A los hermanos Graco.

 

        ¡Hace ya tanto tiempo de ustedes!

 

        Los hombres escribieron tantos tomos

de historia caliente

y derramaron tanta sangre musical

y construyeron tanto

y también hicieron polvo tantas cosas,

para separar nuestros mundos respectivos,

que en esta tarde húmeda

del siglo XX

(en que quizá alguno viaje hacia

un recóndito planeta)

encontrarme aquí, cavilante,

escribiendo un poema para ustedes

parece estúpido,

totalmente fuera de lugar,

cuando afuera los hombres aún

siguen escribiendo historia caliente

y siguen derramando sangre musical

y construyendo casas

y haciendo polvo ciudades como Beirut.

 

        Desde luego,

el mundo no va a detenerse

porque yo les escriba

este poema

fácil e instintivo,

por el sólo hecho de haber

querido hoy

detener mi propio ritmo vital

y divagar un poco

de aquella Roma

irrespetuosa, prepotente

y audaz con la que,

no obstante,

han llegado hasta mí,

tanta historia y sangre

y lágrimas abajo,

fijados como en una fotografía,

en espíritu grande y antiguo,

en un vulgar texto

                                filosófico.

 

        ¡Cómo los habríamos

querido

un día de estos

(de este mundo que

-mientras avanza-

                                se va acercando

a los orígenes

para cerrar el ciclo

                              una vez más),

si entre nosotros

no hubiera historia y sangre

y los altos edificios neoyorkinos,

si no hubiera toda

una inmensa vorágine

                                     de por medio!

 

5-10-75