... Que el crimen fue en Granada,

sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada.

A. Machado

 

 

        Mirar una fotografía de Granada,

cuajada de frescura,

es como ver a Federico

deshacerse en canto y en risa,

su figura

                de agua

móvil y unitaria

sobrenadada

de pequeños y peregrinos

pianos blancos

y de colores y formas inquietantes,

arena todavía caliente

donde

toda la extensión granadina

parece haber reclinado

la cabeza...

 

hasta que un día la bañaron

con la sangre de Federico

y se lo devolvieron hecho

un anillo

de ojitos anegados

y de gritos

                    desgarrados

de niño,

de niño temeroso,

del niño grande

que

pudo sobrevivir hasta el final.

 

        Ha pasado el tiempo,

que corroe y pulveriza los objetos.

 

        Allá en Granada

(mientras su sangre ha gestado

una forma de vida más perdurable

                   y fragante)

el recuerdo vivo de Federico

sigue teniendo

sonido de

                    FU-SI-LE-RÍA.