de Francia”) que la supresión de la trata es ideal, pero que la única forma de hacerlo sería de común acuerdo todas las naciones, ya que sino, las que mantuvieran la esclavitud quedarían en situación más ventajosa. Finalmente, reconoce que esto es imposible de lograr.

Por su parte, España concluye con los ingleses Baker & Dawson de Liverpool, en 1784, una contrata para introducir en la isla española de Trinidad y en la provincia de Caracas cuatro mil negros libres de derecho, que debían ser vendidos a un precio máximo de 150 pesos por cabeza. Además, en vista de los evidentes abusos del comercio clandestino fueron expedidas las Rs Os de 15 y 20 de Enero de 1784, que instruían acerca de la conducta que debía observarse con los buques extranjeros de guerra, la absoluta prohibición de admitir a los mercaderes y las precauciones que debían tomarse con lo que por Real permiso conducían negros. Seguían en España la esclarecida política colonial del conde de Flooridablanca, uno de cuyos resultados fue la RO del 4 de Noviembre de 1784, que formaba parte del plan general trazado para conciliar a los vasallos americanos. En ella los derechos sobre importación de esclavos fueron uniformados en un 6% y se mandó otorgar Mayores facilidades para su introducción.

Diversas RO de ese año (1784) se encargan de diferentes aspectos de la trata y del comercio. Así, la del 15 de Enero encarga que se cuide que las embarcaciones que lleven negros no hagan contrabando. Ya mencionamos la del 4 de Noviembre, que unifica en el 6% sobre cada negro introducido en las Indias. Otras Rs Os conceden permisos a particulares para la introducción de negros (por ejemplo, la del 10 de Noviembre). Al mismo tiempo, la del 1º de Mayo prohíbe, una vez más, comerciar con los no naturales. Para Buenos Aires, fue muy importante la del 25 de Septiembre, pues faculta al intendente de Buenos Aires para dar licencias o permisos particulares de introducción de negros: el virrey, junto con el intendente, podían conceder estas licencias. La unificación en el 6% de los derechos fue igualmente importante, y evidenció la toma de consciencia, en el ministro de Indias, José de Gálvez, de que el problema de la mano de obra en América era agudo, y de que el negro podía ser una solución, si se facilitaba su introducción. En cuanto al permiso dado al intendente por medio de la RO del 25 de Septiembre, se aclaraba que debía evitarse la introducción de géneros comerciables (mercancías). Cristóbal del Campo, marqués de Loreto, es el virrey del Río de la Plata entre 1784 y 1789. Ese año, 1784, se crea la intendencia de Puno, que pasa a depender del virreynato del Perú en 1796.

Otra limitación, dada por la RO del 25 de Septiembre, fue que los negros debían ser introducidos en navíos españoles. Esto hizo que Loreto impidiera la introducción, por ejemplo, de mil negros bozales, propiedad de Dn Tomás Antonio Romero; la conducta de Loreto fue aprobada por el rey, el 4 de Septiembre de 1786.

En 1785, Carlos III autoriza la creación de la Compañía de Filipinas, el intento más importante mercantilista del despotismo Ilustrado. Rs Os de ese año continúan dando permisos a particulares para introducir negros en Buenos Aires, ya sea procedentes de África o Brasil, además, en algunos casos, en naves portuguesas, permitiendo un retorno de cueros y frutos del país. Como consecuencia de la creación de la Compañía se suspendieron las facultades dadas a las autoridades locales para conceder licencias a particulares. Por ello, en Buenos Aires, el virrey suspendió permisos ya otorgados.

Nuevas técnicas fundamentales son creadas en el mundo. De 1785 data el telar mecánico de Arkwright…

En EE. UU. Había, como siempre, una ávida, a veces frenética demanda de esclavos en las colonias arroceras, y la importación total en Carolina del Sur (1733-1785) –sólo 45 años, ya que el tráfico fue suspendido durante la revolución- fue de 67.769 negros.

Sin embargo, Nueva Jersey prohibió la importación de esclavos en 1786, y por aquel tiempo Carolina del Norte impuso unos derechos prohibitivos sobre ella. Pero, aunque el proyecto primitivo de declaración de independencia incluía un párrafo condenatorio a la esclavitud (y a Jorge III; a Inglaterra como su promotora), fue posteriormente omitido, dice Jefferson, “para complacer a Carolina del Sur y Georgia, que nunca habían intentado restringir la importación de esclavos, y que, por el contrario, aún deseaban continuarla”.

Las Indias occidentales británicas importaron 2.130.000 esclavos entre 1680 y 1786. En este último año, los datos obtenidos de Liverpool indican que la ganancia de la trata continuaba siendo muy importante. Las ganancias obtenidas por Liverpool, en 1786, con 87 barcos navegando, ascendían a casi 300 mil libras.

Pero Inglaterra está en plena revolución industrial. Francia sufre, por estos años, una crisis industrial producida por la competencia de los productos ingleses, por lo que firma un tratado comercial con Inglaterra en 1786. Se suma a eso la carestía debida a las malas cosechas, lo que produce hambre y levantamientos populares.

En cuanto a España, como dijimos, la RO del 3 de Abril de 1786, dada en el Pardo, previene a las autoridades rioplatenses que se suspendía la facultad dispensada, hasta que la Real Compañía de Filipinas se hiciera cargo de la provisión de negros para ese virreynato. La RO del 29 de Julio de ese año aprueba la suspensión que el virrey había hecho de los permisos, y determina que las causas referentes al comercio tanto interior como exterior sean tratadas y determinadas en lo sucesivo por el Superintendente de Real Hacienda.

En la América española, si bien el Perú era la región que en esa época reclamaba más esclavos, también en la isla de Cuba, con la fundación de nuevos ingenios y cafetales, era grande la necesidad de mano de obra negra. Por eso, en 1786 se formalizó una nueva contrata con Baker y Dawson, más importante que la primera, ya que la empresa se comprometía a conducir a La Habana y a Caracas de 5 a 6 mil negros por año. Aparte de los comerciantes asentistas, hombres de destacada posición social obtuvieron también permisos especiales para importar brazos africanos a esas regiones.

1787 es un año importante para la abolición de la trata, pues en él, Clarkson, junto con Sharp, Wedgwood y otros entusiastas, reorganizó un comité cuáquero opositor a la trata, que ya había dejado de actuar. Así fue que la nueva, o renovada, sociedad se llamó Sociedad para la Abolición e la Trata de esclavos, cuyo sello era un africano encadenado, en ademán de súplica, con una rodilla en tierra y elevando ambas manos al cielo, y alrededor del sello el siguiente lema: “¿No soy acaso hombre y hermano?” Wedgwood, que era fabricante de porcelana, copió el sello en porcelana y sacó copias a millares. La causa de la asociación era noble y filantrópica, pero se hallaba casi fuera del alcance de la política. No buscaba cambio alguno constitucional, ni promovía intereses, ni satisfacía preocupaciones, ni siquiera aspiraba a ensanchar el bienestar nacional. Sus clientes eran una raza despreciada, que habitaba lejanos climas –tipo inferior de la familia humana- hacia el cual las naturalezas de molde superior sentían más bien repugnancia que simpatías. La beneficencia y la caridad cristiana eran sus únicos incentivos. Por otra parte, el tráfico de esclavos contaba con el apoyo de algunas de las clases más poderosas de la nación –comerciantes, navieros y hacendados. Antes de poder proscribirla, era preciso vencer intereses inveterados, ilustrar la ignorancia, dominar las preocupaciones y la indiferencia, y convertir la opinión pública. Y a esta gran obra consagraron su vida Granville, Sharp, Wilberforce, Clarkson y otras nobles inteligencias. Nunca causa alguna fue apoyada con Mayor perseverancia y actividad. La organización de la sociedad abarcaba todas las clases y denominaciones religiosas. Se buscaba datos en toda clase de fuentes, para poner al descubierto la crueldad e iniquidad de la trata. El ejemplo y los argumentos eran materia inagotable Hombres llenos de sensibilidad y de corazón apelaban con profunda emoción a los sentimientos religiosos y a la benevolencia del pueblo. Si la extravagancia y el mal gusto excitaban a veces la burla, el elevado propósito, los sentimientos de justicia y la elocuencia de los caudillos de este movimiento se captaron el respeto y la admiración. Los opúsculos se abrieron paso en todos los hogares; el púlpito y la tribuna se hicieron eco de los agravios del negro; las peticiones se multiplicaron; los ministros y el Parlamento fueron compelidos a tomar informes y a obrar. Esa misión no podía desempeñarse brevemente. La causa no había de ganarse por súbito entusiasmo, y mucho menos por intimidación; pero la convicción tenía que operarse en el espíritu y en la consciencia de la nación. Y esto fue lo que se hizo. Pronto se consiguió que el parlamento intentase mitigar los peores males que se habían denunciado; y en poco más de veinte años la trata de esclavos quedó definitivamente condenada y prohibida. Una buena causa triunfó, no por la violencia ni la pasión, n por demostraciones de la fuerza popular, sino por la razón, la perseverancia y los mejores sentimientos de la humanidad.

1787 es también el año en que se hace la primera experiencia de liberación de esclavos. Partiendo de la idea simplista de que en África un negro estaba en su casa, se tuvo la idea de desembarcar a los esclavos liberados en Sierra leona. Pero las poblaciones locales acogieron muy mal a estos colonos de una nueva especie.

En los Estados Unidos, Carolina del Sur, centro del comercio de importación, donde los plantadores se habían endeudado fuertemente para comprar esclavos, había prohibido su importación por un período de cinco años que comenzaba en 1787. La prohibición sería renovada varias veces, pero era considerada como una simple medida de índole económica, que el estado era libre de rescindir en cualquier momento.

1787 es el año en que se sanciona, el 17 de Septiembre, la constitución de los Estados Unidos. Se establece, en la Convención de Filadelfia, el establecimiento de una República Federal Presidencial, cuyo texto constitucional, al que oponen reparos distintos Estados, no entra en vigor hasta 1789. La Convención promulga la constitución, la primera Ley fundamental escrita. Ya hemos hablado en otra parte de las intenciones de incluir en ella un párrafo contra la esclavitud… Mientras esto ocurre, se colonizan (desde 1787) los territorios del Noroeste y el Mississippi, de lo cual resultaron los estados de Kentucky (1792), Tennessee (1796), Ohio (1803), Louisiana (1812), Indiana (1816), Mississippi (1817), Illinois (1818) y Alabama (1819).

 Mientras tanto, en 1787 Carlos III le permite a la Compañía de Filipinas emprender el tráfico de esclavos por el Río de la Plata. Sin naves apropiadas para realizar viajes a los puntos de abastecimiento, las contratan en Inglaterra. Firman un contrato con la case Baker and Dawson, tradicionales negreros, al que ya nos referimos. Los capitales, los oficiales y la tripulación de las naves son ingleses, y éstas navegan bajo pabellón británico hasta ingresar a los mares españoles. Nombran representante en Bs. As. A Felipe de Sarratea, le encargan preparar en la ciudad los depósitos necesarios para las “cargazones”. En un primer momento trató de adquirir los antiguos depósitos de la South Sea Company, pero ante la imposibilidad de hacerlo construyó unos albergues en las riberas del riachuelo, en un sitio que debido a su destino recibe el nombre de Barracas. Así, el Río de la Plata, Chile y Perú podían ver abiertas nuevas posibilidades comerciales a través de la compañía de Filipinas. Los barcos ingleses podían regresar a Inglaterra cargados de cueros, astas de toro y lana adquiridos en el Plata. Martín de Sarratea era el apoderado en el Plata y en el Perú el conde de San Isidro. El depósito de negros se convirtió luego en almacén de mercaderías.

Al margen de los negocios de la Compañía de Filipinas, la corona otorga en 1787 un permiso a Tomás de Salas y Pavía, vecino de Puerto real, para comprar en la costa del Brasil 500 negros e introducirlos en las provincias del Plata para su venta. Debía utilizar una nave española, no cargar otros efectos comerciables a bordo fuera de los negros, y pagar como derechos de introducción nueve pesos por cabeza, sin diferencia de edad, sexo ni clase, en los términos prevenidos por la orden general del 4 de nov. de 1784. La autorización a la compañía de importar esclavos a Montevideo y puertos de Chile y Perú era por vía de ensayo, para ese año de 1787 y el siguiente.

Entre tanto, la compañía abolicionista, en Inglaterra, había comenzado la campaña contra el tráfico. En los primeros quince meses editó 26.526 informes y 51.432 libros y folletos, muchos de los cuales fueron leídos con verdadera avidez. Fueron tantas las peticiones para la abolición de la esclavitud sometidas al parlamento en 1788 que la corona nombró un comité del consejo privado para celebrar audiencias. El propio Parlamento dictó una ley limitando, en función del tonelaje, el número de esclavos que un barco podía transportar: en números redondos, eran cinco esclavos por cada tres toneladas.

De este modo, el público inglés conocía los abusos de la trata de negros y se inquietaba ante la elevada mortandad que producía entre los hombres de mar ingleses. Dos libros de protesta sobre la trata de esclavos fueron publicados en 1788: uno de Alexander Falconbridge, ex cirujano en diversos barcos de esclavos, y otro de John Newton, un capitán negrero que había ingresado en el ministerio. Entonces, el consejo privado, y posteriormente el parlamento, realizaron una serie de investigaciones sobre la trata de negros, que continuaron hasta 1791. Decenas de capitanes esclavistas, sus oficiales y cirujanos, comerciantes de Liverpool, plantadores de las Indias Occidentales, oficiales de la marina real, “factores” de Guinea y simples marineros fueron llamados a dar testimonio. Más tarde, el informe oficial de las investigaciones parlamentarias fue publicado en varios gruesos volúmenes de papel folio. Para Mayor conveniencia del público, el informe fue condensado en un airado “Resumen de las pruebas”, preparado por el conocido abolicionista Thomas Clarkson, y en un “Compendio”, mucho más largo y legista; sin embargo, es el informe en su totalidad lo que debe consultarse, pues constituye la más completa y vívida fuente de información sobre la esclavitud en su época más activa. El informe, llamado “Actas de las pruebas”, es muy importante a la hora de tratar el tema de la abolición. Aunque las investigaciones no llegaron a la inmediata abolición inglesa de la trata de esclavos, supusieron para ella un golpe que a la larga resultó fatal. Como vimos, ya antes de iniciar dichas investigaciones, el parlamento había aprobado una ley (1788) que limitaba el número de esclavos en base al tonelaje del barco, lo cual ya dijimos. Otra medida fue contratar, al menos, un marinero por cada diez esclavos que se pensara cargar en el futuro. Uno de los efectos producidos por las disposiciones fuel aumento del gasto del capital para una expedición, lo cual equivalía a confirmar a las Mayores empresas de Liverpool en su cuasi monopolio de la trata de esclavos de Inglaterra. Durante los últimos diez años de esclavitud legal, los navíos pequeños, que navegaban con escasa dotación sobrecargados de esclavos, procedían todos de los puertos norteamericanos, y la Mayoría de los armadores pequeños, atrevidos y codiciosos, eran en su Mayor parte yanquis.

Cuando, pues, en 1788 el capitán Parrey, de la armada real, fue enviado a tomar medidas de los barcos de esclavos que estaban entonces anclados en Liverpool para presentar ante la Cámara de los Comunes, descubrió las condiciones infrahumanas en que los negros eran transportados, acomodados en todos los espacios disponibles de la nave, y disponiendo de muy poco espacio.

A todo esto, Francia también desarrollaba su comercio esclavista ampliamente, si bien no en la proporción de los ingleses. En 1788 hay bancarrota nacional; el rey recurre de nuevo a Necker, que logra duplicar el número de representantes del Tercer Estado en los Estados Generales, convocados por el monarca, tras la campaña electoral, para el 5 de Mayo de 1789. La corriente de oposición a la monarquía absoluta va en aumento. En el panfleto “¿Qué es el Tercer Estado?”, el abate Emanuel Joseph Sieyes (1748-1836) exige la participación de los representantes del Tercer Estado en la dirección política del país. De esta manera, la revolución está próxima a estallar, y ese mismo año -1788- los franceses destinaron 98 buques para llevar 29.000 esclavos sólo a Santo Domingo.

Por su parte, en España el nuevo rey (Carlos IV) inicia una política parecida a la de su antecesor, manteniendo a Floridablanca como primer ministro. Sin embargo su reinado estará determinado por el estallido de la revolución Francesa y sus consecuencias; al no poder aislarse en una posición neutral, Carlos IV se verá obligado a escoger entre los imperativos estratégicos y las motivaciones ideológicas (entre Inglaterra y Francia). Este dilema caracterizará las vacilaciones de su reinado.

Ese año, 1788, en Australia, partiendo de Sidney (Botany Bay) comienza la colonización británica con penados y delincuentes (convicts).

En lo que hace al Río de la Plata, en 1788 son varios los buques que llegan a Montevideo cargados de esclavos, todos ellos correspondientes al permiso de la Compañía de Filipinas. Ese mismo año, en RO del 10-1-88, el rey concedió a Miguel Antonio de Muxica, vecino de la ciudad de Córdoba del Tucumán, permiso para comprar en la costa del Brasil o de Guinea 100 negros y 20 negras y conducirlos en embarcación española a Buenos Aires o Montevideo, pagando los derechos establecidos en la orden general del 4 de Nov. de

En el año 1789 da comienzo la Revolución Francesa. La debilidad del Antiguo Régimen se había acentuado, lo mismo que el proceso de descomposición del absolutismo. La corona estaba desprestigiada políticamente, en tanto que las tensiones entre los grupos sociales, ordenados en estamentos, había ido creciendo: nobleza, clero, burguesía, artesanado y campesinado, lo mismo que un embrionario proletariado industrial, tomaron parte activamente en los acontecimientos que comenzaron a suceder de aquí en más. El gasto público, engendrando déficits crónicos, había deteriorado la Hacienda. Los empréstitos a elevado interés, la exacción fiscal (de la que se exceptuaban las clases privilegiadas, nobleza y clero), sobre todo sobre el tercer estado, general un clima de tensión social, que en este año se torna incontenible.

Los Estados Generales convocados por el rey se reúnen en Versalles en la fecha prevista, el 5 de Mayo, y el 16 de Junio se convierte en Asamblea Nacional con potestad fiscal. El siguiente paso, luego de la expulsión de los diputados, es la búsqueda de establecer una Constitución. El 9 de Julio gran parte del clero y la nobleza se unen al tercer estado, constituyendo una Asamblea Constituyente. Está de por medio la destitución de Necker y la concentración de tropas en Versalles y París. Cinco días más tarde el pueblo de París asalta la Bastilla (prisión del estado) para hacerse con las armas de la fortaleza. El ejército es disuelto y Lafayette asume el mando de la recién creada Guardia Nacional, nombre de las milicias ciudadanas. La administración monárquica centralista es desestructurada con la creación de comunas… Hay levantamientos de campesinos y emigración aristocrática. Se propaga el Gran Miedo por el país, y mientras, la Asamblea, presionada por el pueblo, decide, el 4 de Agosto, la abolición del Régimen Feudal. El 26 de Agosto tiene lugar la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, inspirada en la Virginia Bill, que establece la libertad personal legalizada… En Octubre, las mujeres del pueblo obligan al rey a firmar los decretos de Agosto. La Corte y la Asamblea se trasladan a París; se nacionalizan, también, los bienes de la Iglesia, de la Corona y de los nobles emigrados, para atajar la crisis financiera. La inflación crece, y la venta de bienes hace posible la formación de una nueva clase de burgueses propietarios.

Dentro de la Asamblea Constituyente, los grupos (derecha, centro, izquierda y extrema izquierda) se disputan el poder…

En Inglaterra, en tanto, Wilberforce, después de un admirable discurso, presentó una serie de resoluciones como base para una moción futura a favor de la abolición de la trata de negros. Las resoluciones dieron lugar a las famosas intervenciones parlamentarias de 1790 y 1791, que examinaron todos los aspectos de la compra, transporte, venta y trato que se daba a los esclavos negros. La abolición se convirtió en una causa popular. En las reuniones de sociedad las señoras rehusaban servirse azúcar de las Indias Occidentales y recitaban baladas antiesclavistas, incluso el “Negro´s Complaint” de Cowper. El sello de porcelana de Wedgwood, de la sociedad abolicionista, aparecía en tabaqueras, brazaletes y peines. Muchos tenderos no compraban ron ni azúcar, y Clarkson se jactaba de haber disminuido las ventas de azúcar en doscientas mil libras esterlinas.

Contemporáneamente, la fuerza motriz era aplicada a las máquinas fAbriles; otra revolución había comenzado, pero en Inglaterra: la de la mecanización. Las condiciones estaba n dadas allí para una revolución industrial (intenso tráfico costero, potente flota y comercio rentable, abundancia de capital).

