Nudo.

 

        Si alguna vez deseé profundidad,

fue para echar a volar

viejos campanarios

que te envolvieran de música y de luz.

 

        Afuera, más allá de esta pétrea intimidad,

el tiempo continúa imperturbable

y las ciudades

van envejeciendo...

 

Eso no importa ahora.

Nosotros dos estamos frente a frente,

y el silencio es una sinfonía lejana

si se lo puede compartir así:

plasmado en tus ojos

de intensidad serena,

cuando pretendes mirar mi corazón.

 

        Eso es todo: el aquí y el ahora.

En este suave paréntesis

de pájaro y de vino,

quiero grabarlo todo con los colores más fuertes,

para que mañana sea el recuerdo

como una etérea realidad

que he logrado

preservar del olvido.

 

        Eso es todo. Lo demás es tristeza.

Lo demás... no puedo comprenderlo.

 

Más aún cuando inmóvil

en la cárcel de mis brazos,

más aún cuando cálida

y encendida

                     como la mañana,

te has reclinado a soñar

                            sobre mi pecho...