Barcos detenidos.

 

        Detrás de los cristales asfixiantes,

en los calores lánguidos de enero,

estás palideciendo de tristeza,

acumulando polvo en la cubierta

y recargando las velas de silencios.

 

        Todos te observan brevemente, y pasan,

en un interminable alud de tiempo

sobre tus torpes formas reducidas,

que alguno quiso modelar un día

con la importancia mínima de un juego.

 

        (Jamás participaste en una guerra

ni transportaste jamás mercadería,

no se ha mojado nunca tu madera

porque has estado en tu ribera seca

todos los meses del año, cada día.)

 

        Los niños se entusiasman al mirarte;

apoyan sus narices en el vidrio

y sueñan ser audaces navegantes,

con la ternura propia de los niños.

 

        Y mientras tanto tú sigues prisionero,

y así te vas muriendo de tristeza...

En los calores lánguidos de enero

sueñas con mar, oleaje y marineros,

sueñas que el viento también sopla en tus velas...