Con respecto a la abolición de la trata, el estado de efervescencia que reinaba en Gran Bretaña se había extendido también a Francia, donde un grupo de filósofos y aristócratas liberales fundaron la Sociedad de Amigos del Negro. Clarkson salió para París en 1789, esperando persuadir a la Asamblea Nacional para que se uniera al gobierno británico en la abolición del tráfico. Iniciada con grandes esperanzas, su visita acabó con la primera contrariedad seria sufrida por la causa. Aunque obtuvo el Aporo de Lafayette y Mirabeau, Clarkson fue denunciado como espía inglés que buscaba la bancarrota de las posesiones coloniales francesas. Circuló el rumor de que estaba planeando incitar a los esclavos negros de las colonias a matar a sus amos. Un mulato de Santo Domingo llamado Vincent Ogé estaba en París por entonces, y pedía que en un plazo de quince años se liberase a todos los esclavos, ya que sino, amenazaba con promover un levantamiento general. Clarkson le rogó que moderase sus demandas, pero Ogé se negó, con palabras desafiantes. Y eran éstas las que enfurecían a los franceses. Al presentar Mirabeau un proyecto de ley para abolir la trata de esclavos, la Asamblea Nacional rehusó aprobarlo, a menos que el parlamento británico la aboliese antes. Como un número no pequeño de miembros del parlamento había ya indicado que no votaría por la supresión de la trata de negros mientras no lo hiciesen los franceses, Clarkson se encontró en un callejón sin salida.

Durante su estada en París, el 23 de Agosto de 1789 se reúne por primera vez la Sociedad de los Amigos del Negro, presidida por el marqués de Condorcet. Se recibe al célebre Clarkson, autor de las mejores obras a favor de la abolición de la trata de negros… El objeto de la sociedad no era destruir de golpe la esclavitud, ya que eso arruinaría a las colonias. Se quería abolir la trata, para que ello redundara en un mejor trato de los negros de las plantaciones. Los negros -se estimaba- no estaban aún preparados para la libertad, sino que había que educarlos; esa era la doctrina de la sociedad. Clarkson había ido a comentar los lazos que unían a la Sociedad de Londres con la de París.

A su vuelta a Inglaterra, Clarkson fue acusado de jacobino, el equivalente en el siglo 18 a ser llamado hoy comunista. Al atacar el tráfico de esclavos, decían sus enemigos, apoyaba las demandas de las clases bajas contra los señores y así defendía la doctrina francesa de los derechos del hombre. También lo acusaron de espía al servicio de los franceses.

En 1789, en España, las Cortes abrogan el Auto Acordado (Ley Sálica) promulgado por Felipe V y restablecen la ley de Partida, que hace posible la sucesión femenina al trono. La no publicación de esta decisión será una de las causas de la guerra civil, a la muerte de Fernando VII.

En la segunda mitad del siglo 18, la política española fue liberal. Pero la total libertad del comercio negrero no e consiguió hasta 1789, fecha hasta la cual subsistieron como tendencias antagónicas, la libertad paulatina del comercio y los asientos más o menos exclusivos, por lo menos con respecto a algunas provincias de Indias. Pero, como queda dicho, el cambio tuvo lugar en 1789, al expedir el monarca una RC verdaderamente revolucionaria, que abrió las posesiones del Caribe al libre comercio de negros tanto para los españoles como para los extranjeros. En este año, termina un período que había comenzado en 1595, en que el comercio negrero se manejó a través de asientos. La RC mencionada fue la de 28 de Febrero, por la que Carlos IV, con el objeto de fomentar la agricultura de algunas provincias del caribe (Caracas e Islas de Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico), decreta la libertad del comercio de negros para españoles y extranjeros. La nueva política económica sacrificaba las tradicionales entradas directas del comercio esclavista a su interés de obtener abundancia de mano de obra barata y capacitar así a sus colonias tropicales a competir con las extranjeras, sobre todo en la producción de azúcar.

Al mismo tiempo, otra RC de ese año afectó profundamente este comercio. Debido al aumento del número de esclavos se presentó la necesidad de reglamentar su situación dentro de la sociedad colonial. De ahí que se promulgara la RC fechada en Aranjuez el 31 de Mayo de 1789, “sobre la educación, trato y ocupaciones de los esclavos en todos los dominios de Indias”… La legislación, los usos y la tradición españoles se transfirieron a América y llegaron a gobernar la posición del esclavo negro. Se desarrolló un vasto cuerpo de nueva legislación relativa al trato que debía dispensarse a los indios en América, mientras que la posición del negro quedó enunciada por cédulas aisladas referentes a problemas especiales. Sólo en este año, pues, se promulgó un código formal relativo al esclavo negro. Pero este nuevo código, como lo reconoce el mismo preámbulo, no es más que un sumario de la legislación antigua y tradicional… Este cuerpo de leyes, que contiene la tradición legal del pueblo español y está influido por la doctrina católica de la igualdad de todos los hombres ante Dios, presentaba un sesgo favorable a la libertad y abrió las puertas de la manumisión cuando la esclavitud se transfirió al Nuevo Mundo. Pues bien, este Code Noir de la monarquía española fue la RC del 31-5-89…

En algunos lugares de América causó gran sensación la publicación del Código Negrero, especialmente en Caracas, La Habana, Luisiana, Santo Domingo y en la ciudad de Tocaima, en el Nuevo Reino de Granada, por lo que las autoridades gubernativas se vieron obligadas a pedir su derogación o la modificación de parte del mismo. En Buenos Aires, el virrey (Nicolás de Arredondo, 1789-1795) y la Audiencia, se concretaron simplemente a acusar recibo del mismo, prometiendo hacerlo cumplir en sus respectivos distritos… Las autoridades de Caracas y la Habana fueron las que más oposición hicieron al Código Negrero, basándose en las quejas formuladas por los amos y personas que a su cargo tenían negros esclavos, con diversos argumentos.

En Buenos Aires, la RC del 31 de Mayo se puso en vigencia durante el gobierno de Arredondo, que también concede importantes licencias para la importación de negros. Este comercio tomó nuevo incremento en la época a la que nos referimos, pues Arredondo era un propulsor del tráfico.

Por RO del 15 de Agosto el Código Negrero fue circulando alas distintas autoridades de América, para que se cumpliera en sus disposiciones. Días antes, el 6 de Agosto, se remitió a los distintos ministros del Consejo de Indias un buen número de ejemplares impresos del Código.

La RC de 1789, aunque reconociendo la institución de la esclavitud, recogió normas que, claramente, tendían a la humanización del trato de los esclavos y a su progreso espiritual desde el punto de vista de la moral cristiana. Significó, pues, el tránsito hacia un régimen jurídico que colocaba al esclavo muy cerca del hombre libre, particularmente en materia penal, recortando abusivos poderes de los dueños, inaceptables ya en las postrimerías del siglo XVIII. El cuerpo de la RC se compone del preámbulo usual o exposición de motivos, al que siguen catorce capítulos que abarcan la educación, alimentos y vestuario, ocupación, diversiones, habitaciones y enfermerías, cuidado de los enfermos y viejos, matrimonio de esclavos, sus obligaciones y penas correccionales, imposición de penas Mayores, defectos o excesos de los dueños o Mayordomos, injurias infligidas a los esclavos por los mismos, modo de averiguar estos excesos, caja de multas. Como se advierte, la RC es todo un código, aunque de carácter provisorio, que pretendió regular la situación íntegra de los esclavos en las colonias. Constituye un estatuto jurídico que la corona dictó para regular la conducta de los particulares, dueños de esclavos, la de estos y la de las autoridades mismas, consagrando una vez más el poder intervencionista del Estado en la propiedad privada. El preámbulo establece claramente cuáles fueron los fines perseguidos por el legislador al dictar el estatuto: no obstante lo mandado, se han introducido abusos que se deben remediar, teniendo en consideración que con la libertad de comercio concedida por la RC del 28 de Febrero del mismo año de 1789, se aumentará considerablemente el número de esclavos, y mereciendo “esta clase de individuos del género humano” la debida atención de la corona. No sabemos a ciencia cierta si estos principios humanitarios se cumplieron en la práctica o si quedaron en el papel, como tantas otras leyes que se obedecieron, pero no se cumplieron, aprovechándose de los muchos miles de millas que separaban a España de las Indias. En Buenos Aires, el virrey y la Audiencia se concretaron simplemente a acusar recibo de la RC, cuya publicación causó gran sensación, como dijimos, en algunos lugares de América. Este código, cuya redacción se debió a Antonio Porlier, se mantuvo en vigor, pese a su carácter transitorio, hasta el final de la época colonial, pues “El código penal general que se está formando para los dominios de Indias”, según la citada RC, nunca apareció.

Otra RC importante del año 1789 es la del 14 de Abril, que establecía que “no se restituyan los negros fugitivos de las colonias extranjeras que por los medios que se expresan adquiriesen su libertad acogiéndose a los dominios de España en Indias”.

En síntesis, la amplia libertad acordada por Carlos IV en este año para realizar el tráfico negrero, extendida dos años más tarde al Río de la Plata, es la respuesta a las tentativas abolicionistas inglesas y al temor de perder las fuentes de abastecimientos en la costa de África. De acuerdo con lo resuelto. Con todo, a pesar de esta libertad de comercio, y a la sombra del comercio legal, prosigue el contrabando de negros con la misma intensidad de siempre. La libertad de la trata es la consecuencia de varios factores: la era de reformas económicas se había iniciado con Carlos III, y continuado con su sucesor; era lógico que alcanzasen al tráfico negrero y sus derivados. El fisiocratismo de la época, unido a un adelanto técnico en la cultura del café, cacao, algodón y caña de azúcar; la mano de obra servil indispensable; las urgencias internacionales que exigían una marina fuerte y numerosa, y un descenso alarmante de las ideas morales, fueron otros tantos motivos que condujeron a la implantación de la libertad de la trata. Por otra parte, el final turbulento del siglo XVIII, y comienzos del XIX, actualizaron muchos problemas que, una vez resueltos, constituiría el fundamento del derecho internacional marítimo. Asegurada la navegación de los neutrales, la función comercial del virreynato del Río de la Plata, con respecto a las colonias extranjeras del mercado africano y asiático, adquiriría un desarrollo que nunca más tarde conociera; contribuyendo a esto la solución de los pleitos con Portugal que, a trueque de concesiones en América, cedía –nominalmente- Fernando Pó y Annobon.

En EE. UU., en 1789 entra en vigor la Constitución, a la cual se incorporan 22 artículos adicionales (Amendments, enmiendas). Entre 1789 y 1797 gobierna George Washington. Alexander Hamilton, secretario del Tesoro, elabora un programa nacional para el desarrollo de la industria, el comercio y las finanzas que fortalece al joven estado y pone las bases del capitalismo americano.

Con respecto a la trata de esclavos, los norteamericanos habían demostrado ser menos vacilantes en aprobarlas, pero también en infringirlas. Cuando se ratificó la Constitución, la importación de esclavos era legal en Georgia y técnicamente legal en Carolina del Norte, aunque a costar de pagar un impuesto prohibitivo. Por doquier se violaban las leyes de los Estados. Muchos de ellos, incluyendo los de Rhode Island, Massachusetts y Connecticut, que poseían la Mayor parte de los navíos dedicados a la trata de negros, habían prohibido a sus ciudadanos dedicarse a este tráfico. Sin embargo, se había reanudado ilegalmente y comenzaba nuevamente a florecer. En 1789 un armador de Bristol, Inglaterra, aseguraba en una petición al gobierno que “desde que se impusieron restricciones al tráfico de África por la legislación británica, no menos de cuarenta barcos habían sido equipados para este fin en los estados de Nueva Inglaterra”. “Tan difícil como conseguir que un etíope cambiara el color de su piel –decía William Ellery-, sería hacer que un comerciante de Newport abandonase un negocio tan lucrativo como el de los esclavos”. A la sazón, el tráfico de Rhode Island se había trasladado de Newport a Bristol, pero pronto sería más extenso que nunca.

 

II.- Fines del siglo XVIII (1790-1800).

 

El mundo seguía pendiente de lo que ocurría en Francia, donde en 1790, el 2 de Julio, se establece la Constitución civil del clero: sus miembros pasan a ser funcionarios del Estado; se suprimen los conventos y las órdenes religiosas, y se estipula la elegibilidad de los obispos y los sacerdotes. Gran parte del clero se niega a prestar juramento de fidelidad a la Constitución, lo que genera un enfrentamiento Iglesia-Estado. Pío VI condena la Constitución y la Declaración de los Recechos del Hombre.

Al otro lado del canal de la Mancha, en Inglaterra, hay una polémica acerca de la Revolución Francesa. Thomas Paine (1737-1809), que representa una posición radical democrática (soberanía popular, abolición de la monarquía) frente a la oligarquía, escribe “Rights of Man” (Los Derechos del Hombre, 1790-1792) y se refugia en Francia (donde es elegido miembro de la Convención). Polemiza con él Edmund Burke (1729-1797), cuyo libro “Reflexions on the Revolution in France” (1790) influirá en el pensamiento político del conservadurismo europeo del siglo XIX.

También en Inglaterra, desde 1790 se establecen fábricas de hilados con escaso capital y grandes beneficios.

En lo que hace a la trata de negros, no existe pintura más vívida de ella que las historias que muchos simples marineros contaron cuando fueron llamados a testificar ante el parlamento, en 1790 y 1791; era como si se hubiese abierto una puerta al infierno. Los testimonios demostraron que los marineros de los barcos esclavistas eran tratados tan mal como los miserables negros de las bodegas. Algunos de ellos incluso peor. Los marineros blancos eran considerados “meros nombres inscriptos en el libro Mayor”. Eran de menor valor que los esclavos, y, en consecuencia, se les daba menos comida y más azotes. Durante los debates parlamentarios de 1790 y 1791 quedó demostrado que, durante el curso de la travesía a Guinea, era más alta la mortalidad entre los marineros blancos que entre los esclavos hacinados en las calas.

Mientras la opinión pública inglesa se conmovía con estas intimidades de la trata, desconocidas –intencionalmente o no- hasta entonces, la corte londinense discutía el exclusivismo de España en el Pacífico, y lograba, mediante el Tratado de San Lorenzo firmado el 28 de Octubre de 1790, que el monarca español renunciase a sus pretensiones de hegemonía. En Gran Bretaña imperaba la impresión de que los habitantes de las colonias españolas no tenían los mismos intereses que su gobierno. Esta idea databa de los días de Hawkin, y no carecía de cierta razón. Sin embargo, sólo después de la Revolución de Norte América esta idea llegó a tomarse en serio como una base de la política británica. Durante la tensión anglo-española de 1790 a causa de los derechos de cada nación a la costa del Pacífico noroccidental de Norte América, se hizo notar a Pitt que las colonias españolas eran “una mina ya cargada” y preparada para una explosión, a la cual no tenía sino que aplicar una cerilla en la forma de armas para los revolucionarios. Pitt se entrevistó co Francisco Miranda, el oficial español renegado y predicador de la Revolución, en Febrero de 1790 e incluyó su nombre en el presupuesto británico, hasta que se resolvió la crisis de Nootka Sound. A partir de esta época los principales políticos británicos, periódicamente consideraron planes para promover la revolución en los dominios españoles de ultramar; pero se derramó mucha sangre, se gastaron muchos tesoros y se cometieron muchas locuras antes de que se adoptara la clara y sencilla línea política de Castlereagh y Canning y se pasara de la política imperialista del siglo XVIII a la política de apoyo liberal para fomentar cambios revolucionarios.

Paralelamente, en Estados Unidos había una evolución interior que elevaba la población de 3,9 millones en 1790, en 1810, a 7,2 millones. En cuanto a la importación norteamericana de esclavos, exclusión hecha del transporte, se vio afectada a partir de 1790 por dos fuerzas contrarias que influían en la opinión pública de los estados del sur: el temor a la insurrección negra y la esperanza de obtener beneficios de la esclavitud.

En gran parte, como resultado de este temor, incluso Georgia prohibió la importación de negros extranjeros en 1798. El censo de 1790 revelaba una población esclava de seiscientos noventa y siete mil ochocientos noventa y siete personas, casi todas al sur de la línea Mason Dixon.

Aunque los estados del Norte no fueron siempre decididamente abolicionistas, sí es cierto, en cambio, que en 1790 la Cámara había proclamado que el régimen de la esclavitud en los distintos estados de la Unión era un asunto que no concernía al gobierno federal. Pero algunos impacientes de buena fe promovieron un saludable movimiento a favor de los negros: devolverlos libertados al continente. El resultado fue la fundación de Liberia.

Mientras en España, en 1790, Floridablanca emprende una campaña represiva contra la propaganda revolucionaria francesa, con prohibición de la “Enciclopedia” y de cursar estudios en el extranjero sin especial permiso, las importaciones americanas de esclavos continuaban siendo importantes. Cuba importaría, entre 1790 y 1820, 225.574 negros.

Las repercusiones de la Revolución Francesa constituyeron una limitación para el comercio negrero español, debido a las consiguientes guerras que asolaron Europa. El gobierno de Madrid estaba temeroso de que las ideas igualitarias de los negros rebeldes de las posesiones francesas contaminaran a Hispanoamérica, por lo que excluyó, por RO del 31 de Mayo de 1790, todos los esclavos de origen francés, si bien esta disposición sería derogada por la RO del 9 de Junio de 1792.

La RC del 19 de Julio de 1790 prohíbe, nuevamente, comerciar a los no naturales. Pero esto no incluía el comercio negrero, que continuaba reglamentándose por Reales Órdenes, por ejemplo las del 26-1-90 y del 18-9-90, la última estableciendo que el derecho del 6% de extracción de dinero, o frutos para la compra de negros o producido de su venta, se extienda también respecto de los extranjeros. Al mismo tiempo, la RO del 14-11-90 concedía a Tomás Antonio Romero la introducción de negros bozales en las provincias del Perú y Chile con la condición de que habría de ser en embarcaciones españolas la introducción.

En el virreynato del Río de la Plata, en 1790 la decadencia de la ganadería parece inevitable: por las matanzas indiscriminadas, pese a la enorme riqueza ganadera del litoral, las reservas son afectadas seriamente. En los años en que Arredondo rigió los destinos del Plata, los acontecimientos se precipitaron en Europa, por lo que las autoridades metropolitanas le autorizaron a gastar lo que considerase necesario para la defensa y seguridad de las provincias. Pronto se justificó esa previsión, pues el virreynato debió mantenerse siempre en guardia, receloso de que en cualquier momento se produjera una invasión de los lusitanos o ingleses y temerosos también de la penetración honda y sutil de las ideas liberales que corrían por el mundo a partir de la toma de la Bastilla. Refleja el estado de la época una RO del 31 de Mayo de 1790, por la que se advertía al virrey que “con el fin de evitar que se difundan en estos dominios las perniciosas ideas que ha procurado esparcir algunos individuos de la Asamblea Nacional de Francia”, dedicara “el más vigilante celo para que no se introduzcan en este Distrito negros comprados, o prófugos de las colonias francesas, ni otra persona de casta, que pueda influir máximas contrarias a la debida subordinación y vasallaje…” Si bien, como vimos, esta RO se anuló dos años más tarde.

En Abril del año siguiente, 1791, se presentó finalmente en la Cámara de los Comunes una moción dirigida a prohibir la importación de esclavos en las indias occidentales británicas. Wilberforce estuvo muy brillante en el debate que siguió, pero las clases directivas, molestas por la Revolución Francesa, se habían hecho más reacias a las reformas. Ogé había regresado a santo Domingo, donde (como anticipamos) se había levantado en armas con un puñado de seguidores y, cuando se rindió, fue sometido al tormento de la rueda, donde murió. Habían habido revueltas de esclavos en Martinica y en la isla británica de Dominica. Tras una prolongada investigación sobre la trata, la moción fue derrotada con el resultado desalentador de ciento sesenta y tres votos en contra y ochenta a favor.

En Agosto de 1791 se produce la declaración austro-prusiana de Pilnitz: es un llamamiento a la Unión de los monarcas europeos para “restablecer el orden en Francia”. Por su parte, Canadá es dividido ese año en Bajo Canadá (francés, Quebec) y Alto Canadá (inglés, Ontario).

Pero la atención del mundo seguía puesta en Francia, donde, en Junio, la familia real intenta huir; siendo reconocida en Verennes, es conducida de nuevo a París. En Julio (17), una concentración popular en París pide el destronamiento de Luis XVI. El ayuntamiento, controlado por Lafayette, establece la ley marcial, y las tropas disparan contra los peticionarios (matanza del Campo de Marte). El 3 de Septiembre de ese año se proclama la nueva Constitución: monarquía parlamentaria con poder ejecutivo débil y Asamblea indisoluble electiva; el rey, que nombra a los ministros, dispone el veto suspensivo por dos legislaturas… La justicia es reformada y se produce la abolición total de la tortura. La Constitución –modelo para todo el proceso constitucional burgués del siglo XIX- es la expresión política de la nueva clase burguesa adueñada de los resortes del Estado, y tanto su armadura política (ciudadanos activos y pasivos, según sean sus propietarios) como económico-social (prohibición de huelgas y asociaciones obreras – ley Le Chapelier, 14 de Junio de 1791; libertad de comercio del grano, proteccionismo aduanero, etc.) decepciona a las masas (huelgas de París, 1791).

