Prolongación.

 

        Revoloteas alegre

en el hogar,

en el aire flota

tu niñez de luz,

luz que tiñó la casa

de colores

-ya rescatada

de su antigua sombra-,

 

aquella que se introdujo

en los rincones,

perenne,

en los rincones

más remotos del mundo,

eres la luz vivaz

que en un segundo

resbaladizamente

barnizó las cosas,

 

después de haber atravesado

un prisma.

 

        Y eres la luz

que matizó los días

con el suave tapiz de la esperanza,

la que en vientre encarnado

se hizo fruto,

desterrando el hastío

de la convivencia,

la tibia luz facetada

que puso al borde de mi mano

el cielo,

y que borró el pasado,

y que dio vida

a mil y un proyectos de amor,

y eres aquella

luz que en un instante

(yo para siempre

los creía muertos)

dio nuevo brillo y color,

y dio luz

a los ojos de tu madre,

 

como en su mejor

juventud.

 

        Y por sobre todas las cosas,

hijo,

eres eso

-viva y dinámica-,

luz, sencillamente

luz...