Seis.

       

        Miro hacia lo alto, Señor, y me pregunto

(creyendo ver tus ojos) el motivo

para que enviaras a mi espacio obscuro

este inmenso dolor que has hecho mío...

 

        Este inmenso dolor que contrarresta

toda la humana fortaleza que me has dado,

estos grilletes que mi alma lleva

a sus más profundas fibras aferrados.

 

        Y sin embargo, ya lo ves, importa poco

de mi vida el callado sufrimiento,

ya que en el mundo terrenal estoy tan solo

que de mí mismo a veces me conmuevo.

 

        Mas mira que, Señor, de la conciencia

de este dolor yo debo estarte agradecido,

pues en mi honda y natural ausencia

me recuerda, siquiera, que estoy vivo...