Por su parte, la Asamblea Legislativa (1791-1792) estaba dividida entre los diputados de derecha, centro e izquierda (264, 345 y 136, respectivamente). Los de la derecha eran los feuillants y girondinos, portavoces republicanos de la gran burguesía. Los de la derecha, diputados independientes, carecían de un programa político definido. En la izquierda se alineaban los diputados inscriptos en el club de los jacobinos o en el de los cordeliers. Tenían escasa influencia en la Asamblea, que estaba manipulada por los girondinos. Pero, en cambio, su influencia en las masas populares era grande, y de ellas recibían constante apoyo. Mientras los jacobinos tenían detrás a la gran masa de la pequeña burguesía, los cordeliers contaban con el apoyo del pueblo llano, a través de las secciones parisienses. Por medio de sus periódicos “L´Ami du Peuple” y “Le Pére Duchesne”, Marat y Hebert se convirtieron en sus portavoces.

Del otro lado de la frontera, en España, pese a las medidas adoptadas se difunden clandestinamente ejemplares de la Constitución francesa. Una Real Resolución del 24 de Febrero de 1791, prohíbe la publicación de todos los periódicos, con excepción del “Diario de Madrid, de pérdidas y hallazgos”… Acusado de fraude, Cabarrus, director del Banco de San Carlos, es condenado a prisión y el Banco queda sometido a control gubernamental.

A fines de 1791 se autorizó el comercio negrero mediante barcos no españoles en gran número de puertos, por RC del 24 de Nov. Se podía comerciar con los virreynatos de Santa Fe, Buenos Aires, Capitanía General de Caracas, e islas de Santo Domingo, Cuba y Puerto Rico. Esta gracia se extendería en 1795 al Callao y Paita, y en 1894 a Panamá, Guayaquil y Valparaíso. Al mismo tiempo, se fueron simplificando los trámites y formalidades que debía llenar la navegación e internación de la mercadería negra, y se hicieron nuevas concesiones para estimular el tráfico… El permiso de la RC del 24 de Nov., de libre comercio de negros a españoles y extranjeros, se extiende por un período de seis años. El permiso contemplaba también la posibilidad de embarcar de regreso dinero y frutos. Este procedimiento ya había sido puesto en práctica durante la guerra colonial norteamericana. A partir de este permiso, se inicia un 4º período en el comercio negrero americano: es un período de penetración creciente de negros, y llega hasta 1812. De modo que al finalizar la compañía inglesa sus operaciones, el comercio negrero de estas regiones no sufrió paralización alguna, sino que se acrecentó y adquirió pujanza muy grande en el último decenio del siglo XVIII y a principios del XIX; esto es cierto principalmente para el Río de la Plata, donde la extraordinaria importancia que revistió la trata de negros residió en el impulso que dio al comercio en general de la colonia, pues en realidad involucró todo el comercio rioplatense, dando salida lícita o ilícita a sus producciones y educando a sus habitantes en la práctica mercantil, base de la futura grandeza de las naciones del Plata. Al permitir la intervención de extranjeros, se quebraba la antigua ley que prohibía su acceso en puertos coloniales. Ese mismo año, era totalmente disuelta la Casa de Contratación.

Al tiempo que esto ocurría, se seguían otorgando licencias a particulares. La RO del 20 de Marzo de 1791 permite al conde de Liniers la introducción de 2.000 negros desde África e islas adyacentes al Río de la Plata. Similares son los motivos de las RR. OO. del 7-6-91, 6-8-91, etc. En cuanto a las facilidades obtenidas por el comercio, podemos mencionar la RO del 8-3-91, que ampliaba a 500 toneladas el tamaño de los buques en que se les permitía a los extranjeros la importación de esclavos, a fin de facilitar su introducción, con miras al fomento agrícola.

Todo este conjunto de disposiciones trajo favorables consecuencias para la agricultura de las colonias, que así logró un suministro más o menos regular de mano de obra, no sujeto a los fracasos de los antiguos asientos y más independiente de las vicisitudes de la guerra. Además, lo que era muy importante, los productos americanos encontraron una nueva vía para salir directamente a mercados extranjeros (como veremos ya con respecto al Río de la Plata); esta es la nueva relajación que sufre el comercio peninsular. En los primeros tres años en que funcionó el nuevo sistema pudieron ya apreciarse sus ventajas, como recuerda el virrey de Bs. As. Don Nicolás de Arredondo en la memoria de su gobierno; habían entrado por Montevideo 2689 negros, 425 traídos desde África por el conocido comerciante de Bs. S., don Tomás Antonio Romero, y el resto conducido desde Brasil por cuenta de súbditos portugueses y españoles. Según el virrey, aquella cantidad (1384 por año) era suficiente, pues el Río de la Plata y Chile no necesitaban más de 500 anuales y otros tantos el virreynato del Perú, que se surtía sobre todo por Buenos Aires. En años posteriores el comercio se intensificó, sujeto únicamente a vicisitudes circunstanciales.

Contemporáneamente, en Estados Unidos, el temor que suscitó la revuelta de esclavos en la parte occidental de la isla de Santo Domingo (o Haití) renació en 1791, después de la derrota del levantamiento desesperado de Vincent Ogé, y continuó hasta el asesinato en masa de los blancos por Desalines en 1804. Los plantadores del sur sentían que sus propias vidas estaban en peligro. Imperaba la idea de que no había que admitir en el país a negros de Haití, y otras islas de Indias Occidentales, quizá influidos por el ejemplo haitiano. Todos los estados del sur de Maryland estaban atemorizados por la posibilidad de que la población negra superara a la blanca.

La situación europea empeoraba. En Abril de 1792, Francia declaraba a guerra a Austria, como reacción a las amenazas de invasión y a la alianza austro-prusiana (Febrero). La nueva República francesa proyectaba barrer de Europa el absolutismo y el feudalismo, y reivindicaba, como fronteras naturales, los Alpes y el Rhin. En Julio de ese año, las tropas austroprusianas invaden el territorio francés, tomando las fortalezas de Longwy y Verdún. Su penetración en territorio galo, amenazando incluso París, y el manifiesto de su comandante en jefe, Brunswick, avivaron el sentimiento patriótico de los franceses. El 29 de Septiembre, los franceses obtuvieron la victoria de Valmy, que cambió el curso de la guerra: el ejército prusiano tuvo que retirarse, el general Dumouriez venció en Jemmapes e invadió Bélgica, y Saboya quedó anexada. Ese año 1792 comenzó la primera guerra de coalición, que se extendería hasta 1797: aprovechando el desconcierto que siguió a la ocupación francesa de Malta y tras la victoria británica de Abukir, Pitt el joven consiguió la alianza con Austria, con el gran maestre de la Orden de Malta y con el zar Pablo I (1796-1801), cuya alianza con los turcos le permitía disponer de sus puertos y estrechos. España intervino en 1793, y abandonó la alianza en 1796.

En Francia, el 24 de Marzo de 1792 son acordados por la Asamblea Legislativa los derechos civiles y políticos a las poblaciones negras (emancipadas) de las islas. En Abril, como vimos, la declaración de guerra a Austria sirvió para desviar la atención de los conflictos internos y sofocar la agitación de los emigrados, apoyados por Prusia y Austria. En Junio, se forma un campamento de guardias nacionales para defender París (20.000 hombres), a quienes Brunswick amenaza de muerte en su manifiesto. El 10 de Agosto ocurre el episodio del asalto a las Tullerías; es la formación de la comuna popular e insurreccional de París. La Asamblea destituye al rey y convoca una Convención Nacional elegida por sufragio universal. En Septiembre, hay ejecuciones de aristócratas, clérigos refractarios, presos comunes; hay, también, emigración de nobles. La monarquía es abolida y proclamada la República, a la vez que es implantado un nuevo calendario. Las tensiones ideológicas entre los diputados de la convención (montañeses o jacobinos, girondinos –más conservadores- y llanura –fluctuantes entre los anteriores-) van en aumento.

Mientras tanto, al otro lado del canal de la Mancha continuaba la lucha de Wilberforce y sus adláteres en pro de la abolición de la esclavitud. Cuando Wilberforce presentó por segunda vez, en 1792, en el Parlamento la moción correspondiente, fue apoyada por 312 peticiones de Inglaterra, 187 de escocia y 20 de Gales. Pero a partir de ese año, la vida política en Gran Bretaña entró en un período de conservadurismo extremo. La Francia revolucionaria era entonces su principal enemigo, pero también tenían que enfrentarse los soldados británicos a los esclavos insurrectos de Santo Domingo, donde 40.000 soldados murieron en cuatro años, la Mayor parte de fiebre. El solicitar derechos para los negros era considerado como una traición. Wilberforce no vaciló; continuó presentando sus mociones contra el tráfico de esclavos en cada nueva sesión de los Comunes, pero cada vez salían derrotadas. La Sociedad para la Abolición conseguía poco dinero para continuar su trabajo. Sin embargo, habían conseguido plasmar en la opinión pública una imagen perdurable de la trata de negros y en un momento en que los plantadores de las Indias occidentales iban perdiendo su influencia en el Parlamento, su labor se enfrentaba con una oposición cada vez menos violenta. Por lo que atañe a los comerciantes de Liverpool, éstos habían comenzado a interesarse más en los beneficios que podían obtener con los transportes marítimos relacionados con la guerra y con el corso, que en el tráfico de Guinea.

Como queda expuesto, la revuelta de Santo Domingo hacía que las fuerzas esclavistas se encontraran sobreexitadas, en especial por el asesinato de los plantadores que había tenido lugar en la isla. Wilberforce fue retado a varios duelos, y bandas de matones intentaron asesinarlo, por lo que se vio obligado a contratar guardaespaldas. Se hizo correr el rumor de que tenía una concubina negra. Los plantadores de las Indias occidentales iniciaron una campaña para reunir diez mil libras, a fin de oponerse en el parlamento al proyecto de ley antiesclavista. A toda prisa se enviaron a Londres testigos de las Indias occidentales dispuestos a jurar que la trata de negros era una institución benéfica, dedicada únicamente a civilizar a los primitivos africanos. La Sociedad para la Abolición había perdido la Mayor parte de sus ricos protectores, pero ganaba nuevos adeptos entre los trabajadores de la industria del norte y entre los no-conformistas, movidos por el ejemplo de John Wesley.

Cierto es que la Cámara de los Comunes adoptó primero una enmienda que aplazaba la abolición de la trata de negros, pero luego aprobó el proyecto de ley, aunque mutilado. Pasó éste a continuación a la Cámara de los Lores, donde quedó enterrado. Así, tras cinco años de actividad desesperada de la Sociedad para la Abolición, el único resultado tangible había sido la ley que limitaba el número de esclavos que los navíos podían transportar, aprobada en la primera sesión del Parlamento que debatió sobre el tema.

Entretanto, mientras el país desarrollaba la guerra exterior, en el interior no dejaba de haber desórdenes. Los irlandeses, que estaban duramente oprimidos, se sublevaron, luchando para obtener la libertad religiosa y comercial y para romper su dependencia del Parlamento inglés, que les había sido impuesta en 1720. Durante los conflictos exteriores, Enrique Grattan, protegido por 60.000 voluntarios, obtuvo la libertad del Parlamento irlandés frente al inglés en materia legislativa. Sin embargo, los católicos continuaron excluidos del parlamento, a pesar de ser una Mayoría abrumadora en el país, y hasta 1792 no obtuvieron el sufragio activo. Peor era aún su situación en Inglaterra y escocia. La anulación de las leyes penales más duras dirigidas contra ellos encendió de nuevo el odio de los fanáticos en Escocia y se extendió también en Inglaterra. El jefe del populacho era Jorge Gordon, que aspiraba a dominar el Parlamento y delataba a aquellos de sus miembros que se mostraban favorables a los católicos. No había nada seguro ante los saqueos del populacho, que durante ocho días dejaron aterrorizada a Londres; las capillas católicas fueron incendiadas y saqueadas las tiendas cuyos propietarios eran católicos; luego su furor se dirigió contra el Banco de Inglaterra y otros edificios fiscales. ¡Desgraciado de aquel que no tenía escrito en su puerta “No popery” (abajo el papismo)y no llevaba escarapela azul! Finalmente, se acabó aquel escándalo gracias a la intervención enérgica del rey y del gobierno. En Escocia, el espíritu intolerante llevó a cabo tales persecuciones contra los católicos que estos mismos rogaron que se prescindiese de las leyes penales que sobre ellos pesaban; éstas no fueron levantadas hasta 1793.

En España, los ojos, como los del mundo entero, estaban vueltos a Francia. Aranda sustituyó a Floridablanca, cuyo encarcelamiento logró. Y si bien en un principio propugnó la política de coexistencia con la República Francesa, ante la exigencia de la Convención del reconocimiento español de la República, Aranda titubea, y su indecisión es aprovechada (el 15 de Noviembre de 1792) por Manuel Godoy y Álvarez de la Faría, protegido de la reina, quien sustituyó a Aranda. Tras vanos intentos por liberar a Luis XVI y una vez éste ejecutado, Godoy decreta la expulsión de los súbditos franceses residentes en España. La Convención declara, pues, la guerra a España, dando fin al tercer pacto de familia y propiciando la firma de una alianza hispano-británica (29-3-93). Tres cuerpos de ejército fueron organizados. Uno de ellos invade el Rosellón y triunfa en las batallas de Trouillas y Traseres. El general Langara, junto con la flota mandada por Lord Hood, interviene en la ocupación de Tolón.

En Noviembre de 1791 se conoció en Madrid la noticia de la insurrección de los negros en la parte francesa de la isla de Santo Domingo, y, temiendo Arango que las conmociones de aquella colonia pudiesen detener la prórroga que se acababa de conceder, tranquilizó al gobierno, obteniendo que se expidiera con toda confianza la RC del 24 de Noviembre, ya comentada con anterioridad. Es así que, en estos años, el Río de la Plata recibía las ventajas del libre comercio de negros, lo mismo que de herramientas para labranza, máquinas y utensilios para los ingenios, pagando los derechos correspondientes. Un año más tarde, el RD del 22-11-92 concedía a los buques extranjeros que introdujesen negros 40 días de término para su venta, en lugar de los 8 señalados por la RC del 24-11-91. Esta prolongación del plazo concedido a las naves negreras para permanecer en puerto y realizar sus operaciones de intercambio trajo aparejada una Mayor afluencia de extranjeros –británicos, angloamericanos, portugueses y franceses- que difundieron las ideas liberales entre los hispanoamericanos.

En 1793, Gran Bretaña y otras potencias (por ejemplo, España, Holanda) entran en la guerra. La crisis de la revolución repercute en la marcha de la contienda. En Marzo, la derrota de Bumoriez en Neerwinden permite que los austríacos recuperen Bélgica. París vuelve a ser amenazada, y ante la intervención de la flota británica en el Mediterráneo, Francia responde con la movilización general: Carnot reforma el ejército y eleva sus efectivos a un millón de soldados (4 por ciento de la población); los comisarios políticos pasan a controlar a los oficiales profesionales. La nueva organización militar se ve coronada por el éxito, permitiendo la nueva invasión a Bélgica (segunda) por Jourdan, y las victorias de Wattignies (1793) y Fleures (1794).

La situación en Francia había llegado a su clímax a principios de ese año, con la ejecución, el 21 de Enero, de Luis XVI, lo que hizo imposible todo entendimiento entre la revolución y la Europa monárquica. El 1º de Febrero se le declara la guerra a Gran Bretaña y a otras potencias, pero la leva en masa provocó un levantamiento campesino en la Vendée. Las amenazas internas (hambre, inflación) y externas (penetración coligada en Francia) aseguran el apoyo de la Convención a las medidas radicales de los montañeses. En Marzo, hay tribunal revolucionario contra los sospechosos, leyes contra los nobles emigrados y curas refractarios. El 5 de Abril se crea el Comité de Salvación Pública, de 9 miembros, dirigido por Danton. El 8 de Mayo, la Asamblea, a instancias de los girondinos, y ante los progresos revolucionarios populares, nombró un Comité de Doce para controlar la Comuna.

En Junio, los sans-culottes, armados, cercaron la Asamblea y obligaron a la Convención a decretar la prisión del grupo girondino y la de los miembros del Comité de Doce. Sus portavoces Marat, Hebert y Jacques Roux) consiguieron algunas reivindicaciones (igualación de fortunas mediante los impuestos, partición de latifundios, distribución equitativa de víveres). Hay una nueva Constitución de carácter democrático y un referéndum legislativo (inspirada en el modelo de Rousseau). La burguesía fomenta movimientos regionalistas para contrarrestar el fervor revolucionario del pueblo de París.

En Julio, se renueva el Comité de Salvación Pública; es formado un gobierno revolucionario. Tras el asesinato de Marat, hay oleadas de asesinatos contrarrevolucionarios interiores y exteriores. En Septiembre, se forma el ejército revolucionario, se fija un precio tope máximo para el grano y los artículos de primera necesidad, y se regulan los salarios. El 10 de Octubre comienza el Terror: se suspende la constitución, la división de poderes y los derechos individuales; es creado un tribunal revolucionario sumarísimo. Se persigue a los contrarrevolucionarios, y el Comité de Salvación envía representantes (Fouche, Barras, Carrier) a provincias con amplios poderes en materia de seguridad, defensa y política social. Hay campaña de descristianización, fomentada por los hebertistas: se consagra a Notre Dame como templo de la Razón y se clausuran numerosos templos.

Nos hemos detenido en este panorama de la historia de la revolución francesa, durante el año 1793, porque su influencia se hará sentir de una manera importante, tanto por la guerra a que dio lugar, y que afectó el comercio negrero en los mares del mundo, como por los principios ideológicos que divulgó, contrarios a aquel comercio, y que, junto con la evolución económica y la campaña desarrollada por los antiesclavistas, darán la estocada final a la trata de esclavos.

La República francesa, y luego la política de expansión de Nápoles, lanzaron a Inglaterra, como a los demás Estados de Europa, a una guerra formidable y duradera, a la que Inglaterra, sin embargo, debió más tarde su próspera situación, sus recursos económicos y su preponderancia naval, y aunque se aumentó la deuda del Estado, no obstante, el país continuó progresando. La primera idea de Pitt de permanecer neutral fracasó. A pesar de todo, Inglaterra tuvo que ser fiel a su tradicional política exterior de enemistad con el poderoso estado continental. En 1793, ya lo vimos, recibió la declaración de guerra de la República francesa, e Inglaterra entró e la gran coalición de las potencias continentales contra la soberanía jacobina. Al principio, la guerra se llevó casi exclusivamente en el mar, si bien se protegió con dinero a los aliados del continente. Inglaterra no pudo impedir que la República se apoderase de toda Holanda, pero en el mar continuó victoriosa.

Las razones de la intervención de Inglaterra en la coalición contra Francia son, a saber: el dualismo colonial anglo-francés, la amenaza de ruptura del equilibrio europeo, la ocupación francesa del delta del Rhin. Charles J. Fox, jefe de la oposición whig, pide el cese de hostilidades y contribuye, en 1801, a la caída de Pitt.

Con todo, 1793 es también el año de una invención fundamental. El miedo que había provocado en Estados Unidos la rebelión de los negros de Santo Domingo ya había comenzado a ser contrabalanceado por la intensa demanda de mano de obra debida a la invención de la desmontadora de algodón, en 1793. Anteriormente, desmontar las semillas de una sola libra de fibra de algodón requería un día completo de trabajo de una esclava negra. La original invención de Eli Whitney, una desmontadora de mano, hizo posible que una persona limpiase cincuenta libras de algodón por día, y las primeras desmotadoras de vapor obtenían unas mil libras. Ningún invento había producido antes una potencia económica tan tremenda. Todos en el sur querían cultivar algodón, y el sistema de plantaciones se extendió como un reguero de pólvora desde las tierras bajas costeras a las colonias de arcilla rojiza de Piedmont, más tarde al cinturón negro de Alabama y, finalmente, al valle del Mississippi. La explotación de algodón se elevó de 138.000 libras en 1792, a 276.000 en 1795 y 17.790.000 en 1800, mientras el precio de los esclavos subía al compás de la demanda de algodón. También en 1793, Washington es fundada como la capital del nuevo Estado, y a partir de 1800 se convertirá en la sede del presidente (Casa Blanca) y del Congreso (Capitolio).

En cuanto a política exterior, desde su fundación, los Estados Unidos practicaron una política aislacionista, limitada al continente americano. Así es que en 1793 declaran la neutralidad durante la guerra de coalición, a pesar del pacto de alianza con Francia de 1778.

En estos años, dos cultivos aparentemente sin importancia, el del azúcar y el del algodón, influyeron de modo profundo en la trata de esclavos, y fueron, pues, responsables del sufrimiento y de la muerte de millones de seres humanos. El algodón adquirió verdadera influencia sobre la trata a partir de este año de 1793, en conexión con la invención de la máquina desmontadora, que ya vimos. En cuanto al azúcar, se comenzó a cultivar en gran escala desde mediados del siglo XVII, convirtiendo la trata en una aparente necesidad para el Nuevo Mundo y en especial para las Indias occidentales.

Lo cierto es que el sur de los Estados Unidos incrementaría considerablemente, a partir de ahora, y en relación con el incremento de la producción algodonera, la importación de esclavos. Al sur de la línea de Virginia, las leyes de los estados contra la importación de esclavos empezaron a ser violadas abiertamente, desde 1793 en adelante.

