Prólogo posterior.

 

        Y en efecto, tal como lo indica su título, este es un libro desordenado. Pertenece a una época en que creía que lo más complicado era a la vez lo mejor, y esta creencia va a llegar a su punto álgido en el "Libro sumergido"; a partir de allí comienza el retroceso, la búsqueda de aquella pureza y sencillez que perdimos con los primeros poemas.       

        Hoy, a seis años de haberlo escrito, noto con tristeza que el tiempo le ha ido quitando el valor que hasta no hace mucho tenía para mí; de seguro algo similar ha de ocurrirme con todo cuanto haga, pero siempre existe la posibilidad de crear obras nuevas y mejores. O tal vez no mejores, sino simplemente nuevas, siempre en pos de formas distintas y en un constante ir quemando etapas.

        Este libro es eso: una etapa, al igual que los demás. Como ellos, pertenece a uno de los tantos que fui, a un poeta que nada tiene que ver con el que hoy soy, mucho menos con el que seré mañana. Es por eso que lo respeto hasta en sus más mínimos detalles, sin atreverme siquiera a modificar una palabra o a suprimir una coma -y en ese tiempo las utilizaba con mucha frecuencia, casi como un tic nervioso-. Es por eso también que, no obstante carecer ya de interés para mí en cuanto a su real valor literario, conserva su calidad de testimonio, como el único recuerdo que me ha dejado un poeta de dieciséis o diecisiete años que no recuperaré nunca.

 

Dic. 28 de 1979.