Viajando.

 

        Debe ser alta, fría y espectral la cárcel de Alicante.

 

En las paredes de las celdas, el nombre de la República

ha sido escrito en el idioma furioso de la sangre.

 

Hoy, todo debe tener una apariencia mansa e histórica,

pero palpitará todavía el odio incontenible hacia el tirano.

 

Porque allí fueron muertos los hijos más hermosos de la República,

los sueños más sinceros de la República allí fueron asesinados.

 

        Por los umbríos corredores deambulará, errante todavía,

la brisa acariciante y azul de la lejana Orihuela.

 

Y el visitante podrá escuchar aún los lánguidos lamentos

que ayer dejó olvidados, al pasar, la tristeza.

 

        Debe ser alta, en efecto, fría y espectral

y debe ser como una enorme lágrima, la cárcel de Alicante.

 

Y el visitante podrá escuchar también, si se detiene un instante y presta oídos,

en el silencio cargado de gemidos,

 

la voz lejana pero insomne y clara de Miguel Hernández.