España, en tanto, facilitaba las cosas para la realización de la trata, pues en 1793 amplió la franquicia de 1791, autorizando a nacionalizar buques extranjeros para el comercio esclavista. Este había sido un recurso utilizado con anterioridad. Los súbditos americanos también pudieron a partir de ese año pasar desde las Indias directamente al África en busca de negros, llevando productos de la tierra para pagar las transacciones y sin pagar derechos por ellos. Esta era la consecuencia de la amenaza de guerra que se cernía sobre Europa, ante los sucesos de Francia; por ello, el gobierno de Madrid se interesó en promover al tráfico directo de los mercaderes españoles con las costas de África, a fin de excluir la intervención extranjera. La RO del 24-1-93 autorizó las expediciones directas a África… Al mismo tiempo, el 25 y el 28 de Enero, se ponía en guardia, desde Aranjuez, a las posesiones hispanas contra una probable agresión francesa, ante la inminente iniciación de las hostilidades. La política de Godoy se dirigió a salvar a Luis XVI, pero fracasadas las gestiones y rechazada la firma de un tratado neutralidad en las condiciones que pedía la Convención, se llegó a la declaración de la guerra, en Marzo. Simultáneamente se expedían las órdenes que prohibían todo comercio con los franceses. En Septiembre la corona otorgó el permiso de exportar directamente frutos a puertos extranjeros de Europa, lo que era otra gran facilidad acordada a los negreros, como premio por sus importaciones.

Al Río de la Plata continuaban llegando buques cargados de negros, que ingresaban por Montevideo. Al mismo tiempo, los hacendados, gracias a la influencia de que carecían los agricultores, lograron en 1793 la supresión de derechos aduaneros para la exportación de carne salada y sebos.

Al año siguiente, Francia conquista Holanda y es proclamada allí la República Bávara. Gran Bretaña fracasa en su intento de tomar Tolón y Quiberón, si bien ocupa las colonias holandesas de Ceilán y El cabo.

El 24 de Marzo de 1794, hay ajusticiamiento de radicales, en Francia (Hebert y sus seguidores), y moderados (Danton, Desmoulins y otros cabecillas indulgentes). Es disuelto el ejército revolucionario, y, falto de intermediarios ante los sans-culottes, el Comité de Salvación claudica ante la Asamblea. El 8 de Junio Roberpierre prende fuego a una estatua al ateismo (Fiesta del Ser Supremo): en su opinión, “el ateísmo es aristocrático”. Se unifica la justicia revolucionaria y son disueltos los tribunales provinciales. El 27 de Julio (9 Termidor) ocurre la caída y el ajusticiamiento de Robespierre y de 21 de sus partidarios, entre ellos Saint-Just. Desde Julio de 1794 hasta Septiembre de 1795 tiene vida la Convención Termidoriana, controlada prácticamente por los diputados centralistas (la llanura). Es abolido el precio tope máximo, hay inflación y subida de precios.

En cuanto a la abolición de la trata, es recién el 4 de Febrero de 1794 que la Convención, sobre el informe de Danton, hace decretar por aclamación la abolición de la esclavitud en las colonias… La decisión, confirmada por el artículo 15 de la Declaración de los Derechos que precede a la constitución del año III, suscitó sin embargo más problemas que medidas de emancipación, y finalmente quedó sin efecto.

A partir de 1794, y hasta 1796, el gobierno británico llevó a cabo una gran campaña militar en las Indias occidentales, a fin de sofocar la rebelión y extender sus dominios de ultramar. El costo de estas operaciones era enorme. En tres años se perdieron más tropas británicas en las Indias Occidentales que en toda la guerra peninsular. Y Gran Bretaña no pudo demostrar como resultado de sus esfuerzos más que la devastación y el caos, no sólo en las islas francesas, sino también en sus propios territorios. Cuando el ataque se extendió a territorio español, una vez que España abandonó a los británicos para pasarse al bando francés en las guerras de la revolución, se obtuvieron resultados bastante mejores. Las fuerzas inglesas conquistaron Trinidad, al precio de una sola baja, pero el comandante del lugar, Sir Ralph Abercromby, llegó a la conclusión de que no serían fáciles otras conquistas emprendidas en forma ostensible a expensas de España y de que la futura política británica debía tender a fomentar entre los súbditos de España la revolución contra una clase gobernante decadente e incompetente. Abercromby creía que un nuevo orden liberal en las colonias españolas ofrecería a Gran Bretaña la oportunidad de abarcar las nueve décimas partes del comercio de la América española.

También desde 1794, y hasta 1807, es decir, en los últimos años de la trata legal, Liverpool gozó de lo que podría considerarse como un monopolio. En 1800, por ejemplo, se enviaron 120 navíos a la costa africana, siendo un año normal, mientras Londres enviaba sólo 10 barcos, y Bristol 3, todos estos últimos de inferiores dimensiones a los de Liverpool… Por el número de esclavos transportados, Liverpool había acaparado ya el 90 por ciento de los cargamentos de negros; no poseía ningún rival europeo que comerciase al norte del ecuador, pues tanto el comercio francés como el holandés habían sido expulsados del océano por las fragatas y buques corsarios ingleses. Sus únicos y nuevos rivales eran los negreros yanquis procedentes de Newport y Bristol (Rhode Island).

Los azares de la guerra no favorecían en 1794 a España, pues una contraofensiva republicana obligó a retroceder al ejército de Ricardos. Los franceses ocuparon Figueras, Pasajes, Fuenterrabia y San Sebastián. En lo interior, en tanto, proseguía la política represiva, con la prohibición de la enseñanza del Derecho Público, del Natural y del de Gentes en Universidades y Seminarios.

A pesar de haberse logrado y formalizado las alianzas entre SMC y SM Británica, no obstante lo acordado entre ambas cortes respecto de la ayuda que debía prestarse a los buques mercantes y de guerra de ambas naciones, se mantuvo la prohibición para los ingleses de comerciar con las posesiones españolas, por RO del 5 de Junio de 1794.

Al Río de la Plata continuaban llegando, a pesar de la guerra, con bastante frecuencia los barcos negreros, que ingresaban al puerto libre de Montevideo, provenientes en su Mayor parte del Brasil. En Buenos Aires, por Real Cédula del 30-1-94, se funda el Consulado de la ciudad, con jurisdicción en todo el virreynato; anteriormente, los comerciantes no tenían más que el cabildo para hacer oír su voz, pero desde este acontecimiento (establecimiento del real Tribunal del Consulado), que habían solicitado hacía tiempo, se agruparon a su alrededor, y lo convirtieron en el mejor representante de los intereses de su clase. La creación de consulado obedecía a las estipulaciones del “Reglamento y aranceles Reales para el comercio libre de España e Indias”, que, por el incremento de la actividad económica, ordenaba formar consulados en los puertos importantes.

Por otra parte, como la aplicación práctica de tantas disposiciones dictadas referentes al comercio negrero había suscitado no pocas dudas y consultas, el virrey estableció, por decreto del 9 de Abril de 1794, las “Reglas que por ahora deben observarse en el giro del libre comercio de negros”.

También en 1794, se dictó una curiosa RC (19-5) que permitía a los súbditos que iban a comprar esclavos a colonias extranjeras que, en caso de no encontrar esclavos negros, pudieran adquirir herramientas y útiles agrícolas que estarían libres de derecho de internación.

A fines de 1794 los representantes del rey evidenciaron hallarse poseídos de un vago temor: se sospechaba que la Convención tenía algún agente en estas ciudades o de haber remitido a sus partidarios cartas y folletos de propaganda. Lo cierto es que las patrullas recorrían las ciudades realizando visitas, tratando de hacer abortar la conspiración que a juzgar por lo que la opinión pública aseguraba, debía estallar en los primeros meses de 1795. Temiendo alguna conmoción, el virrey encomendó al alcalde de primer voto don Martín de Álzaga, para determinar lo que se ocultaba detrás de “algunas considerables compras que se tienen hechas por balas por personas particulares y otros antecedentes que debían hacer recelar una asonada…” (26 de Febrero de 1795). Iniciadas las primeras indagaciones, aparecieron ciertos indicios que hicieron creer que se estaba en presencia de graves comprobaciones. Así, un negro esclavo declaró que “para el Viernes Santo habíamos de ser todos franceses…” y que éstos para el logro de su intento contaban con la cooperación de los esclavos. Simultáneamente se difundían pasquines cuyo contenido era francamente subversivo. Las sospechas contra los negros esclavos, cuya inquietud había trascendido, y a lo cual no eran ajenos muy probablemente los franceses radicados en la ciudad, se extendieron hacia las figuras de estos últimos, cuyas opiniones daban pábulo para que las autoridades creyesen que lo hacían por motivos serios y peligrosos. Al fin, se los desterró, el proceso terminó, y nada pudo establecerse.

Estos párrafos evidencian los temores provocados por la revolución francesa y su ideario en las naciones de Europa y de América, y cómo se sustentaba la creencia de que esas ideas de igualdad podían generar la rebelión de los esclavos. En especial, tomando en cuanta los avances de la república Francesa sobre España en el año 1795, con la ocupación de Bilbao y Vitoria, y con el aumento de la propaganda revolucionaria; esto último, unido al alza de precios, en España (alboroto del pan, 1793-1794) y al incremento de los impuestos indirectos, como consecuencia de los gastos bélicos, origina el auge de los focos insurreccionales, con manifestaciones en Brazatortas y Alesanco, y la conspiración de Juan Picornell. El 22 de Julio de 1795 los triunfos republicanos en Europa obligan a España a firmar la paz de Basilea (en que Prusia cede la orilla izquierda del Rhin, recibe compensaciones en la derecha y trata de obtener libertad de acción en Polonia, al tiempo que una línea de demarcación asegura la neutralidad de la Alemania septentrional, hasta 1806, todo lo cual redunda en el reforzamiento del aislamiento de Prusia), mediante la cual España recupera los territorios conquistados por los republicanos franceses a cambio de la cesión a Francia de la parte española de Santo Domingo y el reconocimiento, en cláusula secreta, de privilegios comerciales… Godoy es nombrado “príncipe de la paz”.

Con todo, España proseguía con su política económica de liberalización, abriendo, por medio de la RO del 21 de Mayo de 1795, los puertos peruanos al comercio negrero directo por vía marítima, habilitando a Montevideo como puerto de tránsito y a los de Paita y Callao como puertos terminales. Se extendió así al virreynato del Perú la libre trata de esclavos por un lapso de seis años tanto a españoles como a extranjeros, con la condición de emplear naves españolas. Poco antes, el 4 de Marzo, otra RO permitía también el comercio directo con colonias extranjeras, abriendo nuevos mercados a los frutos del país (y en el caso del Río de la Plata, el cuero era considerado como tal) que no podían llegar a España. Se autorizaba retorno de mercancías de esas colonias, lo que ensombrecía el panorama de algunas regiones del interior, como Cuyo. Estos permisos estaban limitados a períodos de dos, tres o cuatro años, pero se otorgaron reales órdenes de prórroga en 1798, 1800 y 1804.

En la Península, la guerra contra Francia era popular, y, a pesar de la propaganda revolucionaria, la Mayoría era profundamente realista.

En cuanto al Río de la Plata, era la región que podía proveer a Inglaterra, aliada de España, las carnes y harinas que necesitaba para las islas francesas que había conquistado. Este fue el motivo de la RO del 4 de Marzo de 1795, ya mencionada, en una época en que era virrey del Río de la Plata Pedro Melo de Portugal y Villena (1795, 1797).

Con todo, a pesar de la liberalización económica española, y de las medidas con que intentó favorecer el comercio de esclavos, la trata española no llegó a florecer. En vista de las dificultades con que tropezaban estos comerciantes, el rey autorizó otros permisos (como el de comerciar con colonias extranjeras e introducir utensilios y máquinas agrícolas), que poco contribuyeron al éxito del negocio.

En Francia, en Mayo-Junio de 1795 tienen lugar los motines del hambre, últimos estallidos revolucionarios populares, drásticamente sofocados. Hay restricción de atribuciones al Comité de Salvación Pública: en lo sucesivo se ocuparía de problemas diplomáticos o de los relacionados con la guerra. Hay supresión de la Comuna y prohibición de la “Marsellesa”. Hay terrorismo contrarrevolucionario organizado, y ejecución masiva de montañeses., En Septiembre, temerosa de la influencia del pueblo, la Convención se orienta hacia un gobierno de notables, y, mediante una nueva constitución (Constitución del año III: ejecutivo débil, integrado en un directorio de cinco miembros; legislativo compuesto por dos cámaras: el Consejo de Ancianos, de 250 miembros, y el Consejo de los Quinientos; sufragio censatario indirecto) elimina la intervención popular en las decisiones políticas, al tiempo que la oligarquía alcanza sus objetivos socioeconómicos. El 5 de Octubre (13 vendimiario) Bonaparte sofoca un levantamiento monárquico en parís; en tanto, la crisis económica y financiera crece.

La guerra no afectaba los intereses de Liverpool, que en 1795 poseía las cinco octavas partes de la flota negrera británica y las tres séptimas de la flota negrera europea. En cambio, sí eran abundantes las bajas provocadas por el escorbuto entre los marineros blancos y los esclavos negros, y no fue sino a partir de 1795 que se prescribió en los barcos negreros una ración diaria de zumo de lima, que evitaba aquella enfermedad.

Pero ¿qué ocurría en África, mientras tanto? La despoblación había alcanzado niveles importantes en las costas, al punto que los esclavos eran llevados en largas cuerdas desde el interior del continente, como lo atestigua la relación que, en ese año 1795, escribió Mungo Park, el explorador escocés. Sin embargo, en esta época, la Mayoría de los esclavos que venían al nuevo mundo provenían de tribus que vivían a 200 millas de la costa a lo sumo, pues los riesgos de largas travesías a través de la selva eran considerables.

 Mientras los Estados Unidos estaban empeñados en mantenerse al margen de cualquier pacto duradero con Europa, en ésta se firmaba el primer tratado de San Ildefonso (18-8-96): España firma la paz con Francia y entra en guerra con Gran Bretaña, en un cambio de frente que va a incidir hondamente en la marcha de la trata negrera. Austria prosigue la guerra con la ayuda económica británica, y el archiduque Carlos logra contener el avance francés de Jourdan y Moureau en la Alemania meridional. Las dificultades de abastecimiento del ejército francés lo paralizan en el norte de Italia. Es entonces cuando cobra valor la figura de Napoleón Bonaparte, que resuelve la crisis del ejército revolucionario, derrota a los sardos en Mondovi y expulsa a los austríacos de Milán y Lombardía en sólo dos meses.

En España, Godoy se mostraba inclinado a convertir el tratado en una verdadera alianza. El Consejo de Estado se dejó arrastrar por la política francófila del favorito, renovando, virtualmente, el pacto de familia, aunque en términos menos ventajosos para España. Tras el rompimiento de hostilidades con Gran Bretaña, España fue poco afortunada en las operaciones navales: los británicos ocuparon Trinidad e hicieron una intensa campaña para fomentar el descontento en las colonias españolas. Con esto, se disipaba la ilusión española de un sistema comercial libre pero exclusivamente español. El bloqueo británico redujo las exportaciones de Buenos Aires, de un valor de 5,47 millones de pesos, que había tenido en 1796, a un valor de 0,355 millones de pesos en 1797. El gobierno español respondió a este desastre con un decreto que permitía practicar el comercio con neutrales y en barcos neutrales, signo de que reconocía a regañadientes que la ciudad de Buenos Aires no tenía otra alternativa que el tráfico transoceánico, pero que existían otras posibilidades que las de comerciar en forma exclusiva con España y los dominios españoles de ultramar.

Mientras, en Octubre de 1796, frente al cabo de San Vicente, la flota española (al mando de Cordova) es derrotada por la inglesa de Jerwis, se concedían licencias a los comerciantes rioplatenses para intervenir con sus propios buques en el tráfico con la península, como queda dicho. En general, las relaciones colonia-metrópoli se interrumpen en estos años, lo que hace que se establezca el comercio con los neutrales, en 1797. Muchas familias de Buenos Aires emprenden, en naves propias o arrendadas, un activo comercio: Pedro Duval, Tomás Antonio Romero, Manuel Aguirre, etc.

En vista de esta situación especial (la guerra), entre 1796 y 1801 quiebran en Cádiz la Mayor parte de las casas comerciales, no pocos aseguradores y compañías navieras. En Buenos Aires los depósitos estaban abarrotados de cueros y de otros productos regionales, predominando entonces el comercio intérlope.

En 1797 los barcos negreros llegados al Río de la Plata no excedieron en mucho la cantidad del año anterior, es decir, pocos. Sin embargo, a medida que se pusieron en vigencia las últimas franquicias otorgadas al comercio, la salida de los cueros fue en aumento, de manera que casi no hubo nave dedicada al tráfico con colonias extranjeras, barco negrero, o de pabellón neutral, que no cargase una buena partida. Uno de los comerciantes más poderosos de Buenos Aires, el mencionado Romero, exportó en 12 años, entre 1797 y 1809, la cantidad de 204.530 cueros de vacuno y 42.870 de caballares en 25 naves, de los cuales solamente dos se dirigieron hacia España y todas las demás a puertos extranjeros. Con el nuevo sistema, las colonias obtuvieron Mayores posibilidades de fletes para atender sus necesidades y remitir sus productos a la metrópoli y la seguridad de que el tráfico no se cortaría. Los extranjeros quedaban como marginados del comercio y los productos americanos no podían salir a naciones extranjeras. Se entiende que esto se refiere al comercio legal y que están exceptuados los lazos comerciales con colonias extranjeras y el comercio de negros, sujeto a una legislación especial de carácter más gEnerosa.

La RO del 20 de Mayo de 1797 declara libres de derechos las compras que verificasen los comerciantes o los extranjeros de embarcaciones para el comercio de negros.

En suma, en 1797, mediando la guerra con Inglaterra, los comerciantes de Cádiz representaron al monarca los daños que se experimentaban con la interrupción del comercio y solicitaron se les permitiese utilizar buques de bandera neutral. El rey, considerando los perjuicios que podrían resultar de la detención de los productos americanos y de la falta de manufacturas en las colonias, se resolvió, una vez más, a permitir el comercio con barcos neutrales. Por RO del 18 de Noviembre de ese año, dio el respectivo permiso, que quedó convenido dentro de las siguientes líneas directrices: los súbditos españoles o americanos quedaban autorizados para aprovechar en sus expediciones comerciales barcos de potencias neutrales que podían salir desde España o desde puertos neutrales para cualesquiera de los puertos habilitados en América…, pero forzosamente debían volver a puertos de España. Es decir, se permite el comercio directo con los países neutrales. Esta medida es resistida fuertemente por el grupo “monopolista”, y finalmente se la derogará dos años más tarde (1799), aunque la derogación no regirá plenamente hasta que la paz de Amiens (1802) haga inexistente la condición de neutral.

En el Río de la Plata, es virrey (interino) Antonio Olaguer y Feliú (1797-1799). En 1797 hay una reforma de la aduana, creándose el Resguardo, organismo autónomo, separado de la aduana y dependiente directamente del virrey, para evitar con Mayor eficacia el contrabando. También hay reformas en el Consulado: cuando el Consulado de Buenos Aires inició sus funciones, los comerciantes españoles eran Mayoría, y, siendo así, todas las medidas tendían a beneficiarlos. Pero debido a la crisis que se produjo, el rey resolvió, el 31 de Marzo de 1797, que la Junta Económica se constituyese con una mitad de comerciantes y la otra de hacendados. Esto va a equilibrar la influencia del grupo monopolista, contrario a los intereses de los productores locales.

En Europa, la guerra promediaba. El 17 de Octubre se firma la paz de Campoformo, por medio de la cual Austria cede a Francia la orilla izquierda del Rhin, Bélgica y el Milanesado, y recibe a cambio Venecia (lo que hace desaparecer la milenaria república). Así, el sistema francés de estados vasallos se amplía, mucho más con la incorporación de nuevas “repúblicas hermanas”, como las Repúblicas Cisalpina (Milanesado) y Ligur (Génova).

En lo interior, en Francia, el 27 de Mayo Francois Noël Baboeuf, jefe de los iguales (comunistas primitivos) y teórico del asalto relámpago al poder, es guillotinado. Pero estos episodios quedaban opacados por el engrandecimiento de lo que sería más tarde el imperio francés; esto llevará, incluso, a la descomposición del Imperio Germánico, pues tras la paz de Campoformo se reúne el Congreso de Rastatt (1797-1799): Napoleón compensa a los príncipes alemanes de sus pérdidas territoriales con la orilla izquierda del Rhin, aunque ello representará la renuncia a sus planes de reorganización del Imperio Germánico.

