Cuando uno tiene la posibilidad de llevar en un pequeño aparatito un bagaje inicial de tres mil libros, más o menos, comienza por conseguir las obras que desde hace mucho tiempo desea volver a leer (si se ha vivido más de cinco décadas, como yo). El placer de la relectura se basa en redescubrir tesoros olvidados, así que la nueva tecnología generalmente viene teñida de la nostalgia por el lector que alguna vez uno fue. No hace mucho fui a un negocio del centro y compré  mi primer e-reader, un Kindle Touch 4G. Apenas lo desempaqué y le dí la carga inicial, lo conecté a la Pc y alimenté sus intestinos con una buena parte de la biblioteca que venía recopilando desde hacía un tiempo, a la espera de este momento crucial, un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para un lector, cuando uno se convierte en lector digital, con todo lo que eso implica.