Buenos Aires.

 

        Qué extraordinaria digitación

de manos automáticas,

de largos brazos inconmovibles

poblados de

ascensores y subterráneos fétidos,

qué enorme pesadilla

                                    envolvente,

sofocante,

largos brazos poblados de

semáforos y escaleras mecánicas,

de ninguna causa definitoria,

brazos sin generador

y hacia ninguna parte,

cibernética,

y sin embargo,

                         madre insípida.

 

    Donde...

 

    Qué extraño y hostil

complejo

invadido de relojes lacerantes,

de antiquísimas cúpulas musgosas,

atmósfera cargada de

detritos

livianos y suspendidos.

 

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