Inglaterra también tenía sus problemas: entre 1797 y 1798 hay rebelión en Irlanda, por lo que ésta pierde su Parlamento. En lo económico, la suspensión de pagos en oro desde 1797 crea reservas bancarias con las que se evita la caída de los precios. En el mar, lord Howe infligió una seria derrota a la escuadra francesa en Brest; en las Indias orientales y occidentales loa victoria les sonrió igualmente contra los franceses y contra la escuadra holandesa, entonces aliada con ellos. Se apoderaron de Ceilán, Malaca, Cochinchina y del cabo de Buena Esperanza. En Febrero de 1797 el almirante Jervis obtuvo una gran victoria sobre la escuadra franco-española en el cabo de San Vicente, en la que se distinguió el joven Horacio Nelson, y ocho meses después la escuadra holandesa al mando del almirante Winter, que en unión con la escuadra francesa intentaba hacer un desembarco en las costas inglesas, antes de haberse reunido con éste fue casi completamente destruida por Duncan a alturas de Camperdium. Después de haberse hecho un armisticio con las potencias continentales por la paz de Campoformio, la invencible Inglaterra recibió un golpe mortal para su posición en el Mediterráneo y su dominio en la India, a causa de la expedición de Napoleón hacia Egipto y Siria. Sin embargo, el éxito de aquella magistral expedición quedó anulado con la victoria de Nelson que destrozó completamente a la escuadra francesa en Abukir, y el incansable Pitt logró formar una segunda coalición contra Francia.

Como se ve, Inglaterra, dueña de los mares, hacía que la trata pudiera desarrollarse (en general, el comercio) sin dificultad. Un testigo ocular de Liverpool, en 1797, afirmaba que eran acertadas las premisas de que: 1) una cuarta parte de los buques que pertenecían al puerto de Liverpool eran empleados en la trata africana. 2) Dicha ciudad controlaba las cinco octavas partes de la trata africana de Inglaterra, y 3) controlaba las tres séptimas partes de la trata africana de toda Europa. Pero ese mismo año, en África, Zachary Macaulay, antiguo gobernador de Sierra Leona (y padre del historiador) informaba con tristeza que “durante el año pasado, el número de barcos negreros americanos que traficaban en la costa ha aumentado en proporciones nunca vistas”.

Es decir que los negreros yanquis no se quedaban a la zaga en sus ímpetus comerciales. En general, los norteamericanos habían demostrado ser menos vacilantes que los británicos en aprobar leyes contra la trata de esclavos, como hemos venido viendo, pero también en infringirlas. Cuando se ratificó la Constitución, la importación de esclavos era legal en Georgia y técnicamente legal en Carolina del Norte, aunque a costa de pagar un impuesto prohibitivo. Por doquier se violaban las leyes de los estados. Muchos de ellos, incluyendo los de Rhode Island, Massachusetts y Connecticut, que poseían la Mayor parte de los navíos dedicados a la trata de negros, habían prohibido a sus ciudadanos dedicarse a este tráfico. Sin embargo, se había reanudado ilegalmente y comenzaba nuevamente a florecer. Se afirmaba que “hacer que un comerciante de Newport abandonase un negocio tan lucrativo como el de los esclavos sería tan difícil como conseguir que un etíope cambiara el color de su piel”… Son los tiempos en que John Adams, federalista, gobierna el país, y en que comienzan los conflictos con los estados del sur (Kentucky) debido a la promulgación de leyes federales sobre extranjeros y sedición interna (Alien and Sedition Acts).

En suma, aunque las leyes contra la trata de esclavos seguían promulgándose en Estados Unidos (en gran parte debido al temor a las rebeliones, lo que hizo que incluso Georgia prohibiera la importación de negros extranjeros en 1798), las violaciones de las mismas estaban a la orden del día.

Mientras tanto, en Europa, tras una guerra civil es creada, en 1798, la República Helvética (Suiza). Además, con la conquista de Roma y la detención de Pío VI, el Estado pontificio se convierte en República Romana y Nápoles es proclamada República Partenopea, al año siguiente.

En estos años (1798-1799) se desarrolla la campaña a Egipto de Napoleón. Éste obtiene el mando de las operaciones contra Gran Bretaña y decide atacarla indirectamente en el Mediterráneo. Ocupa Malta y desembarca en Alejandría con 32 navíos de guerra, 232 de transporte, 2000 cañones, 32.300 soldados y 175 ingenieros y científicos, destinados al estudio del país. Los mamelucos son derrotados, y El Cairo tomada. Pero en el mar, como vimos, los ingleses lo derrotan en Abukir (Nelson) y el ejército francés queda aislado de Francia. La penetración francesa en Siria es detenida en San Juan de Arce y el triunfo sobre los turcos en Abukir no resuelve la situación: Rusia y Turquía se alían, Malta y el Mediterráneo pasan al poder de ésta, bajo control británico.

Son años difíciles, pero años de revolución, ideológica, industrial, científica, técnica. Mientras Inglaterra pelea en la Campaña de Egipto, Thomas Malthus publica su “Ensayo sobre los principios de la población” (1798), en que afirma que la miseria de las masas es una ley natural, y que la población crece en proporción geométrica, mientras sus posibilidades de manutención lo hacen en proporción aritmética. Lejos de estas elucubraciones, los irlandeses creen llegado el momento favorable para sacudir el yugo inglés, en oportunidad de la guerra, y los franceses organizaron varias expediciones para protegerlos. Pero una peligrosa escuadra dirigida por Hoche no pudo desembarcar y fue destruida por los temporales. Y aunque en 1798 desembarcó un pequeño refuerzo, los ingleses sofocaron la rebelión y procedieron con espantoso rigor, especialmente contra los miembros de al United Crishmen compuesta de católicos y de protestantes. El acuerdo de supresión del parlamento irlandés fue obtenido con una coacción inaudita y a base del soborno más descarado. En ese mismo año, al menos sesenta y nueve de los buques negreros de Liverpool –sobre un total de 150 que integraban la flota- fueron a Angola, y 34 a Bonny, mientras que sólo 11 compraban negros de la Costa de Oro, y ni un solo navío zarpó de las que habían sido activas factorías de Gambia. La trata se había desplazado hacia el sur, donde la mercancía humana era menos costosa.

     En España, en Marzo de 1798, Saavedra, favorito del Directorio, sustituye a Godoy como ministro-secretario de Estado. Jovellanos abandona Gracia y Justicia, mientras las tropas británicas ocupan Menorca. Ante los acontecimientos, se otorgan entonces reales prórrogas (órdenes de prórroga) para los virreynatos peruano y de la Plata, como lo afirma la RO del 12 de Abril de 1798, que señala claramente el ánimo del rey de que se auxiliase la trata al declarar que “SM quiere que no se oponga impedimento a este comercio, como se ha hecho hasta ahora”. Este panorama se completaba con la concesión de licencias a particulares, como por ejemplo la RO del 16-4-98 y la del 29-5-98.

Cuando llegó a conocimiento de las autoridades rioplatenses la RO del 12 de Abril, por la que se prorrogó por dos años más el permiso de introducir negros, bajo las condiciones expresadas en la RC del 24 e Noviembre de 1791, se la obedeció al pie de la letra, colmo se estaba haciendo. Por otra parte, Sarratea apoyó, en ese año, a quienes propusieron la apertura del puerto de Buenos Aires a las naves neutrales, en momentos en que se estaba desarrollando la guerra europea.

En 1799 comienza el gobierno del virrey Avilés y del Fierro (1799-1801), en el Río de la Plata. Al terminar su período, menciona en sus memorias (21 de Mayo de 1801) la RO del 23 de Octubre de 1799, que permite “vengan a extraer, en cueros, el producto de esclavatura las embarcaciones neutrales, lo que ha hecho concurrir a estos puertos muchas de ellas, proporcionando de este modo la oportunidad para introducciones clandestinas de mercaderías.” Y por cierto, la cantidad de naves llegadas al Plata en 1799 fue bastante considerable, y también, el contrabando y los engaños alcanzaron un desarrollo tan grande que, por RO del 20 de Abril de 1799, se había mandado suspender la utilización de naves neutrales. Pero los negreros habían obtenido, con todo, la mencionada Ro del 23-10 (permiso de extraer en navíos extranjeros los cueros y frutos del país procedentes de la venta de los negro vendidos). Los abusos mencionados provenían del hecho de que los españoles prestaban sus nombres a los extranjeros y se excusaban de hacer los retornos a España con pretexto de la guerra. Complicaba aún más el comercio negrero, el hecho de que ya antes de Marzo de 1799 se reiterara la prohibición de extraer negros del Brasil.

Sin embargo, era ya tarde para evitar el contrabando (jamás había sido posible lograr eso) y para anular disposiciones que habían sido emitidas para favorecer el comercio negrero. La introducción de negros en el Río de la Plata era de gran magnitud, y proporcionaba mano de obra tanto a las nuevas tareas ganaderas como a las artesanías urbanas –donde se generaban conflictos motivados por la competencia-, a los cultivos de huertas y a otras actividades productivas que requerían cierto nivel técnico que no podía ofrecer la población indígena. Indispensables en las tareas domésticas, solían, asimismo, ser alquilados como jornaleros por sus amos, a quienes los requiriesen en cualquier tipo de trabajo, aumentando con el pago obtenido los ingresos de sus propietarios. Por último, sin agotar con ello esta enumeración, formaban parte de las tropas coloniales y de diversos servicios públicos. La introducción de esclavos negros –como respuesta a los insistentes y dramáticos reclamos de las colonias americanas para solucionar su aguda escasez de mano de obra- había sufrido, como vimos, alternativas diversas, pero siempre evolucionando hacia la libertad del tráfico. Entre 1742 y 1806 fueron introducidos en el Río de la Plata unos 26.000 negros, a los cuales hay que agregar –y no son pocos- los entrados por contrabando y los de los navíos legales cuyos datos son ignorados. Buena parte de estos cargamentos quedaban en Buenos Aires, Montevideo y zonas vecinas, pero también se distribuían hacia el interior donde se intentaba reemplazar con ellos la escasez de mano de obra indígena.

En Francia, el 9-10 de Noviembre de 1799 (18 Brumario año VIII), con ayuda de los militares y de su hermano Luciano, Napoleón disuelve el Directorio y el Consejo de los Quinientos y constituye un gobierno provisional con Fouche (jefe de policía) y Talleyrand (asuntos exteriores). Este golpe de estado pone punto final a la época de la revolución, inaugurando una fase de transición de seis años –el Consulado, hasta 1804- a lo largo de los cuales desaparecen la inseguridad económica y el desorden administrativo, al tiempo que se consolida el poder de la oligarquía burguesa y se desvanecen los proyectos de liberalismo político y descentralización. Napoleón es elegido primer cónsul mediante una constitución (redactada por Sienes y de la que desaparece la declaración de derechos). Se reestructura el aparato administrativo y se reorganiza la enseñanza… Europa, a la luz de estos acontecimientos, los de la revolución, se ha modificado. Las monarquías luchan contra la difusión de las ideas revolucionarias, y el expansionismo de la República Francesa, dirigida por Napoleón ahora. Las guerras habían modificado el equilibrio político a favor del predominio napoleónico en el continente, dando lugar, simultáneamente, a resistencias nacionales y a la realización de reformas en diversos países, a consecuencia de las cuales se irán perfilando los Estados burgueses modernos. Los núcleos fundamentales de la resistencia son Austria, Gran Bretaña (Pitt el Joven), que amplía su poderío naval y colonial, convirtiéndose, a pesar del bloqueo continental impuesto por Napoleón, en la primera potencia comercial e industrial del mundo…; y, en fin, posteriormente se incorporan a la resistencia España y Rusia.

Y con este panorama llegamos a fines del siglo XVII. A pesar de que los éxitos militares napoleónicos continúan engrandeciendo a la República francesa, comienza en 1800 la época de la Restauración y de las revoluciones liberales. El 14 de Junio de 1800 el ejército austríaco es derrotado en Marengo, y poco después, en Diciembre, Moreau vuelve a derrotarlo en Hohenlinden. En lo interior, las condiciones de Francia mejoran, pues se atenúa la inflación con la creación del Banco de Francia, en 1800, en tanto que las aduanas proteccionistas, la política de obras públicas y los suministros al ejército fortalecen el comercio y la industria. Mientras, al otro lado del canal, tras la rebelión de 1797-1798, por la que había perdido su parlamento, en 1800 Irlanda queda integrada por la Union Act en el Reino Unido (Gran Bretaña e Irlanda); también se promulga la ley de Asociaciones. Pero ese mismo año, un año normal, se enviaron desde Liverpool 120 navíos a la costa africana, con capacidad para transportar 31.844 esclavos (posiblemente irían unos cuantos miles más, hacinados en cubierta, en flagrante violación de la nueva ley promulgada contra el exceso de pasaje). Ese mismo año, Londres envió tan sólo 10 barcos, y Bristol 3, todos ellos de inferiores dimensiones que los de Liverpool. Por el número de esclavos transportados, Liverpool había acaparado ya el 90% de los cargamentos de negros; no poseía ningún rival europeo que comerciase al norte del Ecuador, pues tanto el comercio francés como el holandés había sido expulsado del océano por las fragatas y buques corsarios ingleses. Sus únicos y nuevos rivales eran los negreros yanquis procedentes de Newport y Bristol (Rhode Island).

España, en tanto, otorga reales órdenes de prórroga parta los virreynatos peruano y de la Plata (Alto Perú). La RO del 4-9-1800. Tras firmar el 2do tratado de San Ildefonso (entrega a Francia de la Luisiana, en tanto que Francia crea en Italia el reino de Etruria para el duque de Parma, yerno de Carlos IV), persiste la alianza antibritánica. En América, mientras, muchos sectores de la producción se quejaban de lo antieconómico que resultaba trabajar con negros esclavos, y generalmente culpaban al sistema impositivo y aduanero del alto precio de los esclavos. Por su parte, las compañías negreras quebraban, y se sucedían rápidamente; el negocio de la esclavitud no era tan lucrativo en 1800 como lo había sido un siglo atrás.

Al llegar las décadas finales del siglo XVIII, España se empeñaba en mantener la ilusión de su dominio absoluto en el Pacífico, no obstante las repetidas incursiones de los extranjeros. Los piratas y corsarios de las primeras centurias coloniales habían planteado el problema del Pacífico con sus arriesgadas expediciones, causando la alarma de las colonias y de la Corte; pero sus hazañas, esporádicas y discontinuas, no significaban un real peligro para el dominio español. Solamente en el último siglo colonial, debido al avance de Inglaterra en el ámbito americano, representarían un peligro serio.

Y es que Inglaterra había atravesado, en la segunda mitad del siglo XVIII, por una revolución no menos importante que la francesa: la revolución industrial, que cambiaría la misma política imperial británica. Inglaterra se convierte en el “taller del mundo”, dando el paso desde las manufacturas a la industria mecánica. El trabajo asalariado comienza a imponerse, y el comercio y el transporte se desarrollan. La exportación de productos industriales (textiles) fortalece el comercio exterior, y aunque aumentan los problemas y conflictos sociales, se lleva a cabo la formación del capital privado, que es invertido en las empresas industriales. Colmo consecuencia, surge el liberalismo económico, con sólidas bases intelectuales… La manufactura del algodón (Manchester) ofrece condiciones óptimas para la industrialización, gracias a la organización de un comercio triangular: transporte de esclavos africanos a las plantaciones algodoneras americanas –importación de algodón a Inglaterra-, exportación de textiles acabados a África y los países de grandes plantaciones. Las fábricas de hilados (desde 1790) y tejidos (desde 1815) requerían escaso capital inicial, y aseguraban grandes beneficios. El bloqueo continental napoleónico, además, abrió a la industria textil nuevos mercados: América hispana, India.

Como vimos, el desarrollo de la trata de esclavos formó parte del entorno donde se conformó la Revolución industrial. Es más, se ha dicho con frecuencia que de no haber sido por la trata de esclavos, no habría habido revolución; y aunque esto parece una exageración, cierto es que el comercio triangular recién mencionado, junto con las pingües ganancias obtenidas con el tráfico, contribuyeron grandemente al desarrollo del comercio, a la acumulación del capital, y finalmente a la expansión de la industria.

Ahora bien. Si el comercio triangular había contribuido a financiar parcialmente la revolución tecnológica, esta parte se convirtió en mínima una vez el proceso iniciado. Los mercados antillanos no estaban en condiciones de absorber el aumento de producción. Los hombres de negocios reclamaban poder comprar y vender como ellos quisieran en todo el mundo, sin estar atados a tasas restrictivas. El espíritu liberal de la Inglaterra de fines del siglo XVIII estaba contravenido por los resabios del pasado. Ello puso sobre el tapete las ardientes cuestiones del derecho de visita, comercio de neutrales, nacionalización de navíos, etc. Estas tuvieron una estrecha correlación con las expediciones negreras que españoles como extranjeros realizaba entre África y América, o colonias portuguesas de América y colonias españolas.

En suma, a fines del siglo, el comercio negrero se había convertido en anacrónico. Los intereses comerciales se habían desplazado a otros campos económicos, ahora en ciernes. Hasta fines del siglo, sólo un puñado de intelectuales o prelados (Daniel Defoe, el poeta Cowper, el abate Raynal) se habían manifestado en contra de la trata. Todas las clases sociales habían sostenido el tráfico de esclavos. Los plantadores antillanos, relacionados en la metrópoli con la aristocracia terrateniente, con la burguesía comercial y con los primeros empresarios, constituían un grupo de presión que ejercía una considerable influencia en el parlamento. La Iglesia no fue la única en aportar su caución. Los españoles y los portugueses se habían tradicionalmente vanagloriado de la misión de convertir a los paganos; sin embargo, los plantadores temían la cristianización que hacía peligrar la docilidad de sus esclavos, y, en consecuencia, su valor. En Barbados, la Sociedad para la Propagación de la Biblia llegó a prohibir la instrucción religiosa de los esclavos; Sherlock, futuro obispo de Londres, aseguraba que el “cristianismo y el hecho de abrazar las doctrinas de la Biblia, no cambiaban en nada la propiedad civil”. Pero los ingleses no se habían preocupado, en modo alguno, en salvar las almas de los negros; a diferenta de los portugueses, lo que habían enviado a África, hasta finales del siglo XVIII, no eran misioneros, sino comestibles, ginebra y armas de fuego. Con su sentido práctico y su genio para acometer empresas en gran escala, causaron, posiblemente, más sufrimientos a los negros que cualquiera otra nación. Aunque fue también la nación que más transformó sus sentimientos o ayudó a descubrirlos, y más hizo para abolir la trata.

Lo que queremos decir es que si Inglaterra (o un pequeño grupo de hombres, primero, y la nación toda, después) encaró decididamente la lucha contra el tráfico negrero, a finales del siglo XVIII y principios del siguiente, ello no se debió (a pesar de excepciones como las de Wilberforce, Clarckson y adláteres) a razones humanitarias, sino a motivaciones económicas y razones de humanitarismo, pero del tipo que vamos a mencionar: Sir George Young, de la Armada Real, después de mandar un buque de guerra durante cuatro expediciones para inspeccionar los fuertes y factorías en la costa de Guinea, dijo ante el Parlamento que el tráfico de esclavos no era un “vivero, sino una tumba de marineros” (el subrayado nos pertenece). Su alegato, comentado ampliamente a fines del siglo XVIII, fue un golpe terrible para los traficantes de Guinea. La marinería inglesa era considerada como la fuerza de choque en las incesantes guerras contra los franceses. Aunque se la sometiese a una disciplina brutal, era, en opinión de las autoridades navales, una riqueza que no debía extinguirse. Mientras tanto, los abolicionistas ingleses se hallaban empeñados e otra guerra, cuyos principales oponentes eran los propietarios de buques de Liverpool y los colonos de las Indias occidentales, ambos representados por aquel poderoso grupo del parlamento. Si los antiesclavistas se hubiesen tenido que enfrentar también a la oposición de la Armada Real, su causa hubiera tardado muchos años en triunfar, pero la armada estaba inquieta y dividida respecto al tráfico de esclavos. El hecho de haberse convertido en una tumba para los marineros se reveló como el más efectivo de todos los argumentos que los abolicionistas podían presentar.

Es decir que, en el momento álgido de la lucha contra la trata, lo que movió los sentimientos humanitarios del pueblo inglés (y esto fue hábilmente explotado por Clarkson) fue la suerte que corrían los tripulantes blancos de los barcos negreros.

Pero sea cual sea la razón, lo cierto es que en 1800 la trata de esclavos negros, aunque poderosa aún, estaba en vías de extinguirse. En la costa africana había entonces cuarenta factorías, pertenecientes a las naciones principales de Europa comprometidas en la trata africana. De ellas, 10 eran inglesas, 3 de los franceses, 15 de los holandeses, 4 de los portugueses y 4 de los daneses. Treinta de estos fuertes estaban ubicados en la Costa de Oro e innumerables barracones situados a lo largo de la costa y en las riberas de los ríos, regidos por “pequeños factores” (petty factors).

El incremento de la esclavitud negra en las diferentes zonas de Hispanoamérica se produjo en épocas distintas y por distinto motivos. En el virreynato peruano esto pareció ocurrir en los primeros decenios del siglo XVIII; en los países del Plata, Venezuela y Colombia, en las últimas décadas del mismo siglo. La trata negrera, que había sido originada por la organización de vastas plantaciones azucareras en el caribe (Barbados y Jamaica británicas, Santo Domingo francés, Cuba española), que conocieron su apogeo a fines del siglo XVIII, estaba en auge, como dijimos, para entonces, pero al mismo tiempo, nunca había conocido tan gran oposición, por motivos humanitarios, económicos, sociales, ideológicos, etc. En el Río de la Plata, a fines del siglo, la proporción de habitantes de origen africano era muy alta: en algunas regiones del virreynato superaba el 50%, según denuncian los prolijos censos de la época. El número de negros creció desde fines del siglo por la Mayor demanda de mano de obra. Aparecen en todo el virreynato en labores artesanales, agrícolas, y aún ganaderas. Por su parte, el mestizo ya entonces constituía la mitad de la población, lo que impulsó al blanco a marginarlo progresivamente y a establecer condiciones restrictivas sobre sus actividades.

