(poema en dos hemistiquios)

 

        Noche despejada

es una ventana abierta al universo

(clara y húmeda)

en el centro fosforescente de los ojos,

como sentir que las manos

pueden alcanzar cualquier constelación distante,

y el corazón puede atraparlo

                           todo.

 

        Noche despejada

es la libertad de expansión

que posee la onda,

es como un cuerpo de muchacha

-lozano y grácil-

que se posara sobre nuestro propio

cuerpo

con la delicada inquietud

de la

        paloma.

 

        Pero yo tiemblo, en las noches despejadas...

Pues en ellas me visita tu recuerdo,

que se marcha, después, como los sueños,

cuando empieza a perfilarse la mañana...

 

        Y día tras día,

y hora tras hora,

y minuto a minuto... voy muriendo,

 

pausadamente y sin dolor,

ahogadamente y en perpetua sombra,

 

por el nostálgico sabor de lo pasado,

 

¡por este enorme silencio empecinado,

que no puede vivir si no te nombra!