Caleta Abarca.

 

        Cuántas veces me he sentido correr presuroso

desde el cerebro

y a lo largo de mí,

hasta el lugar donde renace una

caricia instantánea e impulsiva,

paseando o recorriendo las catedrales

vacías,

donde los pasos se agigantan en el silencio

antiguo y gris...

Todo se borra después como el agua

que resbala

sobre un cristal,

y es verdad que no existe esa palabra que lo

resuma todo,

y que nos tienda un puente de tanto contenido;

déjame este silencio, entonces,

para mirarte aún desde mi

obscuro y hermético rincón

omnisciente,

antes que caiga sobre el tiempo nuestro

la lluvia intermitente del olvido.

 

16-7-75