En otro orden de cosas, siempre en el Río de la Plata, la sucesión de conflictos bélicos europeos de fines del siglo y el debilitamiento de la metrópoli agudizó la búsqueda de nuevos mercados por parte de los sectores locales, que vendían a cualquier bandera; la importación consiguiente de manufacturas provenientes de países en proceso de industrialización provocaba con cada ingreso la caída de los precios.

En lo social, ubicado en el último extremo de la escala social por su condición de esclavo, el negro fue sin embargo mejor tratado por su mismo carácter de objeto comerciable. Acrecido su número en el Virreynato del Río de la Plata, como dijimos, desde fines del siglo XVIII a causa de la Mayor demanda de mano de obra que provocó la expansión económica, estaban mejor preparados que el indígena para integrarse a la economía hispana, y lograron emanciparse en gran número, contribuyendo con ello a engrosar también el sector socialmente más bajo del mundo colonial. Esta clase numerosa donde se confundían los indios, negros libres y esclavos, mestizos y mulatos, serán los “orilleros” de las ciudades, no siempre respetuosa de la ley y caldo de cultivo para posteriores estallidos tan pronto las ocultas tendencias sociales encontraran el más pequeño cauce, tal como ocurrió en la región salteña en el momento de la independencia.

 

III.- Principios del siglo XIX, hasta la abolición (1801-1807).

 

A principios del siglo XIX, en el África oriental, el sultanado de Zanzíbar constituía un centro de comercio de esclavos. Se habían establecido pactos de protección entre los jefes de tribus, los ingleses (Jackson) y los alemanes (Peters) contra los negreros árabes. Para esta época, los estados africanos eran despóticos, de carácter feudal, como los ashanti, que utilizaban a las tribus africanas para el tráfico de esclavos. El rey Gezo de Dahomey (1818-1858) organizó regimientos de mujeres y atacó Yoruba, “el país de las grandes ciudades”; en cuanto al arte, se alcanza un gran desarrollo en Benin (fundición de bronce).

Pero a comienzos del siglo XIX el mundo está transformándose con rapidez. Los estados que se industrializan comienzan a ascender económicamente; los progresos técnicos y científicos que posibilitaron esa industrialización originan la creación de nuevas industrias, que a su vez, plantean la necesidad de nuevas materias primas. Los transportes y las comunicaciones aceleran el desarrollo del comercio y de la economía mundiales. Hay crecientes inversiones de capital para desarrollar nuevos procesos productivos, grandes edificaciones urbanas, ferrocarriles, canales, puertos, todo lo cual modifica las estructuras económicas. Comenzará entonces a formarse el capitalismo monopolista, producto de la concentración de la producción y de los capitales, que compiten encarnizadamente por el control de las fuentes de materias primas y de los mercados. Más tarde surgirá el capitalismo financiero (fusión entre el capitalismo bancario, el capitalismo industrial y los monopolios capitalistas). En este panorama, la importancia de las colonias es cada vez Mayor. De ellas se espera la autarquía (independencia de la competencia mundial, posibilidad de evitar las crisis económicas cíclicas). Para sostener la economía de la nación se hace necesario la expansión económica y colonial.

En cuanto a la trata, en este período, a principios del siglo, bajo la forma de libre comercio, sufre la trata negrera, sin embargo, vicisitudes que a veces la anulan completamente, como ocurrió por ejemplo en 1804, 1807, etc. Pero pronto se pasaría de la trata de esclavos a la llamada “trata lícita” de productos agrícolas (aceite de palma, cacahuete, madera…) suministrados por pueblos mercantiles o por estados más numerosos, pero siempre atentos a salvaguardar su independencia. Después de la abolición oficial de la esclavitud, la trata ya no sería más que obra de particulares, medio piratas, contrabandistas y salteadores, sin pabellón nacional. La abolición de la trata marcará un viraje decisivo. La crisis económica superada por la readaptación de los jefes de la costa que organizaron los mercados del aceite en la zona de producción. El iniciador fue el rey “Opubu el Grande”, de Bonny (1792-1839), quien, algunos años antes de Dahomey, había tomado la iniciativa de simultanear el tráfico del aceite con el de esclavos, basando su prosperidad en una flota de grandes piraguas armadas con pequeños cañones. Como queda dicho, la trata, durante la según da y tercera década del siglo XIX, se realizaba a través de un tipo de tráfico en el que sobresalía Canot: en pequeños y rápidos bergantines o goletas que podrían exceder en velocidad y habilidad a los cruceros británicos y desembarcar sanos y salvos cargamentos de hasta doscientos esclavos.

 

En suma, las condiciones de la trata habían cambiado. En otro aspecto, a pesar de los métodos que podeos calificar de “psicológicos”, las rebeliones no eran raras y con Mayor frecuencia cuando los “viajeros” pertenecían a grupos islamizados de culturas más complejas, con suficiente conocimiento como para advertir la realidad del futuro en el otro extremo de la navegación. En 1801, 70 esclavos provenientes de Senegal, destinados al Callao, en Perú, luego de hacer escala el velero en Montevideo, se sublevan. Toman prisionero al capitán y a los oficiales, obligando luego a la tripulación a enfiar proa rumbo a la costa de África. Cinco meses y cien incidentes transcurrieron hasta que arribaron a la rada de Senegal. Desde luego, casos como el referido constituyen la excepción.

En 1801 Europa presencia la paz de Lunéville (Febrero), tras el armisticio de Steyer. Austria se vio obligada a aceptar las condiciones de Campoformio. En tanto, Rusia, Suecia, Dinamarca y Prusia se coaligan para proteger el comercio neutral: Inglaterra bombardea Copenhague (Nelson) como represalia. Tras la firma por Rusia de la paz con Francia y Turquía, queda aislada. La crisis económica británica acarrea la caída de Pitt. Es, también, el año del primer proyecto inglés de expedición a la India con el zar Pablo (abandonado tras su asesinato). En lo que hace a la situación interna inglesa, desde el 1º de Enero de 1801 los irlandeses tuvieron que enviar sus representantes al parlamento inglés. En cambio, Pitt juró proceder a la emancipación de los católicos, pero el rey se resistió a ello y Pitt no pudo cumplir su juramento. Entonces, como dijimos, Pitt dimitió (Febrero).

Ante el fracaso de desembarcar negros en Sierra Leona, comprendiendo que la compañía privada de Sierra Leona no estaba dispuesta ni a renovar este género de operaciones ni a asegurar su éxito, el gobierno (británico) readquirió los intereses de esta compañía e hizo de Sierra Leona una colonia de la corona. Poco a poco –pero tuvo que transcurrir todo el siglo XIX- la Corona instaló allí a los colonos negros descendientes de los esclavos libertados. Pero estos negros importados, designados con el nombre de criollos, no se entendieron jamás con los negros indígenas, y se mantuvieron en un estrecho perímetro alrededor de Freetown.

La abolición de la esclavitud, a principios del siglo XIX, y los problemas que ello planteó, revelarían una cierta contradicción interna inherente al liberalismo de ese siglo. El liberalismo, como sistema económico, no funciona más que si los concurrentes juegan también respetando las reglas del juego liberal. Si no las respetan o si juegan según otras reglas, el liberal está obligado, o bien a imponerles su ley, o bien a adoptar la suya. Suprimir la esclavitud era loable, pero insostenible si los concurrentes españoles, franceses u otros, continuaban disponiendo de una mano de obra más o menos gratuita. Los británicos estaban, pues, obligados por la fuerza de las circunstancias a controlar cada vez más estrechamente los lugares de contrabando de esclavos, y, consiguientemente, a implantar, bajo diversas formas, en la costa africana células administrativas que serán gérmenes de colonias. Los gobernadores de Sierra Leona, que tenían alguna experiencia sobre el asunto, repetían en sus informes que el único medio de que Gran Bretaña disponía para poner fin a la trata de negros era el control total de las costas.

A todo esto, en 1801 Europa sigue con su atención puesta en la guerra continental. Con la paz de Lunéville, ya mencionada, se cumplen los objetivos napoleónicos de dividir el Imperio germánico, crear estados alemanes poco extensos y fuertes pero, al mismo tiempo, capaces de constituir un contrapeso político de Austria, y convertir en vasallos a los príncipes alemanes a cambio de recompensas territoriales. Eso, con respecto al Imperio, y a la política exterior francesa. En lo interno, en Francia, 1801 es el año del Concordato (que regirá hasta 1905) que subordina a seglares y al clero al estado, facultado para designar a los obispos; y aunque se reconoce a la religión católica como la de la “Mayoría de los franceses”, el estado se declara laico.

América, en tanto, también se dedica a la trata. A comienzos del siglo XIX había un grupo de comerciantes norteamericanos dedicados de manera regular a la trata de negros en la costa oriental. Son los años en que las energías y los intereses de la nación norteamericana se centralizan en la conquista del Oeste, colonización expansionista interior.

Por su parte, Hispanoamérica, en circunstancias en que la metrópoli está aún en guerra contra Inglaterra, ve cómo se relajan los lasos comerciales con aquélla, al punto que la corte de España, el 16 de Septiembre de 1801, vuelve totalmente sobre sus pasos, al expedir una RO que nuevamente considera el empleo de buques neutrales. Pero ya ambos beligerantes se encontraban inclinados a emprender negociaciones de paz, que se convirtieron en los “Preliminares de Londres” del 1º de Octubre de ese año, y el 27 de Marzo de 1802 en el Tratado de Amiens, por una de cuyas cláusulas España recobró Menorca, si bien debió ceder la isla de Trinidad. Es inminente el fin del imperio colonial español, a través del movimiento independentista de América Latina, que arranca, sin embargo, de un amplio proceso previo, basado en los supuestos de que se ha formado una conciencia criolla emancipadora, y que se inserta en el proceso revolucionario iniciado en Inglaterra en el siglo XVIII y jalonado por las revoluciones americana y francesa. La colisión entre los principios de autoridad y de libertad era ya un hecho; el estatismo monárquico metropolitano había originado para el sistema la hostilidad de importantes minorías comerciantes e intelectuales criollas, convertidas en factores revolucionarios básicos. La composición étnica americana daba a los indios un 46%, a los blancos un 20, a los mestizos un 26%, otorgando a los negros un 8%. Por otra parte, el reformismo borbónico las esferas gubernamentales metropolitanas habían intentado revitalizar la estructura colonial a través de supuestos que a fines del siglo XVIII y comienzos del siguiente constituían un obvio anacronismo: proteccionismo económico, paternalismo político, asimilación racial, difusión del catolicismo y la cultura. Por su parte, los criollos perciben que para alcanzar un desarrollo económico autónomo deben lograr el poder político. Además, las ideas ilustradas se habían esparcido en América…

En estas circunstancias, Humboldt estimaba que la población de color de todas las Antillas ascendía, a principios del siglo XIX, a 2.360.000 (2,36 millones), es decir 83% del total. Cuba, en el primer cuarto del siglo XIX, tenía más negros y mulatos que blancos. Mientras España se empeña brevemente en otra guerra (la “Guerra de las Naranjas”, en que, presionada por Francia, rompe las hostilidades contra Portugal ante su negativa a cerrar sus puertos al comercio británico; Godoy es nombrado generalísimo de los ejércitos de mar y tierra, y la guerra finalizará con el tratado de Badajoz, en que España obtendrá la plaza de Olivenza), los navíos negreros siguen arribando al Plata, más específicamente a Buenos Aires. Cuando llegó a esta ciudad la noticia de los Preliminares de Londres, de Octubre de 1801, y de que era previsible una cercana paz, los comerciantes pidieron a la Junta de Gobierno que se prohibiese la arribada de buques extranjeros al Río de la Plata, y no se permitieran otras expediciones españolas a otros reinos más que para adquirir esclavos. Motivaba ese pedido el gran auge que había cobrado el contrabando, que había inundado el país de géneros prohibidos y que efectuaba gruesas extracciones de dinero (clandestinas), retornando a cambio un corto número de esclavos y sí cuantiosas mercaderías. Se consideraba el comercio de negros como “necesarísimo”, pero se reconocía que, realizado por extranjeros, era un medio de encubrir el contrabando. Esta “Representación” pasó a consideración del virrey.

Entre 1801 y 1804 fue virrey del Río de la Plata Joaquín del Pino. Las memorias de su antecesor, el virrey Avilés, fechadas el 21 de Mayo de 1801, ya se refieren a los perjuicios del contrabando. Por su parte, Félix de Azara, en sus “Memorias sobre el estado rural del Río de la Plata en 1801, del 9 de Mayo de ese año, se refiere al hecho, significativo para nuestro estudio, de que a pesar de que “se alegó que estas haciendas se sostenían con esclavos, se equivocaron mucho, pues tenemos muy raros esclavos en el campo, haciéndose todo por manos libres, (y además) tratamos tan bien a nuestros esclavos, que no hay ejemplar de éstos que haya procurado la libertad.” En Brasil, contemporáneamente, los esclavos podían comprar su libertad (desde el siglo XVI al XIX). Sin embargo, a pesar de esta fuente contemporánea, hay quienes han llegado a la conclusión de que la producción agropecuaria y la industria artesanal se desarrollaron sobre el trabajo esclavizado, agregando que la estancia colonial típica era un establecimiento de enormes extensiones donde habían miles de cabezas de ganado y trabajaban esclavos o personas de inferior categoría social. Giberti agrega: “Según García, en las estancias se ocupaban los esclavos, mucho más baratos que los asalariados, Con cien pesos plata se compraban los quince o veinte años de trabajo que podía dar un negro esclavo.” Con todo, considera que el esclavo, sin embargo, no servía para los trabajos eminentemente de a caballo, ni convenía arriesgarlo en labores de peligro. Mientras abundó el ganado cimarrón, el gaucho fue tolerado por los estancieros, que aprovecharon su baquía como jinete. Pero cada vez se lo toleró menos, y el gaucho fue asentándose y convirtiéndose en peón de hacienda.

El 6 de Febrero de 1801 se envió a las autoridades del Río de la Plata una disposición que aclaraba las dudas de las oficinas de la real Hacienda del virreynato, y establecía que “no se molestara en lo sucesivo ni a los introductores de negros que sólo pagan el 6%, ni a todos los demás agraciados por esa exención” (la de los derechos municipales de Guerra y Consulado).

En suma, distintos factores suman para que los negros y mulatos, que a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX alcanzan en determinadas regiones del Virreynato del Río de la Plata la mitad o más de los habitantes, disminuyan a comienzos del siglo XX a proporciones insignificantes. La ausencia de una economía agrícola de exportación que requiriera grandes cantidades de mano de obra trajo aparejado el desinterés por el tráfico negrero con posterioridad a 1810, contrariamente a lo que ocurría en Brasil, Estados Unidos, ecuador, centro América, Cuba y Colombia, entre otros. Además, hay que agregar en los primeros momentos la desarticulación, por las razones bélicas, de la tradicional ruta continental al Alto Perú y a Chile, y la interrupción de los contactos con el puerto de Montevideo, paso obligado para el desembarco de negros.

En otro orden de cosas, digamos que a comienzos del siglo XIX, los cambios operados en diversas regiones (como en el Litoral) y las modificaciones introducidas por el comercio libre afectaron negativamente sólo a una parte del Interior, mientras otra parte se beneficiaba y pasaba por una etapa de holgura.

En 1802 concluye la ocupación francesa de Egipto. En Marzo, la paz de Amiens es el primer éxito espectacular de la política napoleónica, ya que Gran Bretaña renuncia a sus conquistas coloniales, excepto Ceilán y Trinidad, y Francia devuelve Egipto a Turquía. Italia, por su parte, es reorganizada por Napoleón, con la restauración del estado Pontifício (sin la Romanía) y del Reino Borbónico de Nápoles; en Toscana queda erigido el reino de Etruria, en tanto que la antigua República Cisalpina recibe el nombre de República Italiana, con napoleón como primer cónsul; por último, el Piamonte y Parma quedan bajo la administración militar francesa.

Ese año de 1802, Dinamarca fue la primera Nación que suprimió el tráfico negrero en sus posesiones. En Francia, las dificultades internas no favorecían una toma de consciencia con respecto al problema de la trata: en lo social, la alta burguesía se convierte en la clase dirigente, pero se invita a la nobleza emigrada a regresar al país; el funcionariado se abre a todos los ciudadanos, y para estimular la ambición de los franceses se crea la Legión de Honor… El régimen se apoya en la censura de prensa, en la delación y en el aparato policial. Se prohíben las críticas. Al mismo tiempo, Napoleón es proclamado (1802) cónsul vitalicio mediante plebiscito.

En Inglaterra, el mismo año en que fracasa la creación de un Reino de las Antillas debido a la intervención de la flota británica, en la Mayor parte de las colonias británicas se imponían fuertes tributos a la manumisión, y en 1802 se aprobó una ley en las islas Leeward en virtud de la cual el dueño que deseaba registrar a su esclavo como manumitido debía pagar quinientas libras al tesoro público, y destinar esta suma en su testamento si en él decidía la liberación del esclavo. Es decir que, aunque la lucha contra la trata estaba a cinco años de distancia de resultar exitosa, todavía era impensable, sobre todo en las colonias británicas, la abolición total de la esclavitud. Además, como dijimos, Inglaterra seguía adquiriendo colonias (por la paz de Amiens, la definitiva adquisición de la isla Trinidad). En esa ocasión, el Parlamento debatió cómo se distribuirían las tierras en la isla Trinidad, y cuál sería la mano de obra preferencial que allí se fomentaría: la esclava negra o la asalariada libre. (27-5-1802). Y una voz se levantó en defensa de la trata de negros y de transportar a la isla masas de esclavos, ya que ello era lo único que podía sostener a las colonias de las Indias Occidentales; fue la voz del general Gascoyne.

En cuanto a la independencia de las colonias españolas de América, la paz de Amiens paralizó los planes que al respecto había tejido el gobierno británico, con miras a beneficiar su comercio. España e Inglaterra, en virtud de esa paz, permutaron las islas de Trinidad y Menorca. Por el lado español, la paz hacía que desapareciese la calidad de neutral, aplicable sólo en tiempos de guerra, pero, con todo, esto no detuvo el giro comercial a través de naves “neutrales”.

Al Río de la Plata continuaron llegando barcos con esclavos, durante el año 1802. En Buenos Aires, con importación directa, un negro valía ese año 300 pesos. En general, en 1801 y 1802 hubo al Río de la Plata gran afluencia de naves extranjeras que, al amparo de la legislación otorgada durante la pasada guerra, acudían a extraer el producto de la esclavatura introducida por diversos comerciantes. A ello trató de poner freno, a esos abusos, el virrey Del Pino, con el Acuerdo Real Ordinario de Justicia de (Bs. Aires) 10 de Junio de 1802, dando preferencia a los fletes españoles sobre los extranjeros. Además, ese año, un petitorio del cabildo de Buenos Aires requería que los mercaderes introductores de negros acomodasen a éstos precisamente al final de la población, por la parte Sur, para que, en caso de bañarlos en el río, no infecten con sus “malos humores” el agua por ser río abajo, preservando así a la ciudad de alguna infección.

En 1803 hay nuevas tensiones entre Francia e Inglaterra, a causa de los intentos de los franceses de reconstruir su imperio colonial, con la compra a España de la Louisiana y los desembarcos en Haití y Martinica; además, la ocupación de Hannover por los ejércitos franceses, en flagrante violación del Tratado de Basilea. Además, el establecimiento de medidas aduaneras proteccionistas francesas complicó el cuadro aún más.

En Alemania, en 1803 se reconstruyen los principados eclesiásticos (menos Maguncia). Además, se eleva el rango de algunos príncipes alemanes, con el beneplácito de Napoleón...

Cuando la guerra estalló nuevamente entre Inglaterra y Francia, en Mayo de 1803, Godoy intentó la neutralidad, pero se vio obligado, finalmente, a firmar el tratado de subsidios (1803) y ayudar financieramente a Napoleón. Ello hizo que en Inglaterra renacieran, como por arte de magia, los proyectos ingleses de una Hispanoamérica independiente: en Agosto, sir Home Popham, un aventurero capitán de navío, se acercó a Miranda ofreciéndole unirse a la nueva expedición que el último planeaba. El gobierno Addington tomó note del último esquema en el cual Popham sugería el ataque a Buenos Aires y también a Venezuela. Hubo discusiones con el gobierno en Diciembre, pero en Enero del siguiente año, 1804, se decidió que ninguna expedición podría ser favorecida mientras Inglaterra y España estuvieran aún en paz. En Mayo cayó el gobierno, y Pitt formó un nuevo gabinete, al cual se acercaron Popham y Miranda enseguida.

En Febrero de 1803, en tanto, el gobierno español había renovado, por R. O., la prohibición de comerciar a los no naturales. No obstante, a pesar de las medidas adoptadas, el contrabando continuaba en todo el ámbito americano. En el ámbito del virreynato del Río de la Plata, por ejemplo, la Mayor parte de los traficantes eran extranjeros, y fuera de Tomás Antonio Romero, hombre de “bizarro espíritu para negocios grandes”, no parece que otros españoles o criollos se dedicasen a la trata; a lo más, prestaban sus nombres para facilitar las operaciones, y así, las grandes ganancias fueron a dar a otras naciones. Para aumentar los ingresos, los tripulantes no sólo sacaban del Río de la Plata los frutos que les estaban permitidos, sino que mediante engaños sacaban fuertes caudales de plata, cuya extracción les estaba prohibida. Entraron más negros en el Río de la Plata, pero ello no hizo bajar los precios; los agricultores no pudieron comprarlos, y la agricultura no se fomentó. En 1803, el administrador de aduana, José Proyet, decía que sólo compraban esclavos los acaudalados, y estos esclavos estaban en las ciudades, como domésticos, aprendices de oficios prácticos. En 1803 siguieron llegando al Río de la Plata gran cantidad de buques, que ingresaban tanto por el puerto de Montevideo como por el de Buenos Aires. La corriente comercial ilícita establecida por éstos conformó un circuito comercial en el cual los comerciantes de Inglaterra (y también, en menor medida, de otras naciones) habían fundado importantes expectativas.

Volviendo al tema de la trata, 1803 es el año en que se reorganiza la Compañía de Filipinas (por RC del 12 de Julio de ese año), que tenía a su cargo la vinculación de los mercados europeos, americano, africano y asiático. Además, diversas reales órdenes continuaban estableciendo permisos para el comercio negrero a particulares. Pero, en vista de que estos permisos más se utilizaban para el contrabando que para llenar su fin original, éste continuaba siendo muy mal cumplimentado.

En otro orden de cosas, por estos años se llega a una toma de conciencia más firme de que el negro era en realidad un ser humano igual al blanco, y así, por ejemplo, un Acuerdo del cabildo de Buenos Aires, fechado el 27 de Enero de 1803, toma las medidas necesarias para contener “el trato inhumano de traficantes y amor de los negros esclavos”.

Pero, con todo, las importaciones americanas seguían siendo importantes. Entre 1759 y 1803 las importaciones de Brasil, provenientes de Angola, alcanzaron 642.000, es decir un promedio anual de 14.000 o 15.000 piezas.

En América del Norte, tras la adquisición por estados Unidos de la Louisiana a Francia, vendida por Napoleón en 15 millones de dólares, se estimuló la colonización del interior a través del Missisipi, libre ya para la navegación. En tanto, las infracciones a la ley se hicieron tan flagrantes y tan ruidosas las quejas de los plantadores de algodón del interior que no tenían la oportunidad de comprar esclavos pasados de contrabando, que el tráfico fue autorizado de nuevo en Carolina del Sur a fines de 1803. Durante los cuatro años siguientes fue Charleston uno de los Mayores puertos esclavistas del mundo; había una virtual “fiebre de negros” en la población blanca. Todos los que tenían el capital suficiente soñaban con equipar un barco para el tráfico de Guinea… De todos los estados algodoneros llegaban los plantadores para comprar esclavos en Charleston. Aumentó la demanda de cadenas, grilletes, etc., todos elementos “apropiados para el tráfico africano”.

En estos años, Pitt, de nuevo en el poder de Inglaterra, logra conformar la tercera coalición contra Napoleón, que estaba planeando la invasión de la isla británica. En esa coalición estaban también Rusia, suecia y Austria. Luego, el peso de la guerra recayó en Austria, en tanto Inglaterra quedaba libre del peligro napoleónico. Mientras los franceses invadían la Alemania meridional y llegaban a Viena, los ingleses luchaban en el mar. Nelson encuentra, y derrota, a la escuadra franco-española en Trafalgar. En cambio, en tierra, el ejército francés ganaba tantos laureles como la escuadra inglesa en el mar. En 1805, la victoria napoleónica de Austerlitz (2 de Diciembre) finalizará con la tercera coalición, obligando a Austria a firmar la onerosa paz de Presburgo. Son los años, también (1803-1805 de la 2ª guerra de los Maharatas: Richard Wellesley conquista la costa oriental de la India.

En medio de estos acontecimientos, en Enero de 1804, y tras arduas discusiones en el gobierno en torno de los proyectos de independizar América, se decidió que ninguna expedición podía ser favorecida mientras Inglaterra y España estuvieran aún en paz. Es el año, 1804, en que, como dijimos, Napoleón abandona los planes de invasión a Inglaterra, a pesar de los preparativos que habían hecho los franceses en el Campo de Boulogne. En 1804 y 1805, en tanto, no menos de ocho planes diferentes fueron sugeridos al gobierno inglés, con el apoyo de varios hombres importantes, incluyendo al propio duque de York (entones comandante en jefe del ejército británico), Castlereagh, Melville y sir Sidney Smith, otro marinero aventurero. El vizconde de Melville, primer lord del Almirantazgo, apoyaba a Miranda y a Popham, y finalmente logró la atención de Pitt. El gobierno estaba ahora interesado en el plan, porque se esperaba nuevamente la guerra con España; de hecho, el 5 de Octubre de 1804 una escuadra inglesa, bloqueando El Ferrol, atacó cuatro fragatas españolas que llevaban oro y plata de América y capturó tres, haciendo estallar la otra en el curso de la batalla. El oro y la plata, por valor de 2.000.000 de libras, se creía era un subsidio para Francia, de modo que decidió arriesgarse a la guerra y asegurarse de que Francia perdiera, por lo menos, esa ayuda. En Diciembre de 1804 la expedición, finalmente, estaba siendo preparada, pero tuvo que ser pospuesta por varias circunstancias, y Popham, en el verano de 1805, deseando acción, se alistó voluntariamente en una expedición mandada a capturar el Cabo de Buena Esperanza de los holandeses, satélites de Napoleón. Antes de partir el comodoro, Pitt le dijo que el ataque a América del Sur debía ser abandonado por el momento porque el gobierno estaba tratando de separar a España de Francia pacíficamente, habiendo la primera declarado la guerra a Inglaterra el 12 de Diciembre de 1804, como réplica al incidente de las cuatro fragatas.

Mientras en Alemania Francisco II pasa a ostentar el título de emperador de Austria, en Francia, Napoleón I es coronado emperador de los franceses, con 3.572.000 votos a favor, 2.579 en contra, y sus familiares o allegados obtienen títulos principescos o son designados para altos cargos. Es el comienzo del Imperio, al que, en principio, España uniría sus destinos, y contra el cual el pueblo español se revelaría furiosamente más tarde. En este año, el “Código Civil” de Napoleón garantiza la libertad individual, la igualdad ante la ley, la propiedad privada, el matrimonio civil y el divorcio… España, por su parte, como vimos, ante la agresión de la flota inglesa d Carlos IV, declara la guerra a Inglaterra. Hay una Nueva Alianza hispano-francesa, y todos estos acontecimientos, finalmente, repercutirán en la trata negrera de una manera notable.

Con respecto al comercio de negros, por RC del 22-4-1804, se concede la prórroga del libre comercio de negros por espacio de doce años, es decir, que expiraría en 1816. Esto era para los españoles, en tanto que para los extranjeros, la prórroga era de 6 años, es decir, hasta 1810. La RC declaraba, además, que los retornos que por falta se negros se hiciesen de los puertos extranjeros, fueran en herramientas ara la labranza, máquinas y utensilios para los ingenios, etc., y fueran libres de derechos. También se encargaba, najo la más estrecha responsabilidad, a los gobernadores y jefes de Real Hacienda, que se observase rigurosamente el término de los 40 días concedidos a los extranjeros para permanecer en puerto. Es decir que, hacia 1804, todos los puertos importantes de Hispanoamérica gozaban de una completa libertad en el comercio de esclavos.

En estos últimos años de coloniaje, el comercio de negros pasó por duras alternativas. La guerra que estalló en Diciembre de 1804 y la abolición de la trata de esclavos, en 1807, en todas las posesiones británicas (Febrero) hicieron decaer notablemente el tráfico. En el Río de la Plata hubo, sin embargo, una importación bastante activa hasta 1810. Cesó al estallar las guerras de independencia, sobre todo por la labor de los antiesclavistas que contaron en sus filas a los dirigentes criollos, jefes de las nuevas repúblicas, y pudieron prohibir ese comercio, como primer paso a la emancipación.

En estos años, era virrey del Río de la Plata el marqués de Sobremonte (1804-1807), a quien le tocará vivir las alternativas de las invasiones inglesas. Durante el mandato de su antecesor, Del Pino, éste se mostró tolerante, permitiendo la entrada y descarga a navíos extranjeros que conducían negros, y la carga de productos de retorno; pero se mostró firme cuando se trató de la importación de frutos de colonias extranjeras.

Son de interés para nuestro tema los datos que Diego de Alvear y Ponce de León consigna en su “Diario de la 2da partida de demarcación de límites entre… Española y Portugal en América”. Alvear calcula que en este año de 1804 habitaban en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores de 60 a 70 mil almas, asegurando que de sus habitantes dos terceras partes eran de color blanco y el resto lo componían mulatos y gente de distintas castas. Al Río de la Plata seguían llegando ese año, navíos negreros de nacionalidad española, francesa, portuguesa, norteamericana. Y es que en ese año de 1804, se había registrado ya gran aumento del giro comercial, llegando multitud de naves de todas las banderas. Se registró la entrada de 16 embarcaciones negreras procedentes de África, que desembarcaron más de 2.315 esclavos, y de 19 barcos que, procedentes de puertos brasileños, introdujeron otros 849.

El 3 de Octubre de 1804 el virrey Sobremonte comunicaba al Consulado la RO del 14 de Marzo que permitía la compra de embarcaciones extranjeras, libre del derecho de Alcabala, con el objeto de fomentar la navegación y el comercio directo desde las colonias hispanas a la costa de África. Por lo tanto, las ventas ulteriores que se hiciesen de esas naves, siempre que se dedicaran al comercio de negros, también serían libres del citado impuesto con la condición de que sólo podría destinarse a otros usos después de haber verificado cinco expediciones al África, retornando en cada una por lo menos cincuenta negros, o un total de 250. Habiendo cumplido esos requisitos, los dueños de embarcaciones quedaban libres de darles el destino que quisiesen, y, si las vendieren, debían pagar el derecho de Alcabala como cualquiera otro buque nacional.

En otras zonas de América, en tanto, las cosas estaban aún peor para los esclavos. En Haití, entre 1791 y 1804 transcurrió un período de guerras civiles de las que emergió una serie de líderes negros. Entre ellos, Toussaint de L´Oberture, que tras hacerse con el control de la colonia (francesa), es apresado por las tropas francesas. A continuación, Dessalines, sucesor de L´Oberture, proclama la independencia del país, y realiza un asesinato en masa de la población blanca. Esto va a influir en la trata, al crear un temor general hacia los negros que, además, endurecería su situación de sujeción.

En Estados Unidos, en 1804 la importación de esclavos había sido prohibida. Sin embargo, el número total de barcos negreros que desembarcaron sus cargamentos en Charleston entre los años 1804 y 1807 fue de doscientos dos. De ellos, setenta procedían de puertos británicos, especialmente Liverpool, sesenta y uno del mismo Charleston (aunque algunos pertenecían a propietarios yanquis) y cincuenta y nueve de Rhode Island. La importación total de esclavos de África, según datos presentados del Senado de los Estados Unidos, fue de 39.075. Había aumentado año tras año, desde 5.386 en 1804 a 15.676 en 1807, año en que entraron en el puerto 95 navíos negreros.

A comienzos del siglo XIX había un grupo de comerciantes norteamericanos dedicados de manera regular a la trata de negros en la costa oriental. Con el tiempo, habían llegado a fortalecer su comercio en esa zona.

En año siguiente, 1805, es el año de la tercera guerra de coalición, en Europa. Cerca de 200.000 soldados del ejército napoleónico cruzan el Rhin y derrotan al ejército austríaco (Mack) en Ulm. Poco después, Napoleón ocupa Viena… Francia y España, entonces, concretan una nueva alianza.

El 21 de Octubre de 1805 tiene lugar la batalla naval de Trafalgar, en que Nelson desbarata, como ya dijimos, el poderío naval franco-español y asegura el predominio marítimo británico. El 2 de Diciembre, ocurre la batalla de Austerlitz, en que obtiene la victoria Napoleón. El 15 de Diciembre se concreta el tratado de Schönbrunn, por el que Prusia obtiene el principado electivo de Hannover, cediendo en compensación Cleves, Neuenburgo y Ansbach-Bayreuth y quedando integrado en el sistema napoleónico por una alianza defensiva. El 26 de Diciembre, tratado de Presburgo: Austria cede Venecia y Dalmacia al reino de Italia; el Tirol, Vorarlberg y Lindau a Baviera; Brisgovia y Constanza a Baden y Würtemberg. A cambio obtiene Salzburgo y reconoce el nuevo rango de los príncipes alemanes.

Mientras estos acontecimientos tienen lugar en Europa, donde la guerra continental marca los triunfos de Napoleón, en el mar, ya vimos, la flota inglesa obtiene la primacía. En Julio de 1805, basándose en esa primacía y en el hecho de que España era su enemiga, fleta una expedición de 6654 hombres a las órdenes del Mayor general Sir David Baird, escoltada por una escuadra de 6 unidades al mando de comodoro Sir Home Popham, a quien ya conocemos (al igual que sus proyectos). Esta expedición debía apoderarse de la colonia holandesa de Nueva Esperanza, a fin de asegurar con ella la ruta comercial a la India Oriental y contar con una base para conquistar el Río de la Plata. La operación tiene éxito.

Sobremonte es advertido a principios de 1805 por su gobierno de que la guerra con Gran Bretaña es inevitable y que la metrópoli “no podía tomar medidas prontas para socorrer esas posesiones”; se espera que VE supliera esa falta, y que hiciera la defensa si el enemigo atacaba. En realidad, no hay pruebas de que el gobierno británico haya pensado en un ataque directo a Buenos Aires. Más bien parece ser éste el razonamiento del mismo Popham, apoyado, o aconsejado a lo sumo, por ciertos comerciantes que veían la posible operación con ansiosos ojos. Popham, además, había sido mal informado sobre las defensas de Montevideo y Buenos Aires, subestimándolas, y también había sobreestimado el apoyo que despertaría en la población una expedición británica de conquista.

Para compensar el escaso poder militar, el 2 de Abril de 1805 el virrey ordenó reforzar las defensas de la zona costera y convocó a una junta de defensa para ese día, que resolvió formar en las cercanías de Buenos Aires y Montevideo dos campos de 1100 hombres cada uno, pedir 650 milicianos a Córdoba, San Luis y Santa Fe para reforzar la capital, organizar el traslado de los caudales al interior y alistar las milicias de Misiones, Corrientes y paraguay. Se dispuso además la fabricación de armas y cartuchos, el emplazamiento de cañones en lugares estratégicos, etc.

Desde 1805, pues, con motivo del nuevo conflicto en que España actuó como aliada de Napoleón contra Gran Bretaña, reaparecieron las autorizaciones para utilizar buques neutrales. En general, los permisos que se otorgaron desde 1805 fueron más amplios que los anteriores. En el Río de la Plata, en ese año entraron 20 barcos negreros provenientes de África y 39 del Brasil. En general, puede apreciarse ya en el año anterior, 1804, un gran aumento en el giro comercial del Río de la Plata. En lo que hace a la trata, esta ampliación comercial trajo aparejado el consecuente exceso de esclavos que había en el mercado rioplatense, ya que las 59 naves mencionadas ingresaron 3530 esclavos, en tanto que las autoridades calculaban que dicho mercado absorbía, en esa época, algo más de mil negros anuales.

Sobremonte trató de dar impulso a la economía local y se empeñó en reglamentar el comercio y poner freno al contrabando. El virrey, conciente de que el movimiento comercial era importantísimo para estas regiones, permitió la salida de buques a los demás puertos de Hispanoamérica, a las colonias extranjeras para el comercio de ensayo y a la costa de África para el tráfico de esclavatura. Además, declaró libres de todo derecho en su extracción, así los frutos como el dinero que se registrasen para el tráfico directo al África, sin otra obligación por parte de los interesados que la de afianzar el cumplimiento del viaje y su retorno en negros, oro, plata y otros efectos permitidos.

Pero en el año siguiente, 1806, los acontecimientos bélicos y políticos influirían en lo económico. En Enero (18 de Enero), la colonia de Ciudad del Cabo capituló ante las fuerzas británicas, y tres meses más tarde, el 14 de Abril, los británicos partían rumbo a Buenos Aires, con el objeto de conquistarla.

Sobremonte continuaba intentando fomentar el comercio, en especial el negro. Para facilitar las operaciones de las embarcaciones negreras extranjeras, solicitó al gobierno de Madrid la aplicación del término concedido a esos barcos para permanecer en los puertos de su jurisdicción (40 días), y, empeñado en conseguir aún Mayores franquicias, envió a la Corte, el 1 de Febrero de 1806, una representación en la que solicitaba la habilitación del puerto de Buenos Aires y su Ensenada para el tráfico negrero. Pero estas dos pretensiones fueron denegadas por el rey y se le contestó a la segunda con la exclusividad del puerto de Montevideo como punto de desembarco, ya señalado por las reales cédulas de 24 de Noviembre de 1791 y 22 de Abril de 1804.

El 30 de Abril, la escuadra británica llegó a Santa Elena, donde el gobernador les proporcionó armas y hombres. El 2 de Mayo, la expedición inglesa partió nuevamente hasta el Río de la Plata.

Pero, ¿qué era Buenos Aires en esta época? Guillespie (A. Guillespie, “Buenos Aires y el Interior, Observaciones reunidas durante una larga residencia, 1806-1807”), nos informa que en 1806 la población de la ciudad no excedía de 41.000 personas, “la quinta parte era de blancos, siendo el resto una casta compuesta en variados estado de conexión y cambios progresivos, desde el negro hasta el tinte europeo más rubio”. Como vemos, no puede hablarse de una población importante, como la de México, por ejemplo. Pero Buenos Aires había incrementado sus lazos comerciales con el mundo extrahispano, a punto tal que ya no se podía volver al exclusivismo comercial metropolitano que durante tres siglos había sofocado a su población. El contrabando había generado las conexiones necesarias como para que los comerciantes de Inglaterra pusieran sus ojos en estas comarcas. Ese año de 1806, Santa Coloma, un comerciante de Buenos Aires, decía epistolarmente a un amigo: “Al contar a vuestra merced que hay gente en el mundo para todo, es asunto largo, pues aquí van apresadas tres embarcaciones comisionadas a sujetos de este comercio cargadas de negros, muchos efectos a título de angloamericanos y son tan ingleses como yo español.” Es decir que ni la guerra contemporánea evitaba que el comercio con ingleses se detuviera.

Al tiempo que aumentaba la entrada de negros, la exportación de productos coloniales también se incrementaba; esto ocurría especialmente con los cueros, y contribuyó a alzar su precio en ciertos momentos, estimulando así a los ganaderos. En 1806, a pesar del estado de guerra, gracias al comercio libre de negros, las exportaciones se mantenían altas y con buen precio. “En todo tiempo que llevamos de guerra –anotaba por entonces un comerciante de Buenos Aires, los cueros no han bajado de 12 ½ reales, el sebo de 18 reales y el cacao de 16 pesos el quintal, proviniendo esto de la mucha extracción que han hecho de estos frutos los americanos y portugueses, que continuamente han estado entrando en Montevideo y aquí con negros.” Ya vimos que los “americanos” no eran tal, sino ingleses, que necesitaban estas materias primas para mover las ruedas de su recién nacida industria moderna.

En Junio, el 8, llegó a la entrada del estuario del Río de la Plata la expedición inglesa. El 25, los ingleses desembarcaron, y quebraron rápidamente las líneas defensivas, apoderándose el 27 del fuerte y de la ciudad de Buenos Aires. Entretanto, en Inglaterra se formaba un nuevo gobierno, bajo la presidencia de Grenville y Fox. Este último, a pesar de su indolencia, había sido toda su vida adversario de la esclavitud. En ese mes de Junio, presentó un proyecto de resolución preconizado “en forma de medidas efectivas para la abolición del tráfico de esclavos africanos”; fue aprobado por una gran Mayoría.

La ocupación de la ciudad de Buenos Aires, por el general Guillermo Carr Beresford, originó un levantamiento de esclavos negros de la capital del virreynato. Se dice que “éstos habían sido contaminados por los tripulantes libres, de color, que ocasionalmente llegaban a puerto, provenientes de las colonias francesas”. Los negros porteños aprovecharon la confusión de la primera hora para rebelarse contra sus amos, con la esperanza de que el general invasor les diera la libertad. Don Juan Martín de Pueyrredón se hizo presente ante los ocupantes británicos como portavoz de los amos blancos que reclamaban prontas medidas ante tal peligro para sus vidas y haciendas.

Seis semanas duró el gobierno de Beresford en Buenos Aires. En ellas, publicó siete bandos. El número cuatro –sin fecha- ordenaba que los esclavos quedaban sujetos a sus dueños como antes, y que se tomarían las medidas severísimas con los que tratasen de liberarse de esa sujeción. Indicaba que el general haría una policía severísima. Esto es un ejemplo de la actitud británica en el sentido de mantener el antiguo orden social.

Al declararse la guerra con el Portugal, el año anterior, los comerciantes rioplatenses sufrieron más que un quebranto y el intercambio se resintió a causa de las prohibiciones impuestas por los lusitanos. Pero el comercio negrero era muy lucrativo para los portugueses, y Popham, a quien ya conocemos, miraba codiciosamente el tráfico negrero, como queda dicho, tan beneficioso a los opulentos portugueses), y pensaba que aquello que antes se había abierto camino hasta Europa, a través de Lisboa y Cádiz, podía ahora “abrirse camino hasta Londres”. Casi podría uno suponer que Popham había dado en forma deliberada un golpe a la comunidad mercantil portuguesa cuando hablaba de las ventajas que él había creado para el comercio británico.

Entretanto, en Agosto, las luchas entre los invasores británicos y los que querían reconquistar la ciudad, continuaban. En 1º de ese mes, en la chacra de Perdriel, 800 hombres (patricios que buscaban la reconquista) son vencidos. El 3, un contingente formado por 550 veteranos y 383 milicianos se embarca en Colonia, rumbo a Buenos Aires.

El 4 de Agosto, Beresford publica su bando número 7, es decir, el último. En él, declara el Comercio libre (y quizá haya sido éste el verdadero fin de las invasiones). Especificaba los aranceles aduaneros y abolía los impuestos internos de exportación e importación de la ciudad sobre los productos del país. Esto dio origen a una activa campaña de penetración mercantil, pues junto con la escuadra de guerra se había acercado al Plata también una fuerte flota mercante, circunstancia que reavivó en los nativos el anhelo de una total apertura del puerto de Buenos Aires, anhelo que sólo se cumpliría el 6 de Noviembre de 1809.

Con respecto a la trata, en 1806 el flujo de naves negreras continuó siendo satisfactorio, registrándose la llegada de 36 naves, que transportaron 2753 esclavos provenientes de África y de los puertos brasileros.

Pero, en fin; el comercio libre que pretendió reglamentar Beresford hirió la susceptibilidad de diversos grupos de intereses. En primer lugar, el interés comercial de los españoles peninsulares, por supuesto, cuyo vocero era Martín de Álzaga. Luego, el interés del servicio español, cuyo representante era un capitán de la armada española, Santiago de Liniers. Y por último, los intereses mercantiles y campesinos de los criollos, cuyo jefe más enérgico era Juan Martín de Pueyrredón. En ese sentido, la invasión tenía que ser breve. Pero la semilla que sembró, con el comercio libre, germinaría políticamente pocos años después.

En general, las miras del gobierno británico en esta época eran una rara mezcla de intereses propios y motivos humanitarios. En este contexto, uno de los factores sobre el que se ponía especial énfasis era el mejoramiento de las relaciones comerciales. En el mes de Septiembre, las instrucciones adicionales dadas a Craufurd especificaban, además, que el comercio de esclavos debía ser abolido.

En Agosto de 1806, el día 4, Beresford dispone el comercio libre, con la reducción de derechos. El 9, ya se encontraban en Chacarita de los Colegiales los efectivos provenientes de Colonia, engrosados por grupos dispersos de Perdriel. Al día siguiente, estas fuerzas intimaron a Beresford a la rendición, y al no ser aceptada esta petición, las tropas comenzaron a avanzar. El 11, las primeras luchas se produjeron a la altura del retiro, y el 12, se produjo el encuentro decisivo: las fuerzas locales avanzaron sobre la ciudad, y en el combate participó la población. El enemigo fue obligado a replegarse en el fuerte, lugar en el que se rindió. Con ello, la reconquista era un hecho. De allí en más, habría una pugna por volver al orden anterior a la invasión (aunque ésta no había cambiado mucho), o por continuar con una evolución –económica primero, política más tarde- apenas iniciada.

A fines de Agosto, el 29, la Ro de ese día contesta, a la representación del virrey del 11 de Febrero anterior (solicitando que a los buques nacionales que hacían la trata se les permitiera el ingreso en el puerto de Buenos Aires y su ensenada), se contesta con la exclusividad del puerto de Montevideo como punto de desembarco, ya señalado por las RO de 24-11-1791 y 22-4-1804.

En Septiembre, Fox muere, en Inglaterra. Ello determina que, por el momento, el proyecto de abolición del tráfico de esclavos quedara archivado hasta la siguiente primavera.

En Buenos Aires, después de la reconquista, el estrato criollo va tomando conciencia de su situación, hecho que va a reflejarse en la organización de un ejército local y la propagación de las ideas populistas entre los núcleos urbanos cultos.

El 9 de Octubre, el Mayor general Sir Samuel Auchmuty salió de Falmouth con 6.300 hombres destinados a reforzar a Beresford. A fin de preparar el camino a la penetración económica, se aprobó una legislación retrospectiva que abolía los privilegios de la Compañía de los Mares del Sur y compensaba las pérdidas de éstos, de tal manera que inauguraba el comercio libre en el nuevo imperio, hecho ya anticipado por Beresford. Por supuesto, los últimos hechos –la reconquista- eran todavía desconocidos en la metrópoli.

Después de la reconquista, el cabildo de Buenos Aires sostuvo la supresión de la esclavitud, y para conseguirlo atentaba contra el tráfico de una manera curiosa: se sostenía que el giro comercial –negrero, exclusivamente- debía hacerse sólo por los españoles. (Se sostenía, por ende, que el giro comercial en general, con todos los extranjeros, era un fin altamente deseable.) Agrega el acta del cabildo: “convendría se hiciese este giro exclusivamente por los españoles, porque no haciéndole como les hace cuenta, ninguno lo emprenderá, y en breve se concluirá, logrando por este medio el fin a que aspiramos”.

En 1806, tras fracasar dos intentos de invasión a Venezuela, Miranda, tras haber estado en Estados Unidos, vuelve a Londres. Allí, los acontecimientos políticos y bélicos ocupan la atención. Por una parte, la opinión pública estaba pendiente de lo que ocurría en Buenos Aires. Por otra, en ese año se había implantado el bloqueo continental (ya que las victorias navales anteriores habían otorgado el poderío marítimo); este bloqueo llevaría a Francia a la aventura de invadir la península ibérica, hecho que desencadenaría la insurrección hispanoamericana, a largo plazo. Inglaterra estaba reducida a la impotencia por el bloqueo continental. Se dice que “España estaba predestinada a salvar a Europa”, por la forma en que su pueblo peleó contra el invasor francés. Pero ello difícilmente habría sido posible sin la ayuda inglesa.

En tanto que, por lo menos desde 1806, los barcos norteamericanos frecuentan la isla de Zanzíbar (antes de que los safaris árabes comenzaran a enviar esclavos a la isla por decenas de miles), se conforma en Europa, como dijimos, la cuarta guerra de coalición, que abarcaría los años 1806 y 1807, y se desencadenaría por la ruptura, por parte de Napoleón, del tratado de Schönbrunn. En Berlín es proclamado el bloqueo continental al que ya aludimos, tras la derrota del obsoleto ejército prusiano.

 

1807: La abolición de la trata por Inglaterra.

 

1807 es un año convulsionado, en Europa. La paz de Tilsit, del 7 de Julio, es el segundo éxito de la política napoleónica. Los rusos y los franceses se dividen Europa en dos zonas de influencia, y Rusia se une al bloqueo continental. Las continuas anexiones hacen que, a partir de este año, la hegemonía francesa en Europa se estructure en Estados familiares, vasallos y aliados. Además, hay una difusión de las ideas liberales, que quiebran las estructuras feudales e introducen, con el Código Civil, un derecho moderno. La ocupación francesa, por otra parte, fortalece el desarrollo del sentimiento nacionalista…

Hay, paralelamente, una expansión económica francesa, y un desarrollo de la industria textil. Pero la escasez de productos debida al bloqueo determina la subida de los precios, el contrabando, el mercado negro, y la oposición de los banqueros al sistema napoleónico.

Rusia, por su parte, también se expande, gracias a las alianzas napoleónicas. En cuanto a Portugal, ocupado por Napoleón ante la negativa a acatar el bloqueo continental, digamos que la familia real huye al Brasil, que se convierte en metrópoli y colonia. España, en tanto, se adhiere al bloqueo continental y envía un cuerpo expedicionario de ayuda a Napoleón. El 27 de Octubre, por el Tratado de Fontinebleau, entre España y Francia, se acuerda la tripartición de Portugal entre el reino de Etruria, Godoy, y un área central que queda en suspenso. Al autorizar la entrada en España de 28 mil soldados franceses (al mando de Junot) para realizar el reparto, se inicia el proceso de El escorial contra el príncipe Fernando (VII), que intentaba un golpe de Estado.

Ese año comienza la revolución de los transportes, con la navegación a vapor, de Fulton.

El 2 de Enero de 1807 llega a Londres la noticia de la pérdida de Buenos Aires, por vía de Lord Strangford, ministro británico en Lisboa. Al día siguiente, se envía un despacho urgente a Auchmuty ordenándole incorporase a las fuerzas de Craufurd y que tratara de reconquistar la ciudad. Más tarde, la necesidad de que un general de Mayor responsabilidad se hiciera cargo de las operaciones del Plata fue discutida, y se eligió al teniente general Whitelocke.

El día 5 de Enero, llegó a Maldonado la expedición inglesa, de 4653 hombres, al mando, pues, de Auchmuty, brigadier general, para reafirmar la conquista del Río de la Plata.

El 3 de Febrero los ingleses tomaron Montevideo, después de rudos combates, y allí permanecieron a la espera de refuerzos. En tanto, en Buenos Aires, la junta de guerra convocada por Liniers el día 10 de Febrero se celebra en la fortaleza. Participaron miembros del cabildo, los comandantes de tropa, la Audiencia, el Tribunal Mayor de Cuentas, el Consulado, la Junta Real de Hacienda y algunos vecinos. Se decidió declarar al virrey (Sobremonte) impedido por enfermedad. Liniers quedó al frente de la defensa del virreynato y la Audiencia del gobierno, administración y hacienda. La Audiencia avaló la resolución.

En Marzo, Castlereagh reemplaza al Secretario de Estado en la cartera de Guerra, cuando el rey despidió al gabinete Grenville. Cuando asume sus funciones, uno de sus primeros actos fue preparar un “Memorándum para el gabinete referente a América del Sur”, fechado el 1º de Mayo, en Downing Street. En ese documento sostiene que la actual política inglesa poco o ningún beneficio comercial o político podía reportar, y era, en cambio, un desgaste de los medios militares. La consideración que latía tras estas consideraciones era la de que, para sostener ventajas comerciales, era imperioso el restablecimiento de la libertad de comunicación con el continente europeo, que Napoleón negaba. Y todos los medios debían estar dirigidos a ese fin, no a otro. Además, sostenía que las dificultades encontradas por los británicos en el Plata eran debidos al hecho de no haber proclamado la independencia del virreynato. Agrega que las silenciosas e imperceptibles operaciones de intercambio comercial ilícito mantenidos con estas regiones serían más operantes y beneficiosas si no se las realizaba e calidad de enemigos. En resumen, la línea política sostenida por Castlereagh era, si bien no incitar a la revolución en estos territorios, sí tratar de ejercer en ellos la influencia económica británica, y no la influencia política, que no era necesaria. Pero en caso de querer Francia desmembrar España, presentarse ante los pueblos hispanoamericanos como amigos y protectores, no como conquistadores. Este memorándum constituye la base original de la futura política británica para América del Sur durante un siglo y medio. En 1807, esta línea política estaba favorecida, en Buenos Aires, por el creciente interés existente allí por la libertad comercial para los mercados y empresas mercantiles no españolas. Los acontecimientos iban a demostrar, a poco, lo fuerte de estos intereses.

En la primavera de 1807, Grenville presentó a la Cámara de los Lores un proyecto de ley en que se disponía “la abolición de toda clase de tratos y comercio relacionados con la compra, venta, trueque o traslado de esclavos”. El proyecto fue aprobado por ambas cámaras; Wilberforce, que estaba presente, se desplomó sobre su asiento, entre sollozos. Se dice que le fue dispensada la Mayor ovación nunca escuchada en el parlamento. La nueva ley preceptuaba que ningún barco negrero podía salir de un puerto británico después del 1º de Mayo de ese año (1807), y ningún esclavo ser desembarcado en una posesión británica a partir del día 1 de Marzo de 1808. Las únicas sanciones impuestas consistían en multas y confiscaciones, pero los británicos estaban entonces determinados a suprimir el tráfico de negros.

Al aprobar esta ley, llevado por un espíritu de gran idealismo, el parlamento se despreocupó de los problemas prácticos que se presentarían. Los reformadores habían supuesto que los jefes africanos, una vez liberados de la explotación a que los tenían sometidos los traficantes, volverían gustosamente a tareas constructivas. Habían supuesto que las demás naciones tenían deseos no menos sinceros que Gran Bretaña de suprimir el tráfico de esclavos. No dudaron de que en África occidental existían abundantes recursos naturales susceptibles de interesar a los comerciantes una vez prohibida la trata de negros. En fin, no vacilaron en suponer que para la armada británica sería un problema sencillo patrullar cuatro millas de costa con las fuerzas –generalmente unas cuantas fragatas de las más lentas- que podían distraerse de otras misiones más urgentes. Desde el principio no hubo duda para el almirantazgo. Sin embargo, Gran Bretaña había dado palabra de proscribir el tráfico de negros y, de hecho, lo había proscripto en sus propias posesiones. Ahora debía dedicarse a la tarea de suprimirlo en todas partes, y lo hizo, cosa que veremos, por ejemplo, en el Río de la Plata, que es el tema de nuestra tesis.

Pero sigamos. El último navío que zarpó de Gran Bretaña para dedicarse a la trata fue el Kitty´s Amelia, barco de trescientas toneladas que había recibido unos días antes su licencia para la trata. Con una tripulación de sesenta hombres, zarpó el 27 de Julio de Liverpool.

Volviendo al Río de la Plata, el 10 de Mayo llegan los refuerzos ingleses, al mando del teniente general Whitelocke. El 1º de Julio, la vanguardia inglesa llega a Quilmes, y cruza el riachuelo. Al día siguiente, 2, los ingleses dispersan a los defensores a la altura de los Corrales de Miserere. El 5, habiendo sido intimados los locales dos veces a rendirse, y habiéndose negado, Whitelocke marchó sobre la ciudad y logró tomar el Retiro y la plaza de Toros. Pero el grueso de las fuerzas halló una fuerte resistencia. El 7 de Julio, los ingleses firmaron una capitulación en la que se establecía la evacuación de Montevideo en 60 días, el intercambio de los prisioneros, el alejamiento de Buenos Aires antes de diez días y la entrega por cada parte de 3 oficiales en garantía del cumplimiento del pacto. Tuvieron 2500 bajas entre muertos, heridos y prisioneros, y los defensores 302 muertos, 514 heridos y 105 desaparecidos.

Con esto, los intentos de dominio político de Gran Bretaña con respecto al Río de la Plata quedaron sepultados. En adelante, la línea política marcada por Castlereagh sería la que llevaría adelante el gobierno de S. M. B., y le resultaría, por cierto, altamente beneficioso.

El 29 de Agosto, la RC de ese día dispone se observe puntualmente lo resuelto por la RC del 22-4-1804, acerca de los 40 días señalados a los buques extranjeros que traficaban negros para permanecer en el puerto de Montevideo.

Con respecto a la trata, en 1807, digamos que si bien se prohíbe la introducción de esclavos en las posesiones británicas, sin embargo, la esclavitud sigue siendo legal en ellas. Por ello, el contrabando permaneció activo y eficaz. Incluso, incrementó el tráfico de esclavos, entre otros sitios, en América. De los registros resulta, por ejemplo, que tanto Cuba como Brasil importaron Mayor número de esclavos después de la abolición que antes de ella. El transporte de negros no cesó hasta la abolición de la misma esclavitud, no sólo en los Estados Unidos sino también en Cuba, en 1880, y en Brasil, en 1888, y aún entonces continuó el tráfico en África y Santo Tomé. En realidad, la tecnología naval favoreció a los traficantes de esclavos hasta los postreros años del tráfico legal, ya que los barcos a él dedicados eran cada vez más modernos y veloces, construidos en astilleros de los Estados Unidos, capaces de dejar atrás a cualquier barco de guerra (y como vimos, sobre todo a las vetustas y lentas fragatas británicas). Estos barcos se llamaron clippers, y en ellos, toda la comodidad era sacrificada a la Mayor velocidad.

El esfuerzo británico por abolir el tráfico se inició en pequeña escala. Después de la aprobación de la Ley de Abolición en 1807, Gran Bretaña envió a la fragata Solebay y la chalupa Darwent a la costa de Guinea para imponer respeto a la nueva ley. Pero, como ya adelantamos, estos barcos eran pequeños, viejos y completamente incapaces de hacer frente a la situación creada. En 1810 se enviaron otros cuatro buques, pero éstos engendraron protestas de casi todas las naciones donde la trata era aún permitida. Y ello llevó al gobierno británico al convencimiento de que la supresión de la trata sería una lucha larga y costosa.

En suma, en los primeros años del siglo XIX vemos que se consuma la condenación internacional del tráfico negrero. Inglaterra encabeza el movimiento, convirtiéndose, después de 1807, en paladín de la lucha internacional contra el tráfico. Bajo su influencia o presión –diplomática muchas veces, pero también militar, con frecuencia- el tráfico será sucesivamente abolido por todos los países del mundo. Para ello, negociará tratados de registro en alta mar, es decir, un derecho limitado. Estos tratados fueron firmados por Portugal y España en 1817, lo que nos muestra que diez años después de la Ley de Abolición, ésta no había logrado su objetivo; en 1818 firma Holanda un tratado similar, Suecia en 1824 y Francia en 1831, en tanto que los Estados Unidos se negaron a hacerlo, hasta 1862.

Inmediatamente después de Inglaterra, otras naciones abolieron el tráfico en sus posesiones: Dinamarca lo había hecho en 1802. En 1807, Inglaterra y estados Unidos. Luego, en 1812, Argentina; Suecia en 1813, Holanda en 1814, Portugal (al norte del Ecuador) en 1815, España (al norte del Ecuador) en 1817, Francia en 1818, España en 1820, Portugal en 1830, Brasil en 1829.

En África, en 1807 la moribunda Sierra leona Co. Se convirtió en una colonia de la corona. Freetown fue el centro de acogida de los esclavos liberados en los navíos de la trata. La prohibición de la trata por los británicos arruinó a los negociantes, al no poder encontrar éstos un producto de sustitución. Un crecido número de traficantes de decidieron a la prolongada travesía alrededor de El Cabo, buscando aguas donde no hubiera cruceros británicos. Como consecuencia de todo esto, a partir de 1807 los esclavos de África habían bajado.

A partir de la Ley de Abolición, el tráfico, aunque proscripto, continuó, debido a varios factores. En primer lugar, la demanda había aumentado enormemente. En América, Cuba por sí sola constituía un mercado casi tan grande como lo fuera anteriormente todo el hemisferio occidental. Allí, las plantaciones se multiplicaban año a año. En segundo lugar, por lo que atañe a las tribus y ciudades costeras, unas cuantas exportaban aceite de palma, pero la Mayoría dependía todavía del comercio de esclavo como principal fuente de abastecimiento de las armas de fuego que necesitaban para vivir. Por último, los tratantes de esclavos continuaban comprando porque el tráfico ilegal dejaba enormes beneficios por poco afortunado que fuese el viaje.

El medio siglo que siguió a la abolición británica de la trata de esclavos fue el gran período “romántico” de aquel tráfico. De los astilleros de Baltimore y Nueva Inglaterra eran botados navíos estrechos y rápidos, por decenas.

Contemporáneamente, en los Estados Unidos se asiste a la firma, en 1807, del Acta de Embargo, bloqueo comercial a Inglaterra, debido a las tensiones existentes con ese país. Ese año, la importación de esclavos fue (según datos presentados al senado) de 15.676, año en que entraron en el puerto 95 navíos negreros (Charleston).

Por ese entonces, muchos norteamericanos estaban avergonzados de la trata de esclavos y deseosos de terminar con ella. El presidente Jefferson había firmado un proyecto de ley para abolir el tráfico esclavista el 2 de Marzo de 1807, y la ley se puso en ejecución el 1º de Enero de 1808, la fecha primera que permitía la constitución. Pero los traficantes encontraron siempre, o casi siempre, la forma de eludir el cumplimiento de la ley.

En suma, el año 1807 marca el principio del fin, internacionalmente hablando, de la trata legal de esclavos negros provenientes de África. Ya vimos que después de Inglaterra y estados Unidos, los principales países dedicados a ese comercio fueron firmando tratados en que, o bien se permitía a Inglaterra el registro en alta mar, o directamente se abolía la trata en el ámbito de la propia hegemonía. En ocasiones, estas iniciativas eran tomadas bilateralmente, pero en la Mayoría de los casos, había mediado una previa influencia británica, que con su poder político, económico o militar, había buscado afanosamente aquel fin.

Ese es el tema de nuestra tesis, relativo al ámbito del virreynato del Río de la Plata, primero, y de la joven República Argentina, después.

 

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